Strassbourg, frontera en el tiempo

En ocasión de los feriados pascuales, aprovechamos y nos tomamos un descanso del laburo sistémico que nos estaba consumiendo, de la cerveza alemana y de la sana comida desde ya, como siempre pasa en un viaje donde el turista se ve desfavorecido por el cambio y debe recurrir a la innovación para saciar sus ansias de alimentación tratando aun de disfrutar de las cosas típicas de cada lugar.

Optamos por realizar una vuelta que abarcara la ciudad francesa de Strassbourg, frontera con Alemania y símbolo de muchas batallas la cual pasara varias veces de mano entre un país y otro. Luego bajaríamos para la ciudad suiza de Basilea, al norte de este país, en la triple frontera (el nombre es lo unico que tiene parecido con la que conocemos en nuestros pagos) entre Francia, Suiza y Alemania.


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Los viajantes fuimos tres, dos argentinos, y un mexicano. Partimos temprano el dia viernes por la mañana, tren hacia Freudenstadt, para combinar con un regional hacia Strassbourg el cual nos haría cruzar la frontera sin mayores problemas ni controles, y llegar asi a una estación mezcla de centenaria edificacación con la modernidad de la arquitectura de vanguardia en su fachada principal.
Nos dedicamos a recorrer pacientemente toda la ciudad, todos los puntos turísticos, encontrandonos con una ciudad medieval, repleta de historia, su casco antiguo casi intacto, una verdadera ciudad que se mantuvo en el tiempo, estimo que fruto de no haber sido destruida por la guerra, como si ocurre en Stuttgart, donde por ser sede de Mercedez-Benz ha sido constante blanco de ataques aliados durante la segunda guerra, es por ello que las edificiaciones son más bien modernas, de este siglo.

El casco histórico se situa rodeado por rios, uniendose al resto de la ciudad por puentes, el sistema fluvial ha sido su principal fortaleza a la hora de las defensas, encontrandose una serie de represas y estanques que permitian inundar la parte sur de la ciudad en caso de invasiones. 

El puesto de aduana controlaba el acceso a la ciudad y servia a la vez como puesto de vigía, escoltado por una serie de torres de vigilancia, que conjuntamente con la ciudadela, fortificaron a la ciudad, victima de constantes ataques y pasos de manos, de un pais al otro.
En el centro geográfico se puede encontrar la imponente Catedral de Notredam, gigantezca catedral de piedra, tan grande que no hubo forma de sacarle una foto en la que se encuadre en su totalidad.

Entremezclados con las calles de la ciudad, casi sin darnos cuenta nos cruzamos con un moderno sistema de tranvias, los cuales son el principal medio de transporte céntrico y aledaños, complementado por el sistema de Buses (todos ellos marca Renault como era de imaginarse).

En las afueras, caminando tan solo unas 10 cuadras, uno se encuentra con los edificios Europeos: el Parlamento Europeo, el Edificio de los Derechos Humanos y el Palacio Europeo, todos ellos relacionados al bloque de la Comunidad Europea, en ellos, sesiona por ejemplo los legisladores que eligen los ciudadanos para representarlos en el congreso de Europa.

Sutilezas con las que uno se encuentra en estos viajes, por ejemplo, es el comportamiento de la gente en la calle. A diferencia que en tierras germanas, el transeúnte no se fija si el semáforo está o no en rojo, sino simplemente mira si hay o no autos para poder cruzar, mientras que en Alemania, la mayoría de los casos, respetan el semáforo a como de lugar. Otra sutil diferencia es la cantidad de suciedad canina (si, caca, pero sonaba mas lindo no?) que hay en las calles.

Por otro lado, la gente, la diversidad de razas, mucha gente de color y arabe, otras actitudes, y desde ya, el acento que es la primera vez que lo escucho en la Francia misma, suena realmente muy bien.

En "Un Mate en Europa" pueden leer más apreciaciones de la visita de un argentino a tierras francesas de frontera. Por otra parte, aqui hay más fotos de la ciudad.

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