Berlin, meca geopolitica del siglo XX

El viaje a Berlín surgió casi de la nada, prácticamente me desligué de la organización y dejé todo en manos de Martín, quien, aprovechando su cumpleaños, el feriado en Alemania y el puente que habiamos organizado en el trabajo, no quería quedarse en Stuttgart ese fin de semana largo. Consiguió mitfahrgelegenheit y alojamiento, quedando pendiente la vuelta.

Jueves temprano, partimos desde la Hauptbahnhof y llegamos alrededor de las cuatro de la tarde a Berlin, luego de unos 650kms bastante atorados, con una variación de clima importante en el medio: la salida fue con campera y lluvia, y la llegada fue para remera y ojotas. Berlín nos recibió con sol, y con su particular estilo, que difiere y mucho al de la Alemania hasta ahora conocida por mi, es decir, la del sur, la Alemania en cierta forma, pudiente.
Berlín es otro estilo, se respira otro aire y el aspecto de la ciudad es otro, no todo esta perfectamente cuidado, no todo está perfectamente acomodado, todo parece más real, la gente es más espontánea, las vistas son menos esquemáticas y la ciudad tiene un brillo diferente. Siendo Stuttgart un ejemplo del estereotipo que se tiene de los alemanes, Berlín es casi me atrevo a decir, lo contrapuesto. El orden está, por supuesto, no deja de ser Alemania, pero el estilo berlinés, es definitivamente otro.

Muchos quieren tildar a la ciudad de cosmopolita, la verdad es que no me parece para nada correcta la definición, no es una ciudad rica, es una ciudad con mucha expresión cultural, mucha historia sobre sus espaldas y una generación de gente que en su mayoría se compromete con la historia y se, con el perdón de la palabra, caga en las inventadas diferencias planteadas en el pasado entre las personas. Insisto con algo, tarados hay en todos lados, desde ya, pero aqui no se respira el aire pesado de otras partes, la cantidad de extranjeros es importante, es una ciudad de unos tres millones de habitantes, se escucha muchísimo español en las calles, muchos argentinos, hasta ahora la mayor cantidad que he visto por aqui, incluso más que en Barcelona!

Lo primero que hicimos tras acomodarnos en el hostel fué salir a caminar, imposible dejar de hacerlo, la extensa caminata, la primera de todos los días, arrancó en un extremo del Tiergarten, y lo primero que pude ver, o al menos divisar puesto que estaba tapado porque, una vez más, están refaccionándolo (que suerte la mia!) fué el Siegessäule (Columna de la Victoria), figura central de los memorables Love Parade y representación del sencillo For An Angel de Paul Van Dyk que tanto me ha marcado durante años. Si bien esto que se me vino a la mente no es el rasgo histórico que uno podría imaginarse, fué lo primero que llegué a sentir en la piel, y fué el primer sacudoncito de emoción, estaba ahí en el medio y podía imaginarme la millonada de personas bailando y celebrando esos acontecimientos.

Tan solo bastaron unos metros para divisar la Brandenbuger Tor y ya entrar en contacto con la historia reciente de nuestro mundo. Antes de llegar al frente, crucé por el piso la huella de tristemente célebre Muro de Berlin, y es inevitable pensar en que fué en este lugar donde se mentaron horrendos crímenes contra la humanidad y posteriormente, se dividió el mundo, se generó la división política mundial tal y cual la conocemos hoy en día.

Berlin no da respiro, no se puede dejar de reflexionar un instante en todo lo que en ella uno se cruza. Me dio la sensación de ir pisando cada badosa e imaginarme lo mucho que ha cambiado esta ciudad a lo largo del tiempo, primero en su apogeo, luego en la devastación seguida de la desidia y la desolación de la postguerra, luego los intereses que dividieron a hermanos y familias con una pared, una de las tantas que se siguen construyendo en el mundo, y luego de la reunificación, la posterior modernización que no llega aún en 20 años a cubrir todos los baches que se dejaron en la ciudad.

