Riga, el eslabón perdido

lunes, 16 de septiembre de 2019
Letonia se había convertido en el último eslabón para coronar la visita a los Países Bálticos. Llegar a su capital, Riga, representó la gema faltante de un recorrido que se inició curiosamente hace más de 5 años en una visita al más nórdico de los tres pequeños países.

Riga, desde luego que tiene un casco histórico y medieval, que data de épocas inmemoriales, pero decirse que no luce como cuento de hadas, como tal vez la capital de sus vecinos. Tal vez su situación estratégica en las costas del Mar Báltico, ser atravesada por el enorme y caudaloso río Daugava, inicio de muchas expediciones comerciales y miliares desde y hacia el interior de Europa, han hecho que se desarrolle y expanda bastante más allá de los confines de una extinta muralla medieval.

Introducción a Riga

Su casco antiguo es llamativo y tiene rasgos característicos, pero creo que la magia de Riga está en otro lado, su dimensión como ciudad es mayor que la de sus vecinos, lo cual está marcado no solo por su extensión sino también por ser la que más cantidad de habitantes tiene. Además es dueña de enorme movimiento y su crecimiento urbanístico le permitió expandirse más allá de las murallas.

A la fecha, conserva su característica histórica, tristemente intervenida producto de la masificación turística, pero basta con apenas alejarse un poco del "lugar donde todos se sacan la foto" para encontrarse con algo más real y deslumbrarse con la simpleza de una ciudad post soviética, con el peso del desarrollo tardío que implica haber estado detrás de la Cortina de Hierro, pero con el orgullo de seguir siendo una capital que pese a las idas y vueltas mantuvo su estructura edilicia y se conserva como una de las capitales del este con mayor valor arquitectónico. Vamos que los rusos no hicieron estragos con las obras que existían, no demolieron la ciudad entera para intervenirla con su brutalismo arquitectónico soviético (que tiene su encanto, he de reconocerlo) y la ciudad conserva una enorme variedad de exponentes propios del Modernismo apenas dejándose llevar una centena de metros de la zona historia.

El correntoso río le da una energía especial, una ciudad que lo termina abrazando y pese a que la parte en dos, sigue su desarrollo sobre la otra margen con barriadas si se quiere más sencilla, pero no muy lejos, a apenas 30 minutos en transporte público uno ya se ubica en las costas del mar para contemplar caserones de principios del siglo pasado que cotizan en millones, de otras épocas, pero mantenidos al día de hoy como mansiones por muchos poderosos locales y, sobre todo, rusos.

Ámbar, vikingos y potencias

Con este impactante título intento contextualizar la ciudad históricamente, y brevemente la estratégica ubicación que influyó para que Riga sea la importante capital que es.

Desde tiempos inmemoriales, el ámbar fué un material precioso, y lo que hoy es Riga formó parte de la ruta comercial que atravesaba Europa desde Egipto hasta territorios de la actual Rusia, en donde, en los años de los zares donde el lujo era pornográfico se creó la conocida (y desaparecida) Cámara de Ámbar.

Entre medio, el río Daugava fué punto de acceso para exploradores y expediciones vikingas que se adentraban desde las costas nórdicas europeas hasta llegar al mar negro pasando por el Rus de Kiev, mientras que también se aprovechaban estas rutas navegables por los griegos y romanos debido a que podían conectar, no sin dificultad, los mares Báltico y Negro siendo Riga la cabecera más extrema.

Pero saltándonos unos cuantos siglos, y viniendo a la actualidad, Letonia no fué excepción a la regla de los vaivenes de los territorios baltos, permaneciendo durante siglos bajo el yugo de potencias mayores que terminaban subyugando. 

En el siglo XIII los cruzados alemanes tomaron posesión bajo la excusa de la evangelización y forzando a la adopción de la fe cristiana. Luego el territorio pasó a ser parte de Polonia y Lituania (la anteriormente mencionada República de las dos Naciones) que al ser invadida por Suecia, terminó cediendo territorios y casualmente Riga pasó a ser la ciudad más grande y prolifera del Reino de Suecia, sumado a que servía de punto de abastecimiento de alimento y trigo para los suecos.

Entre los detalles más curiosos de las divisiones de Letonia, hay que mencionar y dejar para que los curiosos investiguen, el Ducado de Curlandia, fué parte de la división entre Polonia y Suecia del territorio letón, y se convirtió en el país más pequeño de Europa en tener colonias (en Gambia y en Trinidad y Tobago)

Ya más próximo a nuestro tiempo, en una nueva división de la mancomunidad Polaco-Lituana, territorios letones pasaron a ser parte del Imperio Ruso, logrando tal cual su vecino del sur, una breve independencia en el período entre Guerras del siglo XX para ser subyugado por Rusia en 1940 y ser luego fagocitado por los nazis, que dejaron todo listo para que Letonia vuelva a ser parte de la URSS.

Les suena conocido no? Bueno el ida y vuelta de los Bálticos ha sido así...para todos, logrando su independencia en 1991.

Este post contiene algunos enlaces patrocinados que no representan costo alguno si tu haces click en ellos, incluso muchas veces obtienes descuentos en los servicios, y me ayudan a mantener en línea el blog.

Llegar y hacer pié

Como a lo largo de toda mi estadía en la zona norte del continente, el clima que me acompañó fué soleado. Debí madrugar y partir desde la capital del vecino del sur, Vilnius, donde un servicio de autobuses de la empresa Ecolines me esperaba para partir a las 7:30, y luego de 4 horas arribar a Riga en un viaje muy tranquilo y a ritmo cansino, especialmente a medida que nos acercábamos a la ciudad, el tránsito comenzaba a ser algo caótico, haciendo más extensos aún los 290 kms de distancia.

Al llegar uno se encuentra con la estación de buses al aire libre, más pequeña que la de Vilnius y un aspecto dejado que le da su encanto. Pegada al canal de la ciudad, del cual lo separaba apenas una baranda, me dispuse sobre un asiento a acomodar las mochilas y salí en búsqueda del hostel, que estaba apenas a 500 metros cruzando las avenidas por un esquema de túneles ppor lso que uno puede llegar a perderse aún más que por arriba, pero que no dan otra alternativa para cruzar. En Riga, se prioriza el tránsito vehicular, ciertamente los semáforos son muy cortos para peatones y estas avenidas son tan grandes que no llegaríamos a cruzarlas.

Una vez que descifré el acceso al portal del edificio en la esquina de Merkela iela y Marijas iela, calle y explanada de por medio con la Estación Central de Ferrocarril, me acomodé en el interior, no me detuve demasiado, pedí referencias, un mapa en papel, salí a recorrer y me perdí..
Lo primero que encontré fue el Vērmanes dārzs donde se erige el monumento a una figura de mucho respeto en la tradición cultural nacional, Krišjānis Barons el creador del himno pero sobre todo fué un escritor, foklorista y lingüista que se encargó de recopilar cientos de historias y canciones populares ancestrales de la cultura letona que publicó en una obra que es reconocida al día de hoy como maestra e ilustradora.

De allí empecé a seguir las calles, sorprendido por la cantidad de edificios muy bonitos y poco soviéticos con los que me iba cruzando, alejado de la zona histórica y más antigua, sin darme cuenta me embarqué por un recorrido a través del distrito céntrico con mayor riqueza arquitectónica Modernista.

Llegué a dar una vuelta por la antigua Iglesia de Santa Gertrudis para darme cuenta que estaba alejándome sin ser consciente de la dirección, por lo que bajé comencé a dirigirme hacia el río, en búsqueda de las secciones más antiguas de la ciudad. En el camino, sentí la atracción de las cúpulas doradas de la Iglesia Ortodoxa de la Natividad en el Parque Esplanade donde tuve un deja vu de mi estancia en la no tan lejana San Petersburgo, sintiendo una irrechazable tentación a reposar en los bancos de la plaza.
Finalmente la entrada triunfal a la zona histórica, la medieval y esa donde se sacan la foto todos y que está cooptada por todo tipo de opciones poco autóctonas vinculadas estrechamente a la actividad turística, se dio por el boulevard de Brīvības piemineklis, conocido como el Monumento a la Libertad  custodiado por guardias de honor, el cual se erigió en el corto período de independencia previo a la Segunda Guerra, y que esquivó el derribo en la época soviética al ser reconvertido como "la madre Rusia sosteniendo tres estrellas que eran los tres países del Báltico".

