Partiendo del orden y progreso escandinavo, desde el estado de bienestar danés en el extremo más occidental del Mar Báltico me dirigí hacia la otra costa, la orilla más oriental, con la misión de tomar contacto con dos de los países bálticos que me quedaban por conocer.

Toqué tierra en el pequeño pero alguna vez enorme Lituania, un país del que un modo u otro oía hablar desde pequeño en las reuniones familiares, siempre había algún paisano en Argentina que era de por esos pagos con los que mis abuelos se juntaban, o en el trabajo, donde mi compañero Luis, durante varios años en mi última etapa en Argentina, no dejaba de mencionarme Vilnius como sus orígenes.

Con la curiosidad de siempre a cuestas y habiendo encontrado ese motor en algunos rasgos personales que me marcaron, el país de la bandera más colorida de Europa estaba en mi radar hacía años, y ahora mis pies estaban encima de sus verdes senderos.

El pequeño gigante

Erase una vez, allá lejos y hace tiempo, cuando en el viejo continente europeo todavía los límites se forjaban a fuerza de hachas y espadas, y cambiaban cada año, que existió un imperio enorme, gigante.

El Gran ducado de Lituania existió entre los siglos VII y VIII, primero en soledad, como un gran reino, posteriormente, de manera conjunta con Polonia, a quienes se unieron por casamiento entre los regidores, en lo que se conoció como la República de las Dos Naciones se extendió desde el Mar Báltico hasta las costa del Mar Negro, y desde la mitad de Alemania hasta el interior de Rusia, en lo que se conoció como la nación más grande de Europa, formando un bloque unívoco que era necesario atravesar en camino a Asia, hasta su posterior y gradual desmembramiento.

Las historia de Lituania es apasionante y llena de vaivenes, hoy cuesta imaginarse como un pequeño país logró tanto con en tan poco tiempo, pero hay que pensarlo desde el otro punto de vista, viendo lo tan grande que supo ser, yo me preguntaría como llegó a ser tan pequeño, y eso es parte del crecimiento de los vecinos.

Tuvo la desgracia de crecer entre gigantes potencias que emergieron y que llevaron a las sucesivas particiones de Polonia, afectando por ende los vaivenes de su aliado Lituania. Entre Prusia, Austria y Rusia se fueron repartiendo sucesivamente el territorio y desmembrando lo que fuera el territorio más grande de Europa.

Históricamente, Polonia considera la República de las Dos Naciones como los orígenes del Voivodato de Varsovia, que fuera la piedra basal de su posterior organización como país, mientras que Lituania considera que la mencionada república no ha sido beneficiosa para su desarrollo.

Es imposible hablar de Lituania sin tener en cuenta la sucesión de eventos históricos por los que pasó, de pasar a ser el gigante europeo a un pequeño trozo de territorio en el norte allí donde muchos les cuesta ubicarlo y que otros confunden con sus vecinos. El manoseo y la manipulación, un pueblo que fuera mancillado, pasó de manos polacas, a rusas, napoleónicas, nuevamente rusas, un corto período de independencia, para que luego los rusos se lo apropiaran y lo perdieran a mano de los nazis que hicieron sus estragos con la población, y pasar la mayoría del siglo XX mancillados bajo el yugo soviético de la URSS del cual no se libraron sino hasta 1991.

Aterrizar en Kaunas

Viajar desde Dinamarca a Lituania el vuelo duró apenas hora y algo más, pero aterrizamos dos horas más tarde, ya que Lituania mantiene el Uso Horario de Verano del Este Europeo que comparte con sus vecinos Bálticos, Finlandia, Bielorrusia y Ucrania entre otros.

Kaunas es una ciudad pequeña que tiene relevancia histórica y económica, en los comienzos del siglo funcionó como capital del país en un período en el cual, Polonia había conquistado territorios que comprendían también la histórica capital Vilnius.

Con un estilo sobrio si se quiere y sencillo, mi recorrido por esta pequeña ciudad, la segunda en importancia, no estaba planeado, aterrizar aquí fué pura coincidencia pero decidí recorrerla para palpar algo de lo que hay más allá de las capitales (si señores, las capitales no dan impresión de los paises, es con lo que hay que aprender a lidiar, pero a veces no queda alternativa).

Lo primero que noté fueron la solemnidad de sus calles y construcciones, se notaba que databan de mediados de siglo XX, con cierta falta de mantenimiento sumada algunas intervenciones soviéticas que se dejaban notar, la ciudad me pareció muy similar a capitales del interior de Argentina, que supieron tener algún esplendor que ha quedado rezagado tal vez.

Conscientes de esto, se encuentra en un proceso de modernización de su centro y paseo comercial. Actualmente el Baltic Rail, trazado de ferrocarril moderno que unirá Tallinn, en Estonia al norte, con los países de Europa Occidental en apenas horas, conectará Lituania via Kaunas, esto se debe a que Vilnius se haya en el sur este del país muy cercano a la frontera con Bielorrusia lo cual obligaría a desviar bastante el recorrido.
Situada en la confluencia de los ríos Niemen y Neris, donde se protegía con el antiguo castillo, la ciudad crece formando un triángulo le da una posición privilegiada en el centro del país, con un geografía marcada por la barranca de los ríos, y un skyline en el que destaca la enorme iglesia de la Resurrección de Cristo en la altura.

Decir que mi pequeño e improvisado recorrido cuenta como haber visitado la ciudad, es injusto para la diversidad de puntos históricos y referencias. Ha sido mi primer contacto directo con Lituania, y comenzar a notar los precios mucho más desinflados que en los nórdicos, y la inocultable belleza de las mujeres lituanas que se paseaban por las callejuelas de la ciudad (perdón! pero es imposible no mencionarlo, creo que han sido de las más bonitas que he visto en Europa).

Este post contiene algunos enlaces patrocinados que no representan costo alguno si tu haces click en ellos, incluso muchas veces obtienes descuentos en los servicios, y me ayudan a mantener en línea el blog.

Camino a Vilnius

Vilnius es la capital del país, pasó de manos, y fue víctima de las idas y vueltas de la historia de la que fuera parte el país. Desde Kaunas es un corto viaje de 100 kilómetros en minibus de apenas poco más de una hora, atravesando los verdes prados de la llanura lituana bajo los rayos amarillos del sol de una puesta de sol interminable, donde comprobé el origen de la colorida bandera del país:
  • Amarillo: por los campos de trigo
  • Verde: por los bosques
  • Rojo: por la sangre derramada a lo largo de la historia
El ambiente era sutilmente diferente, una estación de autobuses mucho más grande pero más avejentada me esperaba en silencio, a la salida, las calles empedradas hacían repiquetear lo neumáticos de los coches que las atravesaban a toda velocidad, mientras esquivaba baldosas rotas y observaba como algunos borrachines discutían entre ellos, mezclados con la gente que quería salir de la zona y rumbear a sus hogares tras una jornada laboral.

La capital, en contraste con la vecina Kaunas, cuenta con más de 500 mil habitantes, y mantiene un Núcleo Histórico que se declaró Patrimonio de la Humanidad al poco tiempo de la disolución de la URSS, y de la consagración de la segunda independencia del país.

Siguiendo las vías del tren me encontré fácilmente con la calle que desemboca en uno de los pórticos más importantes de la vieja ciudad, la Puerta del Amanecer, que cuenta con una capilla en su parte superior la que contiene una brillante pieza de iconografía de la Nuestra Señora de la Puerta del Amanecer, la cual es admirada por propios y extraños. La motivación de la capilla en esta ubicación es proteger de los atacantes y bendecir a los viajeros.

Pocos metros más, uno ya se encuentra en una mezcla de ciudad que apunta a explotar el turismo y los visitantes, con la antigüedad y solemnidad de un recinto histórico, que mantiene ciertos rasgos de autenticidad y simpleza que la caracteriza.

