Vilnius, capital del pequeño que fué un gigante

Partiendo del orden y progreso escandinavo, desde el estado de bienestar danés en el extremo más occidental del Mar Báltico me dirigí hacia la otra costa, la orilla más oriental, con la misión de tomar contacto con dos de los países bálticos que me quedaban por conocer.

Toqué tierra en el pequeño pero alguna vez enorme Lituania, un país del que un modo u otro oía hablar desde pequeño en las reuniones familiares, siempre había algún paisano en Argentina que era de por esos pagos con los que mis abuelos se juntaban, o en el trabajo, donde mi compañero Luis, durante varios años en mi última etapa en Argentina, no dejaba de mencionarme Vilnius como sus orígenes.

Con la curiosidad de siempre a cuestas y habiendo encontrado ese motor en algunos rasgos personales que me marcaron, el país de la bandera más colorida de Europa estaba en mi radar hacía años, y ahora mis pies estaban encima de sus verdes senderos.

El pequeño gigante

Erase una vez, allá lejos y hace tiempo, cuando en el viejo continente europeo todavía los límites se forjaban a fuerza de hachas y espadas, y cambiaban cada año, que existió un imperio enorme, gigante.

El Gran ducado de Lituania existió entre los siglos VII y VIII, primero en soledad, como un gran reino, posteriormente, de manera conjunta con Polonia, a quienes se unieron por casamiento entre los regidores, en lo que se conoció como la República de las Dos Naciones se extendió desde el Mar Báltico hasta las costa del Mar Negro, y desde la mitad de Alemania hasta el interior de Rusia, en lo que se conoció como la nación más grande de Europa, formando un bloque unívoco que era necesario atravesar en camino a Asia, hasta su posterior y gradual desmembramiento.

Las historia de Lituania es apasionante y llena de vaivenes, hoy cuesta imaginarse como un pequeño país logró tanto con en tan poco tiempo, pero hay que pensarlo desde el otro punto de vista, viendo lo tan grande que supo ser, yo me preguntaría como llegó a ser tan pequeño, y eso es parte del crecimiento de los vecinos.

Tuvo la desgracia de crecer entre gigantes potencias que emergieron y que llevaron a las sucesivas particiones de Polonia, afectando por ende los vaivenes de su aliado Lituania. Entre Prusia, Austria y Rusia se fueron repartiendo sucesivamente el territorio y desmembrando lo que fuera el territorio más grande de Europa.

Históricamente, Polonia considera la República de las Dos Naciones como los orígenes del Voivodato de Varsovia, que fuera la piedra basal de su posterior organización como país, mientras que Lituania considera que la mencionada república no ha sido beneficiosa para su desarrollo.

Es imposible hablar de Lituania sin tener en cuenta la sucesión de eventos históricos por los que pasó, de pasar a ser el gigante europeo a un pequeño trozo de territorio en el norte allí donde muchos les cuesta ubicarlo y que otros confunden con sus vecinos. El manoseo y la manipulación, un pueblo que fuera mancillado, pasó de manos polacas, a rusas, napoleónicas, nuevamente rusas, un corto período de independencia, para que luego los rusos se lo apropiaran y lo perdieran a mano de los nazis que hicieron sus estragos con la población, y pasar la mayoría del siglo XX mancillados bajo el yugo soviético de la URSS del cual no se libraron sino hasta 1991.

Aterrizar en Kaunas

Viajar desde Dinamarca a Lituania el vuelo duró apenas hora y algo más, pero aterrizamos dos horas más tarde, ya que Lituania mantiene el Uso Horario de Verano del Este Europeo que comparte con sus vecinos Bálticos, Finlandia, Bielorrusia y Ucrania entre otros.

Kaunas es una ciudad pequeña que tiene relevancia histórica y económica, en los comienzos del siglo funcionó como capital del país en un período en el cual, Polonia había conquistado territorios que comprendían también la histórica capital Vilnius.

