Aterrizamos en Lviv

La aventura comienza, otra vez un aeropuerto, y, como tantas veces, las insoportables demoras, insoportables porque nadie te las explica. En la sala reina el silencio que se interrumpe muy cada tanto con un aviso, somos pocos los que estamos en este sector, la impaciencia comienza a apoderarse, no quiero llegar de noche, no quiero perder la conexión.

Noto mi impaciencia algo más inquieta que lo normal, y miro a mi lado, este no es un viaje más, es el motivo de mi nerviosismo. Estoy en la sala de espera de El Prat con la madre que me parió, y no es para despedirnos sino para salir de viaje juntos, un viaje que mi imaginario ideó unos años atrás como quimera,  logra materializarse.
Nos sentamos en la aerolínea extraña, una completamente nueva, Ukraine International, y nos abrazamos. Estamos despegando rumbo a las tierras lejanas del Este europeo, en un periplo sin precedentes para visitar a la familia ucraniana, la familia que yo ya tengo la suerte de haber visitado, la familia de mi madre, que ella estaba por conocer.

Llegamos a Kiev, pero no teníamos tiempo de nada, ni siquiera de entender el idioma, vimos que todos corrían, no era para menos, llegamos demorados y casi todos tenían conexiones que parece ser no iban a esperarnos. Alguna pregunta para ubicarnos al personal de seguridad, y otra vez la impaciencia del ingreso a un país, la espera que se me hizo interminable aunque no deben haber sido más de 15 minutos y luego el comentario sorprendido del personal de migraciones ante la visita desde tan lejanos horizontes.

Finalmente, llegamos! Pero aún faltaba un vuelo. La conexión a Lviv, ese Lviv o Lvov del que me hablaba mi madre cuando era niño sin saber concretamente si era allí o Tarnpol, Tarnopil, todas las ciudades se tergiversan a la distancia y con los años. Mientras tanto, un arcoiris nos daba la bienvenida y nos indicaba el camino hacia la tierra prometida.
El arribo a Lviv (Leópolis) fué nocturno, si hubiese estado solo me arriesgaba a salir andando, tomar el tranvía y seguir adelante como siempre, pero estando con una madre al lado, hay que privarse de algunas aventuras y tirar por lo sano. Esta vez coordiné con la dueña del piso donde nos alojaríamos, que me prometió esperarme y allí estaba, con su amiga, dos señoras ucranianas que pese a haber prometido hablar inglés, solo contaba con un cuadro con traducciones al inglés, y mi escaso ruso con el escaso polaco de mi madre, y simplemente la confianza, ayudaron a comunicar hasta que maravillosamente mi escaso ruso permitió detectar que su colega mencionaba que hablaba alemán y contestarle que yo también podía hablar alemán, y problema solucionado: en ucrania, comunicándonos en alemán para recibir las indicaciones!

El alojamiento tampoco fué azaroso, estaba especialmente seleccionado, dediqué mi tiempo, después de todo viajaba con mi madre, por si aún no lo había dicho.

Una casa en el centro histórico de Lviv, del siglo XVI con algunas renovaciones, básicamente, un departamento en una sala de arte enmarcado en el centro turístico por excelencia de la ciudad.

Llovía y era de noche, pero el hambre se hacía sentir, después de todo, el último bocado lo habíamos probado apenas pasado el mediodía esperando el avión en su retraso. Salimos, dimos vueltas, la gente como siempre en estos lugares, elegantísima, chicas arregladas como para una fiesta de gala, los muchachos no se quedaban atrás, se notaba mucho lo extranjeros que eramos. Buscamos en un sitio y en otro, eran casi las 23 y todos tenían sus cocinas cerradas, claro, horario europeo. Por suerte frente a casa casi resignados encontramos un sitio con cocina georgiana donde pudimos comer y brindar por la ocasión, a un precio sumamente accesible al turista occidental. Si, Ucrania es de lo más barato que he ido y la relación calidad precio de las comidas es fascinante, por una cena para dos personas, con bebida en un lugar clásicamente turístico, apenas pagamos 10 euros.
Antes de buscar redención en el descanso, intenté mostrarle algo de lo que recordaba a mi madre, pero la ciudad en si es muy oscura de noche, aún tiene eso de los años 50. Recordar que Lviv es una ciudad prácticamente occidental ya que formó parte del imperio austrohúngaro y ciertamente su apariencia es occidental, calles empedradas, tranvías, farolas y tranquilamente si no fuera por la visible falta de mantenimiento de edificios que le da un encanto tradicional, podríamos decir que estamos en Austria.

El hecho es que de noche no se veía mucho y el frío azotaba, con mi madre al lado no me atrevía a deambular por las calles oscuras y optamos por lo sano, descansar para hacer algo durante la mañana siguiente, cosa que hicimos tras el desayuno.
El panorama de la ciudad cambia rotundamente, salimos y había oleadas de turistas, especialmente niños que los llevaban de aquí para allá, Lviv tiene historia y es demasiado relevante para el ucraniano, es casi el bastión del orgullo ucraniano, recordar que estamos en el oeste del país, más cerca de Polonia que de las ordas rusas que generan estragos en el inestable este.