Allí, tratando de encontrar mi morada, ingresé a un patio de uno de los tantos edificios antiguos laderos a la callejuela de acceso, Aušros Vartų, me topé con talleres de artesanía, músicos y en los balcones, allí donde debía dirigirme, una curiosa cantidad de backpackers que visitaban por curiosidad la ciudad.

Darle sentido y color

Una vez en la ciudad vieja, uno descubre que está en la ciudad del barroco. 

Por ser el país que más tarde se convirtió al cristianismo en Europa, mantiene una gran concentración de iglesias y conventos dentro de la pequeña ciudad antigua. Un total de 22 iglesias en apenas 4 kilómetros cuadrados.

No va a ser excepción escuchar las campanadas y las melodías de las iglesias, en mi caso, cada mañana amanecí con la música procedente de la capilla de la Puerta, y con el órgano de la Iglesia de Santa Teresa sonando a pleno.


Existe la posibilidad de realizar free tours, en inglés, que muy amablemente intentan dar locales que por suerte, hablan con mucho orgullo de la historia, tiene su valor.

En el único día lluvioso de mi visita, me tocó salir a recorrer la ciudad, por allí uno se acerca a la explanada de la iglesia, que queda a la sombra de la fortaleza defensiva de Vilnius, en un montículo que hacía las veces de protección. Hoy se lo conoce como Castillo de Vilnius, pero se dice que nunca funcionó como tal sino como defensa.

La catedral que se alza imponente con la curiosa torre de la campana que no forma parte de la estructura sino que está aislada a un costado, se construyó sobre un antiguo templo pagano, y en los tiempos de la URSS fué un depósito y galería de arte, recién recuperando su estatus de catedral a fines de la década del 80.

Este mismo proceso sufrieron muchos de los edificios históricamente ligados a la religión en Vilnius, como en todos los países miembros que fueron sometidos a la doctrina soviética, transformándolos en edificios de instituciones públicas.

Parte del conjunto histórico central, junto a la catedral se halla el histórico Palacio del Ducado de Lituania, que también fue víctima de la locura de los rusos, pero de otra época: allí por 1800 decidieron demolerlo bajo excusas ridículas y vender los restos. La pequeña parte que permaneció sirvió de arsenal a los ejércitos del imperio ruso, luego fué sede de la milicia lituana en el corto período de independencia entre guerras, que cayó en manos de Polonia antes de la toma del poder por parte de los Nazis donde se asentó la base de la Wehrmacht, y desde luego institucionalizado por los soviéticos en la post guerra como sede de sus estructuras de seguridad y poco después como museo.

El párrafo anterior es un fiel reflejo de los vaivenes de los que fué víctima Lituania. Recién tras la caída de la Cortina de Hierro se pudo comenzar a trabajar en la reconstrucción del sitio hoy convertido en el Museo Histórico de Lituania.

Al frente de la Catedral se extiende la Gedimiro Prospekt (Gedimiras fué uno de los grandes regidores del Gran Ducado) a avenida más importante de la capital donde se concentran muchas de las instituciones gubernamentales, y locales nocturnos y muchos comercios de productos de lujo. De noche toma un colorido especial, ya que se convierte en peatonal y se ilumina de modo futurista.

Entre las tantas iglesias que existen y prevalecen en la ciudad, destaca, más allá de la catedral la Iglesia de Santa Ana por su estructura gótica, completamente diferente a todo lo que se ve en la ciudad, para completar el combo, se trata de un complejo de dos iglesias conjuntas, unidas en su parte posterior, que son uno de los atractivos distintivos.

Y otra con una gran y particular historia, no solo por su valor arquitectónico sino también por sus idas y vueltas, es la Iglesia de San Casimiro, ya que es la iglesia barroca más vieja de la ciudad, que fuera luego convertida a una iglesia ortodoxa bajo la ocupación del Imperio Ruso, para luego ser convertida en iglesia luterana cuando llegaran los alemanes, y retornada a los católicos una vez finalizada la Gran Guerra, pero, no se imaginan qué le sucedió? Claro! Vinieron los soviéticos con la URSS y la histórica iglesia se convirtió en un museo al ateísmo!

Holocausto y post guerra

Existe un memorial del holocausto en la ciudad, que ha sido muy fuerte y se ha notado en la merma de la población. El 40% de los habitantes de Vilnius eran judíos, de los cuales solo quedan 3000 al día de la fecha.

Entre los callejones de la ciudad se encuentran muchos bloques vacíos que reflejan la destrucción de alguna antigua sinagoga, aunque la judería aún persiste y mantiene una parte de su estructura, es muy facil identificar las casas, ya que son aquellas que cuentan con una ventana amplia junto a la puerta, ya que la mayoría eran judíos comerciantes y se dedicaban a vender productos, atendiendo a clientes desde las mismas ventanas.

Pero lo que vino después no fue mucho mejor para los lituanos, ya que más de 300 mil fueron deportados a gulags rusos y muy pocos volvieron.

De esta etapa queda un registro en lo que fuera el edificio central de la administración de la KGB llamado Museo de la Ocupación y de las Luchas por la Libertad.

Lituania es un país sufrido, y se lo hacen saber al mundo con el rojo en su bandera. Sigue peleando para salir adelante con orgullo de su historia y de sus héroes, que no se rindieron nunca al yugo de los extremismos, y hoy pelea por crecer en un contexto donde su juventud emigra por la ausencia de oportunidades reales para establecerse.

República de Uzupis

Existe un distrito en la ciudad, algo apenas apartado del centro, cuyo nombre significa en lituano "del otro lado del río" ya que se ubica cruzando el pequeño río Vilna.

Allí habitaron muchos judíos que terminaron siendo forzados a abandonar sus casas y posteriormente la administración pro soviética no hizo demasiado por mantener las cosas ordenadas, el distrito se venía abajo, las casas fueron ocupadas por indigentes y gente de mala vida, era habitual ver prostitutas y vendedores de drogas. Para comienzos de los 90, cuando Lituania ganó su independence era uno de los distritos más postergados y olvidados de la ciudad.

Poco a poco se fue reconvirtiendo, y muchos artistas comenzaron a tomar las riendas (y las casas) interviniendo en las fachadas y calles, dándole color y vida, hasta convertirlo en el distrito bohemio por excelencia.

En 1998 los habitantes de la barriada decidieron declararse una república independiente dentro de la capital, para lo cual establecieron una serie de reglas para ser ciudadano de la misma, entre ellas, mantener la sonrisa y la expresión cultural como parte de la esencia.

Redactaron una constitución que hasta el mismísimo Papa Francisco bendijo en su visita a Vilnius, y celebran su día de la nacional cada 1ro de Abril.

Callejeando de noche

Para ser un recinto histórico tan pequeño tiene demasiados pasadizos y secretos para recorrer, y a su vez se convierte en un desafío interesante poder lidiar con esos escasos kilómetros cuadrados en poco tiempo.

En mi llegada a la ciudad, como es imaginable no me quedé sentado esperando que llegue el día siguiente y me dediqué a cambiar, hasta entrada la noche por diferentes lugares, el primero de ellos fue la Colina del Bastión, un punto elevado que permite contemplar la ciudad desde un punto alejado del pequeño río Vilna y de su unión con el más caudaloso Neris (río que que comparte con Kaunas).

Y de allí caminar y palpar algo de lo que pensaba recorrer con más calma al otro día, contemplar monumentos por la noche y sentir el vivir de la capital huyendo de la calle típica turística central.


En dos ocasiones hice escala en el Plus+++ bar que más abajo dejo referencias, uno se ubica a escondidas de otro bar más grande en la Gedimiro Prospekt en pleno centro de negocios, cerca de la Catedral, mientras que el otro se halla sobre el inicio de la Vilnius gatvé, en el otro extremo de la ciudad rodeado de bares y alternativas nocturnas.

