Londres siempre estuvo cerca

Londres estaba cerca, siempre lo estuvo, aunque pasaron minimo dos meses desde que adquiriera mis pasajes en ese período en el cual no podía pegar los ojos de noche de solo pensar en todos los lugares a los que quería ir durante mi estadía, que iluso, costó aceptarlo, pero ha sido lo mejor. Hoy por hoy se que no recorreré todo lo que hubiese deseado, pero prefiero tomarme con calma cada lugar al que llegue, caso contrario no disfrutaría ni una cosa ni la otra.

La visita a Londres era fugaz desde un principio, embarcar el vuelo apenas salido de la jornada laboral, volar durante solo hora y diez minutos, para llegar a un aeropuerto lejano, donde debía tomar un transfer hasta el centro de la ciudad, transfer que duraría aún más que el propio tiempo de vuelo, y una vez allí, sin siquiera una Libra en mi bolsillo, llegar a mi hospedaje.

La aventura largó desde bien comenzado el traslado, perdiendo uno de los trenes en los cuales llegaría sin apuros a Stuttgart Flughafen, pero no fué impedimento para pasar los controles y el control aduanero rápidamente. Primera sorpresa, para salir rumbo a Inglaterra, tuve que superar un control aduanero. Siguiente sorpresa, llegar a inglaterra y tener que volver a pasar un nuevo control aduanero, la pregunta inevitable es "no somos todos parte de la Unión Europea?".

Entre demoras y otras yerbas, casi tres horas habían pasado hasta que me encontraba en Baker Street, buscando un cajero para obtener libras, haciendo cálculos mentales de cuánto dinero podría llegar a gastar para evitar sacar dos veces y pagar más impuestos.
Ya con libras en la mano, me decidí a tomar el famoso Underground londinense, para percatarme que un viaje sencillo en este medio de transporte cuesta 4 libras, por lo cual, aferrándome fervientemente a mi budget, decidí tomar el bus, para nuevamente encontrarme con una traba, había que sacar el boleto con monedas (me recordó viejos tiempos) y claro está, el cajero automático no entrega monedas. Por todo esto, el viaje fué en el medio de transporte originario, mis piernas y mi gps mental me guiaron a través de las calles céntricas de la ciudad, pese al cansancio, unas 20 cuadras me separaban del destino, pero las aproveché para tomar fotos e ir haciéndome a la idea del panorama, estaba comenzando a disfrutar de las luces londinenses.
La llegada al hostel se hizo desear, pero una vez en destino me crucé con tres aventureras uruguayas que me invitaron a sumarme a la mesa de fideos, viendo mi precaria preparación para una cena, por no decir, nula ya que no tenía nada, salvo ropa encima. La charla se hizo amena, comentamos parte de la experiencia europea, intercambiamos opiniones sudamericanas y la suerte hizo que haya cerveza en el refrigerador para refrescar el momento.

Al día siguiente, el sábado, era el día de la recorrida a los lugares tradicionales de la ciudad, es por eso que temprano me dirigí al punto de partida, para caminar lo que jamás en mi vida había caminado: Palacio de Buckinham con su tradicional y superpoblado cambio de guardia (había más gente que en un recital!), St James Park, Trafalgar Square,  Casa del Primer Ministro, Big Ben, Abadía de Westminster y Houses of Parliament.
Eso para comenzar, ahi eran las 14hs y tenia todo un dia por delante, por lo que decidí hacer de tripas corazón para seguir caminando desde ya, bordeando el Tamesis pase por London Eye, London Bridge para ver desde lejos el Tower Bridge, el cual a los pocos minutos pude cruzar, previa parada en una feria coreana donde conseguí saciar mi hambre y mi sed a muy buen precio con un plato típicamente...coreano.

