Confieso que he viajado


Titular este post como "el año que el planeta se detuvo" me pareció muy acertado pero también un cliché a estas alturas utilizado por cientos sino miles de artículos.

Me agrada mucho más por su sentido poético si se quiere reconocer este año como: "el año que nos robaron las sonrisas", de repente pasaron a ser un bien escaso, son como el Gato de Schrödringer, ellas pueden que estén pero al no dejarse ver, no sabemos si las personas están sonriendo o no. 

Las sonrisas pasaron a ser un bien de contrabando, algo que de aparecer en público es porque violan alguna normal social de la mal llamada nueva (a)normalidad.

Otro bien escaso en estos tiempos que corren son los viajes: aventurarse a un viaje entre fronteras es una invitación a la aventura, a lo desconocido. Un amante de los deportes extremos estaría encantado de zambullirse al vacío de un avión, nunca mejor descrito: vacío. Parece imposible pensar en esos abarrotados aviones repletos de personas presionando su equipaje contra el del vecino en el compartimento superior.

Así y todo, hay quienes viajan, hay quienes se lanzan a la aventura. Y siendo que esto se trata de un blog de viajes, he optado por el título de este post, porque con este panorama, vaya que he tenido kilómetros en el camino.


Miles de kilómetros

Para descubrir que la respuesta está a la vuelta de la esquina

Inglaterra (km 0)

Este año loco y descontrolado, cual reza una canción de cancha, comenzó de un modo que hoy sería inconcebible en un lugar que hoy sería casi prohibido.Una aglomeración de gente presionando como es costumbre en los transportes públicos de la muy avanzada pero super poblada ciudad de Londres.

Más precisamente empujando entre miles de personas por conseguir un hueco en el Vauxhall Bridge sobre el Thames (es el Támesis en castellano pero no me agrada la castellanización innecesaria de algunos nombres).

Tower Bridge visto desde el margen norte
Han de creerme que hoy pienso en esa imagen y es imposible, parece sacada de una película. Ya de por si me parecía imposible en ese momento la cantidad de gente apretada como nunca lo había visto, por escurrirse en un hueco, entre una decena de cabezas o por debajo de un brazo para poder llegar a ver apenas un destello de un fuego artificial que sucedía a un par de kilómetros de allí y para el cual las entradas estaban agotadas hacía meses. Si, algo muy londinense, tanta modernidad contrasta con tanta aglomeración.

Y si, estos ingleses son bastante curiosos, uno de los países más poderosos del mundo donde se vive aglomerado cual suburbios del Gran Buenos Aires, y como la Reina del Plata, créanme que tiene ese "no se qué" que la hace tan especial.

Para ese entonces, ya hacía varias semanas que se mencionaba un virus en el lejano oriente que tenía preocupado al mundo. Mi compañero de asiento, casualmente chino, estaba muy preocupado y hablaba a diario con su familia para pedirle que se vayan a una isla donde tenían residencia y se queden allí todo el tiempo posible. Recuerdo que nos comentaba que evitemos el Chinatown londinense por si acaso.

Esta sería la escena de concurrencia masiva más extrema de mis últimos diez años, y tal vez trascienda la anécdota de haber recibido el año en ese sitio y pase a ser recordada como la última vez que concurrimos a un evento masivo en vaya uno a saber cuanto, pero de seguro será el evento masivo más apretado en mucho, mucho tiempo.
Para contrastar unos días después, huimos al aire libre y nos adentramos en los maravillosos Cotswolds para olvidarnos de la urbe por unos cuantos días, la realidad inglesa, más de 10 millones en la ciudad y el interior vacío.

La aventura en la tierra del te a las 5 PM se esfumó, por casualidad, con el inicio de la aventura en solitario de los ingleses, el mítico Brexit: el 31 de Enero abandonaba la tierra de la reina.

Barcelona (~1800 Km) 

El regreso a la siempre jovial capital catalana fue algo muy temporal, retornaba a casa pero no me sentía en casa. Representó una estadía corta y no sin evasiones: Estuve en la ciudad condal apenas poco más de 30 días, un sin fin de idas y vueltas, tensión, nerviosismo, que si esto, que si aquello y que si aquí, que si en otro país, que si viajo, que me quedo, que te vas...
Muestra del Festival de la Llum 2020 en Glòries
Destaco juntarme en el Michael Collins, mítico bar irlandés frente a la más mítica aún Sagrada Familia con amigos, compañeros y los flamantes niños de muchos de ellos que se vinieron de visita al bar, algo muy español, a brindar por mi cumpleaños, disfrutamos como pocas veces, aún sin saber que sería la última reunión social en el semestre.

