Baviera, Munich y su tradición cervecera

El clima se hace sentir en estos pagos, la primaveria que pareció asomarse hace cuestión de un mes, desapareció casi por completo, dando lugar a muchos dias nublados y de lluvia con algunos pocos de sol. Luego del regreso accidentado de España, arribé al trabajo y me enteré de las novedades, tanto laborales como extralaborales, una de las cuales decía que al día siguiente, era feriado, que teníamos autorización para hacer puente...pero la cercanía de fechas nos indicó que no podíamos hacer nada pese a buscar incansablemente un lugar donde disfrutar de esos días.

Ante tremendo fin de semana decidimos partir aunque sea en una visita diaria, un ida y vuelta a la región de Baviera, a München, y conocer la tierra del mítico Oktoberfest.

Partimos pues entre grises nubes, una lluvia que sin ser fuerte, era insesante y resultaba muy molesta, todo esto combinado con una cuota de frio invernal en plena primavera, haciendo contrastar las vidrieras de los comercios, donde se lucían veraniegos atuendos para captar la atención de la dama y el caballero, con las camperas y bufandas que utilizaba la gente que se detenía a observarlas.

El viaje de unas tres horas en tren regional se hizo notar, habia mucha gente viajando hacia esas direcciones por diversos motivos: el primero era que la ciudad estaba movilizada debido a que era un día religioso festivo para los protestantes, que aquí abundan, por ende habia escenarios por toda la ciudad y aglomeramientos de personas disfrutando de las misas, espectáculos, cantando en diferentes sitios. Por otro lado, en total contraste, el equipo mayor de la ciudad, Bayern München, se despedía de su afición siendo Campeón de la Bundesliga, para unos dias después ir a jugar la final de la Champions League.

El ritmo de la ciudad evidentemente estaba alterado, incluso los diarios vaticinaban colapsos de tránsito debido a estos dos eventos, pero aún asi, caminando, temblequeando y guardando las manos en los bolsillos por el frio, lamentando no haber llevado guantes, si si, guantes!, pudimos recorrer el casco histórico y un poco más allá también.

La ciudad está plagada de iglesias, se destacan entre ellas la Frauenkirche, la más imponente de todas, pero en un radio de menos de 10 manzanas se llegan a contar casi decena de iglesias, y el Neues Rathaus de estilo gótico con un campanario que presentaba figuras danzantes cada mediodía.

Al ser sábado, también estuvo presente el mercado clásico por estos pagos, suele darse dos veces por semana, pero en la gran mayoría de los lados, el sábado coincide en todas las ciudades. Ahi fue que nos detuvimos a comer algo, para incorporar algunas calorías y seguir la marcha.

Intentamos alcanzar uno de los city tours gratuitos, pero con lo alterado que estaba todo en la ciudad, el punto de reunión clásico estaba cubierto por un escenario, y rodeado de gente que disfrutaba de las presentaciones artísticas religiosas, por ende resignados el camino lo determinamos por cuenta propia pasando por La Opera, tomando unos improvisados mates en el colorido Hofgarten, y terminar de casualidad en la zona más pudiente. Es sabido que las regiones sureñas de Alemania son las más ricas, e incluso tienen pica entre ellas, pero lo cierto es que München es una de las ciudades donde los precios se hacen notar y existe gente con mucho poder adquisitivo, es por ello que las marcas se pelean por hacerse ver en la MaximilianStraße, donde también pude encontrar la primera Maseratti, que no sería la única.

Con su fama cervecera, las marcas más tradicionales, como la Hofbäuhaus, dispone de pintorezcos patios cerveceros donde la gente se reune a comer, muchas veces con trajes típicos, a escuchar música tradicional y desde luego, queda más que claro, que a beber hasta el cansancio el producto autóctono!

La memoria de los caídos debido al Nationalzocialismus está presente, como en toda ciudad alemana, particularmente ésta que fué destruida por las bombas aliadas, demoliendo casi por completo el Rathaus y el casco céntrico. La caminata se hizo larga, pasamos por galerías y museos, y por una de las clásicas puertas, la Isartor, aquella que permitía al peregrino acceder a la fortaleza desde el oeste, cuando se acercaban a ella luego de cruzar el rio Izar.

Finalmente el frio y el cansancio se hicieron notar, las gargantas comenzaban a carraspear, por lo cual, decidimos, café de por medio (si, porque lamentablemente el frio hacía que la cerveza no fuera opción en ese momento), emprender el regreso hacia el hoy denominado hogar en la rival provincia de Baden-Würtemberg, y pasar uno de los viajes más incómodos en lo que va de mi experiencia con el Deutsche Bahn desde mi arribo a tierras germanas: un tren de más de nueve vagones repleto de gente, incluso parada, demoras en las vías y retrasos que hicieron que perdamos la combinación a Stuttgart, debiendo tomar un tren regional que paró en ciudades insospechadas y totalmente desconocidas com Kuchen y Süßen.

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