Cotswolds de arriba abajo

martes, 24 de marzo de 2020
Los prados ingleses tienen la particularidad de contar con poco relieve y apenas unas ondulaciones que se pierden en el horizonte. Si al leer esto se te viene una imagen de alguna película o postal de prados verdes con iglesias sobre pequeñas colinas, casas de paredes grisáceas con techos a dos aguas o incluso castillos con tiempos pasados mejores, en la cual tus ojos hayan dejado deslumbrar por su belleza, sin duda alguna te digo que se trataría de una imagen de los Montes Cotswolds.

Qué es esto de los Cotwsolds?

También conocido simplemente como Cotswolds, son considerados por muchos como el corazón de Inglaterra. Están constituidos por una cadena de montes en el más puro de su significado: un terreno no urbano y sin cultivar en el que hay vegetación, la cual puede estar formada por árboles, arbustos y hierbas, que se extiende al sudoeste de Inglaterra en una zona de más de 2000 kilómetros cuadrados entre diferentes comarcas como GloucestershireWorcestershire y Oxforshire entre otros, conteniendo una pila de pueblitos pequeños con inusual atractivo.


Tanto por la belleza de los pueblos y caseríos como por el paisaje natural que los montes demarcan, los Cotswolds constituyen una Area de Destacada Belleza Natural (AONB).

La región prosperó gracias a la cría de ovejas de la variedad Cotswold Lion, haciéndose conocida en el comercio de lana a lo largo del continente, pero especialmente deseada por mercaderes italianos. Con el tiempo, el dinero obtenido de la venta de la lana llevo a la construcción de muchas iglesias construidas en una variedad de piedra caliza extraída de la región y se las conoce como "iglesias de lana".


Al día de hoy, pese a que la agricultura ocupa un importante lugar en la economía, el turismo es la de mayor preponderancia. Es el segundo hogar de muchos londinenses adinerados que optan por tener una residencia de vacaciones en la región e incluso muchos deciden retirarse a ellas.

Planeando el recorrido

La distancia desde Londres hasta el ingreso a los montes no es demasiado extensa, al punto que con menos de dos horas de viaje en coche uno puede considerar que está entrando.

Existen diversas maneras de llegar desde la capital del reino, ya que la zona es atravesada por líneas férreas de la Great Western Railways y la siempre buena National Express nos puede dar una gran ayuda a la hora de encontrar un servicio de buses que nos deposite en alguno de sus parajes principales o de mayor atractivo e incluso se ofrecen pases y billetes combinados para hacer los recorridos de un modo "car-free" (sin el coche). 

A pesar de todo esto, haré hincapié en la que mejor manera de recorrer Cotswold es en coche, y el motivo por el que me inclino hacia esta modo de disfrutar la experiencia del viaje es porque se trata de un paisaje con muchos pueblos y atractivos desperdigados en distancias cortas, incluso alejados de rutas principales para los cuales en muchas ocasiones solo hay que atravesar prados, mucho de los cuales pierden su encanto al no poder detenerse a contemplarlos.

Por otra parte, lo importante a la hora de planificar el recorrido es revisar las particularidades de cada región, identificar cada pueblo con lo difícil que resultan de memorizar esos nombres compuestos (ya lo verán más abajo) y sobre todo trazar el laberíntico circuito maximizando la distancia y minimizando duplicidad en el recorrido. Créanme que habiendo tanto para ver, es todo un desafío.

Contábamos con días y tres noches, considerando que debíamos volver a la aturdida ciudad de Londres a hora punta un día laborable, por lo que el plan original consistía en:
- Sábado: salir de la capital a media mañana y alejarnos para recorrer la ciudad universitaria de Oxford, seguir camino hacia Witney y pasar la noche en el acceso a Cotswold.
- Domingo: desandar camino de Witney hacia el interior de los montes, centrándonos en los pueblos de la mitad hacia arriba, pasando por Burton-on-the-water, Stow-on-the-wold, entre tantos otros hasta Broadway. Debíamos aprovechar al máximo la luz del día siempre y cuando, las siempre amenazantes nubes inglesas no nos agüen el panorama, y pasar la noche en Gloucester.
- Lunes: el plan era descender siguiendo el Río Severn hasta el ingreso a Gales, para luego reingresar a Inglaterra por alguno de los dos imponentes puentes colgantes, y dirigirnos hasta Bristol para recorrer la ciudad, y descansar en Bath.
- Martes: Recorrer la ciudad histórica de Bath y emprender el regreso pasado el mediodía si el tiempo lo permitía con una rápida escala en el mítico Stonehenge.

Finalmente por motivos climáticos, y sobre todo porque priorizamos seguir contemplando la belleza de Cotswolds, el Lunes cambió el recorrido relegando Bristol (realmente creo que vale la pena visitarla, pero priorizamos ir a ver pueblos y campo) y descansamos en Bath ese mismo día, llegando antes y disfrutando de su muy famoso cream tea.

En el siguiente link dejo un folleto oficial para Explorar Cotswolds que se distribuye en la pagina del Parque.

Cátedra de Oxford

Si uno piensa en universidades inglesas, solo se vienen dos cosas a la cabeza, Oxford y Cambridge, dos de los lugares más exclusivos para estudiar en la isla madre del reino.

Oxford se ubica hacia el oeste mientras que Cambridge hacia el norte, ambas universidades se encuentran a una prudente distancia de Londres, poco más de una en tren, lo cual convierte a las ciudades universitarias por excelencia en una buena alternativa de visita de fin de semana.

Dado que nuestro destino se hallaba hacia el sudoeste de la isla, tomar una clase en Oxford pareció un buena opción para darle al viaje un sabor distinto, y nos dimos cuenta que la idea no fué solo nuestra, dado que definitivamente es una ciudad turística puesto que los estacionamientos cuestan más caros los fines de semana que en los días de semana, y arriban decenas de autobuses turísticos además de líneas regulares cargadas con visitantes que pasan el día recorriendo los diferentes colegios.
Los colegios son esos edificios hermosos y antiquísimos que aparecen en las películas, sin ir más lejos, basta con haber visto algunas de las películas de la saga de Harry Potter para haber visitado Christ Church, el más famoso de los colegios, en el que se representaron los interiores de Hogwarts, donde no solo tienes los edificios sino unos jardinazos enormes para recorrer.

Estos edificios históricos y tan bellos han tomado tal relevancia y son tan demandados que algunos se pueden visitar gratuitamente, pero en la gran mayoría hay que abonar un acceso, entre ellos el Balliol College, Magdalena College y Merton College.

Además de estos edificios repletos de agujas, que contrastan con un día soleado y el verde de los jardines, hay iglesias monumentales, los vestigios del Castillo de Oxford que está ubicado en el corazón de la ciudad pegado al centro comercial, y sin dudas la impresionante Biblioteca Bodeliana y la inconfundible Cámara Radcliffe ubicada justo al frente.

A escasos metros de la Biblioteca, es inevitable una postal del Puente Hertford o popularmente conocido como Puente de los Suspiros por su parecido con el Puente de Rialto en Venecia, aunque en este caso parece que el mito de los suspiros proviene de que de un lado, era un colegio de hombres y del otro, un colegio de mujeres. El resto, una leyenda.