Con un estilo sobrio si se quiere y sencillo, mi recorrido por esta pequeña ciudad, la segunda en importancia, no estaba planeado, aterrizar aquí fué pura coincidencia pero decidí recorrerla para palpar algo de lo que hay más allá de las capitales (si señores, las capitales no dan impresión de los paises, es con lo que hay que aprender a lidiar, pero a veces no queda alternativa).

Lo primero que noté fueron la solemnidad de sus calles y construcciones, se notaba que databan de mediados de siglo XX, con cierta falta de mantenimiento sumada algunas intervenciones soviéticas que se dejaban notar, la ciudad me pareció muy similar a capitales del interior de Argentina, que supieron tener algún esplendor que ha quedado rezagado tal vez.

Conscientes de esto, se encuentra en un proceso de modernización de su centro y paseo comercial. Actualmente el Baltic Rail, trazado de ferrocarril moderno que unirá Tallinn, en Estonia al norte, con los países de Europa Occidental en apenas horas, conectará Lituania via Kaunas, esto se debe a que Vilnius se haya en el sur este del país muy cercano a la frontera con Bielorrusia lo cual obligaría a desviar bastante el recorrido.
Situada en la confluencia de los ríos Niemen y Neris, donde se protegía con el antiguo castillo, la ciudad crece formando un triángulo le da una posición privilegiada en el centro del país, con un geografía marcada por la barranca de los ríos, y un skyline en el que destaca la enorme iglesia de la Resurrección de Cristo en la altura.

Decir que mi pequeño e improvisado recorrido cuenta como haber visitado la ciudad, es injusto para la diversidad de puntos históricos y referencias. Ha sido mi primer contacto directo con Lituania, y comenzar a notar los precios mucho más desinflados que en los nórdicos, y la inocultable belleza de las mujeres lituanas que se paseaban por las callejuelas de la ciudad (perdón! pero es imposible no mencionarlo, creo que han sido de las más bonitas que he visto en Europa).

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Camino a Vilnius

Vilnius es la capital del país, pasó de manos, y fue víctima de las idas y vueltas de la historia de la que fuera parte el país. Desde Kaunas es un corto viaje de 100 kilómetros en minibus de apenas poco más de una hora, atravesando los verdes prados de la llanura lituana bajo los rayos amarillos del sol de una puesta de sol interminable, donde comprobé el origen de la colorida bandera del país:
  • Amarillo: por los campos de trigo
  • Verde: por los bosques
  • Rojo: por la sangre derramada a lo largo de la historia
El ambiente era sutilmente diferente, una estación de autobuses mucho más grande pero más avejentada me esperaba en silencio, a la salida, las calles empedradas hacían repiquetear lo neumáticos de los coches que las atravesaban a toda velocidad, mientras esquivaba baldosas rotas y observaba como algunos borrachines discutían entre ellos, mezclados con la gente que quería salir de la zona y rumbear a sus hogares tras una jornada laboral.

La capital, en contraste con la vecina Kaunas, cuenta con más de 500 mil habitantes, y mantiene un Núcleo Histórico que se declaró Patrimonio de la Humanidad al poco tiempo de la disolución de la URSS, y de la consagración de la segunda independencia del país.

Siguiendo las vías del tren me encontré fácilmente con la calle que desemboca en uno de los pórticos más importantes de la vieja ciudad, la Puerta del Amanecer, que cuenta con una capilla en su parte superior la que contiene una brillante pieza de iconografía de la Nuestra Señora de la Puerta del Amanecer, la cual es admirada por propios y extraños. La motivación de la capilla en esta ubicación es proteger de los atacantes y bendecir a los viajeros.

Pocos metros más, uno ya se encuentra en una mezcla de ciudad que apunta a explotar el turismo y los visitantes, con la antigüedad y solemnidad de un recinto histórico, que mantiene ciertos rasgos de autenticidad y simpleza que la caracteriza.

Allí, tratando de encontrar mi morada, ingresé a un patio de uno de los tantos edificios antiguos laderos a la callejuela de acceso, Aušros Vartų, me topé con talleres de artesanía, músicos y en los balcones, allí donde debía dirigirme, una curiosa cantidad de backpackers que visitaban por curiosidad la ciudad.