Vilnius definitivamente tiene vida nocturna, la gente la aprovecha, el verano se deja disfrutar y en el invierno, saben cómo hacerlo también, la diferencia es que en verano por ejemplo me enteré que había fiestas "secretas" en los bosques (bueno, tan secretas no eran porque todos lo sabían...)

Y dado que que el mundo es un pañuelo (que muchos usan para secarse los mocos, lo se) lo curioso es preguntarse como llegan personas de Perú, Venezuela, España y Argentina a cruzarse en un bar en Lituania, y qué puede salir de todo eso: irme a dormir 3 horas más tarde y habiendo bebido 3 birras más de las que me esperaba.

Referencias de viaje

Como llegar

Avión
El Aeropuerto de Vilinus está conectado con prácticamente todas las capitales europeas, y conjuntamente con el Aeropuerto de su vecina Kaunas conforman un nodo que mantiene al pequeño país conectado con toda Europa e incluso algunos destinos asiáticos conectados culturalmente con Lituania.

Desde España hay vuelos tanto por Ryanair como por WizzAir y parte del año por Vueling.

Autobús
Es casi el transporte por excelencia en los países del Este y sur de Europa. Existe un esquema muy aceitado de transporte en autobuses y mini buses con los que puedes atravesar todo el territorio y conectarte con otras capitales del continente.

Para viajes en cercanía, puedes ver las alternativas, horarios y precios en AutobusbubiletaiComo referencia, el viaje entre Kaunas y Vilnius duró poco más de una hora y costó 7 euros.

Para viajes entre países, empresas como Eurolines, Ecolines o LuxExpress cuentan con servicios regulares a Riga, Tallin, Minsk, Berlin, Varsovia, entre tantos otros.

Ferrocarril
El acceso desde países de Europa occidental y los bálticos, e incluso entre los bálticos, por via férrea hasta que no se termine el Baltic Rail, es dificultoso.
La conexión es buena y regular para los ferrocarriles lituanos si se quiere viajar internamente, o bien a capitales vecinas del este, como Minsk, San Petersburgo o Moscú.

Los ferrocarriles lituanos brindan servicios interurbanos pueden conectar ciudades, por ejemplo entre Kaunas y Vilnius existen servicios diarios, pero al estar la estación de Kaunas afectada por obras había que trasladarse hasta otra estación secundaria, decidí optar por el modo más cómodo (por disponibilidad de horarios) y por cercanía de la estación terminal (en pleno centro).

Donde dormir

Existe infinidad de hoteles y hostales en la ciudad, a muy buen precio y también AirBnb mucho mejores incluso por el mismo precio.

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En lo personal decidí parar un en un hostal que dejaba algo que desear, pero hay tantas alternativas y los precios son muy accesibles que no vale la pena salvar unos euros apenas y poner en riesgo tu estadía.

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Qué comer

Si se quiere, desde un punto de vista muy abstracto, la comida es muy parecida a la rusa o polaca, pero seguramente si un lituano lee esto me va a matar.


Las comidas lituanas están basadas en las patatas y guisantes de todos los colores y orígenes (distinguían hasta las que venían de Letonia) y la carne de cerdo.

Eso si, tienen su propio borsch, llamado Šaltibarščiai (si, te quiero ver pronunciarlo!!!) que es una versión de la clásica y conocida sopa que se sirve fría y tiene un color morado que parece un postre helado.

La recomendación es que vayan a un lugar tradicional, y se dejen sorprender al no entender el menú en idioma local, ni su traducción al inglés.

En mi opinión, el mejor lugar para comer barato y casero, y beber buenas y variadas cervezas es optar por uno de los Snekutis (hay 3 en la ciudad)

Para ir a tomar algo, en un ambiente bastante juvenil (bueno, digamos que me tuve que camuflar un poco en esta), el bar PlusPlusPlus es un buen punto de referencia, hay poco para comer pero de todo para beber (también hay 3).

Los elementales

Es en esta parte donde me tengo que poner crítico y ser bastante objetivo: el distrito histórico es pequeño y lo recorrí a pié de arriba a abajo dos o tres veces, creo que con un día de visita a esta sección alcanza, creo que eso es una parte importante de la visita pero el verdadero sentido es permitirse tiempo para salir de este circuito y profundizar más en los alrededores y lados grises.
Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí
 
 
 

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Tenía dos grandes motivaciones para cruzarme a Suecia, la primera y más banal si se quiere, es poder decirlo, "estuve allí" pero no era la más profunda, ya que tarde o temprano sabía que iría a recorrer estas remotas y prometedoras tierras escandinavas.

El otro motivo es que la obra de ingeniería del Puente de Øresund, el cual se veía a lo lejos desde la capital danesa, llamó mi atención desde que tuve noción de la envergadura de tamaña obra.

Existe una pequeña motivación más, muy simple, y es que una vez en Copenhagen, son apenas 40 minutos de viaje en tren, y ya es sabido que la combinación tren, puente sobre el mar y ciudad en país nuevo, eran irresistibles.

Cruzando el charco

A escasos minutos de la capital danesa, cruzando el Estrecho de Øresund se encuentra Malmö, la tercera ciudad en importancia del vecino país de Suecia

Casualmente son ciudades muy conectadas, históricamente, ya que durante mucho tiempo la región de Escania (si, la que da origen a los camiones) fué parte del Reino de Dinamarca, y en el año 2000, pese a no ser parte ya del mismo país, la conexión volvió a ser estrecha con la construcción de una civil descomunal conocida como el Puente de Øresund que no solo incrementó el flujo comercial y quitó el monopolio de los ferries, sino que conectó a Suecia directamente por carretera y ferrocarril al continente europeo.

Si bien el ferry aún puede utilizarse, el costo de hacerlo es brutal en comparación con las otras opciones más rápidas y sencillas como el bus o el tren.

Tan importante es el puente que no solo representa un medio de transporte, sino un incremento en la actividad económica y en la integración e interacción de ambos países, al punto que existe una serie muy famosa llamada El Puente que relata un asesinato ocurrido en este mismo lugar (los yankees la adaptaron a su mundo, pero la versión original es una co production danesa y sueca).

Orden y progreso

Si Copenhagen me parecía una ciudad ordenada, del otro lado no es la excepción.

No bien salir del tren en Triangeln, una estación previa a la central, gigantesca, una vez más el silencio, en una zona de tránsito y movimiento. Debí montar un autobús y alejarme de la zona céntrica unos pocos kilómetros hasta el departamento donde me alojaría, un bloque moderno pero austero sobre una de las calles principales Södra Förstadsgatan, pero en las afueras. 

El barrio no decía mucho, mantenía la austeridad y siendo una ciudad de 300 mil habitantes, a escasos kilómetros del núcleo ya se podría considerar una barriada exterior. 

A escasos 500 metros se encontraba el estadio del equipo local, el Malmö FF otro que coquetea con las Champions Leagues y donde el mítico Rikard Norling supo dirigir un tiempo, y tal vez Uds. no lo conozcan, pero Rikard es una figura en el fútbol sueco, no por su habilidad como jugador ya que jugó poco tiempo debido repetidas lesiones, sino a su personalidad como entrenador. Los "Gallegos del Bajo Flores" lo conocemos ya que vino a hace cátedra y aprender del fútbol argentino, nada más y nada menos, que en el Deportivo Español.

Dentro del orden y el silencio, en otro día soleado atravesando el parque me encontré con dos estadios, cosa que pensé que no sería posible más que en Argentina, pero en este caso uno era el estadio municipal, antiguo y aún en buen estado y uso, mientras que el cubo que lo acompañaba era el moderno estadio donde el equipo intenta avanzar en las copas internacionales.