Ya de regreso al coche encontramos de casualidad el muy bonito Oxford Coverted Market que por suerte era muy diferente a todos los mercadillos que cité en mis previos posteos de Londres. En este comienzan a aparecer algunos destellos de locales de fines turísticos, pero aún mantiene la esencia de locales puramente destinados al consumo local, como zapaterias, panaderías, y las típicas verdulerías y carnicerías de barrio.

Cotwsowlds del Norte

Habiendo hecho escala en Witney, un pueblito de la campiña inglesa, aunque a esta altura comparado con lo que está por venir, realmente se puede decir que se trata de una ciudad con todos los servicios, acceder a la formalmente conocida como Area of Outstanding Beauty, lo que es el equivalente a un Parque Nacional, es cuestión de minutos en coche.

El laberinto de caminos obliga a tener un GPS calibrado para la ocasión y el trabajo hecho para acomodar la ruta. 

Conduciendo por la derecha encaramos con el coche hacia Burford para ya comenzar a cruzarnos con las pequeñas calles entre casas de piedra donde había que esquivar coches y paredes para poder circular. El pequeño pueblo cuenta con una vívida avenida comercial con linderas casas de piedra que se adornan con coloridas marquesinas.

El siguiente destino era el bellísimo Bibury, que es indudablemente una de las mejores postales de la región y en las palabras de William Morris, uno de los padres del movimiento Arts and Craft, la villa más hermosa de Inglaterra.

En Bibury se refleja el estereotipo de villas rurales inglesas, atravesadas por un río, cuentan con un molino para acopio y manufactura de granos, cottages (casas ruales) de piedra color miel apareadas una con otra y verde, sobre todo mucho verde y desde luego, musgo.

Desviamos el recorrido ya que decidimos pasar por la villa romana de Chedworth y circulando en soledad por los verdes prados nos perdimos, no encontramos más que el caserío y las punteagudas iglesias para desandar camino entre bañados y paisajes verdes ondulados, hasta llegar a uno de los puntos fuertes de la región.
Burton-on-the-water, así como lo escribo, con su nombre compuesto y guionado es otra postal imborrable e inconfundible de esta región. Y aquí ya se dejaba ver la cantidad de turistas visitando y recorriendo por su paseo principal a margenes del río Windrush(the water!) atravesado por muy bajos puentes, casi bados, donde es imposible no tentarse con una foto. En invierno, los paseantes se refugian del frio en las coquetas casas de te mientras que en verano las familias se refrescan en las nada profundas aguas, y las casas de te se reconvierten en heladerías.

Este fué un buen punto para re abastecer provisiones, elegimos probar las "empanadas inglesas", más correctamente unos enormes Cornish Pasty, hacer un level up (ir al baño!) y seguir camino para comer en el prado entre dos pueblitos linderos extremadamente pequeños pero bellos: los Slaughters (upper y lower) con un molino a fuerza de agua activo que por solo verlo girar amerita el desvío en el camino.

Desde este momento en adelante comenzamos a circular sin un rumbo preciso pero teníamos puntos en el mapa a los que evitamos ir directo en caso de cruzarnos con alguna gema perdida en el camino.

Pasamos por Lower Swell, para desviarnos por entremedio de los campos vacíos hasta llegar a Condicote, y derivar a Stow-on-the-wold con algo de miedo que se nos vaya el sol (Enero en el Reino Unido no da para muchas horas de sol).

Apuramos el paso y nos dirigimos a lo que consideramos el último plato fuerte del día, y de los puntos más altos, geofráficamente y en nivel de belleza, del viaje: la solitaria Torre de Broadway que se erige en soledad en un monte al norte de los Cotswold ya en el condado de Worcestershire.

Y uno se pregunta qué función cumpliría tan aislada fortificación en tan lejano paraje, pues la respuesta es simple, ninguno, simplemente decorativa! Y lo bien que queda. Son las mejores postales pese al viento tan frío que soplaba en la hermosa puesta de sol, logramos unas capturas imperdibles.

Cae la noche ya, apurar el paso, el frío es intenso, y nos espera una noche de descanso en la pequeña Gloucester.

Cotswolds del Sur

Tras un buen descanso en Gloucester, el día amaneció nublado, y el viento seguía siendo intensamente frío. La noche discurrió entre el debate de qué ir a ver al siguiente día, si apostábamos por más Costwolds o bajabamos hasta Bristol via Gales. El espectáculo entregado por los Costwolds el día anterior primó y el plan se cambió sobre la marcha, a seguir dibujuando zigzags sobre los verdes prados.

Esta vez el asfalto nos esperaba mojado, no corrimos con la misma suerte que la jornada previa, el sol ya no contrastaba el horizonte, pese a que de a ratos se dejaba disfrutar, no hacía mella al frío intenso que habitaba las ráfagas de viento.

Arrancamos en dirección sur, el tráfico estaba cargado, atravesamos la ciudad de Stroud, suimos camino ascendente en el horizonte que se elevaba delante nuestro, el camino estrecho era el común denominador del trayecto.

Nos perdimos, literalmente, mirando el mapa nos perdimos. Vimos tantos pueblos que no sabíamos cuál elegir para ver algo destacado sin referencias, pero no nos detuvimos, el clima no ayudaba, no invitaba a descender, simplemente a recorrer.
Superamos Chalford Hill en un atisbo de encontrar algún hito destacado desde la altura, pero fué en vano, las colinas y la arboleda no permitían ver más allá de algún prado extenso que se perdía detrás de otra colina. Seguimos hacia la llanura, emprendimos el descenso hacia Cirencester, originada en un fuerte romano creado para defenderse de los nativos. Un poco más allá, los bañados en South Cerney donde yace el complejo acuático de los Cotswolds y sitio que lso ingleses eligen para pasar parte del verano entre lagos y bañados, muchos dotados de infraestructura para recibir bañistas y proveer opciones de diversión más allá de un chapuzón.

La quimera de los paseantes, a este punto, era encontrar en algún lado el origen del río Tamesis, que discurre y coquetea entre estos bañados hasta difuminar su naciente entre algún que otro charco de agua.
Dejamos atrás la llanura poco poblada y nos embebimos en la tampoco muy poblada Tetbury, hogar de los Reales de Jardines de Highgrove en busca de algún recoveco donde poder frenar y estirar los pies, la lluvia nos abrazó y se adueño del paisaje, apenas pudimos refugiarnos brevemente en la iglesia de St. Mary the Virgin que nos recibió con su clásico adorno de tumbas alrededor y un viento estremecedor.

El plato fuerte lo dejamos para el final, Castle Combe, un caserío de cottages linderos con apenas 350 habitantes, que es al sur de los Cotswolds, lo que Bibury al norte, la foto, la postal, la poesía y el reflejo de una vida pasada de trabajo en la que hoy se refugian acaudalados que buscan huir de su vida citadina abrumados de las multitudes.

