España, emociones fuertes y calor familiar

Las vueltas de la vida hicieron que no llegue a este continente a través del país de mis buelos, sino por un extremo totalmente impensado. Pero era cuestión de tiempo, solo había que esperar para que el momento de visitar esas tierras llegara, esa cuenta pendiente, ese lugar de tantas historias, de haber oido tantas anécdotas iba a llegar tarde o temprano.

Finalmente se dio en los comienzos de mayo, previa organización y acordar con la familia de esos pagos, partí de Stuttgart un viernes temprano, con una semana de vacaciones por delante y un mundo por conocer.

Primero pise Barcelona, y me estaban allí esperando esos "desconocidos" de los que siempre oí hablar pero el destino me hizo no poder conocer hasta estos días. Allí fué donde al llegar recibí todo el afecto y el cariño que tanto hacía falta tras casi tres meses de nulo contacto físico familiar.

El camino hacia Cornellá fué de puro nerviosismo, allí esperaba la famosa Prima Mary, y fué ella quién me divisó desde la lejanía cuando me acercaba por la plaza, salió corriendo y se me colgó de un abrazo. La emoción no se hizo esperar, me presentó ante todos sus clientes, quienes me abrazaron y saludaron con los dos besos clásicos españoles. Claro está que, luego de acostumbrarme a saludar con un frio estrechón de manos, estos abrazos y besos me hicieron sentir más que cómodo y la sonrisa no se pudo ocultar.

La sonrisa de entremezcló con lágrimas de emoción, las cual quise disimular a toda costa, estaba ahí, en esa cafetería que ni mi padre conocía, pero que tanto me había contado. Y a los pocos minutos llegó la tía abuela para completar el shock emocional. Que bah! A charlar, a preguntarle cosas, a saber de la historia, de cómo, de quienes, de cuando...

Duro es el esfuerzo que hacen para salir adelante en una España que no es la de hace unos años pero que aún asi subsiste con un estándar de vida muy superior al que estamos acostumbrados. Era lo más cercano a casa que estaba en meses, estaba en familia, con mi idioma, costumbres similares, calidez latina!

Siguieron las visitas, parientes que esperaban mi visita, un encuentro, conocerme, así fué que me dirigí hacia la Sagrada Familia a encontrarme con ellos, a darme una de las primeras panzadas que tuve durante esta semana eterna que me marcó a fuego.

Por la noche, futbol de primera división, otra vez sensaciones fuertes, tapas de por medio, descanso obligado y el domingo fué la larga caminata a visitar la turística ciudad, repleta de gente, repleta de autos, de extranjeros, de ansiosos por sacar fotos a La Pedrera, en La Rambla, algunos atrevidos que se animan a andar por el Barrio Gótico y en el monumento a Colón.
 

El clima se hizo sentir, la lluvia nos tapó el lunes por completo, pero esto me permitió compartir más tiempo con los afectos, era el último día en esta hermosa ciudad, rodeado de linda gente, pese a que hice un intento por ir hasta el Nou Camp y llegar pasado por agua y sintiendo frio.

El martes amaneció igual, a medida que la hora se acercaba, los preparativos ya estaban hechos y solo restó el abrazo eterno que me despidió en ese café al que espero prontamente volver. Así fué como bajo el agua marché mirando atrás entre lágrimas escondidas hacia la estación de metro, rumbo a Sants Estación, me esperaban 9 horas de tren atravesando media España.

El destino final fué Ponferrada, en El Bierzo, tierra de mi abuela, donde me estaban esperando pila de parientes con la sorpresa del recibimiento, impensado, jovial, alegre, todos reunidos ante mi llegada: "Joder! Pero que bien me siento! Esto es como en casa!" Risas, abrazos, muecas, videos, chismes, un momento muy gracioso y cálido en la llegada, durante y en la despedida de este territorio.

Los paseos no se hicieron esperar, recorrida por el Castillo de Ponferrada, con historia Templaria, hermosas vistas de la ciudad medieval, y almuerzo un plato tipico de la region, Botillo de El Bierzo, en Fabero, otro de esos tantos pueblos que la abuela solía mencionar. Por la noche, vuelta a la finca, cena en familia, risas, y recuerdos.