Nuevamente, el día me invitaba a seguir pateando, y la ciudad quedaba para el otro lado. Atravesando todo a mi camino, me perdí en el Pildammsparken cruzando su lago y el pabellón de Margaretta hasta adentrarme poco a poco en la ciudad.

Hasta aquí, sin sorpresas. Orden y progreso.
Entre medio de olores, sabores y estridencia del Malmöfestivalen lo primero que noté es la presencia de gran cantidad de extranjeros, lo cual, no cambia mucho de lo que habitualmente se ve en Europa, ni mucho menos en Copenhagen, pero en este caso lo llamativo es la gran cantidad de musulmanes que emigraron y residen en Suecia.

El gran sueño sueco radica en la necesidad de un país de poblarse, y en una decisión de admitir refugiados y abrir las puertas a la inmigración, algo curioso en una sociedad particularmente individualista y cerrada (y no por eso significa que sea discriminadora).

Malmö es una ciudad jóven, con un promedio de edad de 35 años y una diversidad enorme que supera las 130 nacionalidades distribuidas en poco más de 300 mil habitantes.

Gran parte de este proceso de apertrura a la inmigración se refleja en el model de vida que el estado decidió apoyar y promover. La raíz de la sociedad sueca, el individuo es un ser independiente, y el estado, allá por los años 70 decidió poner las medidas necesarias en la mesa al alcance de los individuos para garantizar esta condición.

La sociedad es individualista, y el estado de bienestar sueco garantiza que la persona como tal pueda desarrollar su vida de manera independiente en su totalidad. Las medidas del estado han hecho posible que un abuelo sea independiente de sus hijos, que los padres sean independiente de los niños y hasta que los niños lo sean de sus padres. 

El ejemplo máximo de independencia del individuo es que la mujer si lo desea puede ser madre soltera, existen los medios para garantizar que se auto insemine de manera que si deseo intrínseco es ser madre, pero no lidiar con una pareja que altere su ritmo de vida, lo pueda llevar a cabo sin problemas.


Este nivel de abstracción de la persona como ser independiente, trae aparejados otros problemas, como por ejemplo, la soledad, la muerte en soledad, la indiferencia del vecino y la nula interacción entre la sociedad. La familia deja de ser el núcleo social, pasa a ser el individuo.

Un excelente documental que relata este proceso llamado La teoría sueca del amor se puede ver en YouTube dura poco más de una hora y es ilustrador (gracias Langalay por la recomendación!).

Festival de Malmö

Pura casualidad, mi visita coincidió con la festividad local, el festival mayor de la ciudad, con un día fantástico, soleado y un clima agradable, la ciudad abrazó las calles, la gente se aglomeró en las plazas del casco histórico, donde se posaron decenas de puestos de comidas de todos lados del mundo, al punto que me detuve a comer comida de Gambia para rememorar mi dificultoso paso por aquel país africano.

El núcleo céntrico de la ciudad, el más antiguo, está demarcado por el canal Rörsjökanalen conformando una cuadrícula casi perfecta, entre el agua y la estación central que parece, en su interior, un shopping perfecto, sin gente.

Dentro de esta cuadrícula, en la plaza Gustav Adolfs torg poblada de puestos de comida, se alzaba un escenario secundario, donde la música que sonaba era mayoritariamente de estilo pop árabe si se quiere, y en su explanada se disponía centenar de personas, familias y niños de la etnia a disfrutar de su estilo musical de preferencia.

Siguiendo el tumulto por la Sodergatan, la peatonal que conecta con la plaza del ayuntamiento Stortorget, repleta también de gente y puestos de comida y chucherías, globos y adornos, y particularmente el furor que representaban los "Churros Españoles" en la oferta gastronómica, desemboqué en la plaza principal, con la idea de poder contemplar el ayuntamiento, un edificio gótico de esplendor, que estaba casi tapado en su totalidad por el escenario mayor del festival.

Poco más allá, topando con el otro límite de la cuadrícula céntrica, se disponían los juegos y atracciones, infaltables en cada fiesta mayor: las sillas voladoras, autitos chocadores, el martillo y todas esas cosas con luces estridentes que atraen a los adolescentes y a grandulones a montarse y gritar cuando se ponen en marcha.

Confirmado, Malmö celebra la fiesta a lo grande, y lo festeja como en el sur de Europa, nada que envidiarnos.

Al caer la noche, tuve la suerte de deleitarme con la música de Danko Jones y descubrir la fuerza de una banda indie rock sueca llamados The Sounds que acababan de tocar unos días antes en Coruña, y de la mano de su cantante, Maja Ivarsson le pusieron el broche de oro a la noche dejando la vara muy alta y con un grato sabor auditivo que no me esperaba (les dejo acá un fragmento de una presentación en vivo)

Recorriendo por aquí y por allá

Algo que me llamó mucho la atención fue que todo el español que escuché del otro lado del estrecho, en este lado ya no abundaba, de hecho escaseaba notablemente. 

Con tan poco tiempo para disfrutar la ciudad, me sumé a hacer un tour libre y al momento de presentarse, era el único hispano parlante. Me sentí muy lejos de casa.

Del recorrido por los recovecos del centro convulsionado por el festival, desde luego que recuerdo haber visitado la iglesia Sankt Petri Kyrka exactamente a la vuelta de la plaza del ayuntamiento. Otro edificio que definitivamente destaca pero que se ocultaba a espaldas del escenario.

Lo que si se dejaba ver, junto a él era la vieja Apoteke Lejonet, que es la farmacia más vieja de la ciudad, y uno dice que tiene de gracioso o curioso, sencillamente que sigue funcionando en un edificio muy pintoresco en plena plaza central.

Junto a la plaza  Gustav Adolf torg, si se quiere la plaza secundaria, y no porque sea pequeña porque para eso existe la Plaza Pequeña (Lilla torg) literalmente que era la del mercado, se encuentra el cementario Uppsala gamla kyrkogården (si quieren ver los personajes enterrados aqui), tradicional ya por estos lados, uno puede recorrerlo y visitarlo y eso hicimos, lo tuvimos que atravesar de punta a punta disfrutando de las lápidas pulidas y de un cementerio pulido.

Al otro extremo se abre el camino a la confluencia de los canales, y se encuentra uno con el Casino de Malmö, uno de los pocos que hubo en el país escandinavo, ya que el juego está muy regulado, conjuntamente con el alcohol, un problema que azotó al país durante años. Esto no quita que la gente no se emborrache, pero han tomado medidas que han ayudado, entre ellas, impositivas, y prohibitivas, del estilo que no se puede vender en las calles alcohol de más de 3.5%.

Un paisaje bastante diferente comienza a abrirse adelante de los ojos, ya que alejado de los edificios, uno se adentra en una zona boscosa y de parque, con algunos caserones que destacan pero sobre todo rodeado de canales que algunos disfrutan navegando, otros pescando.

Al cruzar, lo primero que te encuentras a pleno sol, es el jardín de la ciudad, o mejor dicho, la huerta pública de la ciudad, abierta a todos con la condición de que no se roben las frutas y verduras salvo que contribuyan a su cultivo. Detrás, se erige el Molino del Castillo, una figura que uno no imagina ver por estos lados y asocia más a los Paises Bajos, pero esto también se veía del otro lado del estrecho en el Kastellet de Copenhagen.

Y si, he dicho Castillo, por que Malmö tiene su fortaleza que funcionó curiosamente como uno de los valuares más importantes de Dinamarca durante muchos años. Posteriormente se usó como prisión, y hoy por hoy la estructura se asemeja mucho más a ella que a un propio castillo. Hoy es un museo de arte.