A sus espaldas se abría, o más bien se estrechaban los caminos, en la zona antigua de la ciudad, y se agolpaban los grupos de visitantes, los restaurantes modernos y donde capturar una foto sin gente que refleje el espíritu de la ciudad era imposible. Todo lo que la UNESCO declara Patromonio, se protege, pero se abruma y sus precios se disparan.
En el interior del recinto como Vecrīga (Vieja Riga) que data del siglo XIII encontramos vestigios de los tantos vaivenes históricos, edificios con rasgos teutónicos y vikingos, en lo que se conoce como la Puerta Sueca, la Catedral y la Iglesia de San Pedro que posee una cúpula en forma de aguja que es la más alta de la ciudad antigua y se puede visitar (seguir leyendo, más abajo doy otras opciones para ver la ciudad desde arriba!).

En el vértice más al norte de la ciudad se ubica el bastión conocido como Castillo de Riga, que hace las veces de palacio presencial, y a medida que uno se pierde entre los pasillos encuentra casas de colores, frentes escalonados que conforman complejos residenciales de antaño.

De los puntos más destacados y pintorescos de la ciudad vieja, junto al río donde se abre el Puente de Piedra sobre el Daugava, se abre una pequeña plaza donde se ubica el edificio del Ayuntamiento (Rātslaukums), y a su lado se erige la Casa de los Cabezas Negras, denominación que suena bastante tétrica si se quiere, pero que representa una sociedad de comerciantes que al día de hoy permanece en vigencia en algunos países de la Liga Hanseatica.

Fuera de la muralla

Dejando atrás la ciudad vieja y su virtual muralla, bordeando el río me alejé del barullo turístico, sentí tentación de cruzar a pié pero el Puente de Piedra era tan largo que me amedrentó, por lo que avancé por la costanera en sentido hacia el interior del continente, siguiendo sus aguas.

Allí me embobé con el enorme puente ferroviario, realmente no creo que tuviera algo especial más que su enorme longitud atravesando las aguas del río y tal vez algo que le agregó valor fue ver circular a poca velocidad los trenes interurbanos que rememoran épocas de antaño (realmente tenían apariencia bastante vieja) pero me genera gran admiración ver que en un país que estuvo tan postergado y arrancó los años 90 con una infraestructura vetusta de la cual mucha sigue funcionando hasta hoy, mantiene un sistema ferroviario sencillo que aún funciona.

De allí nació mi deseo de montar en esos trenes y busqué alternativas para visitar alguna ciudad en las cercanías y que comparto con Uds. en el párrafo siguiente.
Mientras tanto, seguí recorriendo los alrededores de la ciudad vieja, aparecí en la zona conocida como Districto Moscovita, o directament Moscú, es porque en este sentido salían los transportes con destino a la capital rusa. Durante muchos años posteriores a la caída de la cortina de hierro esta zona fue la más postergada, donde mayor criminalidad y abandono había en la ciudad, al punto que se recomendaba no visitarla.

Hoy ya no es el caso, la zona sigue conservando un cierto estado de abandono pero está siendo intervenida, especialmente en su zona costera donde se nota la mano de la arquitectura moderna haciendo de los viejos docks zonas de oficinas y bares modernos aunque muy poco transitados aún.

Al frente, el contraste, aún se hallan los galpones del Mercado del Abasto, uno de los mercados techados más grandes de Europa, que no solo tiene vida en el interior de sus salones, sino que sobrepasa hacia los alrededores, con mercados formales e informales en viejos predios que pueden llegar a dar cierto temor a los mas desprevenidos. Entre estos pasadizos, recomiendo aprovechar la oportunidad para beber el delicioso kvass (bebida a base de centeno que está prohibida su venta en las calles, pero...esto es el Este!)
Si uno se sigue dejando llevar, y no se pierde ante las paredes dejadas y los techos de chapa derruidos en algunos lados, lo que uno se encuentra son muchos espacios abiertos producto de la demolición de viejas casas que formaron parte de lo que fuera el Gueto de Riga durante la Segunda Guerra, donde solo sobrevivieron 200 judíos, de los cuales 40 fueran rescatados por Janis Lipke.

Por allí perdidas, como quien fuera testigo desde tiempos inmemoriales de los vaivenes de la ciudad, las eternas casas de madera. Estas casillas de madera, son la tentación de los inversores, que buscan derruirlas para hacer de ellas negocio, pero la mano de los vecinos hace fuerza para revitalizarlas por considerarlas patrimonio. Estas humildes casas multi familiares hoy muchas forman parte de asociaciones sin fines de lucro cuando no algunos grupos de hippies si se quiere que las mantienen. Las que se hayan algo más alejadas, aún se alquilan a precios muy bajos.

Pero allí, entre medio de estas casillas humildes y espacios en blanco, en silencio, hay una construcción que se erige silenciosa, gigante e imponente, inocultable vestigio de la presencia Stalinista en la región. Bautizada como la Torta de Cumpleaños de Stalin (pese a que éste nunca llegó a verla en pié).

Una mole de 108 metros que se convirtió en el primer rascacielos y fué durante muchos años el más alto, acoge a la Academia de Ciencias y ofrece a los visitantes una hermosa vista aérea de la ciudad desde su planta 17ma por apenas 5 euros (casi la mitad de lo que cuesta la visita a la torre de la Iglesia de San Pedro).

El famoso free tour

Existen diferentes alternativas para recorrer la ciudad, entre ellas las ofrecidas por los free tour, recomiendo especialmente aquellos que son dados por personajes locales, especialmente porque aman a su ciudad y su cultura y tienen muchísimos detalles del día a día y de su experiencia en el desarrollo a lo largo de los años, le ponen una energía especial y un plus por querer dejar bien a su ciudad.

RigaFreeTours es un grupo de chic@s locales que ofrece, al momento de redactar este post, tres opciones, una para una visita con un flavour histórico por la parte vieja de la ciudad, una alternativa que es la que recomiendo ya que se salen del esquema clásico y muestran cosas más allá de las murallas (inexistentes) y se habla mucho de la época soviética, y para los amantes de la arquitectura, existe el tour del Art Nouveau/Modernismo. Todos se pueden hacer en el día, porque compaginan uno con otro, lo cual sin dudas será una experiencia algo agotadora pero sin dudas completa.


Los encargados le ponen detestable cuota de energía y son muy abiertos a todo tipo de referencias, muy simpáticos y se nota que aman lo que hacen y a su ciudad.

Jürmala, bañada por el Báltico

Según me explicaron, Jürmala significa "al lado del mar"y tiene todo el sentido ya que es una región costera que baña sus arenas el Mar Báltico pero a su vez se encuentra atrapada si se quiere entre el mar y el extraño cauce del río Llielupe.

Es una zona de playas y de mucho atractivo turístico para los locales y multimillonarios rusos, que descubrieron esta región tras la guerras napoleónicas y posteriormente trajeron a sus familias, muchos funcionarios optaron por establecerse en la zona y cobró gran relevancia con la llegada del ferrocarril que la conecta con la capital.

Se dice que no solo es un lugar de descanso sino también de rehabilitación por su brisa marina y su zona boscosa, en mi experiencia tiene algo de especial, en mi paso por sus costas me sentí muy tranquilo, relajado y con una cuota de inspiración si se quiere.

Las playas eran dignas de cualquier playa mediterránea, las aguas del Golfo de Riga hacían lucir al mar como un lago, apenas con pequeñas olas que la gente aprovechaba para disfrutar, hasta que la inclinación del sol hiciera levantar los vientos que soplaban ciertamente fríos e invitaban a los no acostumbrados como yo a buscar refugio. De cualquier modo, hubo tiempo para el relax e incluso resultar bronceado como parte del paseo.

