Camino a las West Highlands

Tuve que juntar coraje, intentar ponerme el cinturón de seguridad no sin atinar a tomarlo desde el lado equivocado, arrancar el motor, respirar profundo y poner primera para salir lentamente del parking del aeropuerto bajo el cielo plomizo y el suelo mojado.

Primeros cabeceos, primeras dudas, es por la izquierda? es por la derecha? Los 200 metros que siguieron fueron de dudas, y ni les cuento la primer rotonda que encontramos al frente, no solo la duda de hacia donde debiamos ir, sino por donde debíamos tomarla.

Estaba yo al frente de un Vauxhaul Corsa conduciendo por la izquierda, con el volante a la derecha, al revés de mi mundo conocido. Una experiencia nueva, y todas esas sensaciones que representa enfrentarlos. Pocas cosas me llenan tanto como un desafío nuevo, y desde luego que dan nervios, temores y el riesgo asociado a conducir en condiciones de lluvia al revés!

Pero duró poco, las velocidades máximas son relativamente escasas y la gente muy respetuosa, costó acomodarse a que en realidad a la hora de "ir lento" debía quedarme relajado sobre el carril izquierdo, pero una vez que lo incorporás, se deja llevar, no sin algunos cordonazos en medio del viaje ni tampoco viene mal el recordatorio de tanto en tanto en cada curva de que "es por la izquierda" porque la tentación de doblar e incorporarse por la derecha nos es natural.

Ganando confianza a cada kilómetro fuimos desandando camino hacia las tierras altas, nuestro destino final eran las famosas Highlands, pero como en Escocia todo lo que está por encima del rio Forth se le denomina así, concretamente nosotros íbamos hacia las West Highlands. Tan pronto como cruzamos el recientemente inaugurado Queensferry Crossing pusimos dirección Stirling.
En esta pequeña pero importante ciudad, yace el Monumento Nacional a William Wallace que yace en la altura de una colina donde se erige una torre enorme con vistas a todo el valle. En si es un lugar privado, plagado de referencias a la figura del Defensor de Escocia.

Acceder a la torre tenía un costo exorbitante pero se podía ascender a la colina y tener vista desde el mirador, que desde luego fué lo que optamos por hacer, y desde allí intercambiar palabras con un vecino del lugar que quiso practicar su español y nos comentaba las vicisitudes del Brexit y lo diferente que es para él el contexto catalán del reclamo escocés.


Decidimos visitar Stirling debido al monumento desde ya, todos tenemos el gran recuerdo del viejo y querido Mel Gibson interpretando al héroe nacional en esa épica película plagada de errores históricos donde metieron en la coctelera muchos de los factores históricos para darle sabor taquillero. 

El viejo Mel, digo William, tuvo su primer y pese a que en la película pueda uno confundirse, única y relevante victoria en Stirling, más precisamente en el Puente de Stirling donde derrotaron a un ejército más fuerte y con más hombres con una estrategia sencilla: la diferencia numérica no los favorecía, por lo cual debían pelear en un lugar estrecho, y el puente, uno de los únicos puntos para cruzar el río en la región era el lugar más estrecho.
Esta región también fué testigo de la batalla que posteriormente diera la independencia a Escocia, donde las tropas comandadas por Robert Bruce (Robert I de Escocia), el colega de barba candado que se la juega por William y se ve también traicionado por sus compañeros nobles, derrota a los ingleses en Bannockburn a escasos kilómetros de Stirling.

De todo este contexto histórico hay un dicho que cita "el que gana Stirling, gana Escocia".

Ahora bien, muchos se preguntarán, o al menos yo lo hice, si Escocia ganó su independencia allá por el 1300 y algo, qué pasó para que luego siga formando parte del Reino Unido: bueno, la historia tiene sus vaivenes, el linaje y los culebrones de los nobles, que hicieron que increiblemente para Escocia, alguna vez su reina se convirtiera en Reina de Inglaterra también y los reinos se fusionaran...pero esa historia es muy larga.