Por las callejuelas no circulan coches casi, dejan paso a los trencitos de niños y alumnos que van guiados por docentes y guías para visitar las estructuras históricas que pasaron de mano en mano a lo largo de los siglos: imperio, Polonia, Nazis, Socialismo, Rusia, y la independencia. Debajo de la ciudad está repleto de pasadizos, catacumbas, hay fuertes y hasta un hospital. No por nada la gente ofrece visitas guiadas, es un ir y venir de gente.
Poco a poco iba recordando algunas de los lugares que había visitado en mi primera ocasión, y trataba de atar cabos. Llevé a mi madre a uno de estos lugares, iglesias y ferias, todo esto en apenas unas 3 horas. El tiempo apremiaba: la familia nos venía a buscar!
Se acercan las 12 del mediodía. Ya en el departamento con todo empacado, recibo un mensaje en el teléfono, una foto de la puerta de la casa. Allí estaba Galina, como 4 años atrás, había venido a buscarme a Lviv. Salimos atolondrados a la puerta, justo llega la dueña del piso a recoger las llaves, hay confusión, no logro explicarle que son mi familia aunque ella sabía que venían a buscarnos. Detrás de ella está Galina y Vasilij, salgo, y otra vez nos fundimos en un abrazo que comprime 4 años de espera, aunque esta vez cedo pronto, el eje de la visita era otro, no me tocaba a mi sino a mi madre ser la homenajeada.

Entre todo el malentendido, la señora nos invita a pasar, no se como hablarle, pero obviamente, Vasilij entiende todo, que alivio, ellos se entienden, pero nosotros no! Aquí comienza otro viaje y otro desafío: entendernos con la familia, con quienes sí tenemos muchas, pero muchas ganas de hablar.
Entre risas cómplices y bromas, hicimos lo posible entre nuestro precario ruso y polaco con su precario inglés, esta vez no teníamos una intermediaria que nos tradujera, solo la magia de Google que estaba ayudando a cruzar fronteras y unir distancias. Desde luego no faltaron los malos entendidos, como por ejemplo cuando nos ofrecieron visitar una serie de catacumbas y nosotros entendimos cualquier otra cosa y terminaron descartando la idea porque ellos entendieron que ya habíamos ido...pero son cosas mínimas que pueden superarse.

Lo que siguió fué ponerse a punto, y emprender el camino hacia el viejo y concido Sokal, el hogar donde nos acojen, para encontrarse a la hermosa Vanessa y preparar motores y el reforzar el corazón para las emociones fuertes por venir.

Cómo llegar

  • Avión: desde la mayoría de los aeropuertos occidentales se está casi obligado a hacer escala en Kiev, UAI es la aerolínea típica que opera todas las rutas en el país, pero también llegan a Lviv otras desde otros orígenes. Por el momento (2018) y pese a la relevancia de la ciudad, aún no se ha llegado a un acuerdo para conectar líneas de bajo costo pese al esfuerzo en el tema.
  • Tren: es factible llegar tanto desde Polonia, donde existe un tren internacional que conecta Kiev con Krakow. O bien desde la capital Kiev en las opciones Intercity o tren común. Se pueden consultar los horarios y precios en Укрзалізниця
  • Bus: una de las maneras más baratas es arribar desde el oeste con autobuses que cruzan la frontera desde Polonia por ejemplo, y se saltan las colas de turista o transportista común. De hecho es una de las mejores opciones, aunque de las que insume su tiempo por las distancias y la ausencia de carreteras de múltiples carriles.
  • Combinada: después de mi última experiencia puramente en avión, si tu destino es principalmente Lviv, creo que la mejor opción es llegar a Krakow aprovechando alguna opción de aerolíneas de Bajo Costo y tomar un autobús o bien el tren nocturno hacia Lviv.

Qué ver en Lviv

  • Su centro histórico es considerado Patrimonio de la Humanidad y desde luego merece la pena recorrerlo. Siempre en estos casos, es recomendable contar con alguna ayuda local, ya sea para las indicaciones, como sobre todo para la historia.
  • Está compuesto por un conjunto de menos de 10 manzanas donde se concentran decenas de iglesias y edificaciones con relevancia histórica, rodeando la clásica Plaza del Mercado.
  • Paseo de la Ópera lindero al casco histórico 
  • Catedral de San Jorge
  • Subir al Високий замок para contemplar las vistas de la ciudad desde una mayor altura
  • Museo ГОЛОВНА ubicado en un parque en las afueras de la ciudad, agrupa una serie de viviendas típicas de la región rescatadas de diferentes sitios de Ucrania. Permite contemplar la arquitectura y modo de vida de los ucranianos hasta principios del siglo XX, también alberga iglesias y es una típica atracción donde encontrarás alumnos de colegio ya que siempre los llevan a presentarles la historia.
  • Al menos ingresar a uno de los restaurantes más curiosos del mundo: Krivka que funciona en un búnker y para ingresar hay que decir la contraseña, te reciben con un shot de vodka y podrás comer comida típica servida como en tiempos del ejército, situado en un ambiente de resistencia a los rusos de mediados de siglo pasado.
  • Visitar el Museo Arsenal y deleitarse comiendo con las manos en el Restaurant Ribs que se encuentra debajo.
  • Como siempre digo, comer todo lo que parezca curioso y no privarse de nada. Hay muchos restaurantes de comida georgiana totalmente recomendables. Siempre hay que degustar la comida local. 
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