Visitar estas costas es un paseo desde Riga, solo hay que tomar el tren en sentido a Tukums, un billete que costó 1.4 euros por sentido, y media hora de viaje me depositaron en la parada de Majori. No solo el destino es agradable sino también la experiencia del viaje en trenes de antaño que siguen tirando de esos vagones, sacudiéndose y atravesando la llanura letona cargados de pasajeros.
Letonia, era la gema perdida para coronar el periplo del recorrido de los tres pequeños Países Bálticos. Un periplo que comenzó hace más de 5 años cuando allá lejos en Orígenes llegué a Estonia, la tierra originaria de mi abuelo a conocer esa maravillosa ciudad de Tallin, que se convirtió poco a poco en una capital del turismo en la región por su belleza y apariencia tan medieval y propia de un cuento de hadas.

Referencias de viaje

Cómo llegar

Avión

El Aeropuerto de Riga está conectado con prácticamente todas las capitales europeas.

Desde España hay vuelos tanto por Ryanair como por WizzAir e Iberia (parte del año por Vueling).
Importante: Desde la ciudad al Aeropuerto (Lidosta) hay que tomar el Bus 22, lo tomas/te deja apenas al lado de la Estación Central junto a la ciudad vieja, y su costo es de menos de 2 euros si compras el billete en cualquier quiosco.
Autobús

Es casi el transporte por excelencia en los países del Este y sur de Europa. Existe un esquema muy aceitado de transporte en autobuses y mini buses con los que puedes atravesar todo el territorio y conectarte con otras capitales del continente.

Empress como EurolinesEcolines LuxExpress cuentan con servicios regulares a Riga, Tallin, Minsk, Berlin, Varsovia, entre tantos otros que puedes consultar en la Estación Terminal de Buses.

Dentro de la ciudad se puede consultar por el sistema de transporte, horarios y costos en Rigas Satiksme.

Ferrocarril

El acceso desde países de Europa occidental y los bálticos, e incluso entre los bálticos, por via férrea hasta que no se termine el Baltic Rail, es dificultoso.

La conexión es buena y regular si se quiere viajar internamente, o a capitales vecinas del este, como Minsk, San Petersburgo o Moscú.

La Estación Central de Riga tiene bastante movimiento en lo que refiere a servicios interurbanos, se pueden consultar los horarios e incluso comprar los tickets en la página oficial de Ferrocarriles de Pasajeros Letones.

Dónde alojarse

Existe infinidad de hoteles y hostales en la ciudad, a muy buen precio y también AirBnb mucho mejores incluso por el mismo precio.

En lo personal decidí parar un en un hostal llamado Riga Hostel, el acceso fué muy dificil de encontrar, porque se accede casi que por el medio de un McDonalds, pero la ubicación es muy cómoda ya que está a pasos de la estación central y es el punto de acceso a la ciudad.

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Si les sirve de referencia, en el mismo edificio hay al menos otros 4 hostels, casi todos funcionan en departamentos y son tan parecidos que un día regresé y por equivocación me metí a otro sin darme cuenta hasta haber llegado a la cocina.


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Qué comer

Esta sección me es algo difícil de redactar, para mi la estadía en Letonia fué bastante ajetreada y casi que no paré a disfrutar de la gastronomía por desconocimiento y por evitar los lugares turísticos que abundan en la zona histórica y arruinan por completo la experiencia del visitante.

Dicho de otro modo, en el centro no vas a encontrar sitio tradicional de comida por más que te lo quieran vender así. Platos tradicionales te ofreceran en todos lados, pero como sabes, los locales no visitan el centro para comer.

Visité un sitio en el que no comí y me lo habían recomendado pero solo me limité a tomar una de las tantas cervezas y era el Ezītis miglā, una especie de grupo gastronómico con sedes dentro y fuera de la zona turística.

El que me pareció más interesante es el Leningrad Cafe, algo más tranquilo, estilo sótano en las afueras del casco histórico y más lindero al distrito comercial céntrico.

Y desde luego el lugar del pueblo, donde se puede comer a precio de ganga en abundancia y al peso se llama XLPilmeni, como saben los pelmenis son una comida tradicional de los países del este, estrechamente ligadas al origen ruso, se puede considerar que es "la pasta rusa" pero no se atrevan a decirlo adelante de un letón que se ofende si le llamas pasta a estos "cuasi ravioles".

El resto de la comida letona está basada en arenques, las delicias del mar del norte y patatas y cerdo. Para probar algunas alternativas es recomendable salir del centro, o probar en el Mercado del Abasto que existe un patio de comidas aunque le quita algo de magia ya que lo han hecho muy occidental.

Para panadería y pastelería, los letones también se destacan, me recomendaron visitar Martina Bekereja y Vecriga Konditoreja

Los elementales

En lo personal la ciudad me encantó, tiene algo diferente, algo muy del este mezclado con una personalidad única y propia, ese encanto de parte vieja funcional que aún sigue vigente y se mezcla con el boom que se le intenta dar al turismo.
  • Visitar el Panorama Deck en la cima del edificio emblemático soviético (el regalo para Stalin) que cuesta la mitad que subir a las cúpulas de las iglesias y vale más la pena.
  • Si aún quedan ganas para más vistas aéreas, ir hasta la Aguja de Televisión y tomar vistas aún más elevadas desde uno de los monumentos más altos de Europa
  • Recorrer el casco histórico (hay muchas cúpulas!)
  • Plaza de la Casa de los Cabezas Negras
  • Visitar Jürmala y sus alrededores 
  • Caminar por la costanera y recorrer las casas de madera del Distrito Moskovita
  • Visitar el Mercado de Abasto
  • Recorrer el Esplanade Park y descansar sobre el césped
  • Se puede visitar la Isla de Kipsala y aprovechar a conocer el Museo de Janis Lipke, uno de los héroes de la Segunda Guerra en Letonia.
  • Existe también el Museo de la Ocupación (ex edificio de la KGB)
Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí

 
 
 
 
 
 

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Letonia se había convertido en el último eslabón para coronar la visita a los Países Bálticos. Llegar a su capital, Riga, representó la gema faltante de un recorrido que se inició curiosamente hace más de 5 años en una visita al más nórdico de los tres pequeños países.

Riga, desde luego que tiene un casco histórico y medieval, que data de épocas inmemoriales, pero decirse que no luce como cuento de hadas, como tal vez la capital de sus vecinos. Tal vez su situación estratégica en las costas del Mar Báltico, ser atravesada por el enorme y caudaloso río Daugava, inicio de muchas expediciones comerciales y miliares desde y hacia el interior de Europa, han hecho que se desarrolle y expanda bastante más allá de los confines de una extinta muralla medieval.

Introducción a Riga

Su casco antiguo es llamativo y tiene rasgos característicos, pero creo que la magia de Riga está en otro lado, su dimensión como ciudad es mayor que la de sus vecinos, lo cual está marcado no solo por su extensión sino también por ser la que más cantidad de habitantes tiene. Además es dueña de enorme movimiento y su crecimiento urbanístico le permitió expandirse más allá de las murallas.

A la fecha, conserva su característica histórica, tristemente intervenida producto de la masificación turística, pero basta con apenas alejarse un poco del "lugar donde todos se sacan la foto" para encontrarse con algo más real y deslumbrarse con la simpleza de una ciudad post soviética, con el peso del desarrollo tardío que implica haber estado detrás de la Cortina de Hierro, pero con el orgullo de seguir siendo una capital que pese a las idas y vueltas mantuvo su estructura edilicia y se conserva como una de las capitales del este con mayor valor arquitectónico. Vamos que los rusos no hicieron estragos con las obras que existían, no demolieron la ciudad entera para intervenirla con su brutalismo arquitectónico soviético (que tiene su encanto, he de reconocerlo) y la ciudad conserva una enorme variedad de exponentes propios del Modernismo apenas dejándose llevar una centena de metros de la zona historia.