Darle sentido y color

Una vez en la ciudad vieja, uno descubre que está en la ciudad del barroco. 

Por ser el país que más tarde se convirtió al cristianismo en Europa, mantiene una gran concentración de iglesias y conventos dentro de la pequeña ciudad antigua. Un total de 22 iglesias en apenas 4 kilómetros cuadrados.

No va a ser excepción escuchar las campanadas y las melodías de las iglesias, en mi caso, cada mañana amanecí con la música procedente de la capilla de la Puerta, y con el órgano de la Iglesia de Santa Teresa sonando a pleno.


Existe la posibilidad de realizar free tours, en inglés, que muy amablemente intentan dar locales que por suerte, hablan con mucho orgullo de la historia, tiene su valor.

En el único día lluvioso de mi visita, me tocó salir a recorrer la ciudad, por allí uno se acerca a la explanada de la iglesia, que queda a la sombra de la fortaleza defensiva de Vilnius, en un montículo que hacía las veces de protección. Hoy se lo conoce como Castillo de Vilnius, pero se dice que nunca funcionó como tal sino como defensa.

La catedral que se alza imponente con la curiosa torre de la campana que no forma parte de la estructura sino que está aislada a un costado, se construyó sobre un antiguo templo pagano, y en los tiempos de la URSS fué un depósito y galería de arte, recién recuperando su estatus de catedral a fines de la década del 80.

Este mismo proceso sufrieron muchos de los edificios históricamente ligados a la religión en Vilnius, como en todos los países miembros que fueron sometidos a la doctrina soviética, transformándolos en edificios de instituciones públicas.

Parte del conjunto histórico central, junto a la catedral se halla el histórico Palacio del Ducado de Lituania, que también fue víctima de la locura de los rusos, pero de otra época: allí por 1800 decidieron demolerlo bajo excusas ridículas y vender los restos. La pequeña parte que permaneció sirvió de arsenal a los ejércitos del imperio ruso, luego fué sede de la milicia lituana en el corto período de independencia entre guerras, que cayó en manos de Polonia antes de la toma del poder por parte de los Nazis donde se asentó la base de la Wehrmacht, y desde luego institucionalizado por los soviéticos en la post guerra como sede de sus estructuras de seguridad y poco después como museo.

El párrafo anterior es un fiel reflejo de los vaivenes de los que fué víctima Lituania. Recién tras la caída de la Cortina de Hierro se pudo comenzar a trabajar en la reconstrucción del sitio hoy convertido en el Museo Histórico de Lituania.

Al frente de la Catedral se extiende la Gedimiro Prospekt (Gedimiras fué uno de los grandes regidores del Gran Ducado) a avenida más importante de la capital donde se concentran muchas de las instituciones gubernamentales, y locales nocturnos y muchos comercios de productos de lujo. De noche toma un colorido especial, ya que se convierte en peatonal y se ilumina de modo futurista.

Entre las tantas iglesias que existen y prevalecen en la ciudad, destaca, más allá de la catedral la Iglesia de Santa Ana por su estructura gótica, completamente diferente a todo lo que se ve en la ciudad, para completar el combo, se trata de un complejo de dos iglesias conjuntas, unidas en su parte posterior, que son uno de los atractivos distintivos.

Y otra con una gran y particular historia, no solo por su valor arquitectónico sino también por sus idas y vueltas, es la Iglesia de San Casimiro, ya que es la iglesia barroca más vieja de la ciudad, que fuera luego convertida a una iglesia ortodoxa bajo la ocupación del Imperio Ruso, para luego ser convertida en iglesia luterana cuando llegaran los alemanes, y retornada a los católicos una vez finalizada la Gran Guerra, pero, no se imaginan qué le sucedió? Claro! Vinieron los soviéticos con la URSS y la histórica iglesia se convirtió en un museo al ateísmo!