La lluvia no dejó de acompañarnos, lo que le dió un aspecto desolado especial para las fotos. Soñamos con arribar a este pequeño pueblo y deleitarnos con una sesión de te, teníamos identificado el sitio, pero la temporada del año no nos ayudó, un 7 de enero, los dueños tenían decidido hacer la limpieza anual y reparaciones varias por lo que mantenían cerrado al público su salón durante unos diez días. Rabia, frustración, pero la degustación no tardaría en llegar más adelante en el recorrido al llegar a Bath.

Situado en un valle boscoso de Cotswold, con el río Bybrook fluyendo a través de su corazón, Castle Combe es un ejemplo brillante del tradicional pueblo inglés.

Y como dije unos párrafos más arriba, ante la impotencia de no poder no solo disfrutar de la galantería de un te en un salón típico inglés, pusimos manos al volante, y mientras piloto desandaba las millas el copiloto se encargaba de decidir sobre la marcha, basados pura y exclusivamente en las referencias de internet a qué casa de té iríamos a buscar abrigo y pasar una dulce tarde, finalmente la agraciada fué la histórica Sally Lunn en nuestro último destino, Bath.

Bath, el spa romano

Bath, traducido literalmente como baño, tiene su origen en tiempos romanos desde luego, es la única ciudad el Reino Unido que cuenta con aguas termales, y los romanos esto de encontrar aguas relajantes para banquetes y orgías se les daba bastante bien.

Es una ciudad coqueta completamente diferente en arquitectura, a lo que llevaba visto hasta el momento en territorio del reino, posee gran variedad de teatros, museos y edificios de relevancia cultural agraciados en la época Gerogiana donde cobró importancia debido a sus aguas medicinales, lo cual, sumado a una importante Abadía a la cual es gratis entrar con una contribución obligatoria (sic) lo cual le permitió ser catalogada como Patrimonio de la Humanidad.

Dicho de otro modo menos formal, la ciudad es sumamente elegante y tiene estilo, se nota la influencia de la alta sociedad que hizo uso de sus bondades a lo largo de los siglos. Para dimensionar, nos alojamos en albergue que ocupaba una mansión en su totalidad, y la suerte hizo que nos dieran la mejor habitación de todas, en el altillo, el punto más alto del caserón, uno de los tantos que se erigían en la zona de Bathwick Hill camino al campus de la Universidad de Bath.

La ciudad realmente se recorre fácil, con un poco de ánimo caminando, los puntos altos son el Pulteny Bridge que aunque parezca cerrado no lo es, en el medio hay una calle y es abierto. En el margen del lado de la ciudad, no dejen de atravesar el Guildhall Market y dejarse llevar hacia la Abadía y sus linderos Baños Romanosun lujo que merece visitarse, pero sepan que no se puede tocar ni el agua, por lo cual, son meramente históricos, pero existe curiosamente un modo legal de acercarse y contemplar sin necesidad de acceder al recinto, y es que estos baños cuentan con baños públicos y muchos de los locales aledaños te enviarán a ellos cuando consultes para "cambiar las aguas".
A escasos metros, descendiendo las escaleras se abren los coquetos Parade Gardens paralelos al Río Avon, desde donde se tiene tal vez la mejor vista del Pulteny Bridge.

Perderse en las calles de Bath no llevará mucho tiempo, hay que hacerlo, con algún rumbo fijo dando vueltas para hacer el camino más largo y sorprenderse con lo que se encuentra uno en el camino.

Un imperdible, que se disfruta desde la misma calle es The Circus, un complejo arquitectónico georgiano que comprende un perfecto círculo en torno a una plazoleta central, me atrevo a llamarlo brutalista pero estaría faltando el respeto, tiene tantos detalles que es simplemente imponente y bello, atractivo por donde lo mires y no hay foto que alcance.
A escasos metros se alza otra imponente, The Royal Crescent, un enorme conjunto semicircular de casas apareadas, que se alza sobre un desnivel con una vista hacia el horizonte de la ciudad. Es catalogado dentro del grado I de edificios protegidos, considerado el máximo exponente de la arquitectura georgiana. Entre sus casas, destaca el lujoso hotel homónimo, en el cual, por ejemplo, existía al momento de nuestra vista, una oferta de exclusivo Afternoon Tea por la módica suma de 37 libras por persona.

El paisaje de la ciudad es variado, y al estar rodeada de colinas, muchos de los circuitos para recorrerla a pié recomiendan alejarse del casco céntrico y de la hondonada del río para contemplarla desde las alturas. Dado que nuestro alojamiento estaba en la subida a Bathwick Hill donde se haya la universidad, en el descenso encontramos un fantástico mirador que forma parte del sendero donde se insta a contemplar excelentes vistas del skyline de la ciudad.

Para los amantes del agua y los paseos en barco, el Río Avon también cuenta con una canalización paralela, sobre la cual se prestan servicios de navegación con los coloridos Bath Narrowboats.

Operativo retorno

La conexión de Bath con Londres es muy buena sino excelente. Servicios férreos que toman el trayecto en menos de dos horas demuestran la importancia social que tenía esta ciudad en los tiempos pasados donde la alta sociedad la elegía para sus descansos.

En coche las conexiones no son menos buenas, pero es algo más agotador. Existían dos opciones, y optamos por la más larga, atravesando Salisbury, para poder aunque sea contemplar bajo el gris plomizo y el sol cayendo el mítico y silencioso Stonhenge (nota mental: no se puede parar en la carretera para verlo!).

El retorno no estuvo para nada a la altura del viaje, el paisaje es enorme y bello, verde, con una llanura que se pierde en los prados y lo imponente de un monumento histórico sin precedentes, pero la llegada a Londres es realmente agobiante, el tráfico, la aglomeración, los semáforos, los millones de personas le dan el toque de estress citadino que tanto agota.

Pese a todo, fué un trayecto sin mayores problemas, con una conducción sin precedentes bajo la lluvia, por el lado izquierdo de la copiloto que se convirtió en piloto principal en esta etapa, sin sobresalto alguno.


Todas las fotos AQUI o sígueme en el feed de @escepticoobservador
Los prados ingleses tienen la particularidad de contar con poco relieve y apenas unas ondulaciones que se pierden en el horizonte. Si al leer esto se te viene una imagen de alguna película o postal de prados verdes con iglesias sobre pequeñas colinas, casas de paredes grisáceas con techos a dos aguas o incluso castillos con tiempos pasados mejores, en la cual tus ojos hayan dejado deslumbrar por su belleza, sin duda alguna te digo que se trataría de una imagen de los Montes Cotswolds.

Qué es esto de los Cotwsolds?

También conocido simplemente como Cotswolds, son considerados por muchos como el corazón de Inglaterra. Están constituidos por una cadena de montes en el más puro de su significado: un terreno no urbano y sin cultivar en el que hay vegetación, la cual puede estar formada por árboles, arbustos y hierbas, que se extiende al sudoeste de Inglaterra en una zona de más de 2000 kilómetros cuadrados entre diferentes comarcas como GloucestershireWorcestershire y Oxforshire entre otros, conteniendo una pila de pueblitos pequeños con inusual atractivo.