El correntoso río le da una energía especial, una ciudad que lo termina abrazando y pese a que la parte en dos, sigue su desarrollo sobre la otra margen con barriadas si se quiere más sencilla, pero no muy lejos, a apenas 30 minutos en transporte público uno ya se ubica en las costas del mar para contemplar caserones de principios del siglo pasado que cotizan en millones, de otras épocas, pero mantenidos al día de hoy como mansiones por muchos poderosos locales y, sobre todo, rusos.

Ámbar, vikingos y potencias

Con este impactante título intento contextualizar la ciudad históricamente, y brevemente la estratégica ubicación que influyó para que Riga sea la importante capital que es.

Desde tiempos inmemoriales, el ámbar fué un material precioso, y lo que hoy es Riga formó parte de la ruta comercial que atravesaba Europa desde Egipto hasta territorios de la actual Rusia, en donde, en los años de los zares donde el lujo era pornográfico se creó la conocida (y desaparecida) Cámara de Ámbar.

Entre medio, el río Daugava fué punto de acceso para exploradores y expediciones vikingas que se adentraban desde las costas nórdicas europeas hasta llegar al mar negro pasando por el Rus de Kiev, mientras que también se aprovechaban estas rutas navegables por los griegos y romanos debido a que podían conectar, no sin dificultad, los mares Báltico y Negro siendo Riga la cabecera más extrema.

Pero saltándonos unos cuantos siglos, y viniendo a la actualidad, Letonia no fué excepción a la regla de los vaivenes de los territorios baltos, permaneciendo durante siglos bajo el yugo de potencias mayores que terminaban subyugando. 

En el siglo XIII los cruzados alemanes tomaron posesión bajo la excusa de la evangelización y forzando a la adopción de la fe cristiana. Luego el territorio pasó a ser parte de Polonia y Lituania (la anteriormente mencionada República de las dos Naciones) que al ser invadida por Suecia, terminó cediendo territorios y casualmente Riga pasó a ser la ciudad más grande y prolifera del Reino de Suecia, sumado a que servía de punto de abastecimiento de alimento y trigo para los suecos.

Entre los detalles más curiosos de las divisiones de Letonia, hay que mencionar y dejar para que los curiosos investiguen, el Ducado de Curlandia, fué parte de la división entre Polonia y Suecia del territorio letón, y se convirtió en el país más pequeño de Europa en tener colonias (en Gambia y en Trinidad y Tobago)

Ya más próximo a nuestro tiempo, en una nueva división de la mancomunidad Polaco-Lituana, territorios letones pasaron a ser parte del Imperio Ruso, logrando tal cual su vecino del sur, una breve independencia en el período entre Guerras del siglo XX para ser subyugado por Rusia en 1940 y ser luego fagocitado por los nazis, que dejaron todo listo para que Letonia vuelva a ser parte de la URSS.

Les suena conocido no? Bueno el ida y vuelta de los Bálticos ha sido así...para todos, logrando su independencia en 1991.

Este post contiene algunos enlaces patrocinados que no representan costo alguno si tu haces click en ellos, incluso muchas veces obtienes descuentos en los servicios, y me ayudan a mantener en línea el blog.

Llegar y hacer pié

Como a lo largo de toda mi estadía en la zona norte del continente, el clima que me acompañó fué soleado. Debí madrugar y partir desde la capital del vecino del sur, Vilnius, donde un servicio de autobuses de la empresa Ecolines me esperaba para partir a las 7:30, y luego de 4 horas arribar a Riga en un viaje muy tranquilo y a ritmo cansino, especialmente a medida que nos acercábamos a la ciudad, el tránsito comenzaba a ser algo caótico, haciendo más extensos aún los 290 kms de distancia.

Al llegar uno se encuentra con la estación de buses al aire libre, más pequeña que la de Vilnius y un aspecto dejado que le da su encanto. Pegada al canal de la ciudad, del cual lo separaba apenas una baranda, me dispuse sobre un asiento a acomodar las mochilas y salí en búsqueda del hostel, que estaba apenas a 500 metros cruzando las avenidas por un esquema de túneles ppor lso que uno puede llegar a perderse aún más que por arriba, pero que no dan otra alternativa para cruzar. En Riga, se prioriza el tránsito vehicular, ciertamente los semáforos son muy cortos para peatones y estas avenidas son tan grandes que no llegaríamos a cruzarlas.

Una vez que descifré el acceso al portal del edificio en la esquina de Merkela iela y Marijas iela, calle y explanada de por medio con la Estación Central de Ferrocarril, me acomodé en el interior, no me detuve demasiado, pedí referencias, un mapa en papel, salí a recorrer y me perdí..
Lo primero que encontré fue el Vērmanes dārzs donde se erige el monumento a una figura de mucho respeto en la tradición cultural nacional, Krišjānis Barons el creador del himno pero sobre todo fué un escritor, foklorista y lingüista que se encargó de recopilar cientos de historias y canciones populares ancestrales de la cultura letona que publicó en una obra que es reconocida al día de hoy como maestra e ilustradora.

De allí empecé a seguir las calles, sorprendido por la cantidad de edificios muy bonitos y poco soviéticos con los que me iba cruzando, alejado de la zona histórica y más antigua, sin darme cuenta me embarqué por un recorrido a través del distrito céntrico con mayor riqueza arquitectónica Modernista.

Llegué a dar una vuelta por la antigua Iglesia de Santa Gertrudis para darme cuenta que estaba alejándome sin ser consciente de la dirección, por lo que bajé comencé a dirigirme hacia el río, en búsqueda de las secciones más antiguas de la ciudad. En el camino, sentí la atracción de las cúpulas doradas de la Iglesia Ortodoxa de la Natividad en el Parque Esplanade donde tuve un deja vu de mi estancia en la no tan lejana San Petersburgo, sintiendo una irrechazable tentación a reposar en los bancos de la plaza.
Finalmente la entrada triunfal a la zona histórica, la medieval y esa donde se sacan la foto todos y que está cooptada por todo tipo de opciones poco autóctonas vinculadas estrechamente a la actividad turística, se dio por el boulevard de Brīvības piemineklis, conocido como el Monumento a la Libertad  custodiado por guardias de honor, el cual se erigió en el corto período de independencia previo a la Segunda Guerra, y que esquivó el derribo en la época soviética al ser reconvertido como "la madre Rusia sosteniendo tres estrellas que eran los tres países del Báltico".

A sus espaldas se abría, o más bien se estrechaban los caminos, en la zona antigua de la ciudad, y se agolpaban los grupos de visitantes, los restaurantes modernos y donde capturar una foto sin gente que refleje el espíritu de la ciudad era imposible. Todo lo que la UNESCO declara Patromonio, se protege, pero se abruma y sus precios se disparan.
En el interior del recinto como Vecrīga (Vieja Riga) que data del siglo XIII encontramos vestigios de los tantos vaivenes históricos, edificios con rasgos teutónicos y vikingos, en lo que se conoce como la Puerta Sueca, la Catedral y la Iglesia de San Pedro que posee una cúpula en forma de aguja que es la más alta de la ciudad antigua y se puede visitar (seguir leyendo, más abajo doy otras opciones para ver la ciudad desde arriba!).

En el vértice más al norte de la ciudad se ubica el bastión conocido como Castillo de Riga, que hace las veces de palacio presencial, y a medida que uno se pierde entre los pasillos encuentra casas de colores, frentes escalonados que conforman complejos residenciales de antaño.

De los puntos más destacados y pintorescos de la ciudad vieja, junto al río donde se abre el Puente de Piedra sobre el Daugava, se abre una pequeña plaza donde se ubica el edificio del Ayuntamiento (Rātslaukums), y a su lado se erige la Casa de los Cabezas Negras, denominación que suena bastante tétrica si se quiere, pero que representa una sociedad de comerciantes que al día de hoy permanece en vigencia en algunos países de la Liga Hanseatica.