Berlin (~ 3300 km)

Una escapada, no puedo llamarla de otra manera. Un fin de semana silencioso, sino el peor fin de semana climatológicamente hablando para visitar la capital alemana, tormentas, vuelos cancelados y frío, mucho frío.
El fin de semana posterior a mi cumpleaños, me embarqué en una travesía silenciosa para evaluar un futuro en una ciudad que siempre tuve entre ceja y ceja.  Muy pocos registros. Viaje relámpago y silencioso.

Barcelona (~ 4800 km) 

Las cosas se resolvieron favorablemente y tomé decisiones en muy corto plazo: cambio de aires en todo sentido, dejaría todo, me comería al mundo como lo venía pensando hace rato. Pero primero, me iría a recargar pilas a esa tierra lejana de la que provengo.

Ya promediando el mes se comenzaba a hablar de casos del famoso virus de oriente que comenzaban a aparecer en el sur de Alemania y explotaba por el norte de Italia, en España apenas se hablaba del tema, pero a fines de mes comenzaron los casos en Madrid y se contabilizaban unos 5 o 10 en Barcelona esos primeros días de Marzo.


Buenos Aires (~ 15300 km)

El viernes 6 de Marzo subí a un avión con tan pocas complicidades que apenas dos personas en tierra destino que sabían de mi arribo: el primer viaje por completo sorpresa, quería recargar energías, quería llenarme de pilas, de afecto y salir a devorarme el mundo!

A la semana siguiente a mi arribo a la capital Argentina, los registros de casos en Europa del famoso virus de lejano oriente se disparaban a montones, Madrid pasó a ser zona cero, Barcelona estaba repleto de casos que brotaban como setas. El mundo entero se asombraba de la situación donde Italia y España se convertían en epicentro occidental de lo que pasó a ser ya una pandemia, eso que oíamos hablar en los libros de historia, era real, y estaba pasando.

Delicias de Güiraldes, un clásico de Lugano
Y de esos planes sorpresa solo se concretó apenas uno, la única reunión de la que tengo registro, donde unos locos se arriesgaron para verme, dejando de lado la locura que se decía de los peligros que venían de Europa, donde aquel lejano virus de oriente acababa de estallar.

Claramente si hay un momento crítico, donde se disparó el recáculo de ruta fué ese período de purgatorio si se quiere, aunque nunca mejor que un purgatorio en casa con tus padres y todas la comodidades de un mundo hiperconectado, en los que me hallé Atrapado en Argentina.


Barcelona (~ 25800 km)

Un mes y días más incluso, tardé en retornar a lo que se podría decir a ese momento llamaría mi casa, un lugar que en el último año había pasado menos de 2 meses, pero seguía anhelando regresar, y lo logré a las 2 am de un 12 de Mayo, y me esperaban con abrazos y berenjenas rellenas.

AR1130 primer vuelo con pasajeros
desde Buenos Aires a Madrid tras el lockdown

De repente estaba donde quería estar pero no donde se suponía que debía estar.

Comenzaba a retornar el calor, la apertura se hacía progresivamente, los primeros días se podía salir de casa apenas 1 hora al día, y a las pocas semanas, casi sin escalas ocurrió lo que veíamos venir, las mareas humanas se agolparon en las calles disfrutando del aire libre, con una urgente necesidad de algo tan español como ese gen inalienable de la interacción social y la necesidad intrínseca de ir de bares poco tardó en desmadrarse.

El verano llegó al hemisferio norte, y con ellos la famosa campaña para que los turistas vuelvan a España, un lugar seguro, no sea cosa que se pierda la temporada.

Atardeceres desde Borbó

Dos, tres semanas tal vez, duró el periplo antes de que se comience a hablar de rebrotes aquí y allá, en España, la tierra del buen clima, la fiesta y el buen comer, se convertía en el centro de atención por las malas noticias.


Berlin (~ 27300 km)

Y aquí es donde el re cálculo intenta retornar a su curso, quién sabe si tal vez hasta forzando la situación: recuerdan esa escapada allá por el kilómetro 3300? Pues las cosas salieron bien y se suponía que en Mayo mi vida nueva comenzaría en un nuevo país, una nueva ciudad y una nueva realidad, pero de repente la realidad para ese entonces era otra bien distinta. Re calculando

Seguí, no sin titubeos ni cláusulas anexas, mi camino, porque este año si algo se suponía que iba a ser directo, todo terminó siendo lleno de parches y caminos alternativos.

Siegessäule: Columna de la Victoria
Una noche calurosa del último día de Junio aterricé en la capital alemana para comenzar una nueva aventura, una nueva vida, y allí seguí recorriendo, a pié, caminando incansablemente todo el verano de aquí para allá buscando los lugares, los mejores lugares para asentarme, no sin preguntarme cada día como sería, ese día en que finalmente llegue a hacerlo.


