Estambuleando por la historia

En esta segunda expedición, ya algo más confiados con lo que nos íbamos a encontrar, fué uno de los momentos donde hubo que tomar la decisión de qué ver y que dejar pasar.

Nos enfocamos en el distrito de Sultahmed, donde se concentran las edificaciones históricas de más relevancia en la vieja ciudad de Constantinopla.

Con las inclemencias de un clima lluvioso y frío, pasamos algunos sustos que por suerte logramos sacar pecho y no pasaron de un susto, y nos dejaron margen para concretar lo que teníamos planeado, con capacidad de recuperación para seguir los días que nos restaban, y algunos aprendizajes.

Iglesia de Santa Sofia

Santa Sofía, o en turco, Hagia Sophia, es uno de esos edificios emblemáticos que siempre verás en los documentales, se erige frente a la Mezquita Azul como haciéndole frente, son como el estadio de Independiente y de Racing, a 200 metros, pero en este caso llegaron ambas a ser lo mismo.

Fué concebida allá lejos y hace tiempo en el Imperio Bizantino como una catedral ortodoxa, siendo considerada como la obra cumbre de la arquitectura bizantina, durante la presencia de los Cruzados en Constantinopla sirvió las veces de catedral de rito latino hasta la conquista de la ciudad por parte de los Otomanos y la posterior consolidación el imperio, es en este punto donde la históricamente catedral cristiana se reconvirtió en una enorme Mezquita, tapando los enormes mosaicos, quitando las campanas, iconos y altares, dotándola de elementos característicos de la arquitectura islámica como mihrab, minbar y mirabetes.
La enorme construcción fué la Catedral más grande del mundo durante más de mil años y quedó bajo el manto islámico por otros 500, permaneciendo en actividad hasta 1931 donde se la cerró al público y posteriormente en 1935 se la habilitó como Museo tras la creación de la República de Turquía.

Es uno de los puntos fuertes de la ciudad para visitar, y fué nuestra elección hacerlo, desde promediando la mañana nos ubicamos bajo la fina y molesta garúa de un dia frío en la explanada, donde se forma una enorme cola en la cual no faltan los guías turísticos que te ofrecen sumarte a un grupo y no hacer la cola.

Es cierto, si te juntas con ellos, están autorizados a formar grupos y pasan de largo, mientras en la cola todos nos matábamos por ingresar. El proceso de acceso fue de lo más desordenado que vivimos, no solo por la gran cantidad de gente sino porque es lento, hay que pasar por el ticket, luego por un estricto (o al menos el más estricto de todos los que pasamos) control de seguridad. Habremos invertido unos 40 minutos esperando hasta que logramos liberarnos dentro y perdernos buscando abrigo en el recinto.

Fué aquí donde comenzamos con una extraña sensación de desilusión: ingresar a Santa Sofía tiene valor histórico y merece la pena, es una Iglesia convertida en Mezquita, un recinto enorme, con todas las características de una enorme iglesia de relevancia, digna de ser la Catedral que fue, mientras que cuenta con la austeridad de una Mezquita con apenas inscripciones en 4 vértices si se quiere del techo. 

Pero nosotros tuvimos la suerte de haber visitado la Catedral de Córdoba años antes, y eso es realmente imponente, en ese caso, una Mezquita enorme reconvertida en Catedral, el proceso inverso, y cabe decir que la misma nos pareció mucho más bella e imponente, con más años incluso en su haber.

Dentro comenzamos  deambular por entre las enormes columnas, sorprendidos con los detalles de las luces, se nota la intervención, la casi eliminación de vestigios Cristianos ya que el recinto interior queda vacío en su totalidad con un altísimo techo abovedado en el que en su parte central comienzan a descubrir imágenes de los santos a los lados de la cúpula superior.

En el centro de la sala se encontraba la piedra de la coronación donde Balduino I de Constantinopla fuera entronado, en plena vigencia del Imperio Latino.

La enorme bóveda cuenta con una pasarela superior, en la cual se tiene no solo otra vista sino acceso a los recintos privados de las personalidades de relevancia en jerarquía bizantina y posterior. Allí dentro se han hecho grandes esfuerzos por descubrir los viejos mosaicos, y van dejando en evidencia finos trabajos de iconografía cristiana.

De este cruce de religiones, la imagen más fuerte a destacar es la que se descubre por encima del mihrab, en la altura, aparece la Vírgen María con el niño Jesus en brazos.
Es dentro de la iglesia que La Maga comenzó a sufrir por sus persistentes ataques de tos, y sus pulmones nos hicieron pasar momentos de sosobra, al punto de que realmente nos asustemos más por lo ruidos extraños que hacían que otra cosa, como milagro de principio de año llegó la calma, un poco de tranqulidad tras unos momentos de alta tensión nerviosa y temor por no saber que ocurría. Si vienen siguiendo mi relato, el día anterior habíamos estado fumando shisha, bueno, eso de tener tos y problemas pulmonraes con el esfuerzo de aspirar humo no ayuda demasiado por lo visto. Moraleja, fumar es malo!

Mezquita Azul

La Mezquita del Sultán Ahmed, popularmente conocida como Mezquita Azul es una de las joyas de Istambul, es una de las más grandes mezquitas de la ciudad y la única con 6 alminres del lado Europeo.

Se encuentra frente a Hagia Sophia, en un evidente deseo del sultán de rivalizar con la hasta entonces mezquita más importante, están separadas apenas por 200 metros por un elegante jardín, se erigió sobre el antiguo Palacio de Constantinopla y pegado al Hipódromo de gran valor simbólico. Ambas estructuras, se parecen bastante en su exterior salvo que desde luego la Mezquita es más imponente y resulta serlo también en su interior.
La particularidad que tiene que al ser una mezquita de tanta relevancia, permite ser visitada a no musulmanes, pero tampoco es que sea la única en Turquía un país bastante laxo en este sentido.

