Dresden, donde los buenos no lo fueron tanto

Ese sábado recuerdo haber amanecido como uno más de la estadía, con la salvedad de que podíamos movernos sin apuro, y lo bien que vino luego de la visita, casi de imprevisto al Oktoberfest capitulo de Leipzig, que hizo mella en el organismo, aunque a decir verdad, comparado a la cantidad bebida, las afecciones eran minísculas.

Temerosos por el clima, hicimos frente para seguir adelante con el plan original, marchamos bajo la garúa molesta y el cielo plomizo hasta adentrarnos en la enorme Haupbahnhof, donde debimos pelearnos con las máquinas para poder obtener el viejo y conocido Länder Ticket que nos permitiese viajar todo el día sin problemas, ir y volver por apenas 28 euros a ambos.

Las máquinas no iban, no había caso y no encontrábamos el centro de atención al cliente, debí enfrentarme a una entrada en años empleada de Deutsche Bahn para consultarle sobra la factibilidad para obtener el ticket. Saqué a pecho, y puse a relucir mi poco alemán, vetusto y falto de uso, para tratar de hacernos entender, puesto que la señora no emitía palabra en inglés, y realmente funcionó! Seguimos las indicaciones y obtuvimos nuestro pasaje sobre el mismo anden de partida. Allí nos esperaba un de esos IRE de dos pisos y asientos plásticos incómodos, pero que tan abrigados nos llevaba.

Unos ciento y pico de kilómetros nos separaban de Dresden. Apenas hora y media de viaje por los llanos sajones, que sivieron para echar un siesta, con la esperanza de escapar de la lluvia. Pero era una batalla perdida, si bien en el arribo a Dresden no hubo más que cielo cubierto y frío, no faltó para que el agua se apoderara de la escena y nos hiciera pasar uno de los días más fríos de la estadía.

Atinamos a tomar un café on the go, apurando el paso hacia la tristemente célebre Frauenkirche en el centro del Altstadt, donde sería el punto de partida de nuestro free tour en español. Pero pronto debimos huir de allí ya que la permanente amenaza del cielo plomizo se materializó en una punzante lluvia que alternando ratos de tranquilidad, se encargó de aguarnos el día completo.

En un viaje siempre recomiendo aprovechar la posibilidad de tomar uno de esos tours, tal vez no son profundos y son escuetos en tiempo, pero sirven para ganar conocimiento del contexto y enseñan puertas que uno tal vez pueda profundizar en los días que siguen de su estadía en la ciudad. 

En este caso, nos sirvió para sambullirnos, en el breve lapso de nuestra estadía, en las idas y vueltas de esta fantástica ciudad que cuenta con un legado histórico de reinados y gobiernos de la edad media. Es aqui donde se asentaron los reyes de Sajonia, uno tras otro puede verse plasmado en un enorme mural de cerámica que resisitió al enorme calor de las bombas incenciarias lanzadas por la Real Fuera Aérea Británica casi al final de la Segunda Guerra.

De más está decir, que esta ciudad desde luego que sufrió la guerra en carne propia. Si bien durante la primera se mantuvo al margen, en la segunda, las cruentas batallas la habían tocado de cerca pero no en su corazón. No fué sino hasta casi los fines de la Segunda Guerra mundial, en Febrero del 1945, durante dos días, con la guerra casi acabada y el ejército nazi replegado en Berlín, los comandantes aliados consideraron que la moral de la gente de esta región era muy alta, debido a que no habían sufrido de lleno la devastación de la que si estaba siendo víctima el resto del país. Consideraban que era un núcleo de comunicaciones, con cierto grado de industrialización, lo cual les daba temor de que pudieran reverdercer focos de resistencia, por lo cual, decidieron minar la moral, pero no solo la moral sino también minar la ciudad dicho de algún modo.

Durante dos días, entre el 13 y 15 de Febrero, más de 1000 aviones bombarderos dejaron caer sobre el nucleo urbano de la ciudad una enorme cantidad de bombas, entre ellas incendiarias, las cuales, debido a frío reinante dada la época del año, generaban ráfagas de viento que propulsaban todo hacia la hogera principal. Un efecto climatológico, intenso calor en la superficie, propusalaba el aire caliente hacia arriba, mientras que el intenso frío del cielo, empujaba nuevamente el aire hacia abajo. El remolino arrasó todo a su paso. Personas, edificios, vehículos, todo era lanzado por el viento hacia las llamas.

