Sin Madeira no hay paraíso

Hay que remontarse a aquellas primeras semanas viviendo en Barcelona cuando comencé a experimentar las vivencias de emigrado. 

Recuerdo bajar por Sant Boi y detenerme en un local de una agencia de viajes frente al parque La Muntanyeta, allí había tenido que retirar curiosamente un chip de teléfono. En la vidriera tenían las clásicas ofertas de paquetes turísticos y allí aparecía ella, con su imponente paisaje y una jugosa oferta para explorarla: fué en ese instante donde me di cuenta que esa para mi misteriosa isla de la que había oído hablar en la que supuestamente se encontraban piratas y navegantes, en la que Colón supuestamente había recibido indicaciones para seguir su viaje, de la que aún ni sabía provenía el segundo mejor jugador de fútbol de esa época, estaba al alcance.

El destino me llevó a compartir mis esfuerzos laborales con Alejandro, un portugués cuyos orígenes se remontaban a esta isla del Atlántico. Con el tiempo, y pese a las idas y vueltas profesionales de cada uno, haber emigrado y pese a la distancia mantuvimos el contacto forjando una linda amistad que se plasmó en viajes y visitas, charlas virtuales que demoramos días en contestar y se extienden por meses y en ellas alguna vez comenté el deseo de conocer Madeira, y por allí comenzó a forjarse el viaje cuando promediando el 2023 me confirmó su idea de viajar y tanto él como Ana, también de la isla, nos abrieron las puertas de su casa.

El viaje cobró forma y por casualidad o simplemente por cuestiones burocráticas y de precios, coincidió con mi cumpleaños del 2024, y la audiencia se amplió con la llegada de otros amigos de la casa con los que forjamos un cohesionado grupo para compartir esta experiencia. Un viaje diferente a los que tengo acostumbrados, no solo por el destino tan especial sino por hacerlo en grupo y con tan buena compañía.

Levada das 25 Fontes y Risco

Volando voy!

Resultaba curioso que no pude investigar demasiado sobre la isla antes del viaje, en parte por los abrumadores días previos que me tuvieron ocupado, no contaba con una la lista de highlights de la isla para ver, tenía una gran confianza de que cualquier alternativa sería suficiente y me sorprendería. Lo puedo resumir en muy pocas palabras:

Madeira es lo que había imaginado y mucho más.
Merece la pena visitar, explorar y disfrutar de su encanto.

Suena a slogan publicitario y seguramente habrá tenido mucho haber  contado con la ayuda de Ana y Alejandro, que sacaron a relucir su espíritu local para guiarnos y encargarse de muchos aspectos organizativos además de compartir experiencias culinarias con nosotros.

Madeira es un paraíso en medio del Océano Atlántico, su situación geográfica le dió siempre un halo de misterio en mi imaginario con el que sólo compiten sus vecinas mucho más lejanas, las Azores que quedarán para algún otro viaje.

Al momento de escuchar el anuncio del descenso hacia el Aeropuerto Internacional Funchal Cristiano Ronaldo, me invadió una gran emoción que se estaba convirtiendo en lágrimas, interrumpidas sólo por la confusión tratando de entender lo que mis ojos veían: una montaña se erigía por encima de las nubes que como un manto blanco cubría los cielos de la isla.

Esta confusión pronto se convirtió en adrenalina a medida que las maniobras de aterrizaje en uno de los los aeropuertos mas complicados del mundo se profundizaron, volando en paralelo a la pista y procediendo a un giro de 180 grados en descenso para posarse esos gigantes de metal sobre el pavimento. Aterrizaje a la primera, sin sobresaltos.

En contraste con el la llanura interminable de Las Pampas, Berlín o Copenhagen, su orografía volcánica descubre montañas que destacan por encima de las nubes bajas que se suelen posar sobre la isla deteniéndolas lo necesario para garantizar el agua necesaria que mantiene esa vegetación verde intensa que allí se desarrolla.

La mayoría de opciones para volar a la isla tienen escala en Portugal, pero existen numerosas excepciones de vuelos directos desde muchas capitales. Desde Berlín conseguí un vuelo de Easy Jet relativamente accesible que en apenas cuatro horas y media nos depositó en la isla. 