Barcelona (~ 28800 Km)

Pleno agosto, una semana en Barcelona, desde luego, el anhelo de muchos alemanes. Lo mio no eran vacaciones, eran trámites, y unas ganas increíbles de venir!
Amanecer en Calella
Escapadas a Calella, salidas maravillosas del sol. Reuniones sociales, abrazos y sorpresas. Todo lo que no pude hacer en Argentina lo estaba haciendo en una semana en Barcelona.

Ya para este entonces, la vida parecía normal, el clima de fiesta y jovialidad en una ciudad que invita al turismo y explota sus atributos naturales en verano al máximo, era evidente la casi total despreocupación. Si algún virus raro detuvo al mundo por meses, aquí no se notaba, estaban todos muy apurados por recuperar el tiempo perdido. Antesala de lo que vendría meses más tarde.

 

Berlin (~ 29000 km)

Regreso a la búsqueda. Pero pocos días después, vacaciones reales, una semana con visitas que inspiraron escapadas a lugares especialmente selectos pensando en la compañía. Leipzig y Dessau, con escala en la histórica ciudad de Wittenberg y la celebración de los 30 años de Reunificación Alemana en Postdam el 3 de Octubre fueron algunos de las destacadas visitas.

Las semanas pasaron, la visita se convirtió en soledad, y la búsqueda de un hogar se convirtió en duda debido al constante ascenso de restricciones a nivel europeo.

Ese famoso virus de lejano oriente, donde todo parece haber vuelto a la normalidad, volvía a poner a Europa, los "civilizados" en vilo. "El sur europeo" pasó a ser tierra maldita una vez más, resultado del libertinaje veraniego y el clima jovial característico, comenzó a pasar factura de una crisis que invita a minimizar los eventos sociales.
Restricciones y temores de un futuro de movilidad incierta hicieron que los intentos de seguir ahondando la búsqueda de algo permanente se difuminaran en una decisión un tanto polémica pero a su vez, segura en el contexto: retornar.

Barcelona (~ 31000 km)

La ciudad condal me vio llegar una noche de domingo casi al mismo tiempo que se imponían medidas más restrictivas a lo largo y ancho de ambos países, tanto España como Alemania decidieron, de algún modo, más o menos polémico y de dudosa efectividad, imponer medidas para minimizar la movilidad y la interacción social.
La amenaza de lo que llaman la segunda ola previa a las celebraciones de fin de año que ocasionan grandes desplazamientos de personas a fin de año ponen en jaque al sistema de salud ya vapuleado durante años y saturado en Marzo en el peor momento de la historia reciente.

Entre idas y vueltas, hube de recomponer una rutina algo alterada desde una habitación en lo que una vez más he de considerar mi casa, y se consolida como el lugar que por más tiempo he habitado este año, sin haber sido la residencia permanente.

Entre medio, una escapada de casi una semana a los confines sureños del reducido espacio de movilidad inter semanal (estaba prohibido desplazarse entre comarcas o municipios los fines de semana, algo de dudosa efectividad ya que se torna incontrolable) nos depositó en la zona pesquera de Las Casas de Alcanar, debajo del hipnótico Delta del Ebro, si no mi lugar favorito de estas tierras, permitió sumar kilómetros de recorrido vehicular y varios metros de altura para disfrutar de las vistas desde las alturas del Montsiá, tratando de compensar ;as calorías ingeridas a base de sabrosos arroces típicos de la región.

A días del cierre del año sin saber si algún día se terminó lo que denominaron la segunda ola, ya hablan de la tercera, entre promesas de vacunas y soluciones mágicas, todo pronostica que las normas seguirán siendo restrictivas y que la gente pasará de ellas como viene haciendo hace meses, y todo dependerá de ese milagro científico que nos ponga a salvo, mientras algunos se burlan de todo, y otros nos limitamos por respeto al prójimo y tratamos de cuidar a quienes tanto queremos evitando los contactos.

Aprender a socializar "con distancia social" y explotar las bondades de un entorno que ofrece una belleza natural sin parangón, hizo que las restricciones de movilidad me deba limitar a realizar actividades recreativas en mi zona de residencia, y quien dice residencia se extiende unos cuantos kilómetros a la redonda aún cuando esté saltándose algunas normas no escritas. 
Foradada del Montsia, y el delta de fondo
Por momento se tornaron en casi religiosa peregrinación las salidas por senderos de montaña que descubren otros caminos, otros destinos y tientan con vistas desde diferentes ángulos, atravesando pueblos alrededor y disfrutando locaciones no tan triviales que tras mas de 6 años de haber vivido en esta tierra nunca pude dedicarle el tiempo, permitieron sumar unos kilómetros más a la recorrida.

Patas para arriba

Que levante la mano aquel al que este año no lo haya puesto las patas para arriba y que no haya tenido que frenar y re calcular más de una vez en el medio del camino. 

