Stuttgart, viejos conocidos

Definitivamente Alemania tiene poco que ver con mis Orígenes, aunque si se quiere puede aceptarse que esta nación desencadenó los hechos que hicieron que mis abuelos, al menos, aquellos eslavos, desembarcaran en las pampas. Admitir eso como parte de Orígenes es engañoso y no es una excusa que me convenza, puesto que creo que el factor Alemania forma parte en gran número de familias descendientes de europeos en Argentina.

Prefiero darle un enfoque diferente y decir que estas tierras han sido el orígen de Orígenes. Suena gracioso, lo se. Pero es en esta ciudad germana donde hice pié por primera vez fuera del territorio nacional, habiendo cruzado por primera vez las fronteras del país y yendo a parar tan lejos. En otro hemisferio, otro contexto desconocido, y lo que en ese entonces sonó locura para muchos (mis padres inclusive) creo que fué la semilla para aventurarme a lo que esta vez, imagino, habran creido que era un suicido total: visitar todos estos paises "exóticos", "lejanos", en conflicto y con tantos problemas que se ven en las noticias...

Pues si, en Alemania aprendí a sobrevivir. "Ahí si que era fácil" podrán decirme. Podran acusarme de que es un país donde todo funciona, y si, el contexto tan perfecto ayuda muchísimo, pero que importa si todo es desconocido y te la tienes que arreglar solo como sea?

Aquí aprendí de alguna forma que no había límites. Que se podía ir más allá, y me dió lugar a replantearme por qué las cosas en casa funcionan como funcionan, pudiendo ser tan simples y mucho mejor. Puta madre esa discusión da para la eternidad. Hace unos días charlaba con un polaco que me preguntaba por Argentina, y yo trataba de explicarle algo que es bastante complejo de transmitir, no se dan una idea de lo complicado que es. Y compartió conmigo un dicho que le supieron decir alguna vez: "existen cuatro tipo de paises: los desarrollados, aquellos en vías de desarrollo, los no desarrollados, y Argentina".

Llegué al aeropuerto de Stuttgart a media tarde. Me esperaba Walter y su hermano, también de visitas. Para mi sorpresa teníamos que esperar a otro paisano que se sumaba a la velada argento alemana en Rübgarten. Después de tres años volvíamos a vernos. Me presentó a Luciano, la última joya familiar, volví a ver al ya enorme Fabián y su casa que con tanto esfuerzo está terminando poco a poco. Nos deleitamos desde luego con litros de cerveza, y empanadas caseras que se habían quedado haciendo entre él y el hermano durante la noche anterior.

El día siguiente nos escapamos a la fábrica de Ritter Sports en Walderbuch para comprar chocolates, y durante la tarde, para extender la estadía, nos quedamos "payando" en el sótano con los equipos de Wally.


Insito en que puede que esto lo haga bien o mal, es fruto de la poca práctica, pero la puta que bien me siento cuando lo hago, y lo mucho que me he privado y me privo de hacerlo! 


Me acercaron hasta Steinebronn, donde iba a encontrarme con Demian, aquel mexicano que conocí en la Volkshochschule de Stuttgart estudiando alemán, y que recién volvíamos a reencontrarnos tras tantos años, para llevarme la grata sorpresa al descubrir que me esperaba en casa con su esposa! Y yo que creía que cuando me decía "aquí te esperamos" se refería a que estaba viviendo con amigos, o compañeros de trabajo. Y tantas cosas para contar! Esa tarde me recibieron con la reglamentaria cerveza de bienvenida, una bufanda que me trajo el amargo recuerdo de la final perdida con Alemania, y una revista de los Stuttgarter Kickers distribuida durante el partido donde enfrentaron a Borussia Dortumund por la Copa de Alemania.

Charlamos durante horas, me contaron su apasionante historia, me llenó de emoción y capturé mucha energía de esos relatos, desde el cómo se dió su casamiento y su posibilidad de instalarse en tierra germana, el esfuerzo, los apurones, la experiencia de conseguir casa, los topetazos con la sociedad alemana y la buena voluntad en contra partida que recibieron de tantos otros lugareños. Su historia encendió una luz que evidentemente yacía latente y la trato de contener, que es la que me dice que oriente mi brújula para esa zona.

El día siguiente, sábado ya, el sol brilló radiante y decidimos irnos a visitar el castillo de Hohenzollern, considerado, despúes del de Neuschwanstein, uno de los más bonitos de Alemania. Tuvimos que viajar primero al centro de Stuttgart y hacer tiempo por la Königstraße donde una sensación de nostalgia se hizo presente, mientras paseabamos en el Flohmarkt y tomabamos un café to go con brettzel.

Esa tarde había partido en el Mercedes Arena, se enfrentaban el local Vfb Stuttgart contra el FC Köln, y en la Haputbahnhof (en obra debido al ambicioso proyecto Stuttgart XXI) como de costumbre (ya lo tenía visto de mi estadía en la ciudad), se montaba un cordón de policías antidisturbios preparados a actuar ante la menor provocación.

Por los andenes circulaban oleadas de aficionados, algunos en familia, pero mayoritariamente en grupos cada cual con su camiseta, y bebiendo cerveza en un estado penoso. Los trenes quedaban hechos un desastre y la basura se acumulaba en los alrededores. Como siempre dije y mantengo, el lado B de la estructura alemana es la cerveza, que es, nada más y nada menos que su kriptonita.

Por la noche, un poco agotados incluso, pero con hambre, pasamos por la coqueta Etchterdinger Brauhaus, para deleitarnos con algunos platos típicos,  cerveza de la casa, y recuperarnos de las caminatas.


Como no podía ser de otra manera en Stuttgart, si el sol brilló y el calor se hizo sentir el sábado, el domingo amaneció lluvioso y frío, pero no nos privó de poder contar con "facturas" para el desayuno (cuanta envidia que en Steinenbronn haya abierto una Bäckerei cuando en Stuttgart centro no encontraba ni el chino abierto un domingo). Ya para la cena decidimos volver a Linefelden con la ilusión de encontrar un Bier Garden abierto, pero no tuvimos suerte por lo que nos volcamos a un restaurant griego el cual a falta de gente en la calle, estaban todos ahí.

El lunes por la mañana nos despedimos. Con Demian yendo a su trabajo temprano y Cici, su esposa, con su primer día un nuevo trabajo, con la ansiedad e ilusión a cuestas, salieron a atender sus obligaciones y yo me quede unas horas más en el departamento, desayunando tranquilo para partir luego en soledad ydesandar las combinaciones en autbús y S-Bahn hasta el aeropuerto. Mi vuelo me esperaba, y el circuito de la aventura se cerraba. 

Así retornaba al punto de partida, entero, con la barba más crecida y con la mochila más pesada, cargada de experiencias y recuerdos imborrables.