La vuelta, ya eran otros precios y el regreso se hizo mucho más largo, debiendo regresar con una escala surrealista en el aeropuerto londinense de Gatwick, país que tras el Brexit de 2021 ya no pertenece a la UE y es necesario acceder con pasaporte! Menos mal que me acordé la noche anterior a salir de casa que debía llevarlo sino me quedaba a vivir en la isla, cosa que tampoco hubiera estado mal a decir verdad!
El paisaje de cada mañana en Sao Vicente
En el Cristiano Ronaldo nos esperaban ya Alejandro, Ana y quien se sumara a último momento, Tiago. Apenas salir del salón de llegadas, nos esperaba el nuevo busto del astro futbolístico que al momento de escribir levanta billetes en Arabia. La primera estatua se dice que era más fea, pero esta segunda no es muy diferente. Pero como sabemos que nunca alcanza para Cristiano para ensalzar su figura, en la ciudad tiene su propio museo con una estatua de cuerpo entero, que siendo sinceros, tampoco le hace mucha gracia.

Otro astro que nos recibiría con todo brillo sería el sol, que pronto nos dejó en claro que tal vez no hacía falta tanto abrigo. Con más de 20 grados durante el día, la temperatura se va en picada por las noches y las mañanas, haciendo haciendo mella la humedad, pero jamás bajó de los 13 grados. Un ambiente sumamente agradable que según me explicaron se mantiene incluso durante el verano, donde el calor no es tan agobiante tampoco.

En Caniço, el barrio lindero a Funchal, hicimos malabares para pedir café entre sus tantos nombres totalmente diferentes (Bica, Galão, Chinesa y el Carioca que cualquiera diría que es cafe, pero es un te de limón, entre vaya uno a saber cuantos otros!) y para nuestra sorpresa descubrir que los responsables del bar hablaban perfecto español, un patrón que se repetiría debido a la gran afluencia de venezolanos. 

Mientras contemplábamos los cielos atentos a las maniobras pendientes del siguiente vuelo en el que vendrían Amagoia y Jorge, no tardamos en confluir todos los huéspedes, de variopinto origen y procedentes de diferentes latitudes, para trasladarnos hasta lo que convertiría el núcleo social de nuestra estadía en São Vicente al lado norte de la isla. Un ambiente mucho menos concurrido y más natural, entreverado en laderas de escarpados montes, sembradíos y con el mar asomando detrás de los riscos.

Esa noche, no hubo que preocuparse por la cena, lados dados estaban ya echados y en el patio de la casa, las brasas ardieron por primera de tantas veces en estos días para cocer con ellas espetos y carnes varias. Asado a la Portuguesa, práctico, rico y entre amigos, con algún vino en la mesa, entre Brisas de maracujá y Corales mini bien fresquitas.
Punta do Sol

El detrás de escena

Trasladarse de un lado a otro de la isla podía tomar horas en caminos de montaña y de cornisa linderos a las costas, donde las vistas inigualables contrastaban con largos tiempos de traslado, accidentes y anegaciones debido a derrumbes que dejaban zonas aisladas durante días.

Gracias a una enorme inversión y ayuda de la EU, la infraestructura cambió rotundamente construyendo vías rápidas que salvan las diferencias de un relieve agraciado para la vista pero complicado para el desarrollo.

El trazado modernizado de las escénicas carreteras, como la Antiga ER101 conectando a São Vicente con Porto Moniz en su versión del siglo XXI nos obliga a perdernos dentro de una maraña interminable de túneles, patrón que se repite a lo largo y ancho de la isla, especialmente notorio en zonas costeras.

El turista se debate entre la gracia de vías directas con túneles de hasta más de 3 kilómetros de largo, con la resignación de perderse  vistas inigualables que ofrece la isla.

Uno de los entretenimientos que supimos desarrollar a lo largo de la semana era contar cuántos túneles se cruzaban entre dos destinos en algún recorrido. Para que tengan una referencia, en la mayoría de trayectos que recuerdo, de en promedio treinta minutos, siempre llegamos a contar más de 10. De hecho recuerdo el último desafío llegamos a contar 17 túneles en apenas 30 kilómetros de trazado!

Gran parte de los caminos antiguos siguen abiertos y en algunas regiones son el acceso para los habitantes de las poblaciones, pero en otros sólo son accesibles a pié bajo propio riesgo debido a la ausencia de mantenimiento y a la constante caída de rocas.

Muchos de estos caminos al día de hoy alternativos, esconden secretos bien guardados como túneles tallados en la roca al descubierto, vistas increíbles y cascadas que caen sobre la calzada usadas por los lugareños para lavar los coches o bien para refrescarse en verano.

