Edimburgo, donde el mundo se encuentra con Escocia

Durante meses dió vueltas por mi cabeza la idea de visitar las tierras de William Wallace, mi motivación inicial, aunque parezca mentira, era futbolística, y no tanto porque este país se caracterice por ser una potencia del deporte, sino porque he pasado horas de mi vida entretenido disputando partidas de Championship Manager tomando las riendas del Ranger FC, uno de los más populares equipos del país. 

Y si bien el fin de semana coincidía con el clásico de Glasgow, la enorme belleza y dimensión del país no tardó en impactar y llevarme a planificar más allá esta visita. Pero las motivaciones originales mutaron prontamente a medida que me fuí empapando de la auténtica belleza que hay por ver a lo largo y ancho del pais. 

La semana previa a la visita a Escocia, hubo lecturas de rigor y muchas consultas con amigos que escasas semanas antes habían podido recorrer sus paisajes en una caravana. Revisitar el contexto histórico de la épica película de Mel Gibson con su cara pintada de azul y blanco, para refrescar las epopeyas de esos héroes nacionales, que prontamente contrastando con la historia real uno se da cuenta que ha sido muy tergiversada con fines netamente hollywoodenses, mas que gran efecto que ha dado que todos recordaremos siempre al defensor de escocia con la cara del viejo Mel sin dudas.

Nuestra puerta de entrada al país del norte del Reino Unido fué por su capital Edimburgo, una pequeña ciudad real, convertida en un imán para un sin fin de turistas que van lavando su cara tradicional mutando su fisonomía que se adecua a la vorágine turística de la que está siendo víctima hace un tiempo ya.
Ya desde el mismo descenso del avión se podían observar capas y capas de nubes, era de esperar, "la isla" en la que siempre llueve nos recibía con su suelo húmedo y su garúa tan finita que no termina de molestar pero que con la acumulación moja y refresca.

Solo me limitaré a acotar que el clima es netamente cambiante, la alternancia de lluvia y no lluvia es permanente, el plomizo del cielo es casi asegurado, pero tuvimos la gracia divina de ver como la fisonomía cambia notablemente ante la presencia de rayos del sol, bajo los cuales nos pudimos dar el lujo de recorrer sus calles. Un honor del que no muchos pueden alardear.

Aunque cueste creerlo nos alojamos en una iglesia, como es muy común en estos países protestantes, hay recintos eclesiásticos que se reconvierten dando todo tipo de utilidades muy variadas, desde centros comerciales, hoteles hasta discotecas. Pero no por esto es que en sus calles las iglesias dedicadas a la divinidad escaseen. Todo lo contrario: en  skyline destacan muchas cúpulas que no están solas...
La estrella de la ciudad es sin dudas el Castillo de Edimburgo, situado sobre una colina de roca en medio de la ciudad, con vista privilegiada todo a su alrededor, fué aquí donde capturaron a Wallace luego de la traición de la que fué víctima, y también yace uno de los elementos míticos de mayor relevancia en la historia de los reinos de Escocia e Inglaterra que se disputaron durante años, y es la llamada Piedra del Destino. Visto desde afuera, es una simple piedra donde se dice que fué coronado el primer Rey de Escocia, pero se le atribuyen orígenes místicos e incluso bíblicos, y constituye uno de los símbolos nacionales de la identidad escocesa, de la cual quiso apoderarse el rey Eduardo I de Inglaterra cuando la robó y llevó a Londres, permaneciendo desde fines del siglo XIII bajo el trono en la Abadía de Westminster (no sin haber sufrido robos por grupos nacionalistas de Escocia sobre los que hay incluso una película!) siendo recién devuelta a los escoceses en una seremonia un tanto graciosa en 1996.

Este y otros tesoros de la corona escocesa y gran parte de la historia del país se pueden recorrer en los salones del castillo, y tratar de comprender un poco esta relación de amor odio entre los dos países, tan parecidos, pero tan diferentes.

No contábamos con muchas horas en la ciudad, por lo que priorizamos conocer de ella lo más posible, motivo por el cual nos saltamos su atracción más visitada y nos quedamos son sus mejores vistas. Después de todo el castillo se ve más bonito desde afuera que desde adentro mismo.