Tanto por la belleza de los pueblos y caseríos como por el paisaje natural que los montes demarcan, los Cotswolds constituyen una Area de Destacada Belleza Natural (AONB).

La región prosperó gracias a la cría de ovejas de la variedad Cotswold Lion, haciéndose conocida en el comercio de lana a lo largo del continente, pero especialmente deseada por mercaderes italianos. Con el tiempo, el dinero obtenido de la venta de la lana llevo a la construcción de muchas iglesias construidas en una variedad de piedra caliza extraída de la región y se las conoce como "iglesias de lana".


Al día de hoy, pese a que la agricultura ocupa un importante lugar en la economía, el turismo es la de mayor preponderancia. Es el segundo hogar de muchos londinenses adinerados que optan por tener una residencia de vacaciones en la región e incluso muchos deciden retirarse a ellas.

Planeando el recorrido

La distancia desde Londres hasta el ingreso a los montes no es demasiado extensa, al punto que con menos de dos horas de viaje en coche uno puede considerar que está entrando.

Existen diversas maneras de llegar desde la capital del reino, ya que la zona es atravesada por líneas férreas de la Great Western Railways y la siempre buena National Express nos puede dar una gran ayuda a la hora de encontrar un servicio de buses que nos deposite en alguno de sus parajes principales o de mayor atractivo e incluso se ofrecen pases y billetes combinados para hacer los recorridos de un modo "car-free" (sin el coche). 

A pesar de todo esto, haré hincapié en la que mejor manera de recorrer Cotswold es en coche, y el motivo por el que me inclino hacia esta modo de disfrutar la experiencia del viaje es porque se trata de un paisaje con muchos pueblos y atractivos desperdigados en distancias cortas, incluso alejados de rutas principales para los cuales en muchas ocasiones solo hay que atravesar prados, mucho de los cuales pierden su encanto al no poder detenerse a contemplarlos.

Por otra parte, lo importante a la hora de planificar el recorrido es revisar las particularidades de cada región, identificar cada pueblo con lo difícil que resultan de memorizar esos nombres compuestos (ya lo verán más abajo) y sobre todo trazar el laberíntico circuito maximizando la distancia y minimizando duplicidad en el recorrido. Créanme que habiendo tanto para ver, es todo un desafío.

Contábamos con días y tres noches, considerando que debíamos volver a la aturdida ciudad de Londres a hora punta un día laborable, por lo que el plan original consistía en:
- Sábado: salir de la capital a media mañana y alejarnos para recorrer la ciudad universitaria de Oxford, seguir camino hacia Witney y pasar la noche en el acceso a Cotswold.
- Domingo: desandar camino de Witney hacia el interior de los montes, centrándonos en los pueblos de la mitad hacia arriba, pasando por Burton-on-the-water, Stow-on-the-wold, entre tantos otros hasta Broadway. Debíamos aprovechar al máximo la luz del día siempre y cuando, las siempre amenazantes nubes inglesas no nos agüen el panorama, y pasar la noche en Gloucester.
- Lunes: el plan era descender siguiendo el Río Severn hasta el ingreso a Gales, para luego reingresar a Inglaterra por alguno de los dos imponentes puentes colgantes, y dirigirnos hasta Bristol para recorrer la ciudad, y descansar en Bath.
- Martes: Recorrer la ciudad histórica de Bath y emprender el regreso pasado el mediodía si el tiempo lo permitía con una rápida escala en el mítico Stonehenge.

Finalmente por motivos climáticos, y sobre todo porque priorizamos seguir contemplando la belleza de Cotswolds, el Lunes cambió el recorrido relegando Bristol (realmente creo que vale la pena visitarla, pero priorizamos ir a ver pueblos y campo) y descansamos en Bath ese mismo día, llegando antes y disfrutando de su muy famoso cream tea.

En el siguiente link dejo un folleto oficial para Explorar Cotswolds que se distribuye en la pagina del Parque.

Cátedra de Oxford

Si uno piensa en universidades inglesas, solo se vienen dos cosas a la cabeza, Oxford y Cambridge, dos de los lugares más exclusivos para estudiar en la isla madre del reino.

Oxford se ubica hacia el oeste mientras que Cambridge hacia el norte, ambas universidades se encuentran a una prudente distancia de Londres, poco más de una en tren, lo cual convierte a las ciudades universitarias por excelencia en una buena alternativa de visita de fin de semana.

Dado que nuestro destino se hallaba hacia el sudoeste de la isla, tomar una clase en Oxford pareció un buena opción para darle al viaje un sabor distinto, y nos dimos cuenta que la idea no fué solo nuestra, dado que definitivamente es una ciudad turística puesto que los estacionamientos cuestan más caros los fines de semana que en los días de semana, y arriban decenas de autobuses turísticos además de líneas regulares cargadas con visitantes que pasan el día recorriendo los diferentes colegios.
Los colegios son esos edificios hermosos y antiquísimos que aparecen en las películas, sin ir más lejos, basta con haber visto algunas de las películas de la saga de Harry Potter para haber visitado Christ Church, el más famoso de los colegios, en el que se representaron los interiores de Hogwarts, donde no solo tienes los edificios sino unos jardinazos enormes para recorrer.

Estos edificios históricos y tan bellos han tomado tal relevancia y son tan demandados que algunos se pueden visitar gratuitamente, pero en la gran mayoría hay que abonar un acceso, entre ellos el Balliol College, Magdalena College y Merton College.

Además de estos edificios repletos de agujas, que contrastan con un día soleado y el verde de los jardines, hay iglesias monumentales, los vestigios del Castillo de Oxford que está ubicado en el corazón de la ciudad pegado al centro comercial, y sin dudas la impresionante Biblioteca Bodeliana y la inconfundible Cámara Radcliffe ubicada justo al frente.

A escasos metros de la Biblioteca, es inevitable una postal del Puente Hertford o popularmente conocido como Puente de los Suspiros por su parecido con el Puente de Rialto en Venecia, aunque en este caso parece que el mito de los suspiros proviene de que de un lado, era un colegio de hombres y del otro, un colegio de mujeres. El resto, una leyenda.

Ya de regreso al coche encontramos de casualidad el muy bonito Oxford Coverted Market que por suerte era muy diferente a todos los mercadillos que cité en mis previos posteos de Londres. En este comienzan a aparecer algunos destellos de locales de fines turísticos, pero aún mantiene la esencia de locales puramente destinados al consumo local, como zapaterias, panaderías, y las típicas verdulerías y carnicerías de barrio.

Cotwsowlds del Norte

Habiendo hecho escala en Witney, un pueblito de la campiña inglesa, aunque a esta altura comparado con lo que está por venir, realmente se puede decir que se trata de una ciudad con todos los servicios, acceder a la formalmente conocida como Area of Outstanding Beauty, lo que es el equivalente a un Parque Nacional, es cuestión de minutos en coche.

El laberinto de caminos obliga a tener un GPS calibrado para la ocasión y el trabajo hecho para acomodar la ruta. 