Fuera de la muralla

Dejando atrás la ciudad vieja y su virtual muralla, bordeando el río me alejé del barullo turístico, sentí tentación de cruzar a pié pero el Puente de Piedra era tan largo que me amedrentó, por lo que avancé por la costanera en sentido hacia el interior del continente, siguiendo sus aguas.

Allí me embobé con el enorme puente ferroviario, realmente no creo que tuviera algo especial más que su enorme longitud atravesando las aguas del río y tal vez algo que le agregó valor fue ver circular a poca velocidad los trenes interurbanos que rememoran épocas de antaño (realmente tenían apariencia bastante vieja) pero me genera gran admiración ver que en un país que estuvo tan postergado y arrancó los años 90 con una infraestructura vetusta de la cual mucha sigue funcionando hasta hoy, mantiene un sistema ferroviario sencillo que aún funciona.

De allí nació mi deseo de montar en esos trenes y busqué alternativas para visitar alguna ciudad en las cercanías y que comparto con Uds. en el párrafo siguiente.
Mientras tanto, seguí recorriendo los alrededores de la ciudad vieja, aparecí en la zona conocida como Districto Moscovita, o directament Moscú, es porque en este sentido salían los transportes con destino a la capital rusa. Durante muchos años posteriores a la caída de la cortina de hierro esta zona fue la más postergada, donde mayor criminalidad y abandono había en la ciudad, al punto que se recomendaba no visitarla.

Hoy ya no es el caso, la zona sigue conservando un cierto estado de abandono pero está siendo intervenida, especialmente en su zona costera donde se nota la mano de la arquitectura moderna haciendo de los viejos docks zonas de oficinas y bares modernos aunque muy poco transitados aún.

Al frente, el contraste, aún se hallan los galpones del Mercado del Abasto, uno de los mercados techados más grandes de Europa, que no solo tiene vida en el interior de sus salones, sino que sobrepasa hacia los alrededores, con mercados formales e informales en viejos predios que pueden llegar a dar cierto temor a los mas desprevenidos. Entre estos pasadizos, recomiendo aprovechar la oportunidad para beber el delicioso kvass (bebida a base de centeno que está prohibida su venta en las calles, pero...esto es el Este!)
Si uno se sigue dejando llevar, y no se pierde ante las paredes dejadas y los techos de chapa derruidos en algunos lados, lo que uno se encuentra son muchos espacios abiertos producto de la demolición de viejas casas que formaron parte de lo que fuera el Gueto de Riga durante la Segunda Guerra, donde solo sobrevivieron 200 judíos, de los cuales 40 fueran rescatados por Janis Lipke.

Por allí perdidas, como quien fuera testigo desde tiempos inmemoriales de los vaivenes de la ciudad, las eternas casas de madera. Estas casillas de madera, son la tentación de los inversores, que buscan derruirlas para hacer de ellas negocio, pero la mano de los vecinos hace fuerza para revitalizarlas por considerarlas patrimonio. Estas humildes casas multi familiares hoy muchas forman parte de asociaciones sin fines de lucro cuando no algunos grupos de hippies si se quiere que las mantienen. Las que se hayan algo más alejadas, aún se alquilan a precios muy bajos.

Pero allí, entre medio de estas casillas humildes y espacios en blanco, en silencio, hay una construcción que se erige silenciosa, gigante e imponente, inocultable vestigio de la presencia Stalinista en la región. Bautizada como la Torta de Cumpleaños de Stalin (pese a que éste nunca llegó a verla en pié).

Una mole de 108 metros que se convirtió en el primer rascacielos y fué durante muchos años el más alto, acoge a la Academia de Ciencias y ofrece a los visitantes una hermosa vista aérea de la ciudad desde su planta 17ma por apenas 5 euros (casi la mitad de lo que cuesta la visita a la torre de la Iglesia de San Pedro).

El famoso free tour

Existen diferentes alternativas para recorrer la ciudad, entre ellas las ofrecidas por los free tour, recomiendo especialmente aquellos que son dados por personajes locales, especialmente porque aman a su ciudad y su cultura y tienen muchísimos detalles del día a día y de su experiencia en el desarrollo a lo largo de los años, le ponen una energía especial y un plus por querer dejar bien a su ciudad.

RigaFreeTours es un grupo de chic@s locales que ofrece, al momento de redactar este post, tres opciones, una para una visita con un flavour histórico por la parte vieja de la ciudad, una alternativa que es la que recomiendo ya que se salen del esquema clásico y muestran cosas más allá de las murallas (inexistentes) y se habla mucho de la época soviética, y para los amantes de la arquitectura, existe el tour del Art Nouveau/Modernismo. Todos se pueden hacer en el día, porque compaginan uno con otro, lo cual sin dudas será una experiencia algo agotadora pero sin dudas completa.


Los encargados le ponen detestable cuota de energía y son muy abiertos a todo tipo de referencias, muy simpáticos y se nota que aman lo que hacen y a su ciudad.

Jürmala, bañada por el Báltico

Según me explicaron, Jürmala significa "al lado del mar"y tiene todo el sentido ya que es una región costera que baña sus arenas el Mar Báltico pero a su vez se encuentra atrapada si se quiere entre el mar y el extraño cauce del río Llielupe.

Es una zona de playas y de mucho atractivo turístico para los locales y multimillonarios rusos, que descubrieron esta región tras la guerras napoleónicas y posteriormente trajeron a sus familias, muchos funcionarios optaron por establecerse en la zona y cobró gran relevancia con la llegada del ferrocarril que la conecta con la capital.

Se dice que no solo es un lugar de descanso sino también de rehabilitación por su brisa marina y su zona boscosa, en mi experiencia tiene algo de especial, en mi paso por sus costas me sentí muy tranquilo, relajado y con una cuota de inspiración si se quiere.

Las playas eran dignas de cualquier playa mediterránea, las aguas del Golfo de Riga hacían lucir al mar como un lago, apenas con pequeñas olas que la gente aprovechaba para disfrutar, hasta que la inclinación del sol hiciera levantar los vientos que soplaban ciertamente fríos e invitaban a los no acostumbrados como yo a buscar refugio. De cualquier modo, hubo tiempo para el relax e incluso resultar bronceado como parte del paseo.

Visitar estas costas es un paseo desde Riga, solo hay que tomar el tren en sentido a Tukums, un billete que costó 1.4 euros por sentido, y media hora de viaje me depositaron en la parada de Majori. No solo el destino es agradable sino también la experiencia del viaje en trenes de antaño que siguen tirando de esos vagones, sacudiéndose y atravesando la llanura letona cargados de pasajeros.
Letonia, era la gema perdida para coronar el periplo del recorrido de los tres pequeños Países Bálticos. Un periplo que comenzó hace más de 5 años cuando allá lejos en Orígenes llegué a Estonia, la tierra originaria de mi abuelo a conocer esa maravillosa ciudad de Tallin, que se convirtió poco a poco en una capital del turismo en la región por su belleza y apariencia tan medieval y propia de un cuento de hadas.

Referencias de viaje

Cómo llegar

Avión

El Aeropuerto de Riga está conectado con prácticamente todas las capitales europeas.

Desde España hay vuelos tanto por Ryanair como por WizzAir e Iberia (parte del año por Vueling).
Importante: Desde la ciudad al Aeropuerto (Lidosta) hay que tomar el Bus 22, lo tomas/te deja apenas al lado de la Estación Central junto a la ciudad vieja, y su costo es de menos de 2 euros si compras el billete en cualquier quiosco.
Autobús

Es casi el transporte por excelencia en los países del Este y sur de Europa. Existe un esquema muy aceitado de transporte en autobuses y mini buses con los que puedes atravesar todo el territorio y conectarte con otras capitales del continente.

Empress como EurolinesEcolines LuxExpress cuentan con servicios regulares a Riga, Tallin, Minsk, Berlin, Varsovia, entre tantos otros que puedes consultar en la Estación Terminal de Buses.

Dentro de la ciudad se puede consultar por el sistema de transporte, horarios y costos en Rigas Satiksme.