Holocausto y post guerra

Existe un memorial del holocausto en la ciudad, que ha sido muy fuerte y se ha notado en la merma de la población. El 40% de los habitantes de Vilnius eran judíos, de los cuales solo quedan 3000 al día de la fecha.

Entre los callejones de la ciudad se encuentran muchos bloques vacíos que reflejan la destrucción de alguna antigua sinagoga, aunque la judería aún persiste y mantiene una parte de su estructura, es muy facil identificar las casas, ya que son aquellas que cuentan con una ventana amplia junto a la puerta, ya que la mayoría eran judíos comerciantes y se dedicaban a vender productos, atendiendo a clientes desde las mismas ventanas.

Pero lo que vino después no fue mucho mejor para los lituanos, ya que más de 300 mil fueron deportados a gulags rusos y muy pocos volvieron.

De esta etapa queda un registro en lo que fuera el edificio central de la administración de la KGB llamado Museo de la Ocupación y de las Luchas por la Libertad.

Lituania es un país sufrido, y se lo hacen saber al mundo con el rojo en su bandera. Sigue peleando para salir adelante con orgullo de su historia y de sus héroes, que no se rindieron nunca al yugo de los extremismos, y hoy pelea por crecer en un contexto donde su juventud emigra por la ausencia de oportunidades reales para establecerse.

República de Uzupis

Existe un distrito en la ciudad, algo apenas apartado del centro, cuyo nombre significa en lituano "del otro lado del río" ya que se ubica cruzando el pequeño río Vilna.

Allí habitaron muchos judíos que terminaron siendo forzados a abandonar sus casas y posteriormente la administración pro soviética no hizo demasiado por mantener las cosas ordenadas, el distrito se venía abajo, las casas fueron ocupadas por indigentes y gente de mala vida, era habitual ver prostitutas y vendedores de drogas. Para comienzos de los 90, cuando Lituania ganó su independence era uno de los distritos más postergados y olvidados de la ciudad.

Poco a poco se fue reconvirtiendo, y muchos artistas comenzaron a tomar las riendas (y las casas) interviniendo en las fachadas y calles, dándole color y vida, hasta convertirlo en el distrito bohemio por excelencia.

En 1998 los habitantes de la barriada decidieron declararse una república independiente dentro de la capital, para lo cual establecieron una serie de reglas para ser ciudadano de la misma, entre ellas, mantener la sonrisa y la expresión cultural como parte de la esencia.

Redactaron una constitución que hasta el mismísimo Papa Francisco bendijo en su visita a Vilnius, y celebran su día de la nacional cada 1ro de Abril.

Callejeando de noche

Para ser un recinto histórico tan pequeño tiene demasiados pasadizos y secretos para recorrer, y a su vez se convierte en un desafío interesante poder lidiar con esos escasos kilómetros cuadrados en poco tiempo.

En mi llegada a la ciudad, como es imaginable no me quedé sentado esperando que llegue el día siguiente y me dediqué a cambiar, hasta entrada la noche por diferentes lugares, el primero de ellos fue la Colina del Bastión, un punto elevado que permite contemplar la ciudad desde un punto alejado del pequeño río Vilna y de su unión con el más caudaloso Neris (río que que comparte con Kaunas).

Y de allí caminar y palpar algo de lo que pensaba recorrer con más calma al otro día, contemplar monumentos por la noche y sentir el vivir de la capital huyendo de la calle típica turística central.


En dos ocasiones hice escala en el Plus+++ bar que más abajo dejo referencias, uno se ubica a escondidas de otro bar más grande en la Gedimiro Prospekt en pleno centro de negocios, cerca de la Catedral, mientras que el otro se halla sobre el inicio de la Vilnius gatvé, en el otro extremo de la ciudad rodeado de bares y alternativas nocturnas.

Vilnius definitivamente tiene vida nocturna, la gente la aprovecha, el verano se deja disfrutar y en el invierno, saben cómo hacerlo también, la diferencia es que en verano por ejemplo me enteré que había fiestas "secretas" en los bosques (bueno, tan secretas no eran porque todos lo sabían...)

