Girona, crónicas de Hielo y Fuego

Estando en el centro de Catalunya es imposible no querer recorrer las capitales de las 4 provincias que la conforman, y Girona tiene fama de ser una de las ciudades medievales más bonitas de la región, no por nada los productores de la serie Game of Thrones han estado filmando partes de la saga durante la última primavera en la mismísima ciudad generando una revolución y muchas suspicacias respecto a personajes cuyos actores intérpretes estaban merodeando la zona. 

Imposible seguir resistiéndome a visitarla, pese que recomiendan Abril o Mayo como la mejor época, donde los jardines florecen y los colores brindan una paleta de gama variada.

Emprendimos viaje por dos días, aprovechando un día de vacaciones que tenía comprometido, y salimos un viernes por la mañana temprano rumbo a Sants, con la idea de subirnos a uno de los Rodalies que tiene destino final en la ciudad lindera con la Costa Brava, pero finalmente terminamos viajando por una cuestión de horario en un cómodo Alvia que en apenas una hora nos depositó en la moderna, pero aún con partes en obras, estación de la capital.
Nos esperaba una habitación en casa de Bernat, a quién prácticamente apenas vimos el día que nos entregó la llave y dispusimos de su casa casi como quisimos. No hubo mucho tiempo más que para presentaciones, ya que nuestro plan requería cierta urgencia. Debíamos perdernos en los pasillos de la ciudad hasta cruzarnos con BikeBreaks, donde nos esperaban dos bicicletas a medida, las cuales rentamos con el afan de recorrer al menos parte de una de las tantas Vias Verdes de la región.

Si algo he visto en el tiempo que llevo aquí es que el paisaje se presta a ser explorado, hay cientos de caminos y senderos para expedicionar caminando, otros más arriesgados los hacen corriendo, otros se equipan con todos los pertrechos necesarios y salen en familia. Y otras tantísimas rutas para ir en bicicleta. El paisaje se presta, las montañas, los ríos, las subidas y bajadas, las vistas, realmente invitan a querer salir de aventura, y lo más grato es ver familias enteras en estas excursiones.

Las Vías Verdes son rutas marcadas y muy señalizadas para recorrer preferentemente en bicicleta, las hay por toda España y desde luego no son las únicas, hay otras rutas no tan populares, sino que estas son mantenidas para tal fin. En Girona es famosa la Ruta del Carrilet, que sigue un viejo trazado del ferrocarril catalán que fué suprimido en medio de la era Franquista, conectaba Olot con Sant Feliu de Guixols, dividido en dos tramos, con Girona en medio. (ver Ruta Carrilet I y Ruta Carrilet II).
Una vez ajustados los asientos y recordado eso de pedalear, algo que tanto nos gusta pero que hacía tanto tiempo no realizábamos, emprendimos raudamente el camino, decididos a avanzar lo más que podíamos en sentido noroeste, es decir, optamos por la ruta ascendente en sentido Olot. Atravesamos el enorme Parque de la Dehesa, el pulmón verde más grande de toda Catalunya, bordeando el Rio Ter y alejándonos del casco urbano, nos adentramos en las fincas linderas, atravesando las huertas de los vecinos que en horario matinal ya trabajaban la tierra aprovechando los últimos frutos antes que el invierno los arrecie.

Inmediatamente tras las fincas, el paisaje cambia y se convierte en una ruta atravesando un bosque, repleto de delgados y altos árboles, casi pelados por la acción del otoño, el ruido de las ruedas contra la tierra se acentuaba por el crujido de las hojas secas, era imposible pasar desapercibido. El camino va mutando y el paisaje a disposición es variado, pronto nos vimos bordeando nuevamente el río y rápidamente seguíamos pedaleando al lado de la ruta, pero las montañas de fondo ya se divisaban aunque el destino se nos hacía muy distante.
Desde luego que el afan de cubrir los casi 58Km hasta el final de la ruta era una quimera sin sentido, por lo que nos propusimos llegar a Amer al menos, la primer escala, y siendo que no bicicleteábamos hacía tanto tiempo, esto representaba un desafío de 20Km por cubrir, no era poca cosa. Pero finalmente, promediando la hora y media de casi pedaleo constante, llegamos, para encontrarnos con un pequeño pueblito con su casco medieval y su iglesia en lo alto, para controlar la vida de todos los habitantes. Hora de la siesta casi, por lo que sólo merodeaban gatos gigantes por la calle, y otros más pequeños se animaban a acercarse intentando saciar su hambre con los restos de nuestros bocadillos. 

Enfriamos las patas al aire, repusimos energías cerveza de por medio y nos embarcamos en la vuelta que se hizo querramos o no, amena, ya que si bien casi no se notaba, la pendiente era a nuestro favor.

Por la noche no hubo tiempo para mucho, más que llegar a casa, una ducha caliente reparadora, preparar una comida sencilla mirando la tele y desplomarnos con nuestras piernas agotadas. El sábado sería otro día.
La mañana siguiente era otro el panorama, grís, casi lluvioso y hasta alguno podría decir que el agua nieve se iba a hacer ver pronto. A las 9:45hs en el mismísimo andén de la estación nos reunimos con dos nuevos aventureros que se sumaban a las crónicas, y con ellos nos dispusimos a recorrer la ciudad que el día anterior casi ni pisamos. Desayunamos tranquilos en una de las coloridas casas que lindan con el Río Oñar, y nos perdimos por cuanto pasillo encontramos, incluso hasta tomamos nuestros mates refugiados en los vestigios de un templo en lo que llaman Jardín de los Alemanes.

Lluvia va, sol viene, hubo que correr varias veces en busca de refugio, el día era frío, pero cuando aparecía el sol calentaba y daba el calor necesario, el problema era que no lo hacía con la frecuencia que uno hubiese deseado.

Visitamos los Baños Árabes tan famosos de la ciudad, la entrada es súper accesible pero la verdad que son muy pequeños y lamentablemente la única explicación guiada es en catalán. Nos perdimos por el Barri Vell, el barrio judío Call Jueu y nos deslumbramos con las tremendas vistas de las enormes cúpulas de las iglesias, tanto su Catedral, como la de Sant Felix y San Pere de Gallilgants.
La ciudad es pequeña pero los secretos son grandes, hay mucho por recorrer y muchos de ellos merecen la pena dedicarle un tiempo para entrar y descubrirlos. No estaba en nuestros planes invertir tiempo en museos, pensar que para muchas de las bellas iglesias cobran un acceso es algo que nos genera grandes discordias, aunque por cuestiones de horarios tampoco pudimos ingresar. Girona merece su fin de semana dedicado, con paciencia, a recorrerla.
El frío hizo mella, caló hondo en los huesos cuando fué cayendo el sol y nos costó encontrar un lugar adecuado para refugiarnos en el casco antiguo, por lo que fuimos desandando camino hacia el centro comercial, y se fué haciendo la hora...pero no de volver a casa, para eso faltaban unas horas aún, lo trascendente esa tarde era que se disputaba el clásico de España, Real Madrid vs Barcelona, y encontramos hueco en el bar de un hotel muy paquete, donde los señores catalanes disfrutaron de una goleada histórica. Un 4 a 0 épico del equipo de Luis Enrique, una lección que todo amante del fútbol debió haber disfrutado

Promediando las 20hs hacía arribo el tren que nos llevaría de regreso, nadie se atrevió a esperarlo en el andén, era demasiado frío, y constatamos el resultado de estas condiciones climatologías en el regreso: muchas estaciones cercanas a Girona habían sido cubiertas por la nieve!





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