En la puerta, al momento de mi visita, destacaba un autobús blanco con signos de la Cruz Roja, y proyecciones en su interior de videos documentales sobre el rol que cumplieron en la Segunda Guerra. Los Autobuses Blancos fué el nombre con el que se los conocía y tenían una misión humanitaria ya que al ser considerado Suecia un país neutral, los nazis le permitieron circular libremente al rescate de ciudadanos suecos que fueran prisioneros o heridos. Desde luego estos liberados debían ser suecos, pero en las caravanas y convoyes había mucha más gente que terminaba siendo rescatada. El periplo que debían pasar estos autobuses era enorme para llegar hasta los territorios con prisioneros y poder volver por los caminos ocupados por Alemania con el peligro que eso implicaba, hasta llegar a cruzar por ferry a territorio sueco. En el Castillo, funcionaba la base de estos autobuses, al ser el punto más al sur del país por el cual conectarse con el continente.

El recorrido siguió en la calle Jacob Nilsgatan, la más colorida y más vieja de Malmö, con un aspecto bastante alterado ya que la modernización comenzó a hacer estragos hasta que la frenaron, y terminó en la Lilla torg)

Y mi ímpetu me llevó a tomarme un autobús e irme a la playa de nombre impronunciable Ribersborgsstranden, porque si había sol, en Suecia, se va a la playa, aunque el viento no deje hacer más que esconderse y tomar algo caliente. 

Lo que me sorprendió de esta etapa era que el autobús iba repleto de gente, todos bajaban en las playas, y ahí se tiraban al sol, aunque protegidos del viento, algunos valientes nos fuimos a la playa, yo me senté a tomar un café, incrementando la estadística de consumo de café sueco (el segundo país del mundo en litros de café por persona).

Sin saberlo, esta playa cuenta con un área de recreación con baños termales que se adentra en el mar, son privados, hay que pagar para disfrutarlos desde luego, pero son famosos, de hecho son una postal de la ciudad, y los paisanos pueden pagar una cuota anual y visitarlo libremente todo el año.

A lo lejos, hacia el horizonte, de un lado la silueta del Puente de Oresund, al otro lado, el edificio emblemático del polémico Calatrava, el Turning Torso de Malmö, el rascacielos más alto de la ciudad en el moderno barrio de Västra Hamnen (Puerto Oeste) que supo ser un bastión industrial y portuario de la ciudad, y hoy se denomina como el Districto Innovador de Malmö.

El torso refleja justamente eso, intenta mostrar cómo la ciudad está torciéndose y sigue evolucionando desde una época donde la industria pesquera y naviera era la fuente de ingresos, a algo totalmente diferente. 

Lamentablemente el edificio no tiene acceso a la terraza, pero si lo tiene el Skybar de la torre más alta del hotel Clarion a escasos metros de la Estación Central, aunque la no noticia es que no pude subir, debido a la fiesta, estaba cerrado hasta el viernes.

Referencias de viaje

Como llegar

Desde Copenhagen tanto en bus como en tren las opciones son las siguientes:
  • FlixBus ofrece varios servicios diarios desde 4,90 euros
  • Øresundstag el ferrocarril que conecta diariamente Copenhagen con Gottemburg a razón de 12 euros por trayecto.
El ticket del Øresundstag es válido para transportarse en Malmö y se puede usar el transporte libremente en la ciudad 
Si el destino de tu viaje es directamente Malmö es muy probable que tengas más alternativas de llegar al aeropuerto de Copenhagen, con muchas más opciones, aunque la ciudad cuenta con un aeropuerto pequeño que opera rutas interiores.

El mismo Øresundstag pasa por el aeropuerto y Flix Bus tiene opciones que también pasan por la terminal.

Desde Estcolomo existen vuelos y desde luego el tren hasta la estación Malmö C y para los amantes de los viajes acuáticos, existen ferries para conectar con Finlandia.


Puedes ver otras opciones para tus tralados aquí

Cómo moverse

La ciudad es pequeña, se puede recorrer fácilmente a pié y lo más alejado que uno puede llegar es la playa, hemos de ser realistas en una visita de un día no se puede pretender ver todo y hay que acotar el recorrido.

La ventaja de haber viajado con el Øresundstag es que pude utilizar el transporte público todo el día, básicamente, autobuses que son el centro del movimiento urbano.

Con tan poco tiempo sumarse a un tour es una buena alternativa.

Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí

Dónde alojarse

Como todo país nórdico, Suecia tiene precios elevados, por lo que todo depende del presupuesto con el que uno viaje.

En mi caso me alojé en un departamento compartido que encontré en AirNbn que costaba la mitad de lo que costaría un hotel.

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De cualquier modo alternativas hay para el gusto del consumidor, si lo que prefieres es buscar un hotel aprovecha y usa el descuento de Booking:


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Qué comer

La comida más tristemente célebre de Suecia son los Köttbullar, básicamente, las albóndigas suecas que sirven hasta en los restaurantes de IKEA.

No se destacan mucho más que sus vecinos del sur, la comida es base de vísceras muy parecida a la escosesa (haggies) y a morcillas, pero también al delicioso arenque, el bien más preciado de la gastronomía nórdica en mi humilde opinión.

Pero si los daneses tienen el hygge los suecos tienen otra costumbre que también se trata del disfrute y se llama fikka que no es ni más ni menos que la pausa del café, esa en la que se detienen a tomar un rico café con algo dulce, una costumbre muy arraigada.

Está repleto de lugares que ofrecen directamente fikka en sus carteleras, y cada uno ingresa y elige con lo que desea deleitarse.

Los elementales

  • Perderse en el centro sin dudas es una tarea que han de hacer.
  • El castillo
    (hoy es un museo de historia nacional y de arte)
  • La playa
    (si el clima lo permite, al menos para aumentar la cuota de café de los suecos, que son los segundos consumidores del mundo)
  • Ribersborgs
    (y si se animan a entrar a sus baños de aguas termales)
  • Skybar del Hotel Clarion
    (cuenta con un bar de precios razonables para los valores suecos, y de libre acceso... cuando está abierto desde luego)
  • Visitar el distrito moderno de Västra Hamnen.

Todas las fotos AQUI o sígueme en el feed de @escepticoobservador

Malmö por un día

lunes, 2 de septiembre de 2019
Tenía dos grandes motivaciones para cruzarme a Suecia, la primera y más banal si se quiere, es poder decirlo, "estuve allí" pero...
Estaba decidido a visitar el pequeño pero poderoso reino de Dinamarca hace años y aproveché un impasse del que dispuse, hice fuerza, ajusté los números y me embarqué en pleno Agosto y en el camino encontré una ciudad que no defraudó. 

En perfecto orden, con mucho más sol del que imaginaba y en efervescencia turística, con la particular presencia de gran cantidad de argentinos y sudamericanos que vienen a la aventura.

En los párrafos siguientes los invito a zambullirse en las frías aguas del canal de Copenhagen y deambular por la ciudad aprendiendo un poquito en cada palabra.

La ecuación económica

Decidir ir para el norte de Europa, para alguien que viene desde el Sur del mismo continente, o mismo, del sur del mundo, es un desafío de cálculo numérico. Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega se dice que son los países con mejor calidad de vida, pero a su vez, los más costosos de Europa.

Sin tener donde hacer pié, ni haber cuadrado contactos por la urgencia del viaje, decidí hacer frente a los costos que implicaría el viaje por mi cuenta, como generalmente hago, pero sin tener demasiados puntos de referencia en el país de la Reina Margarita.

Si bien Dinamarca forma parte de la Unión Europea, sigue manteniendo su propia moneda, la Corona Danesa (ver cotización) pero esto no representa ninguna dificultad, ya que al tratarse de uno de esos "países avanzado", no es necesario utilizar efectivo. El cambio, numéricamente, es favorable al Euro, en mi viaje la relación estaba en orden de 7.4 DKK a 1 euro, pero, lo particular de Dinamarca es que los precios de por si son altos, por lo que el cambio favorable no ayuda demasiado.