Y dado que que el mundo es un pañuelo (que muchos usan para secarse los mocos, lo se) lo curioso es preguntarse como llegan personas de Perú, Venezuela, España y Argentina a cruzarse en un bar en Lituania, y qué puede salir de todo eso: irme a dormir 3 horas más tarde y habiendo bebido 3 birras más de las que me esperaba.

Referencias de viaje

Como llegar

Avión
El Aeropuerto de Vilinus está conectado con prácticamente todas las capitales europeas, y conjuntamente con el Aeropuerto de su vecina Kaunas conforman un nodo que mantiene al pequeño país conectado con toda Europa e incluso algunos destinos asiáticos conectados culturalmente con Lituania.

Desde España hay vuelos tanto por Ryanair como por WizzAir y parte del año por Vueling.

Autobús
Es casi el transporte por excelencia en los países del Este y sur de Europa. Existe un esquema muy aceitado de transporte en autobuses y mini buses con los que puedes atravesar todo el territorio y conectarte con otras capitales del continente.

Para viajes en cercanía, puedes ver las alternativas, horarios y precios en AutobusbubiletaiComo referencia, el viaje entre Kaunas y Vilnius duró poco más de una hora y costó 7 euros.

Para viajes entre países, empresas como Eurolines, Ecolines o LuxExpress cuentan con servicios regulares a Riga, Tallin, Minsk, Berlin, Varsovia, entre tantos otros.

Ferrocarril
El acceso desde países de Europa occidental y los bálticos, e incluso entre los bálticos, por via férrea hasta que no se termine el Baltic Rail, es dificultoso.
La conexión es buena y regular para los ferrocarriles lituanos si se quiere viajar internamente, o bien a capitales vecinas del este, como Minsk, San Petersburgo o Moscú.

Los ferrocarriles lituanos brindan servicios interurbanos pueden conectar ciudades, por ejemplo entre Kaunas y Vilnius existen servicios diarios, pero al estar la estación de Kaunas afectada por obras había que trasladarse hasta otra estación secundaria, decidí optar por el modo más cómodo (por disponibilidad de horarios) y por cercanía de la estación terminal (en pleno centro).

Donde dormir

Existe infinidad de hoteles y hostales en la ciudad, a muy buen precio y también AirBnb mucho mejores incluso por el mismo precio.

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En lo personal decidí parar un en un hostal que dejaba algo que desear, pero hay tantas alternativas y los precios son muy accesibles que no vale la pena salvar unos euros apenas y poner en riesgo tu estadía.

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Qué comer

Si se quiere, desde un punto de vista muy abstracto, la comida es muy parecida a la rusa o polaca, pero seguramente si un lituano lee esto me va a matar.


Las comidas lituanas están basadas en las patatas y guisantes de todos los colores y orígenes (distinguían hasta las que venían de Letonia) y la carne de cerdo.

Eso si, tienen su propio borsch, llamado Šaltibarščiai (si, te quiero ver pronunciarlo!!!) que es una versión de la clásica y conocida sopa que se sirve fría y tiene un color morado que parece un postre helado.

La recomendación es que vayan a un lugar tradicional, y se dejen sorprender al no entender el menú en idioma local, ni su traducción al inglés.

En mi opinión, el mejor lugar para comer barato y casero, y beber buenas y variadas cervezas es optar por uno de los Snekutis (hay 3 en la ciudad)

Para ir a tomar algo, en un ambiente bastante juvenil (bueno, digamos que me tuve que camuflar un poco en esta), el bar PlusPlusPlus es un buen punto de referencia, hay poco para comer pero de todo para beber (también hay 3).

Los elementales

Es en esta parte donde me tengo que poner crítico y ser bastante objetivo: el distrito histórico es pequeño y lo recorrí a pié de arriba a abajo dos o tres veces, creo que con un día de visita a esta sección alcanza, creo que eso es una parte importante de la visita pero el verdadero sentido es permitirse tiempo para salir de este circuito y profundizar más en los alrededores y lados grises.
Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí
 
 
 

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