Ferrocarril

El acceso desde países de Europa occidental y los bálticos, e incluso entre los bálticos, por via férrea hasta que no se termine el Baltic Rail, es dificultoso.

La conexión es buena y regular si se quiere viajar internamente, o a capitales vecinas del este, como Minsk, San Petersburgo o Moscú.

La Estación Central de Riga tiene bastante movimiento en lo que refiere a servicios interurbanos, se pueden consultar los horarios e incluso comprar los tickets en la página oficial de Ferrocarriles de Pasajeros Letones.

Dónde alojarse

Existe infinidad de hoteles y hostales en la ciudad, a muy buen precio y también AirBnb mucho mejores incluso por el mismo precio.

En lo personal decidí parar un en un hostal llamado Riga Hostel, el acceso fué muy dificil de encontrar, porque se accede casi que por el medio de un McDonalds, pero la ubicación es muy cómoda ya que está a pasos de la estación central y es el punto de acceso a la ciudad.

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Si les sirve de referencia, en el mismo edificio hay al menos otros 4 hostels, casi todos funcionan en departamentos y son tan parecidos que un día regresé y por equivocación me metí a otro sin darme cuenta hasta haber llegado a la cocina.


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Qué comer

Esta sección me es algo difícil de redactar, para mi la estadía en Letonia fué bastante ajetreada y casi que no paré a disfrutar de la gastronomía por desconocimiento y por evitar los lugares turísticos que abundan en la zona histórica y arruinan por completo la experiencia del visitante.

Dicho de otro modo, en el centro no vas a encontrar sitio tradicional de comida por más que te lo quieran vender así. Platos tradicionales te ofreceran en todos lados, pero como sabes, los locales no visitan el centro para comer.

Visité un sitio en el que no comí y me lo habían recomendado pero solo me limité a tomar una de las tantas cervezas y era el Ezītis miglā, una especie de grupo gastronómico con sedes dentro y fuera de la zona turística.

El que me pareció más interesante es el Leningrad Cafe, algo más tranquilo, estilo sótano en las afueras del casco histórico y más lindero al distrito comercial céntrico.

Y desde luego el lugar del pueblo, donde se puede comer a precio de ganga en abundancia y al peso se llama XLPilmeni, como saben los pelmenis son una comida tradicional de los países del este, estrechamente ligadas al origen ruso, se puede considerar que es "la pasta rusa" pero no se atrevan a decirlo adelante de un letón que se ofende si le llamas pasta a estos "cuasi ravioles".

El resto de la comida letona está basada en arenques, las delicias del mar del norte y patatas y cerdo. Para probar algunas alternativas es recomendable salir del centro, o probar en el Mercado del Abasto que existe un patio de comidas aunque le quita algo de magia ya que lo han hecho muy occidental.

Para panadería y pastelería, los letones también se destacan, me recomendaron visitar Martina Bekereja y Vecriga Konditoreja

Los elementales

En lo personal la ciudad me encantó, tiene algo diferente, algo muy del este mezclado con una personalidad única y propia, ese encanto de parte vieja funcional que aún sigue vigente y se mezcla con el boom que se le intenta dar al turismo.
  • Visitar el Panorama Deck en la cima del edificio emblemático soviético (el regalo para Stalin) que cuesta la mitad que subir a las cúpulas de las iglesias y vale más la pena.
  • Si aún quedan ganas para más vistas aéreas, ir hasta la Aguja de Televisión y tomar vistas aún más elevadas desde uno de los monumentos más altos de Europa
  • Recorrer el casco histórico (hay muchas cúpulas!)
  • Plaza de la Casa de los Cabezas Negras
  • Visitar Jürmala y sus alrededores 
  • Caminar por la costanera y recorrer las casas de madera del Distrito Moskovita
  • Visitar el Mercado de Abasto
  • Recorrer el Esplanade Park y descansar sobre el césped
  • Se puede visitar la Isla de Kipsala y aprovechar a conocer el Museo de Janis Lipke, uno de los héroes de la Segunda Guerra en Letonia.
  • Existe también el Museo de la Ocupación (ex edificio de la KGB)
Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí

 
 
 
 
 
 

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Partiendo del orden y progreso escandinavo, desde el estado de bienestar danés en el extremo más occidental del Mar Báltico me dirigí hacia la otra costa, la orilla más oriental, con la misión de tomar contacto con dos de los países bálticos que me quedaban por conocer.

Toqué tierra en el pequeño pero alguna vez enorme Lituania, un país del que un modo u otro oía hablar desde pequeño en las reuniones familiares, siempre había algún paisano en Argentina que era de por esos pagos con los que mis abuelos se juntaban, o en el trabajo, donde mi compañero Luis, durante varios años en mi última etapa en Argentina, no dejaba de mencionarme Vilnius como sus orígenes.

Con la curiosidad de siempre a cuestas y habiendo encontrado ese motor en algunos rasgos personales que me marcaron, el país de la bandera más colorida de Europa estaba en mi radar hacía años, y ahora mis pies estaban encima de sus verdes senderos.

El pequeño gigante

Erase una vez, allá lejos y hace tiempo, cuando en el viejo continente europeo todavía los límites se forjaban a fuerza de hachas y espadas, y cambiaban cada año, que existió un imperio enorme, gigante.

El Gran ducado de Lituania existió entre los siglos VII y VIII, primero en soledad, como un gran reino, posteriormente, de manera conjunta con Polonia, a quienes se unieron por casamiento entre los regidores, en lo que se conoció como la República de las Dos Naciones se extendió desde el Mar Báltico hasta las costa del Mar Negro, y desde la mitad de Alemania hasta el interior de Rusia, en lo que se conoció como la nación más grande de Europa, formando un bloque unívoco que era necesario atravesar en camino a Asia, hasta su posterior y gradual desmembramiento.

Las historia de Lituania es apasionante y llena de vaivenes, hoy cuesta imaginarse como un pequeño país logró tanto con en tan poco tiempo, pero hay que pensarlo desde el otro punto de vista, viendo lo tan grande que supo ser, yo me preguntaría como llegó a ser tan pequeño, y eso es parte del crecimiento de los vecinos.

Tuvo la desgracia de crecer entre gigantes potencias que emergieron y que llevaron a las sucesivas particiones de Polonia, afectando por ende los vaivenes de su aliado Lituania. Entre Prusia, Austria y Rusia se fueron repartiendo sucesivamente el territorio y desmembrando lo que fuera el territorio más grande de Europa.

Históricamente, Polonia considera la República de las Dos Naciones como los orígenes del Voivodato de Varsovia, que fuera la piedra basal de su posterior organización como país, mientras que Lituania considera que la mencionada república no ha sido beneficiosa para su desarrollo.

Es imposible hablar de Lituania sin tener en cuenta la sucesión de eventos históricos por los que pasó, de pasar a ser el gigante europeo a un pequeño trozo de territorio en el norte allí donde muchos les cuesta ubicarlo y que otros confunden con sus vecinos. El manoseo y la manipulación, un pueblo que fuera mancillado, pasó de manos polacas, a rusas, napoleónicas, nuevamente rusas, un corto período de independencia, para que luego los rusos se lo apropiaran y lo perdieran a mano de los nazis que hicieron sus estragos con la población, y pasar la mayoría del siglo XX mancillados bajo el yugo soviético de la URSS del cual no se libraron sino hasta 1991.

Aterrizar en Kaunas

Viajar desde Dinamarca a Lituania el vuelo duró apenas hora y algo más, pero aterrizamos dos horas más tarde, ya que Lituania mantiene el Uso Horario de Verano del Este Europeo que comparte con sus vecinos Bálticos, Finlandia, Bielorrusia y Ucrania entre otros.

Kaunas es una ciudad pequeña que tiene relevancia histórica y económica, en los comienzos del siglo funcionó como capital del país en un período en el cual, Polonia había conquistado territorios que comprendían también la histórica capital Vilnius.