Conduciendo por la derecha encaramos con el coche hacia Burford para ya comenzar a cruzarnos con las pequeñas calles entre casas de piedra donde había que esquivar coches y paredes para poder circular. El pequeño pueblo cuenta con una vívida avenida comercial con linderas casas de piedra que se adornan con coloridas marquesinas.

El siguiente destino era el bellísimo Bibury, que es indudablemente una de las mejores postales de la región y en las palabras de William Morris, uno de los padres del movimiento Arts and Craft, la villa más hermosa de Inglaterra.

En Bibury se refleja el estereotipo de villas rurales inglesas, atravesadas por un río, cuentan con un molino para acopio y manufactura de granos, cottages (casas ruales) de piedra color miel apareadas una con otra y verde, sobre todo mucho verde y desde luego, musgo.

Desviamos el recorrido ya que decidimos pasar por la villa romana de Chedworth y circulando en soledad por los verdes prados nos perdimos, no encontramos más que el caserío y las punteagudas iglesias para desandar camino entre bañados y paisajes verdes ondulados, hasta llegar a uno de los puntos fuertes de la región.
Burton-on-the-water, así como lo escribo, con su nombre compuesto y guionado es otra postal imborrable e inconfundible de esta región. Y aquí ya se dejaba ver la cantidad de turistas visitando y recorriendo por su paseo principal a margenes del río Windrush(the water!) atravesado por muy bajos puentes, casi bados, donde es imposible no tentarse con una foto. En invierno, los paseantes se refugian del frio en las coquetas casas de te mientras que en verano las familias se refrescan en las nada profundas aguas, y las casas de te se reconvierten en heladerías.

Este fué un buen punto para re abastecer provisiones, elegimos probar las "empanadas inglesas", más correctamente unos enormes Cornish Pasty, hacer un level up (ir al baño!) y seguir camino para comer en el prado entre dos pueblitos linderos extremadamente pequeños pero bellos: los Slaughters (upper y lower) con un molino a fuerza de agua activo que por solo verlo girar amerita el desvío en el camino.

Desde este momento en adelante comenzamos a circular sin un rumbo preciso pero teníamos puntos en el mapa a los que evitamos ir directo en caso de cruzarnos con alguna gema perdida en el camino.

Pasamos por Lower Swell, para desviarnos por entremedio de los campos vacíos hasta llegar a Condicote, y derivar a Stow-on-the-wold con algo de miedo que se nos vaya el sol (Enero en el Reino Unido no da para muchas horas de sol).

Apuramos el paso y nos dirigimos a lo que consideramos el último plato fuerte del día, y de los puntos más altos, geofráficamente y en nivel de belleza, del viaje: la solitaria Torre de Broadway que se erige en soledad en un monte al norte de los Cotswold ya en el condado de Worcestershire.

Y uno se pregunta qué función cumpliría tan aislada fortificación en tan lejano paraje, pues la respuesta es simple, ninguno, simplemente decorativa! Y lo bien que queda. Son las mejores postales pese al viento tan frío que soplaba en la hermosa puesta de sol, logramos unas capturas imperdibles.

Cae la noche ya, apurar el paso, el frío es intenso, y nos espera una noche de descanso en la pequeña Gloucester.

Cotswolds del Sur

Tras un buen descanso en Gloucester, el día amaneció nublado, y el viento seguía siendo intensamente frío. La noche discurrió entre el debate de qué ir a ver al siguiente día, si apostábamos por más Costwolds o bajabamos hasta Bristol via Gales. El espectáculo entregado por los Costwolds el día anterior primó y el plan se cambió sobre la marcha, a seguir dibujuando zigzags sobre los verdes prados.

Esta vez el asfalto nos esperaba mojado, no corrimos con la misma suerte que la jornada previa, el sol ya no contrastaba el horizonte, pese a que de a ratos se dejaba disfrutar, no hacía mella al frío intenso que habitaba las ráfagas de viento.

Arrancamos en dirección sur, el tráfico estaba cargado, atravesamos la ciudad de Stroud, suimos camino ascendente en el horizonte que se elevaba delante nuestro, el camino estrecho era el común denominador del trayecto.

Nos perdimos, literalmente, mirando el mapa nos perdimos. Vimos tantos pueblos que no sabíamos cuál elegir para ver algo destacado sin referencias, pero no nos detuvimos, el clima no ayudaba, no invitaba a descender, simplemente a recorrer.
Superamos Chalford Hill en un atisbo de encontrar algún hito destacado desde la altura, pero fué en vano, las colinas y la arboleda no permitían ver más allá de algún prado extenso que se perdía detrás de otra colina. Seguimos hacia la llanura, emprendimos el descenso hacia Cirencester, originada en un fuerte romano creado para defenderse de los nativos. Un poco más allá, los bañados en South Cerney donde yace el complejo acuático de los Cotswolds y sitio que lso ingleses eligen para pasar parte del verano entre lagos y bañados, muchos dotados de infraestructura para recibir bañistas y proveer opciones de diversión más allá de un chapuzón.

La quimera de los paseantes, a este punto, era encontrar en algún lado el origen del río Tamesis, que discurre y coquetea entre estos bañados hasta difuminar su naciente entre algún que otro charco de agua.
Dejamos atrás la llanura poco poblada y nos embebimos en la tampoco muy poblada Tetbury, hogar de los Reales de Jardines de Highgrove en busca de algún recoveco donde poder frenar y estirar los pies, la lluvia nos abrazó y se adueño del paisaje, apenas pudimos refugiarnos brevemente en la iglesia de St. Mary the Virgin que nos recibió con su clásico adorno de tumbas alrededor y un viento estremecedor.

El plato fuerte lo dejamos para el final, Castle Combe, un caserío de cottages linderos con apenas 350 habitantes, que es al sur de los Cotswolds, lo que Bibury al norte, la foto, la postal, la poesía y el reflejo de una vida pasada de trabajo en la que hoy se refugian acaudalados que buscan huir de su vida citadina abrumados de las multitudes.

La lluvia no dejó de acompañarnos, lo que le dió un aspecto desolado especial para las fotos. Soñamos con arribar a este pequeño pueblo y deleitarnos con una sesión de te, teníamos identificado el sitio, pero la temporada del año no nos ayudó, un 7 de enero, los dueños tenían decidido hacer la limpieza anual y reparaciones varias por lo que mantenían cerrado al público su salón durante unos diez días. Rabia, frustración, pero la degustación no tardaría en llegar más adelante en el recorrido al llegar a Bath.

Situado en un valle boscoso de Cotswold, con el río Bybrook fluyendo a través de su corazón, Castle Combe es un ejemplo brillante del tradicional pueblo inglés.

Y como dije unos párrafos más arriba, ante la impotencia de no poder no solo disfrutar de la galantería de un te en un salón típico inglés, pusimos manos al volante, y mientras piloto desandaba las millas el copiloto se encargaba de decidir sobre la marcha, basados pura y exclusivamente en las referencias de internet a qué casa de té iríamos a buscar abrigo y pasar una dulce tarde, finalmente la agraciada fué la histórica Sally Lunn en nuestro último destino, Bath.