Los túneles no tienen la exclusividad de las maravillas de la ingeniería civil, la otra joya de la isla son las levadas (acueductos) que se comenzaron a trazar allá por el siglo XVI para transportar agua desde el norte de la isla hacia la zona sur, más poblada y con más area cultivada, pero luego evolucionaron hasta ser un recurso para la generación de energía eléctrica.

Estas increíbles obras de ingeniería han dado lugar a cientos de kilómetros de recorridos naturales y travesías que se interconectan unos con otros a lo largo, ancho y alto de la isla, siendo una de las más escénicas la caminata de 25 Fontes y Risco.

A fin de aprovechar las extensiones de tierra cultivable al máximo, nacieron poblaciones en los llanos debajo de los riscos, atrapados entre altas paredes de roca y el mar, nacen sembradíos de viñedos y otros cultivos que alguna vez se transportaban en vasijas en barco, y algunos pocos valientes se atrevían a llevarlas a nado entre poblaciones. Y a muchos de ellos se accede hoy en dia mediante escenográficos teleféricos.

No hace falta irse muy lejos de la ciudad para disfrutar de un recorrido en ellos, en el mismo centro de Funchal, saliendo desde la linea de costa nace el Teleférico de Funchal que comunica con el otrora poblado de Monte, hoy conectados casi por una línea continua de casas.

Allí arriba, con unas vistas privilegiadas de la ciudad, se erige la Iglesia de Nuestra Senhora del Monte donde yacen los restos del último Emperador de Austria y Rey de Hungría junto al Palace Garden y un poco más arriba, el Jardín Botánico. 

Pero lo que más atrae turistas y curiosos a estas alturas del monte es algo que hoy, convertido en atracción, fuera en el pasado un modo de transporte para los paisanos de a pié. Más bien obra del ingenio popular, que de ingeniería propiamente dicha, los Carros de Cesto Do Monte permiten deslizarse en plano inclinado a lo largo de 2 kilómetros con escasas medidas de seguridad, conducidos por intrépidos conductores locales.

Mucho tiempo atrás, recorrió estas alturas un ferrocarril de cremallera del cual apenas quedan algunas alegorías.

Cascada Veu da Novia

Escenografía del paraíso

En la primera mañana, no pasó mucho tiempo desde que me desperté hasta que me deslumbré con el impactante paisaje al abrir la ventana. Bajo un sol radiante lucía las montañas verdes acompañadas por el canto de gallinas, pájaros y ovejas, con la serenata del desayuno popular que estaba en marcha y arropado por el murmullo de las olas de mar.

En la mesa nos volvimos a juntar todos para recibir el día a puros y abundantes sabores, la rutina de lo extraordinario: cada mañana la mesa repleta de colores y sabores para llenarnos de nutrientes y explotar el día.

No tardamos en aprestarnos a salir de recorrida por la isla haciendo la primer escala fué el mirador del Veú da Noiva (Velo de Novia) una de las pocas cascadas en el mundo que desagua directamente al mar siendo un escondido reducto de referencia para los turistas. 

Pasamos por las piscinas naturales de Seixal, donde volveríamos unos días mas tardes al calor del mediodía para nadar entre cangrejos y playas de arenas negras.

Llegando a las Playas da Janela comenzaron las alarmas cuando uno de los coches decidió que ese día quería descansar, y encendió su luz de motor, por lo que la sección local del grupo debió emprender la retirada para ir al mecánico. El resto seguimos viaje por las entreveradas rutas y túneles, parando a comer en el muy elegante Puerto Moniz con mucho más infraestructura turística, aunque en este momento del año se lo notaba algo mas tranquilo.

Luego de la comida y sobremesa paseando por las piscinas naturales del lugar, emprendimos un ascenso vertiginoso y zigzagueante por entremedio de un bosque de pinos cruzando todo el extremo occidental de la isla hasta el Farol do Punta do Pargo, donde fuimos testigos de la colosal montaña donde nos encontrábamos al ver las diminutas rompientes del Atlántico contra esas paredes de roca allí debajo a lo lejos.