Para darse una idea de los precios, un café, de filtro, el más barato, ronda los 2.5 euros, una comida callejera en un food track llegar a los 16 euros, y una cerveza tirada rondar los 9 euros. Hay opciones más baratas desde luego, los que aprendimos a vivir y sobrevivir en el "culo del mundo" siempre encontramos la manera de mantener costos mínimos.

Llegada a la ciudad

Lo primero que me llamó la atención de la ciudad, al salir del metro en una estación algo apartada del centro, fue el silencio. 

Salí de la mega obra civil que representa la existencia de un metro en una ciudad rodeada de canales, y a medida que fui avanzando el paso perdiéndome en las calles de la barriada de Norrebro, me dirigía hacia la zona de los lagos y el silencio era por momentos abrumador, pero relajante. Será que admiro enormemente el silencio, lo aprecio y se valorarlo, y admiro a quienes respetan el silencio ajeno, algo que en la cultura latina de la que provengo y en la que vivo, no se entiende, qué es eso de respetar el silencio ajeno, cómo no voy a poder poner reggaeaton en mi casa a todo volumen con las puertas abiertas, a mis vecinos les tiene que gustar también.

El día estaba increíblemente soleado al punto que daba gusto estar en la sombra por momentos, aunque no mucho, porque el frío al rato decía presente con ráfagas de viento que son constantes, por la situación geográfica de la ciudad. 

Como es sabido, los inviernos son largos y oscuros, comienzan a fines de septiembre y para octubre ya la noche se hace larga, al punto máximo me llegaron a decir que a las 15:30hs la claridad, o si se tiene suerte, el sol, desaparece, y la noche se apodera del ambiente.

El fenómeno del viento es intenso, hay temporadas donde el viento es tan fuerte que se suspenden las actividades, y esto debido a que se encuentra entre mares, con correntadas que vienen del Mar del Norte y el Mar Báltico

Este fenómeno se extiende en gran parte del pequeño país, lo cual les da la posibilidad de aprovechar la generación de energía mediante parques eólicos incluso marinos.

Me detuve en los lagos a comer un bocadillo importado desde España, más tarde tomaría un café, me abastecería de alguna fruta y frutos secos para tratar de evitar la necesidad de detenerme a comer en algún sitio y seguir andando. Maximizar el tiempo como quién dice.

El largo camino por Copenhagen

Mi alojamiento fue en uno de los tantos modernos hostels de la ciudad, Steel House, lo elegí simplemente por tirar la moneda, eran todos igual de costosos, pero pronto descubres que no solo son modernos sino que automáticos y casi no tienes ni que tratar con la gente, muy nórdico tal vez eso del trato. Lamentablemente cobran por extras por todo, incluso por llegar antes y tener que dejar la mochila reposando en un locker durante todo el día. Ahí otro ejemplo del costo de vida danés, 4 euros por depositar mi mochila en un locker automático.

Huí, no quería estar dentro, el día invitaba a estar fuera, las nubes que van y vienen, estamos en el norte, puede llover en cualquier momento, y los locales lo saben, si hay algo que saben hacer es maximizar su tiempo al aire libre, cuando el clima dispone, se agolpan a las calles a hacer actividades, disfrutar del fresco, de los rayos de sol, incorporar vitamina D y estar fuera por todo el tiempo que en el invierno tendrán que pasar dentro.

Poco tardé en descubrir que Copenhagen es que es una ciudad completamente llana, en un país completamente llano (su punto más alto es de 170 metros sobre el nivel del mar) lo que la convierte en un paraíso para ciclista: todo está preparado para ellos, y van de lado a lado a toda velocidad por sus carriles. Otro medio de transporte que está de moda es el monopatín eléctrico: se encuentran por todas las calles, con una app se desbloquean y se cobran por minuto.

Son dos excelentes medios de transportarse en una ciudad que carece de una buena conexión de metros, pero no desesperen, porque está completamente en obras ya que se están concretando dos líneas más transversales, por lo que estaba bastante revolucionado todo en mi estadía (al punto que si te fijabas en Google Maps aparecen las estaciones de metro que aún no están concluidas y es algo confuso).

Tomas un mapa y comienzas a tratar de trazar líneas, marché con rumbo a la Estación Central para ubicarme y saber nadar en ella puesto que a mi siguiente escala llegaré desde la mismísima estación.

Al frente se encuentra el Tívoli, uno de los parques de atracciones más antiguos de Europa, abierto en 1843, tiene unos jardines muy famosos y todo los sitios que hablen de la ciudad te dirán que los visites, de mi parte, pasé de ellos, porque ahí mismo recibí el consejo de que si no te subes a ningún juego, no vale la pena pagar la entrada.

Al finalizar el que delimita el parque, se encuentra uno con Rådhuspladsen (que se traduce como Plaza del Ayuntamiento), centro neurálgico de la ciudad, siempre en actividad, y en esta ocasión no era excepción, me crucé con una feria de productos thailandeses.

A partir de este momento, se abren las puertas de la zona histórica de la ciudad, las callejuelas y la auto proclamada zona peatonal más grande de Europa, algo que dificilmente pueda comprobar, ya que al cruzar el Estrecho de Oresund se reciben las mismas noticias de la capital del país vecino (Suecia).

A partir de este momento el viaje se volcó a otra dimensión, por un lado, comencé a tener contacto con la historia de la ciudad, pero a su vez con la comunidad de argentinos que allí reside. 

Perderse en el centro

Desde el momento que me ensimismé en el Sandelmans free tour de la ciudad, comencé percatarme que comprender la historia de la ciudad no sería el objetivo, dejé de lado la quimera de recordar los nombres de todos los santos y personajes importantes, y me dejé llevar por el recorrido y tener algo de contexto.

Solo he de destacar que Absalón fué el arzobispo de la iglesia católica al que se le atribuye un crecimiento exponencial de la ciudad allí por el año 1100 y de él se verán figuras a lo largo de la ciudad, pero son las que destacan en el edificio del ayuntamiento. Y el otro personaje de relevancia es el rey Cristian IV (y ya estamos hablando de los 1500) quién bajo su reinado, convirtiera la ciudad en una potencia económica y militar en la región.

Y cuándo no los ingleses hicieron de las suyas, cuando a principios del 1800 quisieron evitar que la ciudad se entregase a Napoleón, sometiéndola a un bombadeo de varios días y generando una crisis de la que costó años recuperarse.

Vestigios de la vieja ciudad amurallada se vislumbran en la plaza de Nytorv donde se erige el Palacio de Justicia y encontramos construcciones con rasgos de aquella época sobre la calzada de Magstraede, una de las más viejas calles de la ciudad, donde abundan sus casas coloridas, con techos a dos aguas y los imprescindibles ganchos para subir material al altillo.

Aquí uno aprende lo que cotiza el sol: las calles de la calzada donde el sol se pone, es decir, aquellas que reciben unas migajas más de sol durante el día cotizan más que las casas de la acera de enfrente.

Siguiendo la calzada pronto uno se haya caminando a orillas del canal Nybrogade y desemboca a la estatua de don Absalón. Al otro lado, sobre el islote de Slotsholmen, en una zona monumental, se erige el Palacio de Christiansborg que es la sede del Parlamento de Dinamarca.

Una de las cualidades inocultables de la ciudad es la presencia de decenta de cúpulas que desde luego datan de diferentes iglesias que existieron haciendo culto tanto protestante como católico, muchas de estas, ya no son tales, como bien ocurre en Amsterdam, al quedar en desuso o debido a su costoso mantenimiento, se alquilan para otros fines, sin ir más lejos, en la Catedral es común ver espectáculos y proyecciones en su interior.

Poco falta para llegar a la Nueva Plaza del Rey (Kongens Nytorv) que bien se podría llamar Plaza del Teatro, allí confluyen una serie de edificios monumentales, entre ellos, el Teatro Real, por supuesto, hoteles de lujo y tiene inicio la calle peatonal "más larga" Ostergade, que forma parte de la anteriormente mencionada Strøget (denominada la más grande del continente).