Con un estilo sobrio si se quiere y sencillo, mi recorrido por esta pequeña ciudad, la segunda en importancia, no estaba planeado, aterrizar aquí fué pura coincidencia pero decidí recorrerla para palpar algo de lo que hay más allá de las capitales (si señores, las capitales no dan impresión de los paises, es con lo que hay que aprender a lidiar, pero a veces no queda alternativa).

Lo primero que noté fueron la solemnidad de sus calles y construcciones, se notaba que databan de mediados de siglo XX, con cierta falta de mantenimiento sumada algunas intervenciones soviéticas que se dejaban notar, la ciudad me pareció muy similar a capitales del interior de Argentina, que supieron tener algún esplendor que ha quedado rezagado tal vez.

Conscientes de esto, se encuentra en un proceso de modernización de su centro y paseo comercial. Actualmente el Baltic Rail, trazado de ferrocarril moderno que unirá Tallinn, en Estonia al norte, con los países de Europa Occidental en apenas horas, conectará Lituania via Kaunas, esto se debe a que Vilnius se haya en el sur este del país muy cercano a la frontera con Bielorrusia lo cual obligaría a desviar bastante el recorrido.
Situada en la confluencia de los ríos Niemen y Neris, donde se protegía con el antiguo castillo, la ciudad crece formando un triángulo le da una posición privilegiada en el centro del país, con un geografía marcada por la barranca de los ríos, y un skyline en el que destaca la enorme iglesia de la Resurrección de Cristo en la altura.

Decir que mi pequeño e improvisado recorrido cuenta como haber visitado la ciudad, es injusto para la diversidad de puntos históricos y referencias. Ha sido mi primer contacto directo con Lituania, y comenzar a notar los precios mucho más desinflados que en los nórdicos, y la inocultable belleza de las mujeres lituanas que se paseaban por las callejuelas de la ciudad (perdón! pero es imposible no mencionarlo, creo que han sido de las más bonitas que he visto en Europa).

Este post contiene algunos enlaces patrocinados que no representan costo alguno si tu haces click en ellos, incluso muchas veces obtienes descuentos en los servicios, y me ayudan a mantener en línea el blog.

Camino a Vilnius

Vilnius es la capital del país, pasó de manos, y fue víctima de las idas y vueltas de la historia de la que fuera parte el país. Desde Kaunas es un corto viaje de 100 kilómetros en minibus de apenas poco más de una hora, atravesando los verdes prados de la llanura lituana bajo los rayos amarillos del sol de una puesta de sol interminable, donde comprobé el origen de la colorida bandera del país:
  • Amarillo: por los campos de trigo
  • Verde: por los bosques
  • Rojo: por la sangre derramada a lo largo de la historia
El ambiente era sutilmente diferente, una estación de autobuses mucho más grande pero más avejentada me esperaba en silencio, a la salida, las calles empedradas hacían repiquetear lo neumáticos de los coches que las atravesaban a toda velocidad, mientras esquivaba baldosas rotas y observaba como algunos borrachines discutían entre ellos, mezclados con la gente que quería salir de la zona y rumbear a sus hogares tras una jornada laboral.

La capital, en contraste con la vecina Kaunas, cuenta con más de 500 mil habitantes, y mantiene un Núcleo Histórico que se declaró Patrimonio de la Humanidad al poco tiempo de la disolución de la URSS, y de la consagración de la segunda independencia del país.

Siguiendo las vías del tren me encontré fácilmente con la calle que desemboca en uno de los pórticos más importantes de la vieja ciudad, la Puerta del Amanecer, que cuenta con una capilla en su parte superior la que contiene una brillante pieza de iconografía de la Nuestra Señora de la Puerta del Amanecer, la cual es admirada por propios y extraños. La motivación de la capilla en esta ubicación es proteger de los atacantes y bendecir a los viajeros.

Pocos metros más, uno ya se encuentra en una mezcla de ciudad que apunta a explotar el turismo y los visitantes, con la antigüedad y solemnidad de un recinto histórico, que mantiene ciertos rasgos de autenticidad y simpleza que la caracteriza.

Allí, tratando de encontrar mi morada, ingresé a un patio de uno de los tantos edificios antiguos laderos a la callejuela de acceso, Aušros Vartų, me topé con talleres de artesanía, músicos y en los balcones, allí donde debía dirigirme, una curiosa cantidad de backpackers que visitaban por curiosidad la ciudad.

Darle sentido y color

Una vez en la ciudad vieja, uno descubre que está en la ciudad del barroco. 

Por ser el país que más tarde se convirtió al cristianismo en Europa, mantiene una gran concentración de iglesias y conventos dentro de la pequeña ciudad antigua. Un total de 22 iglesias en apenas 4 kilómetros cuadrados.

No va a ser excepción escuchar las campanadas y las melodías de las iglesias, en mi caso, cada mañana amanecí con la música procedente de la capilla de la Puerta, y con el órgano de la Iglesia de Santa Teresa sonando a pleno.


Existe la posibilidad de realizar free tours, en inglés, que muy amablemente intentan dar locales que por suerte, hablan con mucho orgullo de la historia, tiene su valor.

En el único día lluvioso de mi visita, me tocó salir a recorrer la ciudad, por allí uno se acerca a la explanada de la iglesia, que queda a la sombra de la fortaleza defensiva de Vilnius, en un montículo que hacía las veces de protección. Hoy se lo conoce como Castillo de Vilnius, pero se dice que nunca funcionó como tal sino como defensa.

La catedral que se alza imponente con la curiosa torre de la campana que no forma parte de la estructura sino que está aislada a un costado, se construyó sobre un antiguo templo pagano, y en los tiempos de la URSS fué un depósito y galería de arte, recién recuperando su estatus de catedral a fines de la década del 80.

Este mismo proceso sufrieron muchos de los edificios históricamente ligados a la religión en Vilnius, como en todos los países miembros que fueron sometidos a la doctrina soviética, transformándolos en edificios de instituciones públicas.

Parte del conjunto histórico central, junto a la catedral se halla el histórico Palacio del Ducado de Lituania, que también fue víctima de la locura de los rusos, pero de otra época: allí por 1800 decidieron demolerlo bajo excusas ridículas y vender los restos. La pequeña parte que permaneció sirvió de arsenal a los ejércitos del imperio ruso, luego fué sede de la milicia lituana en el corto período de independencia entre guerras, que cayó en manos de Polonia antes de la toma del poder por parte de los Nazis donde se asentó la base de la Wehrmacht, y desde luego institucionalizado por los soviéticos en la post guerra como sede de sus estructuras de seguridad y poco después como museo.

El párrafo anterior es un fiel reflejo de los vaivenes de los que fué víctima Lituania. Recién tras la caída de la Cortina de Hierro se pudo comenzar a trabajar en la reconstrucción del sitio hoy convertido en el Museo Histórico de Lituania.

Al frente de la Catedral se extiende la Gedimiro Prospekt (Gedimiras fué uno de los grandes regidores del Gran Ducado) a avenida más importante de la capital donde se concentran muchas de las instituciones gubernamentales, y locales nocturnos y muchos comercios de productos de lujo. De noche toma un colorido especial, ya que se convierte en peatonal y se ilumina de modo futurista.

Entre las tantas iglesias que existen y prevalecen en la ciudad, destaca, más allá de la catedral la Iglesia de Santa Ana por su estructura gótica, completamente diferente a todo lo que se ve en la ciudad, para completar el combo, se trata de un complejo de dos iglesias conjuntas, unidas en su parte posterior, que son uno de los atractivos distintivos.

Y otra con una gran y particular historia, no solo por su valor arquitectónico sino también por sus idas y vueltas, es la Iglesia de San Casimiro, ya que es la iglesia barroca más vieja de la ciudad, que fuera luego convertida a una iglesia ortodoxa bajo la ocupación del Imperio Ruso, para luego ser convertida en iglesia luterana cuando llegaran los alemanes, y retornada a los católicos una vez finalizada la Gran Guerra, pero, no se imaginan qué le sucedió? Claro! Vinieron los soviéticos con la URSS y la histórica iglesia se convirtió en un museo al ateísmo!