El largo día culminaría con una difusa puesta de sol en Punta do Sol, literalmente un reducto que luce un esplendor de antaño, explícitamente ubicado para contemplar cómo el sol se esconde disfrutando de algún refresco desde la playa o alguna terraza. Para nuestra desgracia, ese día se ocultó el sol debajo de un manto de nubes previo a fundirse en el mar. Sin suerte con el sol, por con suerte en la equivocación de un giro, que nos llevó a recorrer un trayecto debajo de la Cascada dos Anjos que desagua literalmente sobre un camino, hoy casi en desuso y pasa a ser lugar de refresco para turistas, que en sus trajes de baño estaban chapoteando bajo el torrente de agua.   
Mirador de Ribira da Janela

Un plan para la semana

Por la noche, la escena parecería calcada de la anterior: brasas, Brisa y Coral acompañaron la velada donde las sorprendentes vistas de lo explorado daban ánimo para salir a buscar más: lugares, sabores, experiencias.

Dado que los anfitriones estaban muy atentos a que disfrutemos de la gran diversidad culinaria y paisajística de la isla, había una larga lista de comidas para disfrutar y de opciones para recorrer. 

Ni que fuera tan evidente la cantidad de ingenieros que había en la mesa, pusimos manos a la obra a la una planificación: armamos un cuadro con los días de la semana, recortamos papelitos y apuntamos las opciones de recorrido y culinarias teniendo en cuenta el camino crítico (aquellas que tenían un apoyo y un deseo explicito de concretarse)

Alejandro se dejó llevar por su planificación optimista, cualidad que le retribuyó algunas críticas en modo de broma en los días posteriores. Quedó armado un cuadro con el camino ideal, donde todo, sin contar con interrupciones, podia cuadrar en los días que contábamos, pero en el fondo todos éramos conscientes de lo ambicioso del plan. 

Por lo bajo, se rumoreaba que aplicando los Principios de Pareto estaríamos más que satisfechos.

Como habitualmente ocurre en los proyectos, del plan a la realidad hubo modificaciones como en todo proyecto del mundo real. Hubo elementos que no llegaron a cubrirse y otros que fueron satisfechos parcialmente por alternativas válidas.

En la retrospectiva, una semana más tarde durante la cena de despedida, sacamos cuentas para evaluar el nivel de cumplimiento del proyecto.
Casas típicas de Santana

Algunos de nuestros recorridos

Una mañana subimos a Cabo Girao y pagamos los 2€ que costaba la entrada para caminar por el balcón con suelo de cristal. Los locales nos contaban que era la primera vez que pagaban, eso solía ser gratis pero lo convirtieron en una gran atracción turística. Es un lindo punto panorámico que da una dimensión del paisaje dominante de la isla, no apto para personas con vértigo, que permite entender cómo se proyecta la ciudad hacia las alturas.

Ese día recuerdo fué uno de los que dimos unas vueltas por Funchal, no sin antes hacer una escala en el estadio del Marítimo, para luego ir casi obligado al Mercado dos Lavradores y ser tentado por la diversidad multicolor de frutas exóticas que atraen turistas como moscas.

En otra de las visitas a la capital, bajo un intenso sol mientras una parte del grupo se iba embarcado a tratar de encontrar Ballenas sin éxito pero con la satisfacción de haber visto delfines y la silueta de la isla desde mar abierto, el resto de nosotros se dejaba tentar por opciones culinarias, helados y un paseo por una parte del caso viejo sobre la Rua de Santa Maria hasta la Fortaleza de São Tiago y por supuesto llegar a sacarse una foto, desproporcionada, con la estatua del "segundo mejor jugador del planeta", hijo pródigo de la isla, en la puerta del museo en su honor.

Otra de las mañanas de madrugón fuimos a Fanal, un bosque de Laurisilva en altura al norte de la isla que ofrece postales atrapantes de arboles con formas extrañas que se mezclan con la niebla. No tuvimos la suerte, vaya curiosidad, de que la niebla nos acompañe, pero si pudimos disfrutar de la salida del sol y de una caminata con algunas vacas de testigos que hacen del sitio su lugar. 
Arboles del Fanal
Hubo visita a Santana, con una parada intermedia en el mirador de Arco de São Jorge. El atractivo típico de Santana son sus casitas típicas, pero además de ello nos encontramos con compadres que habían dejado colgando de lugares extravagantes anunciando la llegada del Carnaval.

En la isla lo que no faltan son opciones de trekking y naturaleza. São Vicente ofrece sus alternativas, yo no podía con mi ser amaneciendo en este paraíso cada día y no yendo a recorrerlo. Por eso, sin irnos demasiado lejos caminamos hasta la Capelina de Nossa Senhora de Fatima, tal vez la postal mas popular del lugar y para mi la capilla más peculiar del mundo, y descendimos por una de las levadas, pasamos por las grutas y terminamos en el casco antiguo del pueblo, frente a la iglesia principal, visitando parientes en el cementerio.