La explanada de acceso de la joya de la ciudad desemboca en la llamada Royal Mile que se convierte en la calle más importante de la ciudad vieja, comunicando la fortaleza con el palacio de Hollyroodhouse calle abajo.
Desde luego esta "milla" contiene los edificios más importantes, como la Catedral, el Palacio de Gobierno, la vieja Plaza del Mercado y la Universidad, se destacan también sus recónditos patios escondidos en las callejuelas y pasadizos que de ella se desprenden cual espina de pescado, muchos de ellos desembocando a bellos patios interiores con rica historia de escritores famosos y por supuesto, algo tan característico de esta ciudad, fantasmas.

Y si, digo fantasmas porque en Escocia la cultura celta está arraigada, además de ser un país de tradiciones muy marcadas, como buenos celtas juegan con la muerte, y la ciudad abraza los cementerios que allí yacen, convirtiéndolos en lugares de paso y parques donde la gente puede reunirse, hacer picnics y disfrutr del aire libre.

Uno de los más céntricos y mas afamados es el Greyfriars, ubicado a unas centenas de metros de la Royal Mile, lo primero que llama la atención en su acceso principal es la placa conmemorativa al perro Bobby, uno de los símbolos de la ciudad, incluso nombrado ciudadano ilustre demostrando que si hay algo que los escoceses tienen es un excelente humor.

Entre los pasillos uno puede encontrar lápidas de personajes con centenares de años descansando, y lo que llama mucho la atención es la presencia de casas lindantes con el cementerio, casas que llaman "con vista al futuro". Incluso el patio de un colegio muy famoso, uno de los más costosos de la ciudad, linda con el parque. Este colegio, cuentan que inspiró a la escritora de Harry Potter para describir el famoso Hogwards, ya que antes de convertirse en una de las mujeres más ricas del mundo, esta mujer pasaba sus horas escribiendo en una cafetería a escasos metros del lugar, e incluso tomó nombres de sus personajes del libro, de las propias lápidas del cementerio.
Pero también es tristemente célebre por haber sido uno de los casos reconocidos como el primer centro clandestino de detención, siendo ejecutados muchos de estos detenidos ahí mismo, a escasos metros de donde yace la tumba del responsable de su captura a lo largo y ancho de Escocia, esto ha ocasionado numerosas versiones e historias que dieron lugar a cientos de polstergeist denunciados oficialmente en las comisarías de la ciudad.

Edimburgo está plagada de historias tenebrosas, a tal punto que existen decenas de tours nocturnos para recorrer sitios de relevancia paranormal con los que deleitar a los amantes de lo oscuro.

Una vez que descendimos en la Royal Mile nos sentamos en el patio de la universidad a comer un sandwich Oink con vistas al Arthur's Seat esa mole que secunda a la ciudad y le da una apariencia digna de las Highlands en medio de la ciudad.

El sol seguía acompañando, por lo que apresuramos el paso y subimos las largas escaleras desde la zona más profunda de la ciudad, hasta las alturas de Caton Hill desde donde se puede contemplar una de las postales clásicas de la ciudad, y ver a lo lejos los fiordos del Forth. Esta colina cuenta con una serie de monumentos y edificios que hicieron denominar a la capital como la Atenas del Norte, no solo por la apariencia de estos, sino también por la gran afluencia de filósofos y científicos que pululaban de estas tierras (uno pierde la cuenta, pero repasando encontramos desde Graham Bell, James Watt, Alexander Fleming, John Boyd Dunlop, etc).
El intenso día nos depositó nuevamente en las calles centrales, para brindar por todo lo acontecido los elixires que emanaban las barras de un bar típico, cerveza de la región, brindis y el frío nocturno que comenzaba a azotar. La ciudad volvía a cambiar su fisonomía, y en un día pudimos contemplarla en tres tonalidades: amaneció lloviendo, disfrutamos del sol y ahora en su faceta noctámbula, la ciudad se transforma, los turistas merman, huyen de la brisa y recupera todo la calma a la espera de que los fantasmas se apoderen de sus calles.

La ciudad merece realmente algo más de tiempo del que le dedicamos, sumado a que como en todo el Reino Unido, incluye la posibilidad de acudir a los museos de forma gratuita. Es rica en historias y leyendas, tiene muchos recovecos que merecen la pena dedicarle algo más de tiempo. Como el viaje mutó de su versión citadina original, las urbes quedaron en segundo plano, ponderamos ir más allá, recorrer otras latitudes que develaré en el próximo relato.

Desde luego, todas las fotos de esta hermosa ciudad AQUI