Vilagarcía de Arousa: Orígenes de la Maga

Cuando comencé a regar años atrás la semilla de este emprendimiento que floreció y se convirtió en un proyecto bautizado Orígenes, los primeros pasos consistieron en intentar rastrear los últimos contactos, recopilar información y aprender de la historia familiar para que los hilos no queden en la nada.

Así fué como en medio de este afán de búsqueda, le insistí a ella, mi compañera en este viaje, presente espiritual y en parte físicamente a lo largo de todo este proceso, que intente, que recopile su información, porque alguna vez vi en sus ojos la llama que se encendía cada vez que hablaba de la Galicia paterna que alguna vez conoció pero no pudo recorrer el exacto lugar que se replicaba en cuadros y algunas fotos en blanco y negro.

Así fué que la llama se liberó, y tal vez insipirada en mi deseo de materializar mis orígenes, o tal vez por tener alguien que fomentara dar rienda suela a algo que siempre había querido hacer pero no se atrevió, fué que puso su magia en acción y pudo dar con raíces en territorio celta.

Aún estábamos digiriendo los manjares del inicio de año, pero no nos detendríamos, ya que el viaje seguiría hacia el noroeste español.

Ese mediodía llegó el primo Angel y su mujer Charo, nos pasaron a buscar en su coche, y previa comida en la Finca Aguadulce, donde cruzamos las trazas familiares en un hecho épico, tras unas horas de viaje a lo largo del Camino llegamos a Santiago de Compostela. Galicia, una vez más, y ese verde característico producto de su incipiente humedad que la hace inigualable.

Amanece, es sábado, es 3 de enero, y no es casualidad que estemos aquí. Hoy es su natalicio, y teníamos previsto que este sería el día. Nos acercamos a la estación de tren, y en menos de media hora estábamos en el pueblo natal, el pueblo donde todo comenzó. Sus ojos brillaban por de más, la morriña se vislumbraba en sus pupilas. Me sentí feliz de acompañarla.

Vilagarcía de Arousa es el pueblo pesquero sito en la provincia de Pontevedra que nos daba la bienvenida con un cielo soleado, sonriente de tenernos entre sus calles. Y era aquí de donde su padre provenía, y donde durante todo el año había pensado compartir con ella el día de su cumpleaños.

Es día de mercadillo, y las calles del centro de la ciudad estan abarrotadas, y los bares, con sus cañas y sus pinchos o tapas no pueden faltar. Galicia es uno de los tantos lugares donde ir a beber o comer es accesible, y realmente delicioso, y la gente lo sabe aprovechar.

Debimos cruzar toda la ciudad y situarnos ya en los barrios alejados, aquellos donde la gente cultiva su vid en el fondo de las casas, donde se construye en desnivel y se entremezclan casas enormes con lujos descollantes con aquellas humildes donde los abuelos pelean sus últimos años, o bien las que ya estan consumidas por el abandono, rodeadas de hórreos intocables.

Emprendimos el ascenso por el laberinto de callejuelas por las que, a pesar de ser realmente pequeñas, circulaban coches a gran velocidad entre paredones de piedra y esquivando balcones. La orientación no fué suficiente, y la tecnología ayudó. Fuimos subiendo, alejándonos de la zona de la Ría Baixa de Arousa, y casi como por arte de magia, o por un efecto externo que influyó para que siguiéramos ese camino, cruzamos una pequeña capilla y el camino giraba a su derecha....para dejar a la vista la imponente vista del horizonte, y allí, justo debajo nuestro yacía lo que vinimos a buscar.

Esa casa que tanto desveló la imaginación de familiares, y que desde años tenía en la cabeza, se había materializado decorando el hermoso paisaje que bajo el sol se expuso ante nuestros ojos. Vilagarcía nos daba la mejor bienvenida.

Y esto sería solo el comienzo porque la emoción que se evidenciaba en los ojos de mi compañera y la alegría compartida, primera a lo largo de toda esta etapaba de introspección histórico familiar, no tuvieron parangón. He logrado muchas cosas en este viaje, pero definitivamente siempre tienen otro sabor cuando puedes compartirlas.


El día nos permitió recorrer la ciudad y sus alrededores casi por completo, fuimos y vinimos sobre nuestros pasos repetidas veces, conocimos las playas y por la noche si bien teníamos intención de dormir en un hostal, lamentablemente al ser invierno estaba cerrado, y la suerte hizo que consiguieramos alojamiento accesible y muy acorde en el propio barrio del padre. Cena de gala de por medio, pulpo y raya, un albariño, luz de luna y a descansar que el frío y la humedad nocturna corroen los huesos y hacen mella en la salud.

Casualmente, dormimos frente a un cementerio, pero sobre un bar en el cual habíamos tomado unas cañas acompañadas por deliciosas tapas a un precio irrisorio comparado al de la segunda capital española (o catalana, como prefieran). Fué allí mismo donde desayunamos y volvimos a subir, siguiendo el sol para tomar más fotos y despedirnos del pintorezco barrio de Faxilde, para volver a bajar a Vilaxoan y visitar a Maria Teresa, otra prima, que nos esperaba preparando el almuerzo y luego, propio de su espíritu inquieto, nos invitó a salir de paseo para aprovechar la hermosa tarde, y en menos de 15 minutos estabamos recorriendo rutas siguiendo la ría, haciendo escala en la Playa de Lanzada, Sanxenxo, el hermoso Combarro en la Ría de Pontevedra ubicado frente a la horrible pastera EMCE y recorrer el centro de Pontevedra haciendo una para estratégica para comer un necesario chocolate con churros. Por la noche nos volveríamos hacia Santiago con Angel, atravesando la espesa niebla en las rutas galegas.

El fin de semana se extendió tras el regreso a Santiago de Compostela, donde vivimos la Cabalgata de Reyes de la ciudad y el fervor por los de oriente, quienes llegaron a saludar por el balcón del ayuntamiento luego de pasear por toda la ciudad en sus carros alegóricos, y un almuerzo familiar de reyes en casa del primo.

Tocó despedirse, esta vez el regreso era en solitario, viajando por primera vez en un camarote de tren nocturno. Aprovechamos la oportunidad y amabilidad de la familia para que acoja los deseos de la maga por investigar y fotografíar hasta el cansancio el terruño.