Vamos, que si alguno ha superado esta prueba de vida sin sobresaltos, es un campeón de la resilencia, por favor, contáctenme que quiero una sesión con Ustedes! El resto de los mortales, sobrevivientes de esta agitada realidad, frente a una (a)normalidad que resistimos a aceptar, pero que no ha pasado desapercibida. 

Quién no haya cambiado alguno de sus planes este año, su enfoque, su prioridad y sus hábitos, más allá de una simple mascarilla (bien puesta por favor!), sepan que lo se, me están mintiendo.

No, yo no soy una excepción como esos mentirosos privilegiados que dicen no haberse visto afectados y que esto pasa como una cosa más para su día a día: esto fue una montaña rusa!

El tiempo, el camino

A lo largo del año, muchos aprovecharon el azaroso camino de este 2020 de diferentes maneras. Desde luego hubo muchos que la realidad se les puso muy difícil, lamentablemente se vieron forzados a dejar su trabajo, que debieron atravesar la enfermedad, o perdieron un ser querido por ella en el camino.

Hubo quienes, simplemente se deprimieron por no poder hacer nada de lo que tenían planeado se vieron abrumados y los consumió la imposibilidad de superar el choque de la realidad.

Pero a la vez muchos se dieron cuenta que esto era una oportunidad, y se animaron a lanzar un proyecto propio, aprovecharon a materializar una idea, o han cimentado un sueño que estaba saltando de neurona en neurona hace rato, mismo para permitirse culminar un curso de formación que se prometían hace rato.

Están los que convencieron a si mismos que era la mejor excusa para jugar cuantos juegos tenían pendientes y pasar miles de horas mirando series, comprar online todo lo que el famoso algoritmo les cruzaba y coincidía "mágicamente" con sus pensamientos, o consumieron cuantos vivos de Instagram pulularon por ahí (si, lo se, lo intenté en Marzo pero desistí: no puedo explotar algo que yo no consumo).

Tengo decenas de anécdotas de parejas que se separaron, otras que se armaron, otras que se volvieron a juntar, hubo quienes comenzaron el año como perros y gatos, y lo terminan casados (conozco un caso así!), los que encontraron un trabajo nuevo, los que dieron el salto. También hubo hijos de la cuarentena, o los habrá, y esa es la parte linda.

El camino por supuesto, no ha sido binario, tiene grises, pero también tiene muchos colores y sabores.

Este año, he sufrido pérdidas (Elvira, te extraño!), he estado en el limbo atolondrado, la realidad me abofeteó y trastocó los planes, y la zona de comfort desapareció por completo.

Moverse ha sido una odisea, pero aún así viví en 4 ciudades en países diferentes y recorrí más de 31 mil kilómetros.

Comencé nuevos proyectos, valoré tener una mínima cantidad de cosas materiales conmigo (en serio, no necesitan tantas porquerías que Instagram les sugiere para ser felices!), aprendí nuevos lenguajes, practiqué nuevos idiomas, adopté nuevos deportes (que me llevaron a recorrer otros más de 120 kms adicionales☺️), leí (no tantos) libros como me hubiera gustado, conocí gente maravillosa,  y me alejé de mucho que tal vez inconscientemente me hacía mal. Aprendí a aceptar las cosas que están fuera de mi control, y re inventarme alrededor de ellas.

Suena muy sencillo. No lo fue. No lo es. Es un proceso de aprendizaje que continúa y me lleva ambicionar objetivos renovados.

Lo que vendrá

No se vayan a creer que se acaba el #Maldito2020 y renacen las esperanzas de una nueva vieja normalidad. No sean tan crédulos que el lío en el que estamos va a seguir, se al momento de escribir estas palabras que allá donde hoy se siente el calor, el viva la pepa es moneda corriente y se acepta el famoso riesgo como un estigma más de la vida cotidiana del sudamericano promedio.

Los kilómetros acumulados sirven para el plan de puntos de experiencia, apadrinados por la vida misma. 

El futuro llegó hace rato, lo aceptamos o morimos resistiéndonos. La realidad muta, nosotros, también: el blog no dejará las raíces: seguiré hablando de viajes y paisajes, pero pienso en el relato del Camino con una mirada más Escéptica.

Pero qué diablos significa eso? Siendo menos críptico, intanterá introducir poco a poco otro tipo de información, que sean guías, referencias, ayudas para el emigrante, para el viajero, y relatos no solo de viajes. A la vez, sigo intentando amalgamar (la palabra del año!) una serie de ideas que rondan desde el punto de vista que la experiencia del visitante como de quién escribe cobre otra dimensión.

Salud! 

Amanecer en Les Cases d'Alcanar
Todas las fotos AQUI o sígueme en el feed de @escepticoobservador

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