Remontando el Ebro

El río Ebro genera un efecto de atracción sin precedentes en mi. Es el río más caudaloso de España y el segundo de toda la península, será por esa paz que discurre el agua y se lleva todo, la paz con la que lo vi siempre circular o la mera energía que me transmite el agua.
También está repleto de historia ya que ha marcado la vida del territorio durante siglos, permitiendo traer desde el interior las materias primas hacia el mar y darles salida. También porque alrededor del agua todo florece, los vaivenes de su cauce marcaron el crecimiento de cientos de pueblos y ciudades, y también la desaparición de algunos de ellos.

A estas alturas, desde su cauce superior a la desembocadura en el Mediterraneo con suerte si llegan a bajar algunos peces, porque definitivamente la mano del hombre garantizó que no bajen más llauts, ni vapores ni siquiera kayaks.

El progreso ha cercenado la navegabilidad del río con decenas de embalses y contenciones en pos de la generación eléctrica y para derivar parte de su caudal al florecimiento de otras zonas.

En el afán de observar el circuito de agua, opté la ocasión para comenzarlo río bien abajo, literalmente donde termina. Partimos rumbo a las tierras de Tarragona, en el Delta del Ebro, esos sembradíos de arrozales que se ven con un dorado especial al caer el sol pese a ser únicamente verdes.
Entre cientos de canales que riegan los campos, gozamos el fruto de esas tierras y nos deleitamos con un arroz a las brasas en sus tantas diversidades. Lo Patí de Agustí en el Poble Nou del Delta fue de nuevo la elección, aunque me atrevo a decir que los 5 o 6 restaurantes que existen en este pequeño poblado blanco (como todas las casas del delta) que multiplica sus habitantes los fines de semana, son dignos de visitar.

Tuvimos tiempo de sobra para acercarnos hasta el extremo de la manga de arena que se forma por los sedimentos y da lugar al mar interior, con San Carles de la Rápita en el otro extremo como si estuviéramos en una isla. El Delta tiene magia, siento mucho no poder explicarla, espero al menos poder transmitirla.
Tras unas horas de relajación, y deleite gastronómico, haciéndole fuerza al sueño para no caer rendido al pedido de siesta tras semejante comilona, pero había que seguir ya que lo áspero del camino estaba por venir, circulando en contra de la corriente.

Con dos breve escala en Amposta simplemente para contemplar la violencia del cauce que descargaba con furia sus aguas producto de las lluvias intensas de las semanas previas, realizamos una visita fugaz en la pintoresca Tortosa, recordando mi primer coqueteo con la zona allá por enero de 2014 donde tuve la suerte de visitar el Parador del castillo y tener contacto por primera vez con estas aguas.

El camino se abre zigzagueante entre serranías y comenzamos a ganar altura poco a poco, con el enorme caudal a un lado o al otro. El terreno ya no tiene llanuras excepto por algunos momentos donde el río se lo permite y la gente lo ha a provechado sacando fruto a la humedad del agua, y los sembrados lo agradecen con un verde intenso.

Pocos kilómetros más arriba ya cuando los oídos se taparon y destaparon varias veces, comienza el lado oscuro de la mano del hombre sobre el cauce y nos cruzamos con la enorme chimenea nuclear de la planta de Ascó y algo más arriba por error en un desvío accedimos a Flix y nos detuvimos a contemplar fuerza con la que el agua saltaba por las compuertas abiertas de su represa, con su castell vigilando desde las alturas pero lo oscuro de la química con antecedentes poco felices.
Nada de esto altera el paisaje, los efectos no son visibles, pero hacen que las aguas bajen algo, o bastante más, turbias que lo que debieran.

Dejamos atrás esta zona y nos adentramos ya en área de mínimo tránsito, carretera estrecha, caminos sinuosos con el precipicio al lateral, esos que tanto me tientan, ganando la suficiente altura para poder superar los efectos del embalse de Ribaroja. A este punto, el Ebro recibe las aguas del Matarraña, y al cruzar este último, dejamos atrás las tierras catalanas y entramos en Aragón.

