Ibiza, la isla del sol

Ibiza es sinónimo de verano, de playas de aguas color turquesa y arenas claras, de puestas de sol interminables, pero sin dudas, cuando uno menciona su nombre, inconfundiblemente es sinónimo de fiesta.

Me atrevo a decir que muchos no saben siquiera donde esta, estoy casi convencido que para muchos no hay diferencia entre esta isla y las vecinas, o incluso las de mas abajo allá por el Océano Atlántico. La gente sabe que es fiesta, música electrónica, dj's o pinchadiscos, gogos, fiestas de espuma en Amnesia y atardeceres en el Café del Mar ambientados por la musicalización chill out a cargo de José Padilla.

Pero este panorama pachanguero y nocturno cambia de aspecto rotundamente fuera de temporada, la que se extiende de Junio con las mega opening parties de Usuahïa por ejemplo, y tiene sus closing sessions allí por Octubre.

Lo que no cambia es su fisonomía: esas costas rocosas enfrentándose bravamente al mar que la rodea, plantándole cara a las puestas de sol con un paisaje imponente, dando un espectaculo que se puede disfrutar a lo largo de todo el año, aunque, con algo más de abrigo fuera de la temporada estival.

Desde luego los precios cambian para el turista promedio. La isla cuesta el doble o triple en verano, y los alojamientos bajan fuera de temporada, pero no dejan de ser precios elevados en comparación. La isla del sol hace valer su fama, y pese a que la fiesta queda a un lado en estos meses invernales, el turismo se sigue dejando ver, por su cercanía a las urbes continentales y promociones de pasajes a precios de ganga, hacen que los fines de semana sea una opción de lujo para una escapada con apenas 40 minutos netos de vuelo desde Barcelona por ejemplo, o alcanzable mediante ferries que dan otro sabor al paseo.
Durante mi adolescencia y algo más allá, me crié oyendo muchos de los DJ's que hacen de las suyas cada verano, y soñaba con ir a uno de esos eventos, a la meca del sonido balear, y no dejo de soñar ya que no cuesta nada, siempre hay tiempo para más. Pero en esta ocasión me centré en la posibilidad de conocer la isla fuera de todo alboroto. Llegamos un viernes por la tarde, y rápidamente recogimos un coche de alquiler, un Seat Ibiza por supuesto, opción recomendada ya que el transporte es escaso, pero las distancias en la isla son pequeñas, la máxima es de 41kms entre los puntos mas alejados, con una morfología y relieve irregular que la hace altamente atractiva para las caminatas, pero con el coche, se recorre muy fácilmente.
Las opciones de alojamiento son amplias, pero hay que tener en cuenta también, que muchas están pensadas para veraneantes, por ejemplo, cuenta con hermosas cocinas a la intemperie, ideales para las eternas tardes de verano pero imposibles en invierno. Las ciudades más relevantes son la capital desde luego, oficialmente llamada "Eivissa", y en el otro extremo, mirando hacia Valencia, Sant Antoni. También es de destacar la ciudad de Santa Eularia del Río, donde casualmente se celebraban las fiestas patronales y durante nuestra estadía fuimos a participar de las celebraciones del concierto de clausura con la presencia estelar de Seguridad Social, y por si no se acuerdan, aquí les dejo un vídeo de su tema más conocido que seguro les trae recuerdos.
El recorrido obligado comienza por la visita a la capital, la ciudad más grande, una ciudad coronada con el casco antiguo fortificado declarado Patrimonio de la Humanidad conocido como Dalt Vila, donde se disfrutan de vistas inmejorables de la costa y de la zona del puerto, también deja verse apenas en el horizonte la fisonomía de la hermana Formentera, otra de las Baleares, vecina de Ibiza, a la cual se accede con media hora de ferry y tiene un paisaje aún más agreste.

Al baluarte de la ciudad se accede de a pié subiendo por diversos caminos y escalinatas, tiene algunas entradas escondidas que facilitan las cosas y tuvimos la suerte de encontrarlas. Es una ciudad en su misma, y desde luego, blanca, como no iba a ser de otra manera.
La isla fué un paraje deseado para muchos navegantes de antaño, fué ocupada por Fenicios, comerciantes, un punto estratégico tanto durante etapas comerciales, como en las famosas guerras Púnicas. Cuando los romanos hicieron caer el poderío Cartaginense, la isla quedó en manos del Gran Imperio, y luego a manos Bizantinas. Sufrió casi la misma suerte que el territorio insular, poco después cayó a manos de los árabes que se establecieron durante varios siglos y continuaron la fortificación de la Vila, pero no pudieron resistir la reconquista a cargo de Jaume I de Aragón, que finalmente logró imponerse en Baleares y reconvertir la fisonomía de Dalt Vila en lo que hoy es visible, coronada por su Catedral.  

Dentro de la urbe, lo primero que notamos es el parecido a las ciudades costeras que conocemos, salvando distancias por las aguas cristalinas desde luego. El primer escollo fué la dificultad extrema para estacionar en la vía pública, en zona relativamente céntrica, y eso que estamos fuera de temporada. Leía por algún lado que en verano el nivel de vehículos crece a razón de más del 100% en verano, no imagino la locura que sería eso.