Al día siguiente decidimos hacer una visita memorial, más reflexiva aún, por decisión propia decidimos sumarnos en una visita guiada a uno de los centros memoriales que eirgen en las cercanías de la ciudad, nos dirigimos a Sachsenhausen, lo que fuera entre 1936 y casi 1950, un Campo de Concentración.

La decisión fué dura de tomar, pero estabamos convencidos, sabíamos que iba a ser dificil el trago, pero queríamos aprender de la historia, y teníamos la oportunidad de vivirlo de cerca, gracias al correcto relato del guía, un argentino de la localidad de La Porteña, en Santa Fe, quien con mucho criterio a cada estación nos fué poniendo al dia del contexto geopolítico de ese entonces, de las decisiones y de las situaciones que se fueron planteando, de como se llegó a lo que se llegó, de como se manipuló y gestó semejante maquinaria macabra. La historia es extensisima, todo aquel que le interese puede informarse al respecto, pero solo puedo decir que sería sumamente útil que todos en el mundo tuvieran la oportunidad de visitar uno de estos lugares, para aprender del pasado y no volver a cometer una atrocidad semejante nunca mas, ni siquiera bromear con ello.
En simples palabras, estos lugares, eran fábricas de matar personas; judios, negros, gitanos, testigos de jehova, opositores, criticos y todo aquel que representara una amenaza para sus ideales, para su loca idea de mundo, era sometido a la deshumanización más cruenta que se puedan imaginar dentro de un marco de cinismo desconsiderado: los "convictos" ingresaban por la llamada "Torre A" al campo, en la puerta se encontraban con un cartel que les decia que "El trabajo los hará libres", y finalmente en la llamada "Estación Z" se encontraba la cámara de gas.
Pensar que todo esto comenzó con una frase tan de moda y vigente: "las detenciones preventivas". Lo triste es que no solo los nazis usaron esto como campo, sino que los soviéticos siguieron aprovechando las instalaciones para apresar a sus opositores, como si no hubiese sido poco. Es por eso que el campo siguió funcionando hasta 1950, largos años finalizada la guerra.

Para amenizar el momento y relajarnos de semejante crudeza, pero agradecidos por la experiencia sumamente enriquecedora, decidimos dirigirnos a uno de los centros de expresión cultural y nocturno más famosos y más under que tiene la ciudad, el Cafe Zapata y la Casa Tacheles. Si lo tengo que describir, la mejor palabra sería decir "antro", pero está plagado de cultura, de latinidad y de un aura especial. Es imposible ir a Berlin y no pasar aunque sea a ver las obras de arte en este lugar.

La última tarde de la visita tuvo la particularidad de que nos invitaron a un grillen, algo asi como una parrillada en un parque de la ciudad. Cuando llegamos con nuestros insumos, nos dimos cuenta que el parque, no solo era enorme, sino que estaba plagado de grupos de gente, cada uno haciendo su propio grillen, cada uno llevando sus cosas, sus tamborcitos portátiles para hacer las salchichas asadas. Turcos, rusos, negros, blancos, rubios, morochos, todos compartiendo un mismo lugar, unos al lado de otros, incluso compartiendo las parrillas, interactuando. Lo primero que uno piensa al ver esto es "hippie", y no le sienta nada mal.

Incluso para agregarle condimento, había una improvisada cabina de Dj´s con un grupo electrógeno y pasaban música en una especie de anfieteatro, se juntaba gente, bailaban, durante horas, mientras detrás de ellos las familias disfrutaban de la música y de su grillen, con cerveza por supuesto. Solo buena vibra se respiraba, además del humo del carbón claro está. Comimos, bebimos y encantados con la experiencia berlinezca, nos regresamos al dia siguiente en lo que se puede describir como otra experiencia alternativa: regresar a Stuttgar en tren con el ticket Shönes-Wochende, por el precio más barato, viajando solo en trenes regionales, por ende, atravesando todo Alemania, y tardando unas 11hs, pero...satisfechos!

Más fotos, aqui

1 comentario:

  1. buena frase: berlin, donde se dividió el mundo, se generó la división política mundial tal y cual la conocemos hoy en día.

    P/D: sacale la verificacion a los comentarios man, aburre poner el codigo cada vez

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