Abrazo eterno

No encuentro razón ni sentido, busco de alguna forma un desahogo porque en la lejanía y el impedimento para comprender lo sucedido me fuerzan a canalizar de alguna forma las sensaciones, si se quiere la bronca, pero sobre todo la impotencia que he sentido.

Has sido el primero, como en tantas otras cosas, de entre ese grupo que siempre, quieras o no sigue unido. Y no por ser el primero sino por lo pronto me duele tanto. Sería necio de pensar que a cualquier de los demás no les puede tocar, y que vamos transitando la vida donde lo único certero es ese destino. Pero no esperaba recibir ese llamado, de madrugada, tratando de entender donde estaba, comenzar a leer mensajes y tratar de verificar lo que me decían sin que nadie esté seguro de poder comprender lo sucedido. Fué una cadena de desesperación que nos fué uniendo a todos.

A la distancia fué impotencia pura no saber cómo ayudar, pero cómo podría alguien ayudar ante algo así, tan fugaz y repentino. Me mantuve despierto durante horas, traté de tomar ese rol que de alguna forma aunque me resista a asumirlo, sigo tomando y traté de coordinar como pude las comunicaciones. Busqué juntarlos a todos para que fueran a saludarte, que actúen como emisarios míos por no poder estar ahí.

No puedo imaginarte en ese lecho, mi cabeza no logra procesarlo porque siempre había sonrisas a donde estuvieras, incluso cuando te fuimos a visitar con la mandíbula rota, y durante ese mes que pasaste con la boca cosida sin poder masticar, te lo tomabas a la ligera y vos mismo te reías. No me olvido de haberte ido a buscar con Leo al hotel de Luz y Fuerza en San Bernardo, nos abriste la puerta con la jarra de la licuadora abajo del brazo y tomando uno de tus batidos balbuceando que querías licuarte un asado porque no aguantabas más no poder comer.

No puedo decir que éramos como hermanos, ni como primos, pero se que eramos amigos y siempre sabíamos que aunque no nos viéramos estábamos ahí. Como le dijiste a Gustavo el domingo después del Superclásico, que te fuiste a las once de la noche a ayudarlo para que pudiera tener luz en su casa, y cuando quiso retribuirte por tanta dedicación le contestaste "dejá de joder, acaso si yo necesitara una mano, vos no me la darías?". Eso te refleja de pies a cabeza.

Me hubiese podido verte más, como hacía años. Me hubiese encantado que vinieras ese día al asado que vos mismo te encargaste de organizar en El Boliche de Darío, frente a tu casa, y por tu devoción al laburo, no pudiste venir. Hubiese deseado poder brindar con vos ese día, y no solo quedarme con tu voz.

Te convertirste en padre, te casaste y no nos enteramos (te quisimos matar cuando vimos la noticia!), pero sabíamos que estabas ahí, y vos sabías que estábamos. Siempre atento y silencioso, como alguna vez te describiste, "un participante silencioso" de nuestras charlas. Pero nos daba tranquilidad saber que estabas del otro lado.

Cómo olvidar todas las anécdotas juntos, cómo en tus mambos y tus locuras aún así nos cuidabas y doy fé que te preocupaste por mi. Cómo, sabiendo que estaba todo mal entre "Los Blancos" y "El Bajo" te viniste aquellos días con Gustavo a las marchas para que no cerraran el Deportivo Español, y sabías que en cualquier momento alguno te la podía dar solo por estar ahí.

Eras bostero de ley, naciste en La Boca y me decías que de chiquito tus amigos no podían ir a tu cumpleaños porque se inundaba, te habías quedado con eso en la cabeza. Aún así, viniste a la cancha conmigo, te reías de los pocos que eramos, pero Español formaba parte de tu barrio,  y en el fondo, le tenías afecto. Cada vez que voy a la cancha paso por ahí y miro la carpintería y estás vos en mi cabeza. Así como tu familia gritándome "Gaita, gaita" en medio de un tumulto de gallegos el día que se reabrieron las puertas del club después de 4 años y todos se daban vuelta para ver a cuál de "todos los gaitas" era al que llamaban.

Cada vez que fuimos a tu casa nos recibieron de mil maravillas, el afecto de tu familia las muchas o pocas veces que estuvimos fue impresionante, incluso cuando tu vieja me cruzó en la calle un día y le dije que no sabía nada de vos hacía mucho, preocupada por eso te llamó y te dijo que no podías dejar de juntarte con nosotros. Simplemente fue un malentendido.

Lamento tanto el dolor que estarán pasando todos ellos, Natalia y Martina ni hablar, no es comparable con nada en el mundo. Con todo lo que la peleaste, pasaste las mil y una y estabas en lo tuyo, lo tuyo era admirable. Seguro que tenías tus defectos, lo se, todos los tenemos, estos hechos no convierten a la gente en perfecta, yo conozco algunos, pero se que para con nosotros siempre fuiste pura alegría.

Escribo para desahogarme porque no logro sacarlo de mi cabeza, será que estar lejos me afecta, a esta altura no me importa, sólo se que veo fotos y pasan por mi cabeza situaciones, y no puedo imaginarte de otra manera.

Te conocimos como un metalero reacio, crudo y duro, discutías con "Soda" sobre Los Redondos, terminaste escuchando Leo Mattioli, yendo a la Metro,y finalmente optaste por otro target, y lo bien que hiciste ;-)

Fede se que tarde o temprano nos vamos a juntar, todos, seguramente tu mesa estará repleta de amigos, y nos haremos un rato para brindar por todas las veces que no pudimos y ponernos al día de anécdotas y bromas. Cuidá a todos desde arriba y protegé a tu familia que es la que más te va a sufrir.

Abrazo eterno.