Ya casi caminando como un alma en pena, mis pies apenas respondían, pero no quería parar, a un ritmo lento pero constante emprendí el regreso, rodeando la Tower of London para pasar por St. Paul Church. Pero claro, faltaba un punto escencial, y hacia el me dirigía, no se puede pasar por Londres sin ir ahí, Picadilly Circus, una plaza emblemática que a decir verdad, no dice absolutamente nada.
El partido por el tercer y cuarto puesto entre Uruguay y Alemania estaba por comenzar, pero el desencuentro hizo que no nos pogamos de acuerdo para verlo con mis vecinas, con lo cual, habiendo caminado tanto y teniendo que regresar al hostel, desde luego, seguí caminando, pasé por un mercado, me abastecí de algunas necesidades y a ver el segundo tiempo al hostel, donde cahí deshecho a ver como el conjunto oriental se despedía del torneo dejando una excelente imágen y una vez más, vendiendo carísima su derrota.

Mis pies y mi cuerpo pedía piedad, la cual fui a buscar a la ducha y a la cama, merecido descanso para encarar el domingo más relajado, ya en cojunto emprendimos camino a Speakers Corner en el Hyde Park, para ver qué cosa jugada decían estas personas que se paran en sus escaleritas para protestar, quejarse, hablar mal del gobierno, de la reina y demás. Solo vimos un sketch divertido por supuesto, de un personaje defendiendo al religión, a quién le contestaba un borrachín y algunos otros le hacían el juego para enojarlo. Esperaba algo más jugado donde poder opinar, pero valió la pena la recorrida.
Estando en Londres, donde los museos son gratuitos, era imposible dejar de visitar alguno, es por ello que rumbeamos hacia el British Museum, ese donde tienen todas las piezas que se llevaron de todo el mundo, ahí donde tienen más momias que el propio Egipto, donde tienen templos enteros, pedazos enormes del Parnenon, si ahí mismo, quería ver todos sus botines y alimentar mi indignación cuando aparecían carteles "explicativos" o bien folletos indicando que ellos no se robaron nada, que ellos pidieron permiso "y que tienen papeles que avalan su retiro". Lo más indignante es ver como se jactan de que ellos protegieron las piezas de la intemperie y el vandalismo y que gracias a ellos la humanidad puede verlos "a la altura del ojo" y no en la altura del templo. Me pregunto yo si un museo en Egipto o en Grecia no sigue siendo parte de la Humanidad...

Más allá de la indignación inocultable, es delicioso poder ver todo lo que ahí tienen, y a decir verdad ,consume un día entero recorrerlo, nosotros con suerte tuvimos algo asi como 3 horas. No llegué a ver nada de Sudamérica, imagino que para ese entonces ya no les quedaba lugar y decidieron dejarlo para robarlo en el futuro.
Partiendo de allí, buscamos una supuesta pantalla gigante que estaba preparada en Trafalgar Square para ver la final de la querida España contra Holanda, pero al llegar allí, no había pantalla alguna y decidimos ver la final en el lobby del hostel, descansando y picando algo para de paso ir despidiendo mi aventura en tierras inglesas, aventura que terminaría con el mismo periplo con el que empezó: salir de la cama a las 5 de la mañana, tomar un bus hacia Baker Street, esperar al transfer, viajar al aeropuerto lejano casi más tiempo que el propio tiempo de vuelo, llegar a Stuttgart Flughafen, combinar los S-Bahn e ir directo hacia la oficina a completar el día laboral.

Todas las fotos AQUI o sígueme en el feed de @escepticoobservador

2 comentarios:

  1. lo unico malo de londres es que no llegas a conocer su cultura o su gente real, ya que hay muuuucha gente de cualquier parte del mundo en la ciudad del big brother... viste alguna camara de seguridad en las calles? hay en cada esquina.
    abrazo locura y segui desnudando los rincones europeos

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  2. Si igual Rodri, fijate que es lo mismo en todas las ciudades: Amsterdam, lo que menos hay son holandeses, Berlin esta plagada de extranjeros...

    Para conocer una ciudad hay que vivir en ella, lamentablemente, la imagen de turista dista mucho de la realidad, y no esta mal, uno como turista busca ver ciertas cosas nada mas, mientras que cuando se instala, otros factores entran en juego

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