El camino por recorrer nos llevaría por cientos de millas de rutas mano y mano que atraviesan paisajes épicos bordeando los confines del Loch Lomond & The Trossach National Park, lo más parecido a nuestros queridos Siete Lagos Patagónicos pero con montañas mucho más bajas alrededor. Un recorrido boscoso y desde luego húmedo, que nos permitió disfrutar de algunos de sus lagos como el Loch Lubnaig , el ventoso Lochearnhead y las hermosas vistas del Loch Tully, mezclado con sus montañas plagadas de nubes bajas que las envolvían.
A cada lago que uno llega lo rodean misteriosas historias, cuando no un monstruo que navega sus aguas (desde luego, la más conocida la del Loch Ness) y a medida que se penetra en el paisaje solitario uno comprende el origen de tantas historias. El ambiente es ideal, es digno de liberar la imaginación, combinado con las leyendas de mitología celta y gaélica que reinaron en la región desde la época de los pictos, posteriormente mezcladas con las leyendas vikingas que poblaron también las tierras del norte, dan un cóctel único.

Y aún siendo un país escasamente poblado, el ir y venir por las carreteras remotas es incesante, la cantidad de turistas que se agolpan a descubrir las fantásticas vistas hace que sea difícil sentirse solo en medio de la inmensidad. Aún cuando estamos a más de 200 millas de las ciudades más pobladas, en cada mirador encontramos decena de coches con locales y extranjeros, deslumbrados por la belleza del paisaje.
Poco después del mirador de Loch Tully comienza un recorrido que nos adentra al misterioso Glencoe, un eterno valle encantado que se proyecta hacia el infinito rodeado de las montañas más altas, que se coronan al oeste por el Ben Nevis con sus 1345 metros, conforman uno de los paisajes más típicos y reconocidos comúnmente como típicos escoceses. Se lo considera uno de los lugares más bellos del país, y es curioso porque su escenografía es típicamente gris, húmeda, por lo cual las praderas son verdes, amarillentas por las heladas, el suelo es lodoso y las montañas carecen de picos elevados, son redondeadas viejas, pero la hierba que cubre todo el horizonte da esa sensación de alfombra mágica.

A través de este corredor entre montañas el viento sopla, y les aseguro que lo hace helado, se cuela entre las montañas desde el Mar del Norte y corroe los huesos, pero la gente sale a caminarlo, a recorrer sus senderos mágicos, solitarios y silenciosos. Escocia es un país repleto de senderos, y se invita a recorrer a pié, eso si, el equipamiento térmico y antiagua es imprescindible.
También, detrás de este paisaje se esconde silencioso una página trágica de la sangrienta historia escocesa, tuvo lugar la Masacre de Glencoe donde los miembros del Clan MacDonald fueron masacrados (más de 120 personas) para dar un ejemplo de escarmiento y domesticar a los demás clanes rebelados al Guillermo III de Inglaterra (si, medio increible, un rey holandés de Inglaterra que manda matar a rebeldes en Escocia).

Entre el imponente paisaje se escurren rios de agua helada algunos de los cuales descienden por las laderas de las montañas en precipitadas caídas de agua, y desembocan en alguno de los cientos lagos que dan limites a las comarcas del West Highlands, en este caso el Loch Leven.

Llegamos a nuestro alojamiento cayendo la tarde, y en esos instantes precisos justo cuando el sol se escondía por el oeste dando ese tonalidad para resaltar el dorado en las cúspides de alrededor, mientras caminábamos en el pequeño poblado a la caza de "algo", literalmente, ya que no quedaba nada más a la víspera que un pequeño almacén donde nos hicimos de algo para beber, una leve provisión para el desayuno posterior y poco más.
Para cenar nos refugiamos en el único sitio abierto, un albergue que acaparaba toda la atención de los transeúntes, y donde entregué a probar el plato típico nacional, los Haggies. Como todo plato nacional, es comida originalmente de origen humilde y por eso la fama que tiene, les dejo el desafío de leer su composición en el link, pero me me voy a limitar a decir que son especiados y sabrosos, lo suficientemente calóricos como para animarlo a uno a salir al frío de la región sin problemas.

Un brindis con cerveza de la región, nada de whisky, no es mi fuerte, quedará para otra ocasión en alguna visita a las destilerías típicas, con más tiempo, porque, después de este viaje al que aún le dedicaré un relato más, estoy seguro que habrá una segunda vez en Escocia.


Todas las fotos AQUI