De recorrida se encuentra el famoso Pacha en la zona más cercana al puerto, y algo más alejado sobre la Playa d'en Bossa, el moderno y deslumbrante Usuahïa y digo deslumbrante porque literalmente tiene una pantalla gigante en la pared del hotel que se ve desde los aviones y lo hace inconfundible. 
Nos propusimos un circuito para recorrer toda la isla, por eso al otro día emprendimos camino hacia el este. Al detenernos a contemplar la Cala Llonga,  oculta entre el Cap des Llibrel y la Punta Roja, nos sorprendió un repentino granizo en medio de la sesión fotográfica, que pronto se conviritió en un sol radiante a escasos kms cuando llegamos a su vecina Santa Eularia del Rio.

Siguiente punto de referencia fué la Cala de San Vicente, en el extremo oriental de la isla, casi desierta a esta altura del año, unas escasas cuadras construidas con un enorme hotel que altera el panorama hacia el interior, pero con vistas fantásticas del mar y el horizonte coronado por la Isla Tagomago. Tras las fotos, ritual de rigor: unos reparadores mates en la playa y seguimos viaje hacia una de las vistas más emblemáticos para la vista, al menos en nuestra experiencia, que fué el descenso hasta la cala de Portinatx donde nos recibió su pintoresco faro que coronaba el acantilado, pero también el intenso viento que provenía del continente trayendo el frío, generando que oleaje azote con fuerza la pared de roca, el agua se revolvía componiendo una acuarela de colores rojizos de la piedra, el blanco de la espuma y el intenso celeste del agua.
El punto álgido de la ventisca se hizo sentir en Cala Benirrás, famosa por su festival de los tambores en las puestas de sol veraniegas y completamente desierta a nuestra llegada, al descender del vehículo tuvimos que caminar inclinados y haciendo fuerza, buscando resguardo en alguna de las pocas construcciones para poder avanzar y tener capturas destacadas, ya que pese al viento, y el frío, el aspecto de las calas es un paisaje digno de compartir y disfrutar, y evidentemente así lo saben los muchos lugareños, y otros por elección, que se encargaron de decorar la isla con casas y caserones en cada rincón, en cada ladera, en los lugares más impensados, donde uno se lo imagine, hay una casa con vistas envidiables.

La isla desde luego no es solo playas, en el centro se destacan poblados rurales, la cría de animales, y sus almendros, fuera del turismo, el aspecto rural interior le da un aire de relajación que permite de algún modo escaparle al ruido cuando es necesario. Por eso no faltan los embutidos típicos como la sobrasada ibicenca, las carnes a la brasa también destacan en la región y platos típicos como el guisado de pescado, infaltable en un contexto de puertos y pescadores, contrastan con el arroz de matanza, donde lo que justamente está ausente es el pescado y se lo corona con el producto de la faena del ganado local en cada finca. También hay postres, es sabido que la ensaimada es tradicional de Baleares, y si bien las hay en Ibiza y muy buenas, el postre tradicional es el flaó.

Así como en el texto, nosotros hicimos nuestra pausa culinaria en Santa Gertrudis de Fruitera, que podría considerarse el centro geográfico de la isla, de atractivo para el arte culinario y la hora del vermouth. Aquí disfrutamos de la ración de Arroz de Matanza y nos abastecimos de un flaó que consideramos el manjar del viaje, y pronto intentaremos replicar la receta en casa. Para los amantes del queso, es sublime.
La sobremesa la hicimos en Las Puertas del Cielo, otro restaurante famoso, al que solo acudimos a disfrutar de sus vistas. Es un punto de referencia en la zona noroccidental de la isla, por su posición privilegiada, es un paseo muy recomendable a pié, donde se rodea el Pla de Corona, un llano entre montañas muy fértil, donde los almendros adornan el paisaje y en tiempo de floración, decoran el horizonte con un manto blanco que contrasta con el verde césped.

Para darle cierre al relato he de mencionar nuestra experiencia con uno de los regalos más esperados de la isla blanca, de esos gratuitos y famosos, como lo son sus puestas de sol. Existen cientos de puntos de referencia para disfrutarla, nosotros optamos por pasar la primera en uno de los baluares de Dalt Vila, contemplando el sol esconderse detrás de los montes en el horizonte, dejando un efecto multicolor en las nubes al otro lado de la isla.
El segundo punto de referencia está en el extremo opuesto, en las costas de Sant Anotoni de Portmany, caminando por su rambla uno puede encontrarse hasta una escalinata para disfrutar de las puestas de sol a orillas del mar, oyendo buena música proveniente de alguno de los bares emblemáticos, entre ellos el tradicional Café del Mar. De los puntos urbanos, este sitio es de los preferidos para disfrutar de este espectáculo, el sol se pierde literalmente de frente al café.

Existe otro lugar, no tan accesible a pié, en el que la naturaleza regala la mixtura de relieve, agua y cielo convirtiéndolo en la referencia para disfruta de las puestas de sol: Es Vedrá, es un islote repleto de mitos, leyendas.
A espaldas del islote, el sol da su impronta en la despedida diaria, a la que se congregan decenas, tal vez centenas de espectadores. No fuimos menos, nos fundimos con el sol en un abrazo, y en agradecimiento, antes de emprender la retirada de regreso a las obligaciones.
     

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