Cierre de año invernal

El 2014 llegó a su fin y con él, se lleva a cuestas una cantidad enorme de experiencias con tanta carga de información en mi mente que hasta temo perder el hilo de todo lo sucedido debido a tamaña carga emocional y de cosas nuevas.

No pretendo hacer un balance de mi gestión del tiempo y del recurso limitado llamado vida durante este período, pero siempre los fines de año siento que es donde más fuertemente el paso del tiempo se marca en la vida, incluso más que en los cumpleaños. A este último llegado el caso podemos escaparle deseando no celebrarlo, pero es imposible escaparle a fin de año. Y eso que lo he intentado...

Desde luego que fué un cierre de año especial, ya que las fiestas por primera vez las viví en invierno. Nos criamos viendo celebraciones de Navidad con nieve, nos enseñan que un señor gordo, barbudo y abrigado viene a dejar regalos, pero en la realidad donde crecemos hace tanto calor que ni siquiera la capacidad de adaptar la alimentación hemos tenido, comiendo turrones, frutos secos, comidas pesadas y calóricas con temperaturas que son dignas de parajes caribeños, y desde luego la pesadez que nos invade luego son agobiantes. Cómo no estar hinchados después de comer manies, almendras y nueves con bebidas espumantes, después de comer lechón asado por decir un ejemplo? Son cosas arraigadas en la cultura europea de nuestros ancestros que no hemos tenido mucha capacidad de mejorar, aunque debo decir que las nuevas generaciones creo que estamos haciendo un esfuerzo. Al menos nosotros, intentábamos.

No solo el clima ha sido diferente sino de alguna forma las costumbres. Queda claro que a la hora de comer, todos comemos de lo lindo. En España (y en Catalunya que al momento de escribir esto sigue siendo parte de España) se come bien. No hay dudas.
Una tradición Catalana (y también vigente en agunas regiones de Aragón) para las navidades es el llamado Tío de Nadal, o bien Cagatío. En todos lados se podían ver estos simpáticos ejemplares, y me explicaron que aquí de niños se hace más uso de esta tradición que del propio Santa. Durante el período previo a la fiesta, los niños deben alimentar al "tío", el cual no es más que un tronco al que se le dibuja una cara y eventualmente se le agregaron patas a las versiones industrializadas. Se alimenta de sobras de comidas, y se lo debe abrigar con una manta. 

El día deNochebuena, o según la familia, en Navidad se hace un ritual en el cual se canta (hay diversas canciones) pidiendo que el "tío" cague regalos mientras se dan "palazos". Al terminar la canción se levanta la manta de abrigo y se verifica si el personaje simpático ha cagado regalos. Suena raro no? Pero no hay nada inventado!  Desde luego que en casa no hubo ritual, pero decidimos sumar este personaje al paisaje porque es muy simpático.
La Nochebuena nos juntamos en casa de Mary a cenar. Como es costumbre su casa lucía impecable y decorada para la ocasión. Si hay algo que le pone mucho énfasis es en celebrar, no tanto la tradición, sino en el espíritu. Tenía su pino enorme decorado y todo el balcón con luces y santas dando vueltas colgados por ahí. 

En la mesa abundaron los fiambres, un delicioso pata negra no podía faltar, las gambas, comida para picar de todo tipo, y si bien la cena fué abundante, quedamos todos completos, no contamos con un plato concreto como principal.  

A la hora de los turrones, en Barcelona se pueden probar de los mejores creo yo, los de Jijona que en Argentina cuestan tan caros, aquí los hay por muy buen precio, y pude hacerme con un exquisito turrón de crema artesanal que fué un deleite al paladar. En esto fue insuperable!

Terminado todo, y ante la ansiedad de la anfitriona, se decidió abrir regalos antes de las doce de la noche y eso fue algo novedoso para nosotros, ya que nuestra tradición marca el hecho casi "sagrado" de la medianoche como momento de apertura de regalos.

Desde luego que no hubo ni un solo fuego artificial, sino más bien silencio en las calles, fomentados en parte por el hecho de ser Navidad una celebración familiar y de recogimiento, sumado al frío que por estas latitudes hacía. Esa noche estábamos en 1 grado, pero eso no impedía que muchos salieran de bares luego de las cenas familiares.

