Paseando la madre que me parió

La madre que me parió no había tenido la suerte de visitar Europa en sus más de 60 años de vida, y si bien manifestó más de una vez sus intenciones de hacerlo, se tomó 4 años y algo de presión a distancia para hacerlo, y desde luego, la decisión estaba pero los pasos de algún modo los precipité tomando las riendas de la organización de su viaje.

Si me remonto a los años en que planificaba mi salida de Argentina en búsqueda de ese recorrido loco por los orígenes, en algún momento del plan ella estaba incluida para sumarse pero los titubeos y mi necesidad de decisión, de dar el paso forzaron a que me moviese solo. La esperanza de alguna vez sumarla a una travesía de ese estilo nunca dejaron de estar presentes y si bien tardaron en llegar, el recorrido de Orígenes se reavivó con su presencia.

Un mayo de 2018 finalmente pisó suelo español, no sin momentos de zozobra por las demoras en las conexiones, y con un cansancio poco habitual pero con una alegría inocultable, llegaba a Sant Boi de Llobregat con sus ganas intactas de aturdirme con sus palabras.

Lo fascinante de todo viajero primerizo es que todo le sorprende, basta con recordar aquellos Primeros Pasos en Europa en el nacimiento del blog, o incluso el Usos y Costumbres. Con ella no fué excepción y el mismísimo primer día como quien quiere cansar a un bebé para que se duerma y recupere algo de sueño, la llevamos de paseo por el pequeño casco histórico de Sant Boi y ella se maravillaba con cada baldosa que pisaba, y terminó de "flipar" con la Iglesia de Sant Baldiri y sus vestigios romanos.
   
 Los primeros días fueron recorriendo Barcelona, y sus puntos de visita obligada, las ramblas, ciutat vella, imposible dejar de lado la Sagrada Familia y Park Güell. Pero pronto montamos a un avión con destino a la España profunda.

Para no dejarla simplemente con las vistas catalanas, nos dirigimos a terra galega y toparnos con su temperatura variable y su inconfundible lluvia, esa que le da el verde tan especial.

En Santiago de Compostela uno se cansa de peregrinar por su casco histórico y perderse en sus recovecos, disfrutar de unas cañas y sus siempre bienvenidas tapas que tanto se extrañan en el oriente ibérico. También se disfruta de los sabores helados que más destacan en España: Bico de Xeado es una heladería artesanal gallega que es una visita obligada.  A razón de un helado por día, llueva, truene o haga frío.

Cuando en Galicia comenzaba a salir el sol, tocó la hora de partir. Por primera vez en coche desde la capital galega hacia la capital del Bierzo subiendo y bajando verdes montañas.
En medio hubo escala en el mítico a estas alturas San Fiz Do Seo, el pequeño poblado de montaña de donde proviene mi abuela paterna, aunque curiosamente no es mi padre a quién me tocó llevar a visitarlo, al menos puede acercar a mi madre para que le lleve algo de lo que allí se encuentra.

Y no ha sido poco! Los 4 vecinos nos vieron descender de un coche desconocido y se preguntaron quienes éramos, le dijimos que turistas que venían de muy lejos para visitar las tierras de la abuela y de ahí surge la inevitable charla de "...y tu pariente de quién eres?" y de allí salir con el relato de "la casa de ellos está ahí debajo, más allá esta la de una de las nietas" luego comentar sobre los vecinos de San Fiz en Buenos Aires, y enterarme que "...la casa de Moisés es esta que está aquí..." abandonada, pero rige en perfecto estado justo delante nuestro, y poco más abajo, la casa de los Rodriguez, todos fueron vecinos en menos de 200 metros de en la enorme Reina del Plata.

A poco menos de una hora se llega al centro neurálgico del Bierzo y nos recibe un inigualable arcoiris. Ponferrada te da esas sorpresas, y la parentela esperando ansiosa por la llegada de la, curiosamente esposa, de su primo. Si, así de raro es todo, que el pariente directo no vino, sino su esposa sola.
En el Bierzo todo se disfruta, incluso tanto que hasta me pone nervioso (perdón, no puedo evitarlo) el tener que entregarme al no hacer nada. Es que se desviven tanto para que uno la pase bien que siendo como soy me cuesta soltarme y dejarme llevar sin hacer nada. Me atrevo a decir que esta vez lo logré.
En la zona visitamos el obligado Castillo, y algunos pueblitos por alrededor, contemplamos las vistas desde el Mirador de Corullón, fuimos a las Médulas y pude entrar por primera vez al Castillo de Cornatel, mítico Castillo de Ulver con todas sus leyendas.

El regreso se emprendió de manera indirecta, para qué hacer las cosas simples si podemos ver más terreno. Desviamos una pila de kilómetros para visitar la Playa de las Catedrales en el norte de Galicia, ahí cuando se mezcla con Asturias. Un recorrido para ver paisaje también aunque la niebla espesa hizo de las suyas en el trayecto y nos escondió parte del horizonte, pero el sol hizo lo que tenía que hacer para dejar abierto el camino en la deslumbrante playa.
Hubo Santiago, hubo Ponferrada y hubo paseo por tierras Catalanas, que después de todo es la región que me da cobijo y la que habito. Sus playas nos dieron el sol, el calor y también el color necesario para cargar las baterías y despedir de algún modo a la primeriza visitante, la aventurera que se sumó a la lista de personajes en la historia del Escéptico Observador, cerrando su estadía entre fuegos de correfocs presagiando una futura visita, vaya uno a saber en ese entonces haciendo estancia por qué lugares.

Mas entre medio de estos recreos hubo un hito de relevancia en la historia familiar, en la visita, y uno de los logros más relevantes de mis historias aventureras. Emprendimos un inolvidable viaje hacia Europa del Este buscando materializar la oportunidad de apersonar a la madre que me parió en la tierra de su madre, mi abuela, y convivir una experiencia única que me regocija como artífice...pero esto amerita mucha reflexión y quedará para el próximo relato.

El resultado ha sido una gran aventura, atravesando todo límite.

Gracias por venir y hasta la próxima!


Pulpo a feira

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