A escasos metros comienza una de las zonas más pintorescas y llamativas, convertida en la postal exclusiva de la ciudad en los últimos años, el llamado Puerto Nuevo (Nyhavn), lugar que no fuera otra cosa que el puerto donde desembarcaban pescadores que lo único que buscaban eran mujeres y bebidas, y con la intervención del ayuntamiento se convirtiera en una zona de bares exclusiva, colorida y muy atractiva que determina un centro de congregación social importante en la ciudad vieja.

Es imposible no reconocer que este sitio tiene atractivo, con tanto color, y particularmente con el día soleado que me tocó visitarlo, lo convierten en una parada obligada, ya sea para la simple foto, o, permitirse alguna bebida o una comida si el bullicio no los molesta.

Otro atractivo de este pequeño espacio de no más de 3 calles de largo es que en el número 20, una de las casas, la colorada con vivos blancos, el famoso escritor danés Hans Christian Andersen vivió durante casi 20 años. Este hombre, así como lo menciono a muchos puede no sonarle, pero escribió obras tan conocidas como La Sirenita, Pulgarcito y el Patito Feo (este último inspirado en sus propias vivencias y frustraciones).

A escasos 200 metros nos encontramos con el Palacio de Amalienborg, un conjunto de 4 palacetes de estilo Rococó que son la residencia real de invierno, ya que en verano se van a pasarlo a palacetes con mucho más esplendor en zonas alejadas para estar tranquilos.

Es un plácido lugar con una plaza central, guardias con sombreros graciosos que hacen los cambios cada mediodía, y vista hacia un extremo, el enorme domo de la Iglesia de Mármol y hacia el otro extremo, ya del otro lado del canal pero con visión directa desde el centro del complejo de edificios (se dice que todos interconectados por debajo) el moderno edificio de la Opera, con su estilo que asemeja a la vista un transportador de contenedores, ya que ha sido financiada por la enorme naviera Maersk, una de las empresas danesas más grandes y con más poder y aporte al PBI nacional.

Al alejarse de la zona monumental por uno de los vértices de Amalienborg, puntualmente por la Amaliengade, al finalizar la calle nos topamos con la fortaleza del antiguo Kastellet que formara un bastión defensivo de la ciudad construido en la época de Christian IV cuando se decidiera su fortificación contra invasiones, hoy es un complejo histórico pero fundamentalmente, forma parte del patrimonio público. Es un hermoso parque para visitar, rodeado de agua y una estructura de estrella con un talud defensivo, en su interior cuenta con museo, iglesia y un molino de viento.

Otra de las postales clásicas de la ciudad es la de La Sirenita, créanme que ni siquiera sabía donde estaba, pero caminando, hacia donde mis piernas me llevaran, encontré a un grupo de chinos haciendo malabares y poniendo en riesgo su vida para sacarse una foto junto a una estructura diminuta junto al mar, ahí caí que se trataba de la famosa estatua, se ubica sobre la costa junto al Kastellet, y si se mueren de ganas, pueden ir andando, mi consejo, no vale la pena ir solo por eso.

Dejarse llevar por la curiosidad

Si solo me limitase a visitar el centro de la ciudad, creo firmemente que con un día completo, alcanzaría para un pantallazo, pero la ciudad va más allá y decidí dejar para otra jornada el espíritu andador, mis pies me llevan, la curiosidad me motiva.

El recorrido de mi siguiente día fué libre, totalmente libre y alternativo, comencé por alejarme y desde la estación me tomé el tren hasta Østerport, que pareciera muy lejos pero no es mucho más que lo que anduve el día anterior. Desde allí fué todo andar y andar.

Me acerqué hasta el mayor estadio del país, el Parken, donde hace las veces de local el FC Copenhagen que frecuentemente disputa las fases finales de la UEFA Champions League.

Asombrado por el silencio y por ráfagas bastante intensas de viento, pero siempreo con el sol de mi lado, desandé mi camino hacia el sur a pié, cruzando uno de los grandes parques de la ciudad, el Fælledparken hasta comenzar a adentrarme en la barriada más popular de Nørrebro, una zona si se quiere algo más alternativa, donde abundan squatters, y hubo casos de escaladas de violencia contra la policía en intentos de desalojos allá lejos por los 80's. Es una zona algo más alternativa, pero no deja de mantener el orden de la ciudad, en alguna parte se dejan ver algo más de extranjeros, pero nada que resulte fuera de lo común para una ciudad ordenada.

Mi objetivo era poder alcanzar uno de los tantos cementerios parque, porque si hay algo que admiro de estas civilizaciones con influencias vikingas (tanto como en Escocia que también tiene influencias vikingas) es que los cementerios son parques donde se puede pasear, donde no hay miedo de meterse y perderse entre donde yacen los muertos, que al fin y al cabo son los que menos miedo dan, son mucho más peligrosos los vivos.

En el Assistens Kirkegård yacen los restos del famoso escritor Andersen, con cuya tumba de casualidad me crucé, siguiendo los carteles, en un paseo repleto de transeúntes, familias, niños jugando y curiosos paseando.

El descanso a pleno sol, para recargar energías fué en el paseo de Torvehallerne, a pasos de la estación Nørreport, un mercado a lo danés, ordenadito de pies a cabeza, donde en una parte se venden mercaderías y en otra es un patio de comidas de todo el mundo. Empanadas argentinas no podían faltar, en un sitio llamado La Boca, atendido desde luego, por chicas argentinas.

Ciudad Libre de Chrisiania

Después de reponer energías al sol disfrutando de algo de comer, con el estómago lleno pero la boca seca, me fui directo al extranjero: la Ciudad Libre de Christiania es un estado proclamado independiente del estado danés, y desde luego de la ciudad de Copenhagen.

Ubicado justo detrás de una de las zonas más chetas y caras de la ciudad, la barriada de Christianhavn, algo así como un Puerto Madero de la ciudad, al otro lado del canal, a espaldas, se encontraba una vieja instalación del ejército que allá por los 70' una oleada de hippies decidió abrir al uso público para que hubiera más sitio para que los niños pudieran jugar. Poco a poco esto se fue convirtiendo en una zona de edificios ocupadas y casas tomadas. Hoy la ciudad libre está celebrando su 48 aniversario.

Con el tiempo, una comunidad auto organizada comenzó a establecer reglas para la convivencia, y se comenzó a gestar una comunidad donde entre otras cosas, los impuestos y tasas de la ciudad no valen, donde se promueve la libre circulación de drogas blandas y donde la vida en comunidad tiene prioridad.

Tras varios intentos de desalojo, el ayuntamiento les permitió quedarse como experimento social, y si bien la venta de drogas no está permitida en Dinamarca, los habitantes de la ciudad promueven su libre circulación, han instado al municipio que promulgue leyes al respecto pero no han prosperado.

Hoy se lo conoce como un lugar donde adquirir drogas en la ciudad, sinceramente creo que es más que eso.

Si bien en muchos portales se habla con cierto temor de las cosas que pueden pasar en la zona, realmente si las cosas van a mayores, la policía está controlando y salvo que uno vaya intencionadamente a tomar fotos a la gente que allí hace su vida, cosa que puede molestarles si no se le pide permiso primero, no creo que pase a mayores. De hecho en mi visita, la zona de acceso es sumamente turística, muchísimos curiosos van por sus pasadizos y callejuelas improvisadas visitando los edificios y comercios libres de impuestos, cosa que eso significa mucho en los precios inflados de la ciudad.

La afamada calle de acceso es conocida como la Pusher Street, porque se dice que allí se agolpan los vendedores de drogas y pueden generarse momentos de tensión. En mi opinión eso no es tal, la verdad que he visto los vendedores de drogas con puestos super organizados montados en la calle, sacan sus sustancias, las ponen en una caja cual muestrario y la gente pasa y elije, si se acerca la policía se esconden, no creo que hayan presionado a nadie  para que les compren.