Bath, el spa romano

Bath, traducido literalmente como baño, tiene su origen en tiempos romanos desde luego, es la única ciudad el Reino Unido que cuenta con aguas termales, y los romanos esto de encontrar aguas relajantes para banquetes y orgías se les daba bastante bien.

Es una ciudad coqueta completamente diferente en arquitectura, a lo que llevaba visto hasta el momento en territorio del reino, posee gran variedad de teatros, museos y edificios de relevancia cultural agraciados en la época Gerogiana donde cobró importancia debido a sus aguas medicinales, lo cual, sumado a una importante Abadía a la cual es gratis entrar con una contribución obligatoria (sic) lo cual le permitió ser catalogada como Patrimonio de la Humanidad.

Dicho de otro modo menos formal, la ciudad es sumamente elegante y tiene estilo, se nota la influencia de la alta sociedad que hizo uso de sus bondades a lo largo de los siglos. Para dimensionar, nos alojamos en albergue que ocupaba una mansión en su totalidad, y la suerte hizo que nos dieran la mejor habitación de todas, en el altillo, el punto más alto del caserón, uno de los tantos que se erigían en la zona de Bathwick Hill camino al campus de la Universidad de Bath.

La ciudad realmente se recorre fácil, con un poco de ánimo caminando, los puntos altos son el Pulteny Bridge que aunque parezca cerrado no lo es, en el medio hay una calle y es abierto. En el margen del lado de la ciudad, no dejen de atravesar el Guildhall Market y dejarse llevar hacia la Abadía y sus linderos Baños Romanosun lujo que merece visitarse, pero sepan que no se puede tocar ni el agua, por lo cual, son meramente históricos, pero existe curiosamente un modo legal de acercarse y contemplar sin necesidad de acceder al recinto, y es que estos baños cuentan con baños públicos y muchos de los locales aledaños te enviarán a ellos cuando consultes para "cambiar las aguas".
A escasos metros, descendiendo las escaleras se abren los coquetos Parade Gardens paralelos al Río Avon, desde donde se tiene tal vez la mejor vista del Pulteny Bridge.

Perderse en las calles de Bath no llevará mucho tiempo, hay que hacerlo, con algún rumbo fijo dando vueltas para hacer el camino más largo y sorprenderse con lo que se encuentra uno en el camino.

Un imperdible, que se disfruta desde la misma calle es The Circus, un complejo arquitectónico georgiano que comprende un perfecto círculo en torno a una plazoleta central, me atrevo a llamarlo brutalista pero estaría faltando el respeto, tiene tantos detalles que es simplemente imponente y bello, atractivo por donde lo mires y no hay foto que alcance.
A escasos metros se alza otra imponente, The Royal Crescent, un enorme conjunto semicircular de casas apareadas, que se alza sobre un desnivel con una vista hacia el horizonte de la ciudad. Es catalogado dentro del grado I de edificios protegidos, considerado el máximo exponente de la arquitectura georgiana. Entre sus casas, destaca el lujoso hotel homónimo, en el cual, por ejemplo, existía al momento de nuestra vista, una oferta de exclusivo Afternoon Tea por la módica suma de 37 libras por persona.

El paisaje de la ciudad es variado, y al estar rodeada de colinas, muchos de los circuitos para recorrerla a pié recomiendan alejarse del casco céntrico y de la hondonada del río para contemplarla desde las alturas. Dado que nuestro alojamiento estaba en la subida a Bathwick Hill donde se haya la universidad, en el descenso encontramos un fantástico mirador que forma parte del sendero donde se insta a contemplar excelentes vistas del skyline de la ciudad.

Para los amantes del agua y los paseos en barco, el Río Avon también cuenta con una canalización paralela, sobre la cual se prestan servicios de navegación con los coloridos Bath Narrowboats.

Operativo retorno

La conexión de Bath con Londres es muy buena sino excelente. Servicios férreos que toman el trayecto en menos de dos horas demuestran la importancia social que tenía esta ciudad en los tiempos pasados donde la alta sociedad la elegía para sus descansos.

En coche las conexiones no son menos buenas, pero es algo más agotador. Existían dos opciones, y optamos por la más larga, atravesando Salisbury, para poder aunque sea contemplar bajo el gris plomizo y el sol cayendo el mítico y silencioso Stonhenge (nota mental: no se puede parar en la carretera para verlo!).

El retorno no estuvo para nada a la altura del viaje, el paisaje es enorme y bello, verde, con una llanura que se pierde en los prados y lo imponente de un monumento histórico sin precedentes, pero la llegada a Londres es realmente agobiante, el tráfico, la aglomeración, los semáforos, los millones de personas le dan el toque de estress citadino que tanto agota.

Pese a todo, fué un trayecto sin mayores problemas, con una conducción sin precedentes bajo la lluvia, por el lado izquierdo de la copiloto que se convirtió en piloto principal en esta etapa, sin sobresalto alguno.


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En la entrega anterior, mencioné que la idea era poder transmitir en posts más cortos información útil para el visitante y me limité a hablar de los museos que pude conocer y algunas tradiciones particulares que tuve la suerte de contemplar y otras, de participar.

En esta ocasión, comparto con ustedes información sobre barrios pintorescos que tradicionalmente el visitante intenta conocer y algunos recorridos, muchos de los cuales han sido hechos a pié, porque si hay algo que Londres permite, pese a sus dimensiones, es caminar.

Barrios y colores

Shoreditch

Ubicado en el East End, destaca como uno de los barrios en alza por su look alternativo y colorido con la mezcla de lo moderno y lo viejo, lo abandonado y lo alternativo pero organizado.

Destaca su famoso mercado que se extiende sobre la Brick Lane, mezcla de venta de cosas antiguas con decenas de locales que se desarrollan en el interior de antiguos galpones.

Hablando mal y pronto, como todo mercado londinense, intentan darle un aspecto espontáneo pero ciertamente está todo perfectamente organizado.

Para destacar además de pasar tiempo en el mercado, desde luego, son los murales que aparecen por muchos laterales, encontrando desde luego obras del misterioso Bansky entre tantos otros.

Sobre Brick Lane, se encuentra la mítica panaderia Beigel Bake que vende bagels todos los dias del año a todas horas, a escasos 30 centavos de libra siendo de los más baratos de Londres y más ricos. Desde luego, lo ubicarán muy fácil por que hay cola en la puerta (ojo! sólo se puede pagar en efectivo!).

Por la noche el barrio también cobra vida siendo uno de los más activos reductos nocturnos de la ciudad repleto de pubs y clubs donde tocan bandas y se agolpa la gente en búsqueda de diversión.

Camden Town

Y si uno piensa en barrios alternativos de la capital inglesa, Camden sale al tope de la lista por su vínculo ineludible a bandas musicales, trifulcas callejeras y drogas.

Ubicado al norte del Regent's Park, es uno de los barrios más coloridos y más visitados tanto de día como de noche.