Al día siguiente, la celebración continuaba, y la comida de Navidad definitivamente fué más abundante. Con una entrada de "lo que quedó de anoche" muy bien presentada, fué seguido de una sopa de Navidad, y una especie de Puchero Catalán con su "pilota" de carne, embutidos, patadas, garbanzos, butifarra, y vaya uno a saber cuantas otras cosas explosivas más. Esta comida constó de al menos 3 platos con la entrada, y fué lo necesario para terminar de reventar si no lo habíamos hecho el día anterior, ya que a posteriori, vinieron los turrones que estaban tan buenos que hubo que seguir comiendolos.
Era muy curioso como para todos aquellos con quienes charlábamos, les daba curiosidad cómo se pasaría las fiestas con calor y desde luego que es curioso, incluso creo que debiera ser curioso para nosotros, salvo que nosotros lo vivimos, aún cuando todo el material y publicidades hablan de la navidad invernal.

Esta es época la gente se traslada para estar en familia. Aeropuertos y terminales están repletos de gente que va y viene, teniendo en cuenta que las distancias son tan cortas aquí, no es problema que los extranjeros que aquí trabajan o los lugareños que trabajan en el extranjero se trasladen. En nuestro caso no fué la excepción y la noche del 30 de diciembre abordamos un tren nocturno que me dejaría ver de nuevo los hermosos paisajes de El Bierzo que nos recibió con -4 grados esa madrugada, los coches escarchados y las zonas parquizadas, heladas.
El piso que había dejado meses atras nos recibió, llevaba días de preparación para templar esas paredes con calefactores y la cocina económica a puro carbón y leña, dando una temperatura agradable y a su vez condimentando la estadía con el desafío de mantener las brasas encendidas para no perder temperatura, con la que también calentábamos el agua a la vieja usanza.

En Ponferrada recibimos el año con la otra parte de la familia. En la finca, en obra pero ya con el techo puesto, nos esperaba Amparo al abrigo de un hogar a leña que convertían ese lugar un verdadero horno. La mesa estaba servida, la variedad de sabores no se hizo esperar, hubo de todo para saciar el paladar.
En esta ocasión la tradición llegó minutos antes de la medianoche, cuando se encendió la tele para seguir la cuenta atrás y los eufóricos conductores hablando solamente de "cómo comer las 12 uvas". Es algo que en casa solíamos hacer, pero con uvas pasas, pero evidentemente acá es una tradición nacional, el país entero está en vilo de las campanadas para comerse las 12 uvas, se hace esto antes de brindar, y luego se recibe el año. Hasta se venden enlatadas y sin piel para facilitar deglutirlas y evitar atragantamientos. Hasta se desató polémica por la retransmisión de las campanadas en los canales de Andalucía, ya que dejaron a todos colgados...
Tras las uvas, brindis y  cotillón en casa, salimos de bares donde topamos con otra tradición: la gran mayoría de los hombres estaba vestido de traje y corbata, hasta algunos con moño! Las mujeres con vestidos de noche, lentejuelas y mucho glamour. Es costumbre la noche de año nuevo salir así. Desde luego ninguno de nosotros estaba así, ni siquiera los que son lugareños, es una tridición para los "pijos", o quién dije, para aparentar, nada más lejos de eso y nada me hacía más feliz que estar diferente al resto!
Más tarde, intentamos ir a ver Cora Novoa que "pinchaba" en una disco local, pero dado que había opciones gratuitas y siendo yo el único loquito del grupo que la conocía y al que esta música le "mola", dado que el frío corrosionaba los huesos, fuí flexible y y accedí a entrar a la zona de "clubs", para abrigarnos del frío y divertirnos un rato con Elena, Rafa, Marco y Cristina. Hasta el momento en que Elena decidió rumbear hacia cumplir otra tradición: el chocolate con churros de la madrugada del 1 de enero. Empachados y cansados de trajinar, alrededor de las 5:30 retornamos al piso, alimentamos las brasas de la cocina, y nos fuimos a descansar. 

Al día siguiente, nos esperaba el primer almuerzo del 2015: pulpo a la gallega! El cuál fué seguido por una reparadora (y tradicional a esta altura) siesta. 

Entrada la noche fuimos con toda la familia a visitar El Palacio de Canedo, donde evidentemente estaba medio Bierzo queriendo comer chocolate con churros, y sacarse fotos con las bellas luces que decoran la construcción, casa central de un filántropo, por así decirlo, que se dedica a producir vinos y productos de El Bierzo y comercializarlos por todo el país bajo su marca (que no es más que su apellido con un latiguillo que utiliza) llamada Prada a Tope.
Y con esta salida familiar se cerró nuestra visita fugaz pero intensa a Ponferrada, para abrirnos paso a tierras gallegas y con una conclusión a cuestas: sabiendo la gran diversidad de sabores que hay para estas fechas, se valora el frío porque abre el apetito y dan ganas realmente de comer, pero tras esta experiencia puedo decir que para las fiestas de fin de año, habra que adaptar la dieta para no explotar, pero mejor el calorcito ;)