Estambuleando

Preguntarse a esta altura por qué visitar la capital de Turquía es un sin sentido, no puedes ir a Turquía sin haberla visitado.

Es una capital enorme, donde el pasado y el presente se combinan, la modernidad y la historia, la solemnidad cultural, el progreso y el deseo de mantener arraigadas las tradiciones se mezclan en este lugar que fué el centro del universo en el camino a oriente.

Istanbul es digna de cualquier ciudad del mundo occidental, muchos la siguen viendo con cierto resquemor por tratarse de un país musulmán, pero todos aquellos que están atreviéndose a romper esa barrera, no dejan de hablar maravillas de la ciudad, y de Turquía en general. 

A lo largo del relato, que aún me debato si partirlo o mantenerlo en una sola entrega, pretenderé no aburrirlos con los detalles de las enormes oportunidades que ofrece la ciudad al visitante, sino que trataré de describir qué es lo que terminamos recorriendo, describiré la los puntos fuertes y la distribución de los días, y dejaré en alguna sección aquellos aspectos que nos quedaron tal vez pendientes, porque si hay algo que aprendí de la metrópolis turca, es que tiene tanto para ofrecer que no alcanzaría una semana para quedar satisfecho.

Regreso a Constantinopla
Marea de fin de año
El desafío de recorrerlo todo

Una ciudad, miles de facetas

Resumir la historia de Istanbul en una breve introducción es una quimera. Es imposible describir los miles de años y la importancia que tiene este enclave en el desarrollo de la humanidad, siendo nexo de los mundos, de las culturas y del comercio entre Europa, Asia y Africa.

En la antigüedad se la llamó Bizancio, fundada unos 600 años antes de Cristo por los griegos, la parte más ancestral de la ciudad se forjó en la región comprendida entre el Cuerno Dorado y el Mar de Marmara, es la parte más occidental hoy de la moderna Estambul.

Bajo dominio romano, dada su ubicación estratégica, el Emperador Constantino I decidió trasladarse allí y la convirtió en Capital del Imperio, bautizada como Nueva Roma, nunca se la conoció oficialmente así, sino que se le di el nombre de Constantinopla en su honor.

A lo largo de los años pasó a ser capital Imperio Romano, luego capital del Imperio Romano de Oriente, o Imperio Bizantino, cuando los cruzados ocuparon la ciudad pasó a ser capital del corto Imperio Latino hasta pasar a manos del Imperio Otomano que se disolviera en 1923 tras la Primera Guerra Mundial.

Fue bastión de la Cristiandad en oriente durante el Imperio Bizantino, y cotizada por todas las potencias a lo largo de la historia, por ello ante la capitulación del Imperio al cabo de la Gran Guerra, las potencias aliadas ocuparon y se repartieron la ciudad (suena conocido esto...), momento en el cual la capital de la recién creada República de Turquía se traslada formalmente a Ankara, del lado asiático.

Estos zigzagueantes hechos históricos la enriquecen al punto de contar con una enorme variedad de puntos de atracción para visitar, monumentos, templos, mezquitas e iglesias, sumado a la riqueza gastronómica local y a la peculiaridad de ser una ciudad que se expande en dos continentes, una parte se halla sobre continente europeo, y la más moderna si se quiere, del lado asiático, y la vida discurre entre ambas márgenes del Bósforo con un constante ir y venir de pasajeros.

Regreso a Constantinopla

Aunque no cuente, ya habíamos estado aquí, lo sobrevolamos. La vimos desde el cielo nocturno, vimos la inmensidad de las luces que se perdían en el horizonte de la enorme metropolis de 15 millones de habitantes.

Como expliqué unos relatos más atrás, en la introducción a Delicias Turcas, casi todos los recorridos que se hacen de occidente a Turquía hacen escala en Istanbul, un nodo de trasbordo interno e internacional, cuenta con 3 aeropuertos y tiene llegadas y salidas a todos los rincones del país.

El nuestro no era la excepción, pero también teníamos decidido que sería el punto de partida, ya que queríamos pasar fin de año en el Bósforo, por lo que el último día del año comenzó temprano en Selcuk, con el horizonte cubierto de escarcha aunque ya lejana esa profunda nieve de Capadoccia, donde puntual, digno de un reloj suizo, arribó el tren que nos dejaría 45 minutos después en el aeropuerto de Izmir.