De día, cuenta, como no podía ser de otro modo, con uno de los mercadillos más variados y más grandes de la ciudad lo que atrae oleadas de turistas. Como no es la excepción, los mercados que alguna vez nacieron siendo algo alternativo, mantienen parte de la esencia pero no dejan de ser algo completamente organizado y gestionado por algún consorcio con millones de libras, que por ejemplo, fomentan la transformación del barrio construyendo nuevas obras y reconvirtiendo antiguas naves en lugares de atractivo turístico.

Existen infinidad de pubs y clubs. Mi primer contacto con la zona fue nocturno, al salir de la estación de metro, lo primero que vi fueron homeless y punkies callejeros, peleas, mujeres golpeando hombres y recibí ofertas para comprar drogas en apenas 100 metros.

Esa primera noche, viernes, decantamos en uno de los clásicos pubs The Elephant's Head. Un barcito repleto de gente con música que sinceramente no dice mucho pero es famoso. Curiosamente entramos gratis pero a la semana siguiente quisimos ir un sábado y nos pedían pagar por acceder, por lo que deduje que los sábados se cobra entrada en todos lados.

Otra de las motivaciones para visitar este lugar es la magia musical que uno puede encontrar, como por ejemplo ir a la Vnyl Boutique, pequeña tienda discográfica perteneciente a Boz y Lin Boorer, figura preponderante en el mundillo del Rocabilly, además de guitarrista,  productor y director musical del mítico Morrisey, a quién tuve el gusto de concoer gracias al consejo de mi gran amigo Sergio quien cada vez que visita esta ciudad dispensa gran cantidad de sus ahorros en esta tienda y regresa con sobrepeso en sus maletas.

Tiene la particularidad de estar atravesado por el Regents Canal, brazo canalizado de agua al norte de Londres que conecta otros de mayor envergadura y da la oportunidad de que se generen diversidad de instalaciones a lo extenso de su recorrido. Más abajo citaré algunas de las visitas que he hecho siguiendo su cauce.

Notting Hill

Seguramente lo primero que se te viene a la mente es Julia Roberts y Hugh Grant por la película homónima del año 99, pero es que Notting Hill es un barrio en Kensington y Chelsea, más allá de Hyde Park, de buen pasar y casas tradicionales adosadas con un atípico colorido que atrae miles de turistas.

Tiene uno de los mercados callejeros más extensos que se desarrolla a lo largo de la Portobello Road, en este caso venden muchísimas antigüedades, entremezclados de a ratos con un mercado más tradicional de comidas, frutas y verduras que a posteriori se convierte en un mercadillo de comidas internacionales, mix de food trucks con puestos dentro de un recinto, siempre con el tono tipico de los mercados ingleses.

En los alrededores se encuentran muchas librerías, las que se pueden ver en la película, mucha gente se saca fotos desde luego, también invaden los portales de las casas coloridas, en las cuales muchos dueños piden por favor que los dejen en paz con cartelitos o colocando cadenas en las escalinatas.

Es tradicional la celebración del Carnaval de Notting Hill que casualmente se celebra en el verano europeo, a contradicción de los tradicionales carnavales que se llevan a cabo en Europa en Febrero.

Ciertamente, el barrio se ha convertido en uno de los (tristemente célebre término) " más instagrameables " de la ciudad.

West End

El West End que representa todo lo contenido en la ciudad lindera de Westminster, con esto ya te puedes dar una idea de que la Abadía y el Palacio de Buckingham están dentro de esta región.

Es un conglomerado de barrios, por lo que técnicamente Covent Garden está incluido aquí, así como el famoso Soho de Londres con todos sus bares y zonas chic, pero también has estado en esta famosa región si has pisado el Hyde Park, Leicester Square, Picadilly Circus, Oxford Circus, la famosa China Town, la siempre iluminada y famosa Harrods o hayas visitado el British Museum y la zona de los teatros.

Sin duda alguna, es una zona amplia, no es un barrio sino muchos con mucho para recorrer y para ver, es casi una parte inevitable de Londres que visitarás aunque no quieras, ya que casi me atrevo a decir todos los caminos derivan en esta zona.

Cada vez que salí de paseo terminaba pasando por el mítico China Town, o encandilado por las luces de los teatros y aturdido por las vitrinas y la gente comprando en los comercios de Oxford Street.

A pasitos del West End, es uno de los hubs comerciales más pintorescos de la zona céntrica. Covent Garden tiene su corazón en el viejo mercado de vegetales que hoy concentra actividades comerciales, culturales y gastronómicas.

Concentra un gran número de pubs catalogados como históricos y es el hogar del Museo de Transporte y del edifico de la Royal Opera House.

Vamos que es un barrio pequeño, no se siquiera si se lo puede considerar como tal, pero entre sus callejuelas encuentra uno pasadizos y galerías como Neal's Yard que comunican calles, muchos coloridos, locales de marcas comerciales, muchos pubs catalogados como históricos y es uno de esos lugares donde más concentración de artistas y performance callejeras puedas cruzarte.

Southwark

Creo que si a un visitante de Londres le mencionas el municipio de Southwark no tiene idea de a se está uno refiriendo, pocos son conscientes de que si han cruzado el Tower Bridge lo han visitado, es que Southwark es uno de los municipios más grandes de Londres que se extiende sobre la margen sur del río Tamesis (Thames)

También una de las atracciones cercanas al río más visitadas es el Borough Market que se ubica debajo de las vías del tren lindero de la estación de London Bridge, otra de las visitas características de la ciudad: lo que alguna vez fuera un mercado tradicional en el que ahora conviven mayoritariamente sitios chic y gourmet de pié (incluidas empanadas y cortes argentinos) con algunos pocos puestos minoristas y mayoristas de alimentos.

No puedo dejar de mencionar que a escasos metros dentro del municipio comienza la barriada que me albergó por meses: Bermondsey, para el cual mi corazón guardará siempre un cariño especial.

Brixton

Ubicado sobre el municipio de Lambeth, lindero al anteriormente mencionad Southwark, a la margen sur del rio Thames, la barriada de Brixton está repleta de historia musical y cultural.

Conformado mayoritariamente por descendientes africanos y centroamericanos, más propiamente de Jamaica, se convirtió en uno de los barrios carenciados con mayor índice de criminalidad, circulación de drogas y conglomerado de patotas jamaicanas. Fué epicentro de motines y revueltas populares en reiteradas ocasiones, y aún asi, en estos contextos han emergido artistas de estirpe como David Bowie.

Reconvertido hoy en un núcleo bohemio de atractivo turístico, cultural y gastronómico, con un amplio (como no podía ser de otro modo) mercado muy variopinto y una vida nocturna bastante activa, la actividad musical sigue viva de la mítica Brixton Academy (hoy sponsorizada por O2) y los murales pululan para atractivo del visitante.

Algunos recorridos

Estuve pensando bastante en esta sección porque mencionar recorridos es dificil cuando por lo general lo que se busca es "un lugar para visitar".

Creo que en lo que llevo de los relatos sobre Londres he mencionado muchos lugares, y he decidido mencionar algunos trayectos que me llevaron de un lugar para visitar a otro, con la siempre presente idea de que cuento aquellos recorridos que pasito tras pasito fuí haciendo en mis diferentes etapas en la estancia.