El primer ataque desató el incendio brutal, las columnas de humo se veían a más de 100kms y sirvieron de guía para el segundo ataque, al día siguiente ya no hizo falta demarcar la zona a bombardear, era ampliamente visible. Una nueva ola destructiva se apoderó de la ciudad, que no había aún podido recuperarse del primero y las llamas se convitieron en un unico gran incendio en el centro de la ciudad. 

Hubo tiempo para más ataques, con intención de destruir ciertos objetivos de relevancia militar, pero debido a las inclemencias del tiempo y al poco desarrollo de los sistemas de radar, fallaron, y en su lugar cayeron sobre sitios poblados que no estaban originalmente destinados a bombardeos.

El último día de los ataques, la Frauenkirche se desplomó. No por haber sido bombardeada, sino por el intenso calor. Sus columnas eran de hierro, y terminaron cediendo dejando caer la cúpula sobre su propia estructura.

Este suceso ha sido y sigue siendo uno de los más polémicos de la Segunda Guerra. La cantidad de muertos civiles es insegura, las cifras oficiales varían muchísimo y no hay unanimidad. Los viejos habitantes hablan de cientos de miles de personas desaparecidas. Muchas de ellas, consumidas por el fuego.

Lo cierto es que esto marcó un hito en la historia de la guerra, y en la de Alemania. La Frauenkirche fué un símbolo de esta brutalidad, se proyectó su reconstrucción y fracasó sino hasta promediando el 2005. El centro de la ciudad, de estilo propiamente Barroco y Renacentista, la convertían en la "Florencia del Elba", aún hoy pueden contemplarse sus edificios de epoca, aquellos que resistieron y otros que fueron reconstruidos, pero el tradicional centro histórico, está raleado, las calles no son cerradas, hay muchos espacios vacíos productos de la limpieza post bombardeos. Nunca nada fué igual.

Con el tiempo, se decidió a conmemorar a las incontables víctimas de la ciudad, con la polémica que ello conlleva, sin querer caer en nacionalismos, sin alabar al nazismo. Pero eso fué aprovechado por estos grupos neo nacionalistas, que aprovechan las jornadas de carnaval y cada año en febrero, se concentran en la ciudad, ya no para homenajear a las víctimas, sino para alabar los ideales que llevaron a esa catástrofe. Esos días, la ciudad yace militarizada, y miles de personas se trasladan desde toda la extensión del país para alabar sus ideales retorcidos, mientras que los ciudadanos de apié, se concentran en contra de su presencia. Momentos de tensión sin duda. La memoria histórica no se ha logrado reparar.
Dresden tiene la tristemente célebre fama de ser una de las ciudades con más actividad neonazi, sin ir más lejos, la parcialidad del mítico Dynamo Dresden es una de las más acaloradas, y más violentas del país.

Por supuesto, al estar tan al este, la ciudad tiene su pasado de influencia soviética, sin ir más lejos el eidificio representativo es el Centro Cultural y Centro de referencia sede de las orquestas y filarmónicas, y centro geográfico del Altstadt. Al momento de la visita, el edificio de arquitectura claramente soviética se encuentra en remodelación, dado que están removiendo todas las placas de amianto con las que contaba en su construcción original.

Como dije anteriormente, lluvia y más lluvia, culminamos el recorrido frente al Elba, con una cortina de agua, y un frío que calaba los huesos, seguimos el consejo de nuestra guia española y nos proyectamos hacia el Neustadt para no quedarnos con la visión céntrica y turística de la ciudad. Cruzamos el Augustus Brücke y adentramos pasos en la parte nueva de la ciudad, que algunos llaman "la nueva Berlín". Es curioso porque en Leipzig también existen zonas que las denominan así, tratando de proyectar ese espírito bohemio o descontracturado de la capital. Tuvimos nuestros Currywürtz de rigor con una cerveza y café para calentar el cuerpo, y al regreso el cielo al horizonte se veía perfectamente celeste, pero sobre nuestras cabezas estaba granizando.

Dresden, una ciudad definitivamente de contrastes, gran valor y polémica histórica, y una belleza peculiar por las tierras del este.