A media mañana del 31 de diciembre embarcábamos en un Pegasus Airlines para cruzar completamente Anatolia y aterrizar apenas una hora más tarde, promediando el mediodía, en el aeropuerto Sabiha Gokcen, el cual técnicamente es el más alejado de los dos operativos al momento del viaje (casualmente a fin de año se inauguro el nuevo Aeropuerto de Istanbul que es uno de los más grandes del mundo y queda aún más alejado)

Debíamos buscar el HavaBus (havalimani singnifica aeropuerto en turco), el servicio de trasbordo más sencillo, conectando el alejado aeropuerto con el corazón de la urbe, tomándose una hora aproximadamente hasta llegar a la central Plaza Taksim, a lo cual debimos sumarle unos cuantos minutos más de caminata repleta de distracciones contemplando la ciudad hasta el departamento de Neslihan, en el distrito de Şişli, en la parte europea de esta ciudad intercontinental.
Una vez hechos los honores, y Nes nos presentó a sus dos gatos, la habitación con una vista espectacular del skyline de la ciudad, y nos despedimos hasta el siguiente año ya que ella se iría a pasar la noche con sus amigos.

Ahí quedamos, descansando por unas horas y a merced de la suerte, de nuestra propia elección para recibir el año.

Marea de fin de año

Realmente la decisión de pasar fin de año en Istanbul no estaba fundamentada en nada sólido, aunque teníamos la ilusión de ver fuegos artificiales en el Puente del Bósforo, basados en algunas publicaciones que citaban que se solían organizar por parte del ayuntamiento.

Nuestra anfitriona nos dió algunas ideas de donde ir, y nos recomendó que evitemos la Plaza Taksim, que allí serian los eventos oficiales, pero que siempre es un lío de gente y que no vale la pena. También nos advirtió que desde los atentados (diciembre 2016, diciembre 2017) en los últimos años, muchas de las actividades oficiales se habían dejado de lado.(lamentablemente, Turquía es parte interesada en la efervescencia del caos que existe en su vecino Siria, ya que tiene tropas combatiendo activamente) .

Algo de esto habíamos anticipado ya que en nuestro arribo observamos vallados y controles policiales, algún escenario a la distancia y todo muy movido. Decidimos evitar la plaza, pero no pudimos evitar ir al estrecho, con el anhelo de ver los fuegos artificiales, que, spoiler alert, nunca llegaron!

Siendo una urbe con aspectos modernos muy marcados, la noche de fin de año estaba en plena ebullición. Alrededor de las 21:30 emprendimos caminata descendiendo por el barrio, recorriendo a nuestro paso y dándonos una idea cómo se respiraba el fin de año. Se observaban desde guardias armados en la zona más adinerada de la ciudad, donde se encontraban locales de ropa en los cuales cada prenda costaba tal vez más que mi sueldo, y algunos clubes nocturnos, curiosamente, todos con gente en las afueras bebiendo algo, con música que trascendía a las aceras, promocionaban eventos de fin de año pero teníamos referencia también que los precios por una cena de fin de año eran exorbitantes, y distaban de una experiencia con cierta autenticidad que queríamos tener.

Caminamos, y descendimos hasta Besiktas, el distrito lindero al estrecho del Bósforo, donde reside también el famoso club homónimo, un distrito con mucha historia que en otra sección más relacionada al paseo desarrollaré.

Por lo pronto, a medida que nos adentrábamos en la ciudad y descendíamos hacia el mar, el movimiento de gente se incrementaba, en la zona de la avenida de nombre homónimo al barrio, donde se halla el mausoleo de Barbarroja, zona portuaria de intercambio de ferrys con el otro extremo, la marea humana ya era considerablemente mayor. Nos perdimos entre los locales comerciales y restaurantes del puerto que no parecían tener mucha más vida, a lo lejos se distinguía el famoso Puente del Bósforo, pero queríamos estar aún más cerca, por lo que observamos el mapa, contemplamos a la gente, el movimiento era mayoritariamente en un sentido, y si hay algo que aprendí en mis años de viajes, es "donde fueres, haz lo que vieres" por lo que, nos sumamos a la peregrinación.

El destino era la zona de Ortaköy, un lugar con una vista inmejorable del puente con la Mesquita , también terminal de ferries y trasbordo turístico, con bares, discos y restaurantes, pero tristemente célebre por ser sitio de los atentados de 2017. Aún así, el espíritu de la gente era mucho más fuerte, nadie parecía estar temeroso no pendiente de lo que allí había acontecido un año atrás, las discos con terrazas abrían sus puertas a las vistas elevadas, todo parecía indicar que habría evento especial.