Si de afuera destaca por la complejidad de los detalles que expone, en el interior es una joya revestida en más de 20.000 azulejos hechos a mano que le dan un esplendor inigualable.

Suele haber una enorme fila para visitarla, pero su acceso es gratuito, solo hay que evitar el horario de oración, o bien ser musulmán, o simplemente, hacerse pasar por uno.

En los jardines se forman filas enormes, donde otorgan pañuelos a las damas para que puedan cubrir sus cabellos al ingresar, mientras que una vez en el interior del recinto se hace una fila inacabable y se accede por un lateral a la sala interior donde lamentablemente hace años están en obras de restauración y poco pudimos apreciar de las maravillosas terminaciones.

Cosas que quisiera destacar, es que en lo personal fué la primera vez que ingresaba a una mezquita, y sumado a que se trata de una de tanta relevancia histórica, lo consideré un momento especial. Lamentablemente al ser un sitio tan visitado, el trato es bastante distante incluso me atrevo a decir maltrato, apurando a la gente con la amenaza de "avancen que comienza la oración y tendrán que irse) cuando una vez dentro pudimos permanecer el tiempo que quisimos ya que no había momentos de oración próximo.
Otro aspecto destacable es que en las afueras hay afiches explicativos del islam, para todos los que lo ven como algo tan lejano y tan distante, donde compramos la idea de los atentados como producto de sus creencias, creo que la información que brindan en todos los idiomas es de gran valor, incluso dentro se puede uno llevar una versión del Corán, que desde luego me la traje en castellano.

De lo que queda de la visita, destacar la solemnidad del edificio, no se puede disfrutar de un sitio partido al medio por obras con hordas de gente que se moviliza de un lado a otro, es un sitio para regresar en otro momento pero para contemplar la magnificencia de la obra. Para interiorizarse del culto, es mucho más interesante ir a otras más pequeñas.

La cisterna

Otro de los recintos a visitar de la zona más antigua es la conocida como Cisterna Basílica, ubicado frente a la mismísima plaza que separa las dos Mezquitas, una pequeña edificación es la entrada a un valuarte subterráneo que deja al descubierto una de las 60 cisternas que existieron para proveer agua a Istanbul.
Es uno de los recintos encerrados que se habilitaron al público hace menos de 30 años, habiéndose limpiado por completo y preparado para que los visitantes puedan circular a través de las más de 300 columnas de mármol talladas acorde a las diferentes momentos históricos en que fuera ampliada.
El nivel de agua suele mantenerse bajo, pero es mucho más bello cuando existe algo de agua en el interior, lamentablemente en nuestra visita escaseaba.

El acceso se paga por fuera de las credenciales de museo y tener en cuenta que se ha de abonar en efectivo, este monumento lo lleva la Municipalidad de Istanbul y no es algo a nivel nacional por lo que se rige de algún modo diferente.

En su interior el bosque de columnas es imponente, se juega con la luz desde las partes inferiores que hacen del recinto algo único y diferente.

Cuenta con algunas columnas talladas especialmente con cabezas de medusas en su parte inferior que son el atractivo indudable. 

Recomiendo visitarla por ver algo diferente, y es ideal para un momento de lluvia, adentro seguro no se van a mojar.

El hipódromo y más allá

Ya al aire libre, en el exterior se puede uno perder por la explanada de lo que fuera el Hipódromo de Constantinopla, que fuera el centro de la vida social cuando ocurrían las carreras de carruajes en las que desde luego se apostaba.

Una callejuela que rodea una especie de plazoleta central lindero a la Mezquita Azul que se extiende hasta la explanad de Hagia Sofía y limita casi con la Cisterna. En esta explanada central del Hipódromo quedan vestigios de los adornos con los que los diferentes emperadores quisieron darle importancia a la ciudad, trayendo columnas históricas desde Grecia, obeliscos desde Egipto, entre otras cosas de las cuales quedan solo partes al haber sido saqueados en las cruzadas.
En el extremo opuesto a lo donde se ubicarían las cuadrigas, se erige la Fuente Alemana fruto de la memoria de la visita del Emperador Wilhem II a la ciudad.

No se si logran ubicarse en todo lo que digo, pero básicamente, el día se ha centrado en el mismo área de unos 5 kilómetros cuadados, donde se hallan todos los hitos arquitectónicos e históricos más relevantes de Istanbul.

Ya para esta altura el día comenzaba a apagarse, descendimos hasta encontrar el acceso al magestuoso Palacio Topkapi, cuyo acceso se ubica a la derecha de Hagia Sophia, desde luego no esperabamos ingresar, fué la elección que hicimos (palacio o museo) y nos quedamos en la puerta contemplando desde la Fuente de Ahmed III como los guardias armados se paseaban de lado a lado del portal.
En el recorrido de partida siguiendo la calle Soğuk Çeşme que se abría paso hacia la zona de comercios, cruzando algunos cafés y alojamientos escondidos de gran nivel, realmente una ubicación inmejorable, nos metimos al Parque Gülhane (de las Rosas) como última escala del recorrido con destino a la parte comercial donde estuvimos tentados de traernos una shisha profesional, pero temimos no poder ingresarla en el avión y desistimos.

Culminaba un día más, otro día intenso en el corazón de Constantinopla, todavía había que descansar para seguir, teníamos ya los planes hechos para la jornada siguiente.

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