Madeira ofrece alternativas para los más ávidos aventureros, hasta los menos dotados. Muchos optan por cruzar la geografía a lo largo y ancho caminando, ya sea por levadas, picos y senderos. La orografía ofrece alternativas y hay que también respetarla, contener la tentación de una foto más peligrosa porque nunca faltan las noticias del paisano que terminó cayendo de un risco o a un foso y tardaron dias en encontrar sus restos.

Entre las tantas cosas que pudimos hacer, he de destacar dos de las más largas y vistosas caminatas que emprendimos. 

Una es una sección de que bautizamos, un poco en broma, como la "madre de todas las caminatas". Es la que captura todos los likes de Instagram, la que los drones ofrecen miles de ángulos imposibles humanamente de ver. Es el sendero que conecta por el filo, el Pico do Arieiro con el Pico Ruivo, los dos puntos más altos de la isla. El llamado PR1 merece su fama, ya que las vistas son increíbles. Obliga a madrugar mucho para poder disfrutar en la altura de la salida del sol sobre las nubes, pero además de esto ofrece una extrema experiencia para avezados caminantes.

El sendero no es tan largo, son apenas 7 kilómetros, con desniveles importantes, pero hay puntos tan complicados que suele sufrir cierres parciales o totales. Otro aspecto importante es que complica la logística de traslados ya que los inicios de los senderos son accesibles con coche, pero hay que o bien regresar al mismo punto de partida y conseguir un traslado desde el otro cerro.

El día de mi cumpleaños, tras una confusa preparación la noche anterior, me desperté sobresaltado con el teléfono sonando, del otro lado, voces, muchas y una cantata de deseando feliz cumpleaños. Salí de la habitación tratando de entender qué  pasaba: la casa vacía! Se habían ido sin nosotros! Qué ha pasado? Qué confusión todo esto! Caos, frustración y confusión duraron poco ya que en apenas unos minutos estuvieron de regreso y partimos nuevamente hacia el Pico Ruivo en una  caminata por una calzada muy bien señalizada y bastante transitada hasta coronar sus 1820 metros, que nos llevó unas 3 horas en total ida y vuelta.

Con otro entorno completamente diferente, en el corazón de la isla, nos embebimos en la Levada das 25 Fonts y Risco (PR6) en las alturas de Calheta, se desprenden los caminos que descienden, y mucho, hacia las profundidades de un cañadón donde confluyen cascadas, arroyos y la levada que acompaña el sendero dandole un atractivo especial, por la que llegamos a divisar peces nadando a toda velocidad.

En este camino todo es agua, y el agua da vida y todo es muy verde con vegetación intensa. Al llegar a la Lagoa das 25 Fonts nos topamos con la realidad de lo turístico que es este sitio, un conglomerado de gente apretados tratando de sacarse la mejor foto y haciendo malabares en sus intentos, otros, desnudándose y metiéndose bajo el agua como si de una fuente rejuvenecedora se tratase o para mostrar su valentía. Un mix de paz con algo de stress en ese momento me invadió, pero al menos pudimos sentarnos en una roca a disfrutar de un merecido bocata antes de emprender la retirada y optar por abonar el servicio de bus más caro pero que tal vez más disfruté al pagar. 5€ por ascendernos en una mini van un trayecto de apenas 10 minutos, pero vaya que dolía volver a hacer ese camino en constante subida.

Es válido la recomendación de siempre verificar el estado de los caminos y senderos por los canales oficiales antes de emprender un recorrido. Cambian a diario por condiciones climáticas o eventos naturales. Esto afecta no solo caminos de montaña sino carreteras también. Más de una vez debimos modificar alguno de los trayectos teniendo en cuenta estos informes.
Pico Ruivo

Otros tantos sabores

Una brocheta gigante formada casi que por un largo pincho, cual espada donde se colocan los cubos de carne, maridados en ajo y otras especias, decorados con manteca al servirse. Por supuesto que lo probamos en sus dos versiones, tanto caseras como en un recóndito restaurante (O Polar, en Cámara de Lobos)  que probablemente como turistas no hubiéramos encontrado nunca donde tendríamos la cena de despedida. 

En una versión casera que le ha dado valor  agregado, la madre de Ana se despacho con un enorme bandeja de esta especie de pastel de papas con migas de bacalao entremezcladas en el puré y con nata.