Holocausto y post guerra

Existe un memorial del holocausto en la ciudad, que ha sido muy fuerte y se ha notado en la merma de la población. El 40% de los habitantes de Vilnius eran judíos, de los cuales solo quedan 3000 al día de la fecha.

Entre los callejones de la ciudad se encuentran muchos bloques vacíos que reflejan la destrucción de alguna antigua sinagoga, aunque la judería aún persiste y mantiene una parte de su estructura, es muy facil identificar las casas, ya que son aquellas que cuentan con una ventana amplia junto a la puerta, ya que la mayoría eran judíos comerciantes y se dedicaban a vender productos, atendiendo a clientes desde las mismas ventanas.

Pero lo que vino después no fue mucho mejor para los lituanos, ya que más de 300 mil fueron deportados a gulags rusos y muy pocos volvieron.

De esta etapa queda un registro en lo que fuera el edificio central de la administración de la KGB llamado Museo de la Ocupación y de las Luchas por la Libertad.

Lituania es un país sufrido, y se lo hacen saber al mundo con el rojo en su bandera. Sigue peleando para salir adelante con orgullo de su historia y de sus héroes, que no se rindieron nunca al yugo de los extremismos, y hoy pelea por crecer en un contexto donde su juventud emigra por la ausencia de oportunidades reales para establecerse.

República de Uzupis

Existe un distrito en la ciudad, algo apenas apartado del centro, cuyo nombre significa en lituano "del otro lado del río" ya que se ubica cruzando el pequeño río Vilna.

Allí habitaron muchos judíos que terminaron siendo forzados a abandonar sus casas y posteriormente la administración pro soviética no hizo demasiado por mantener las cosas ordenadas, el distrito se venía abajo, las casas fueron ocupadas por indigentes y gente de mala vida, era habitual ver prostitutas y vendedores de drogas. Para comienzos de los 90, cuando Lituania ganó su independence era uno de los distritos más postergados y olvidados de la ciudad.

Poco a poco se fue reconvirtiendo, y muchos artistas comenzaron a tomar las riendas (y las casas) interviniendo en las fachadas y calles, dándole color y vida, hasta convertirlo en el distrito bohemio por excelencia.

En 1998 los habitantes de la barriada decidieron declararse una república independiente dentro de la capital, para lo cual establecieron una serie de reglas para ser ciudadano de la misma, entre ellas, mantener la sonrisa y la expresión cultural como parte de la esencia.

Redactaron una constitución que hasta el mismísimo Papa Francisco bendijo en su visita a Vilnius, y celebran su día de la nacional cada 1ro de Abril.

Callejeando de noche

Para ser un recinto histórico tan pequeño tiene demasiados pasadizos y secretos para recorrer, y a su vez se convierte en un desafío interesante poder lidiar con esos escasos kilómetros cuadrados en poco tiempo.

En mi llegada a la ciudad, como es imaginable no me quedé sentado esperando que llegue el día siguiente y me dediqué a cambiar, hasta entrada la noche por diferentes lugares, el primero de ellos fue la Colina del Bastión, un punto elevado que permite contemplar la ciudad desde un punto alejado del pequeño río Vilna y de su unión con el más caudaloso Neris (río que que comparte con Kaunas).

Y de allí caminar y palpar algo de lo que pensaba recorrer con más calma al otro día, contemplar monumentos por la noche y sentir el vivir de la capital huyendo de la calle típica turística central.


En dos ocasiones hice escala en el Plus+++ bar que más abajo dejo referencias, uno se ubica a escondidas de otro bar más grande en la Gedimiro Prospekt en pleno centro de negocios, cerca de la Catedral, mientras que el otro se halla sobre el inicio de la Vilnius gatvé, en el otro extremo de la ciudad rodeado de bares y alternativas nocturnas.

Vilnius definitivamente tiene vida nocturna, la gente la aprovecha, el verano se deja disfrutar y en el invierno, saben cómo hacerlo también, la diferencia es que en verano por ejemplo me enteré que había fiestas "secretas" en los bosques (bueno, tan secretas no eran porque todos lo sabían...)

Y dado que que el mundo es un pañuelo (que muchos usan para secarse los mocos, lo se) lo curioso es preguntarse como llegan personas de Perú, Venezuela, España y Argentina a cruzarse en un bar en Lituania, y qué puede salir de todo eso: irme a dormir 3 horas más tarde y habiendo bebido 3 birras más de las que me esperaba.

Referencias de viaje

Como llegar

Avión
El Aeropuerto de Vilinus está conectado con prácticamente todas las capitales europeas, y conjuntamente con el Aeropuerto de su vecina Kaunas conforman un nodo que mantiene al pequeño país conectado con toda Europa e incluso algunos destinos asiáticos conectados culturalmente con Lituania.

Desde España hay vuelos tanto por Ryanair como por WizzAir y parte del año por Vueling.

Autobús
Es casi el transporte por excelencia en los países del Este y sur de Europa. Existe un esquema muy aceitado de transporte en autobuses y mini buses con los que puedes atravesar todo el territorio y conectarte con otras capitales del continente.

Para viajes en cercanía, puedes ver las alternativas, horarios y precios en AutobusbubiletaiComo referencia, el viaje entre Kaunas y Vilnius duró poco más de una hora y costó 7 euros.

Para viajes entre países, empresas como Eurolines, Ecolines o LuxExpress cuentan con servicios regulares a Riga, Tallin, Minsk, Berlin, Varsovia, entre tantos otros.

Ferrocarril
El acceso desde países de Europa occidental y los bálticos, e incluso entre los bálticos, por via férrea hasta que no se termine el Baltic Rail, es dificultoso.
La conexión es buena y regular para los ferrocarriles lituanos si se quiere viajar internamente, o bien a capitales vecinas del este, como Minsk, San Petersburgo o Moscú.

Los ferrocarriles lituanos brindan servicios interurbanos pueden conectar ciudades, por ejemplo entre Kaunas y Vilnius existen servicios diarios, pero al estar la estación de Kaunas afectada por obras había que trasladarse hasta otra estación secundaria, decidí optar por el modo más cómodo (por disponibilidad de horarios) y por cercanía de la estación terminal (en pleno centro).

Donde dormir

Existe infinidad de hoteles y hostales en la ciudad, a muy buen precio y también AirBnb mucho mejores incluso por el mismo precio.

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En lo personal decidí parar un en un hostal que dejaba algo que desear, pero hay tantas alternativas y los precios son muy accesibles que no vale la pena salvar unos euros apenas y poner en riesgo tu estadía.

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Qué comer

Si se quiere, desde un punto de vista muy abstracto, la comida es muy parecida a la rusa o polaca, pero seguramente si un lituano lee esto me va a matar.


Las comidas lituanas están basadas en las patatas y guisantes de todos los colores y orígenes (distinguían hasta las que venían de Letonia) y la carne de cerdo.

Eso si, tienen su propio borsch, llamado Šaltibarščiai (si, te quiero ver pronunciarlo!!!) que es una versión de la clásica y conocida sopa que se sirve fría y tiene un color morado que parece un postre helado.

La recomendación es que vayan a un lugar tradicional, y se dejen sorprender al no entender el menú en idioma local, ni su traducción al inglés.

En mi opinión, el mejor lugar para comer barato y casero, y beber buenas y variadas cervezas es optar por uno de los Snekutis (hay 3 en la ciudad)

Para ir a tomar algo, en un ambiente bastante juvenil (bueno, digamos que me tuve que camuflar un poco en esta), el bar PlusPlusPlus es un buen punto de referencia, hay poco para comer pero de todo para beber (también hay 3).

Los elementales

Es en esta parte donde me tengo que poner crítico y ser bastante objetivo: el distrito histórico es pequeño y lo recorrí a pié de arriba a abajo dos o tres veces, creo que con un día de visita a esta sección alcanza, creo que eso es una parte importante de la visita pero el verdadero sentido es permitirse tiempo para salir de este circuito y profundizar más en los alrededores y lados grises.
Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí
 
 
 

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