También existe la posibilidad de interactuar con los habitantes, e incluso hay algunas visitas guiadas que son explicadas por ellos mismos, yo he visto como una señora con toda la apariencia hippie a cuestas explicaba a un grupo como vivían y se organizaban, mostraba los huertos y los edificios.

Yo me dediqué a pasear y escaparle al turismo, me perdí por los pasadizos, compré una birra muy barata y me senté a disfrutar del sol a orillas del canal exterior, antes de cruzar el puente y deambular por la zona urbana, donde muchos de los habitantes siguen armando sus casas, donde la comunidad ha ido comprando terrenos a la ciudad pero estos no son de nadie, sino de la propia Christiania. Comunidad, ecología, hippies en estado puro.

Acento argentino

Tal como lo titulo en la nota, lo dejé caer en varios pasajes del texto, en Copenhagen se habla danés, el inglés es super normal y todos lo entienden, pero también se habla español, pero con acento argentino.

Ya desde el free tour que me crucé con el primero de ellos, lamentablemente no recuerdo su nombre, pero el guía era de Río Tercero, provincia de Córdoba y su acento era innegable, llevaba ya un tiempo disfrutando de la vida en la capital danesa y decía que le costaba cada vez más regresarse de Argentina, pero que su próximo plan era tomarse unos meses de viaje por países más baratos (un plan envidiable sin duda!).

En el grupo, me crucé con Melisa, vecina de Mataderos, casi que nos habremos cruzado alguna vez en mis últimos años trabajando en la zona, eramos de la barriada. Llevaba apenas dos días en la ciudad, y había dejado un trabajo estable en Buenos Aires para venirse a la aventura de vivir algo diferente.

También estaba Laura, de Carlos Paz, llevaba una semana y estaba contenta por haber podido desbloquear los trámites necesarios para poder comenzar a trabajar formalmente (empadronamiento, número de seguridad social, etc) y dejar de hacer voluntariados para pasar a la acción.

En el grupo estaba la única argentina turista que crucé, Vanesa, de Agronomía, venía de viaje trasde no haberse tomado vacaciones por mucho tiempo y hacía escala en la capital danesa para visitar a su prima, otra argentina que estaba viviendo la aventura nórdica que quería comenzar a vivir Melisa y Laura.

Al día siguiente, caminando por los pasillos de Christianía mientras nos detuvimos para acariciar un curioso gato danés de color anaranjado, me crucé con Pablo, de Carlos Paz (no es casualidad, pero ya conocía a la Laura de Carlos Paz de más arriba) que venía paseando con Valentina, que le daba otra tonada al acento de por allá abajo, ella era chilena y estaba acompañada del padre que vino de visitas.

Valen llevaba 10 meses en la ciudad y estaba pensando para donde rumbear después. Pablo el más veterano, llegó hace dos años sin hablar una sola palabra en inglés y se estableció en la ciudad, aprendió, se acomodó y como buen cordobés entrador, le cayó bien a todos y supo hacer los contactos necesarios para garantizarnos unos tacos y unas birras gratarola en el enorme patio de comidas de Reffen, donde supo trabajar durante bastante tiempo en la cocina de un bar.

La visa conocida como Work & Holidays les abre las puertas de una cultura totalmente diferente a la que vivimos en origen. Yo conocía de esta modalidad por la que muchos estaban en la remota Nueva Zelanda, pero la realidad danesa es la que le da título a esta nota del diario La Nación y refleja una gran verdad: "Me rinde más trabajar medio tiempo en Dinamarca que ser jefe de sección en Argentina".

Todos vinieron en búsqueda de algo diferente, a disfrutar la cultura del hygge, una de los secretos mejor guardados de la felicidad danesa, que es darle valor a las pequeñas cosas de cada día, a las cosas simples y sencillas, permitirse disfrutarlas. Cuánto nos falta! Cuánto me falta!

Referencias de viaje

Arribar a Dinamarca

Hay infinidad de líneas aéreas que tienen destino en Copenhagen, es un aeropuerto moderno y muy bien conectado desde todas partes de Europa, y desde luego las líneas de bajo costo no son la excepción.

Llegar a la ciudad

Existen tres opciones para llegar desde el aeropuerto a la ciudad, bus, tren y la mejor de todas, el metro.

El viaje tomará unos 20 minutos y te puedes bajar en las estaciones de Christianhavn, Kongens Nytorv o Norreport donde incluso podrás combinar con trenes locales.

En el lobby del aeropuerto encontrarás decenas de máquinas expendedoras que funcionan en inglés, y personal de asistencia.

Si bien el transporte en metro no cuenta con servicio de molinetes, ergo, puedes pasar de largo haciéndote el tonto, mi recomendación es que saques el billete sencilo que cuesta unos 5 euros, y si bien puede parecer caro, las multas lo son mucho más, y créeme que hay inspectores. No te recomiendo que saques billetes por fin de semana ni de varios días porque las distancias en la ciudad son cortas y es mejor caminarlas o incluso hacerlas en bicicleta.

Cambiar moneda

Si puedes evitarlo, mucho mejor! Es un país moderno y digital donde en el 90% de los sitios sino más, puedes pagar con tarjeta. 

Si no te queda más remedio, tendrás que caer en las casas de cambio en las que te cobrarán una comisión de alrededor de 35 DKK por cambiar si no más (5 euros).

En estos casos siempre es recomendable contar con una tarjeta internacional gratuita como TransferWise que te permite cargar un monto y usarla en cualquier parte del mundo con costos de conversión muy bajos o nulos.

Puedes abrirte una cuenta gratuita aquí mismo

Comida

Dinamarca no es un país donde su cualidad gourmet se caracterice demasiado, las opciones son limitadas por una cuestión natural de clima. Como se imaginarán, abunda el pan de centeno, el pescado naturalmente y el cerdo ya que son uno de los principales productores del mundo.

El plato típico es el Smørrebrød que es una especie de pan de centeno con mantequilla y pescado. Para que tengan referencia, la gente no come esto en sus casas, sino que se toma como un plato que se sale a disfrutar fuera.

Existen patios de comida en diferentes partes de la ciudad, sin duda el más conocido es el de todas las postales en el colorido puerto de Nyhavn, o incluso cruzando el puente peatonal hacia Christianhavn se encuentran con un patio de comidas, pero también pueden visitar el mercado de Torvehallerne (junto a la estación de Nørreport) pero aquí encontrarán más bien gastronomía "del mundo" que tanto les agrada a los locales. Algo parecido encontrarán del otro lado del canal en la ex zona industrial de Reffen en disposición de decenas de puestos de comida de todo tipo que funcionan dentro de containers en un recinto que otrora fuera industrial, al menos este tiene mucha más onda y otro sabor.

Los elementales

Seguramente existen cientos de guías para recorrer la ciudad, yo siempre lo cuento a mi modo, basado en mi experiencia, que puede ser muy particular, me gusta caminar, tratar de cruzar palabra y sobre todo no encerrarme.

Basado en esa premisa esta es mi lista de elementales para una visita a la capital de Dinamarca:
  • Christiania
  • Reffen
  • Nyhavn
  • Amalienborg
  • Nørrebro
  • Assistens Kirkegård
  • Østre Anlæg
  • Dronning Louises Bro
  • Christianhavn
  • Kastellet
  • Kongens Have
Y sobre todo, aprendan de los daneses, en el detalle de disfrutar las pequeñas cosas simples de cada día está el secreto.


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Copenhagen con acento argentino

lunes, 26 de agosto de 2019
Estaba decidido a visitar el pequeño pero poderoso reino de Dinamarca hace años y aproveché un impasse del que dispuse, hice fuerza, ajus...