Ah! Que cosa rica y sencilla. Popular. Lo más parecido a unas Bolas de Fraile, ideal para el mate, pero a falta de mate, son muy apropiadas para el postre decoradas con miel de caña.

Sandes de Carne / Vinha d'Alhos
Se que hago mal en ponerlos juntos ya que son dos variantes de sandwich, uno de carne asada, lo más parecido al chivito pero de dimensiones más amenas. El otro de cerdo maridado en vino. Muy prácticos y populares, son la escapatoria rápida para matar el hambre y no decepcionan. Disponibles al paso y al plato.

Una pieza infaltable en cada salida a comer fuera, aunque sea la comida más trivial, era parte del menú. Es un pan tradicional cocido en una piedra que se sirve como aperitivo caliente con manteca derretida y ajo

Es lo más parecido a una torta negra galesa que probé, con la salvedad que el bolo de mel es más dulzón digno de la caña de azúcar. Los trozos se toman a mano del bolo, no se debe cortar para no romper los frutos secos. Es una pieza fundamental para maridar con el escelente café portugués.

Por su nombre científico jamás daríamos un peso, este popular plato de mar hizo desear! Pero aprendimos que si son duros no son frescos, pero lo que ha de abundar es la salsa que los acompaña. Tuvimos experiencias mixtas, pero es un entrante digno del picoteo acompañado con una buena cerveza.

Algo muy básico como una masa de polenta o harina de maiz con especias, frita dandole una contextura más firme y crujiente por el exterior y mas suave por dentro, se come caliente y acompaña a las comidas.

El picado es un plato que en su versión más habitual consiste en cubos de carne asada, con una rica salsa y base de patatas fritas acompañado de algunas verduras. La versión de pulpo la salsa es de tomate con especias dando una contextura totalmente atípica para nuestro paladar continental. 

Pez espada con banana
Este plato tiene dos curiosidades. Por un lado, el pez al que se refiere no es claramente el mismo pez espada que la mayoría de nosotros tiene en mente. Lo segundo y más gracioso tal vez, es que siendo un plato tradicional habitualmente consumido en casas de la isla, el añadido de banana, un cultivo local, es algo que solo se ofrece en restaurantes con una orientación bastante turística. He de admitir que pese estos "engaños" el plato ni decepciona!

Más que una sopa es un guiso, una muy calórica y energizante combinación se sabores que poco de caldo tenía y mucha consistencia. Claramente comerla fué por la intención de probarla, pero ha de ser recomendable para lugares frios, como los inviernos en Alemania. Cómo diablos comen esto en la isla donde en pleno invierno hacía 20 grados de minima durante el día?

Lengua Estofada
He comido lengua alguna vez en la vida, sabiendo que no es mi favorita, al menos la contextura la tenía clara. Pues esta versión es totalmente diferente en contextura y por acompañamiento. Otro de esos platos que tal vez se come más en casa que lo que sale de un bar o restaurante. 

Hubo tiempo y espacio para experimentar con las bebidas.  Madeira es tierra de vinos y los probamos, pero la emblemática bebida local es la  a base de aguardiente y miel de caña con jugo de Limón en su versión original (Pescador) y dejando la imaginación volar exploramos otras variantes a base de jugo de Mandarina, Naranja, Tomate Inglés y Maracujá. Se hace en el momento, usando un muy particular instrumento llamado Pau de Poncha o Caralihinho para machacar los ingredientes y se sirve acompañada con cacahuetes con cáscara.

El mejor lugar para disfrutarla, según las "autoridades locales", es la Taberna da Poncha en Serra de Agua pero para no quedarnos con la idea, también le dimos la oportunidad a la Poncha de Sao Vicente el día de mi cumpleaños.

Si alguien me hubiera dicho alguna vez que una bebida a base de cerveza y una bola de helado cabía entre mis posibilidades, no hubiese adivinado nunca que existía. Mucho menos que lo estaría tomando. Es una bomba dulce, digna de un postre o sobremesa.


Habiendo hecho, degustado, recorrido y compartido tanto, aún queda mucho por descubrir. En la planificación queda espacio de mejora, pero estuvimos más que contentos con el resultado y como se dieron estos días, pero habiendo tantas opciones pendientes queda la puerta abierta a una version de Madeira 2.0 en el futuro.

Piscinas Naturales de Seixal
Cabo Girão

Fanal
Fanal
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Sao Vicente desde Iglesia 
Mercado de los Labradores
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Levada das 25 Fontes y Risco

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