No muy lejos de la frontera nos esperaba un casi desierto Fayón, y ante mi total desconocimiento tomé contacto con la historia del lugar inmediatamente llegar y percatarme que se trataba de un pueblo fabricado, como de escenografía. El destino del Fayón original quedó sellado en 1967 cuando se completó el embalse y se procedió al llenado del mismo y sin dar aviso a los habitantes comenzaron a inundar el pueblo (aquí un buen informe al respecto).

Pequeño como es, Fayón es un destino casi exclusivo para pescadores, ya que la cuenca en estas alturas cuenta con centenares de Siluros, uno de los especímenes más codiciados por los amantes de este deporte, aunque su presencia también se debe a la mano del hombre.
Con la noche haciendo mella descubrimos el mirador desde el cual se contempla la aún erguida cúpula de le iglesia del viejo pueblo sumergido, y una vista inmejorable de las uniones de los ríos anteriormente mencionados.

Fayón ofrece poco al visitante, porque también hay poco para las no más de 500 personas que lo habitan, pero ofrece servicios de camping de primer nivel y es sin dudas ideal para pescadores. Es fácilmente accesible en tren ya que cuenta con la estación Faío - La Pobla de Massaluca servida por Renfe desde Zaragoza.

La mañana siguiente decidimos ir a visitar al pueblo vecino también víctima del progreso aunque con algo más de suerte ya que su traslado no se debió hacer sino apenas al escasos metros. Con algo más de publicidad, Mequinenza es otro de los pueblos inundados del Ebro, parte del pueblo viejo aún se puede visitar, y es parte del atractivo turístico del lugar, pero sin dudas el mayor atractivo es el denominado Mar de Aragón un paraíso para los pescadores y un espejo de agua con un caudal único en la península.
  

La memoria en Belchite

Para los amantes de la historia moderna de España, el nombre les debe sonar sin duda alguna. Belchite es un  pequeño pueblo en las cercanías de Zaragoza, que cobró una relevancia inusual durante la triste Guerra Civil Española.

Aquí se dirigieron las tropas Populares (de la República) luego de fracasar en otros frentes, y decidieron descargar toda su furia contra la guarnición de soldados rebeldes (franquistas) que se hallaban en el pueblo en lo que se conoció como la Batalla de Belchite.
El ejército popular en impresionante superioridad numérica se enfrentó a los 6000 soldados rebeldes que resistieron 12 días en medio de las casas, mientras la gente trataba de salir como podía y era víctima de fuego cruzado. El pueblo quedó a merced de la artillería y sufrió importantes daños.

Este suceso fué utilizado como propaganda durante y posteriormente a la guerra por el bando victorioso para reflejar "las atrocidades del bando opuesto" mientras que el sitio se convirtió en un lugar de referencia y un bastión a recuperar como sea para los rebeldes franquistas que lo veía como un emblema.
Belchite se convirtió en tristemente célebre, y al acabar la guerra, el gobierno decidió dejar el pueblo en su estado original, mientras sus vecinos trataban de recuperar la vida normal, lo habitaron como pudieron mientras los prisioneros del bando vencido en la guerra, eran forzados a construir un nuevo pueblo al lado del original, que quedó abandonado a la buena de dios como acto propagandístico de un bando que ya no tenía voz. 

Así rezaba el artículo que retrataba la reconstrucción del pueblo: "...Junto a las piedras heroicas del viejo Belchite va a alzarse la traza cordial y acogedora del Belchite nuevo; junto a los escombros, la reconstrucción; junto al montón de ruinas que sembró el marxismo como huella inequívoca de su fugaz paso, el monumento alegre de la paz que la España de Franco edifica..."
  
Hoy las ruinas que permanecen en pié han sido cerradas para acceso debido a los saqueos y riesgos, pero se organizan visitas guiadas diariamente, y se pueden acordar visitas nocturnas para tomas de fotos, también el aspecto post apocalíptico se aprovecha como escenografía para películas, vídeos y algunas publicidades con la participación de alguna estrella de Holywood.

Es una visita obligada para la memoria, descansar y comer algo acogidos en el pueblo nuevo y visitar el viejo para tomar contacto con la historia y tenerla presenta para que el "nunca más" no sea solo una frase.
  
  

Todas las fotos AQUI