Caminando al Observatorio de Greenwich

Una breve estadía de un fin de semana en la barriada humilde de Lewisham fué suficiente motivación para, pese al grisáceo del día, salir de la habitación y emprender caminata rumbo al parque del Royal Observatory de Greenwhich, el cual cuenta con un hermoso parque con una vista privilegiada a los rascacielos del nuevo centro económico de Canary Wharf.

Desde la altura del observatorio, la vista invita a acercarse a los rascacielos, pero les aseguro que no es tan cerca, de hecho fué duro. Hay un truco, ya que no hay puente a la vista para cruzar a la otra margen del río, y es utilizar el túnel peatonal.

Con el tiempo aprendí que hay una alternativa mejor, ya que el paseo a Canary Wharf a través de Isle of Dogs no es gran cosa, recomiendo cruzar el túnel en un sentido, disfrutar de la vista del observatorio y del Old Royal Naval College, y volver a la margen sur, dirigirte al Greenwich Pier y tomarte uno de los River Bus Services hasta la otra punta de la ciudad, por ejemplo, hasta el Westminster Bridge.

Ribera del Tamesis

Teniendo el río que atraviesa la ciudad es imposible no sentirse atraído a la hora de recorrer sus riberas, que cuenta con atractivos a ambas márgenes.

Del lado Sur, si se comienza por Tower Bridge se puede avanzar hasta llegar al London Eye y se tiene una vista imponente de la ribera Norte con los rascacielos, la Tower of London, Sain't Pauls Cathedral hasta la Abadía de Westminster al final del recorrido.

Del lado norte, se disfruta de la vista de The Shard, la torre más alta, pasando por las pasarelas de la Torre de Londres los edificios brutalistas que rodean al Tate junto con el imponente London Eye.

En mi experiencia, lo mejor es comenzar por la ribera sur, pasar a la norte, y luego cruzar por el Millenium Bridge vidriado, hasta el Tate, para caminar hasta el London Eye y volver a cruzar hacia la Abadía.

Aquella vez mi recorrido continuó atravesando el Saint James's Park hasta el Palacio de Buckingham.

Siguiendo el Regent's Canal

El Regent's Canal atraviesa de oeste a este la ciudad por el norte, y desde luego cruza el Regent's Park, uno de los parques más grandes y mejor conservados (si lo comparamos con el Hyde Park).

En el canal se forman colonias de barcazas que dan vida a un agua oscura, casi estancada, formando lugares como Little Venice.

Es justamente en Little Venice donde el canal se divide en dos ramales, uno que deriva hacia el Regent's Park, y otro que culmina en la Paddington Basin al lado de la Estación de Paddington que se ha convertido en un area de edificios comerciales y de oficinas conocido como Paddington Waterside.

Atravesando el Regent's Park, el canal atraviesa Camden Town en un juego de exclusas para nivel las diferencias de altura.

Lo entretenido del canal es que cuenta con una pasarela para seguir su recorrido y encontraremos un poco de todo a su paso. Reconozco que da miedo por momentos cruzar algunos túneles, pero siempre hay gente que va y viene y otros que hacen deporte en la margen.

Por otro lado, si son muy vagos y les gusta pasear pero sin esfuerzo, existe un servicio de Waterbus que puede servirles para recorrer el canal de punta a punta.

El Recorrido Olimpico

En 2012 se llevaron a cabo en la ciudad los Juegos Olímpicos y para ello se construyó el complejo Queen Elizabeth Olympic Park que yace en Stratford, allí al este de la ciudad donde discurre el River Lea.

Además de ser una zona de gran atractivo construida a nuevo, con estadio de fútbol que hoy utiliza el West Ham, hoteles y centros comerciales, tiene un parque enorme que se utiliza para actividades al aire libre, deleite de corredores y ciclistas, con cientos de puentes, arroyos, y canales.

Un conglomerado de celeste y verde que se disputa el atractivo de la ciudad que crece hacia el este tratando de dar un poco de vida más allá de la city.

Entre algunas de sus atracciones se encuentra el tobogán más alto de Europa. El Arcelor Mittal Orbit se erige como monumento en el parque y cuenta con un mirador en las alturas pero sobre todo con un tubo para saltar en el tobogán en el cual caes durante 40 segundos de pura adrenalina.

Si vas con suerte y te toca un día soleado, puedes desandar camino hacia la ciudad, atravesando el Victoria Park y siguiendo el Regent's canal (si, el mismo que antes mencionaba pero del otro lado de la ciudad) puedes llegar al Broadway Market en Hackney y toparte con el famoso mural de Bowie en Ada St apenas a 100 metros.

Del Regent's Park al National Gallery

Este ha sido sin dudas uno de los recorridos más libres, improvisados y más largos pero gratificantes que hemos hecho.

Un sábado por la mañana si no me equivoco, nos levantamos y decidimos salir a caminar sin rumbo, elegimos entre varios destinos y optamos por el Regent's Park como punto inicial. Dijimos por la mañana, pero lo cierto es que salimos bastante tarde, con un poco de mate y poco para comer, grave error, ya que a media caminata en el parque nos moríamos de hambre.

El parque es sin duda uno de los más bonitos y cuidados, pero en invierno si bien luce, no lo hace tanto como en época primaveral, o invierno tardío donde los rosales comienzan a florecer.

El día de frío intenso pero sol radiante invitaba a caminar y decidimos seguir, bajamos por las callejuelas de Marylebone, dando vueltas y salimos quién sabe como al Marble Arch en el acceso al Hyde Park, por lo que decidimos seguir bajando a través del parque, siguiendo senderos que sin darnos cuenta nos dejaron en la puerta del Buckingham Palace, y recorrimos el Saint James's park a la inversa, sentido hacia la abadía. Entre tanto parque nos topamos con ardillas curiosas y pelícanos posando para las fotos.

La noche comenzó a caer y salimos por la caballeriza real a la avenida Whitehall, que a pocos metros nos depositó en la columna de Trafalgar Square donde se el Almirante Nelson luce su figura. Curiosamente debajo, pese al frío, había una performance de un grupo de adolescentes bolivianos en ropas del altiplano bastante poco apropiadas para la temperatura que hacía.

Cuando nos dimos cuenta estábamos frente a la National Gallery, y teníamos margen de una hora y plus para dar unas vueltas que nos agolpamos a entrar y recorrer para al menos llegar a deslumbrar la vista con las obras más destacadas (vale la pena, ya lo dije en el capítulo anterior, si pueden ir a estos museos de arte, vayan, especialmente si es gratis!).

Tremendo esfuerzo y caminata concluyó con un merecido Cream Tea en las cercanías de Covent Garden, desde donde luego caminamos hasta la parada de New Oxford Street en Holborn, al inicio de nuestra línea preferida, el 1, que nos trajo de vueltas tantos dias y noches hasta el ranchito en Bermondsey.

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Londres de barrios y recorridos

martes, 17 de marzo de 2020
En la entrega anterior, mencioné que la idea era poder transmitir en posts más cortos información útil para el visitante y me limité a ha...