El día siguiente fué muy particular, todos fueron especiales, pero este fué particular dado que finalmente pude llegar a ese diminuto pueblo donde mi abuela relataba su infancia, San Fiz do Seo, allí perdido en la montaña cercano al Camino de Santiago, a la sombra de la urbe, quedó olvidado en el tiempo, con sus casas de piedra, sus huertas, sus animales, su silencio. No puedo describir este momento, sentía como que ya había estado ahí porque vino a la mente todo lo que ella me contaba y pensé tantas veces en estar allí que sentía que lo conocía pese al asombro y emoción inolcutable de haberlo logrado al fin. Tuve oportunidad de hablar con algunos vecinos que la conocían, que incluso conocieron a mi abuelo, fueron cosas simples, no hay muchos recuerdos, ellos partieron de ese lugar hace casi 60 años, es mucho, pero lo suficiente para que compartan conmigo alguna anécdota que me llene el alma.

Para descansar de las emociones fuertes y darle respiro un poco el corazón, por la tarde el paseo continuó por un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad ubicado en la comarca de El Bierzo, Las Médulas, un vestigio de minas de oro romanas que cuentan con un sistema muy complejo de canalización de agua  a través de las montañas de la región, la cual utilizaban para provocar los desmoronamientos de tierra y luego filtrar el oro encontrado en la cuenca baja del rio. Una vista deslumbrante que se completó con la visita al regreso del Castillo de Cornatel, también con historia templaria sito en la cima de un peñasco con un alcance visual infinito de la región.

Las vistas desde la altura no se quedaron ahí ya que al día siguiente, previo a la comilona de pulpo preparada para la ocasión, me llevaron hasta la Peña de Congosto, también llamada Casa del Alemán, una iglesia construida en el risco con vista a Ponferrada y al Emblase de Bárcena construido por el Generalísimo para abastecer de agua a la región. En esta ubicación datan las historias de la zona que el mismísmo Franco tenía alojado al mismísimo Adolfo. Cuenta la historia que el lugar estaba custodiado por soldados alemanes y para agregar pimienta a la historia, el cura que subía a dar misa contó en el pueblo que vió delante de él al mismísmo Führer. Yo les dije que no era posible, porque para esa época ya estaba en la Patagonia (sic).

La última y no menos importante escala era Madrid, trasladado en coche desde Ponferrada, al mediodía estaba ya en Talamanca de Jarama, en las afueras de la capital española conociendo finalmente la casa de mis amigos, esos que eligieron la tranquilidad de este viejo continente para instalarse y crecer juntos.

Allí estaba también, casi sin pensarlo, en su flamante casa, compartiendo la experiencia del viaje tanto por España como la vida en Alemania con ellos, comiendo en la misma mesa, charlando, solo faltó el mate, porque yo me encargué de llevar alfajores y de maicena!!!

El clima no fué muy bondadoso, la llegada fué con sol, la tarde fué lluviosa, y asi todos los dias, alternando un poco y un poco, no logré acostumbrarme, pero eso no impidió que salgamos a pasear por la ciudad, conocer la Gran Vía, la Puerta del Sol, el Temblo de Debod, el Palacio Real, la Plaza de Toros, y por sobre todo, lo más importante: no impidió disfrutar del rico asado con el que me agasajaron los chicos el domingo!

La cancelación "por la nube de ceniza" (sigo pensando que fué por la poca venta de pasajes que tuvieron) del vuelo y los nervios de ese día no hicieron lo suficiente como para deslucir la inolvidable experiencia que tuve en estos breves pero muy intensos días en España. Y si, se que fueron pocos, todos me reclamaron estar más tiempo, ir más tranquilo, pero tenía la necesidad de ir, lo hice, ahora satisfecho con haberlos conocido, se que haré el esfuerzo para prontamente volver a visitarlos, porque...realmente se extraña!

Más fotos de: Barcelona, El Bierzo y Madrid

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