Agolpados en la plaza costera, en búsqueda de calor la gente bebía te que vendían en puestos callejeros, o café y otros se animaban a la cerveza, ya dije, Instanbul es una ciudad moderna, donde todo se mezcla de manera inigualable.
Tras unos 45 minutos de espera, llegó la hora, la tensión, la expectativa por que se hacían las 00 del primero de año, y todos se impacientaban, todos estaban atentos a qué pasaría llegado el inicio del año... y cuando se hizo la hora, poco pasó, muchos abrazos, gritos, aplausos, algun que otro petardo y fuego de artificio en un ferry, algún otro fuego desde algún terrado pero nada en el puente. Fué un verdadero fiasco en ese sentido, no tuvo absolutamente nada de especial el evento!

Increíblemente, la gente pasados 10 minutos comenzó a desconcentrar y perderse en los pasadizos del mercado lindante que, como todo mercado "turco", está abierto no importa la hora que sea. Otros tantos se perdían en la calle principal de regreso al centro, un pasadizo de casi 1 kilómetro de largo en el cual la avenida discurre entre palacios y un parque en altura que no da más opciones que seguir caminando. Aquí la marea se hizo sentir una vez más, copando aceras, e incluso la calzada de la calle colapasada de coches que iban algunos en un sentido y otros en otro, lo que daba la impresión que que hasta le día siguiente podrían seguir así bloqueados.

Allí vimos escenas de color, ya que muchos vehículos, ante la imposibilidad de avanzar, ponían sus equipos de música a todo volumen, sus pasajeros se bajaban y bailaban con la gente en la calle.

Con paso cansino, llegamos a Hakan Pastanesi, una confitería tradicional (desde 1969) en el corazón de Besitkas, que tuvo la dicha de alimentarnos por primera vez en el año.

Comenzamos el año de pié, y agotados de caminar terminamos cenando a la 1am, brindando con té turco.
Recorrer en unos días una ciudad tan grande como esta presenta un desafío para cualquiera, especialmente, cuando resulta todo tan atractivo que se hace difícil elegir qué dejar de lado cuando el tiempo apremia.

La ciudad es Patrimonio de la Humanidad y es sin dudas un crisol étnico y cultural.

Si bien es cierto que la gran mayoría de las atracciones históricos de referencia se concentran en la región de la vieja Bizancio, en el distrito de Sultanahmet, sería un desperdicio visitar Istanbul y solo quedarse con esta parte.

Por citar algunas de las tantas atracciones, nos encontramos con Mezquita del Sultan Ahmed (Mezquita Azul)Iglesia de Santa Sofia (Hagia Sophia)Gran Bazar

Esto por citar algunos puntos de referencia, ya que Mezquitas hay de todas las dimensiones en todos los barrios, también hay obras de ingeniería destacables que merecen la pena al menos disfrutar, como lo es el Puente del Bósforo y el moderno Túnel Eurasia inagurado en 2016 conecta los dos extremos continentales de la ciudad por debajo del estrecho del Bósforo.

Sumado a esto, la exquisita variedad de comida y expecialmente los dulces que me pueden, acompañados de un rico café o un siempre disponible té, la posibilidad de disfrutar de un bar de Narguile (o Shishas).

Como si fuera poco aún queda por destacar las barriadas de ambas márgenes, Besiktas tiene tanto atractivo histórico como la sensación del momento, Kadiköy, en lado asiático, una especie de barrio bohemio.

Esta combinación representa un gran desafío de elegir los pasos a seguir, y la secuencia de lugares a visitar es importante, ya que la peculiar geografía de la ciudad agrega también condimento al paseo (desniveles marcados, un estrecho de mar con ciudad a dos orillas, etc).

Por suerte, Istanbul cuenta con medios de transporte muy buenos, un servicio de Metro en expansión muy moderno, las estaciones super modernas, y también los ferries tienen un ir y venir constante entre ambas orillas, esto facilita mucho disfrutarla y también ofrece un valor adicional a los traslados (ya lo verán!)

Hasta aquí la presentación de todas las opciones, y el detalle de la vivencia de año nuevo, dejaré para el próximo relato el recorrido que elegimos y los pormenores, para que sirva de referencia a los visitantes.


Todas las fotos AQUI o sígueme en el feed de @escepticoobservador