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Para un fanático del fútbol no hay nada como la posibilidad de disfrutar partidos en estadios y culturas diversos. Inglaterra es la madre del fútbol, aquí tiene su origen y se vive, en cada nivel, con gran entusiasmo y enorme tradición.

Habiendo pasado gran parte de mi niñez y adolescencia disputando partidos a lo largo y ancho del país virtualmente en juegos en los que soñaba con hacer llegar a la élite a clubes de pequeñas y remotas localidades del interior que muchas veces no conocía donde quedaban en el mapa, estar en esta tierra fue para mi una tentación que no pude dejar pasar en vano.

Durante mi estadía en la capital del Reino Unido me tomé el trabajo, más bien el hobby, la dedicación, el placer, de organizar visitas a estadios, clubes y partidos. Contacté aquellos sobre los que quería aprender más, y llegué a muchos lugares impensados.

El resultado de este partido, a título personal, lo considero un triunfo de por goleada: tuve ocasión de concurrir a cada una de las ligas oficiales del país, incluida la más federal de todas las copas, la FA Cup e incluso ver a la selección mayor inglesa, y un dato no menor, cada partido que vi estuvo lleno de emociones, y si de emociones hablamos en el fútbol, estamos hablando de goles!

A continuación el relato, nunca mejor dicha la palabra, de cada emocionante partido.

Premier League: Aston Vila vs Manchester City
The Championship: Millwall vs Reading
League One: Wimbledon vs Burton Albion
League Two: Leyton Orient vs Forest Green
National: Chesterfield vs Chorley
Volver a nacer: Leyton y Wimbledon
Una inevitable comparación

Wembley: la catedral del fúbol

Para todo amante del fútbol, tanto como deporte como espectáculo, el mítico Estadio de Wembley es la catedral del deporte que más gente atrae en el mundo.

Este estadio no solo tiene su atractivo en el deporte propiamente dicho sino por la relevancia histórica de eventos que allí ocurrieron, musicalmente hablando hay recuerdos épicos, y su simbolismo se impregna cuando uno solo lo menciona.

Estando en la capital, un día se me prendió la lamparita de que debia ir a visitar semejante estadio, semejante obra, semejante historia, después de todo, lo tenía tan cerca que no me permitiría dejarlo pasar. En ese momento me puse a buscar que eventos habría en el estadio y la suerte hizo que encuentre un partido de la selección mayor inglesa, los Three Lions jugarían su partido oficial número 1000 en la Clasificación a la Eurocopa. El rival no era de peso, el débil Montenegro que sería un parte-naire, sería un simple invitado de lujo a la celebración inglesa.
Y un martes por la tarde, aunque caída ya la noche, salí de la oficina, me dirigí bajo la neblina húmeda que empapaba mis párpados hacia la estación de Farringdon a tomar la Metropolitan line, que me depositaría en Wembley Park, allí lejos al norte, en la Zona 4. Junto a mi, muchos hinchas más, amigos, familias, padres con hijos, incluso, algunos ostentando bufandas del equipo visitante, apretados, como no podía ser menos, descendimos tras una media hora de viaje en la enorme estación y los guardas, como tampoco podía ser menos, iban dando gritos a la gente para que se dirija hacia las salidas y siga los corredores "en el sentido correcto".

Una enorme escalera descendía de la estación y se perdía en una explanada hacia la gigantesca estructura que decoraba el techo del mítico estadio de Wembley que yacía al fondo, decorado con todas sus luces más el aditivo de focos rojos y azules, a unos 500 metros.

Como todo en Londres, había que discurrir entre la muchedumbre y pasar varios controles para poder ingresar, repetidas veces preguntaron por mi entrada mientras la masa se movía lentamente por los diferentes accesos a los diferentes niveles del estadio. Mi entrada era desde luego de las más sencillas, allá arriba, lejos, donde había que contar con buenas gafas para distinguir a los jugadores. A esa altura, esto era lo de menos, lo importante era estar allí, verlo, vivirlo.

El acceso al estadio me sorprendió, por un lado, debido al estrecho ingreso con molinete anti vandálico casi que una persona con claustrofobia sufriría circular a través de ese pequeño corredor, una escena que luego vería repetida en los diferentes estadios a los que concurrí.

Una vez dentro, un meticuloso control de seguridad de todas mis pertenencias el cual superado, me dejó circular libremente para ascender por, si mal no recuerdo, al menos 4 niveles de escaleras mecánicas. Al salir directo en el nivel de mi acceso, me sentí en un centro comercial: todo el bajo tribuna era un patio de comidas, la gente dialogando, haciendo cola para comprar, grupos charlando con su cerveza en la mano. Allí, todo era permitido, en la tribuna, no se podía acceder con bebidas alcohólicas.

Salir a la tribuna dio una dimensión de lo imponente que puede llegar a ser un estadio para más de 90.000 personas, techado en toda su extensión. Allí, en el verde césped, se distinguían algunas figuras haciendo monigotadas para entretener a los más de 75.000 espectadores que ese día, el de la celebración del partido 1000 de la selección mayor, se hicieron presentes.

El momento del partido llegó, las selecciones salieron campo en perfecto orden militar, colorido, ordenado, la gente se puso de pié, cantó a viva voz el famoso "God Save The Queen", himno de Inglaterra. El partido se puso en marcha.

Poco canto masivo, en ese sentido, bastante apático, pero no esperaba mucho, es un partido de selección y ya sabemos que la gente que sigue a sus clubes, siempre es más efusiva con sus colores que cuando le toca alentar a la selección.

Algunas canciones graciosas, se la tomaban con algunos jugadores, un poco en broma, un poco jactándose de sus aventuras extra futbolistas y su fama nocturna.
Empezó la lluvia de goles, uno tras otro comenzaron a caer desde los 11 minutos, primero el moreno del apellido compuesto difícil, Oxlade-Chamberlain, luego a los 18 el tanque Harry Kane abre su cuenta personal, el primero de tres. Pronto vendría su segundo, a los 24. El estadio era una fiesta del cual Montenegro era un mero invitado.

A la media hora, Marcus Rushford puso su sello, y antes del descanso Harry Keane selló su hattrick a los 37. Al descanso con 5 a 0. La gente eufórica, vino a ver una fiesta y la estaba teniendo.

El segundo tiempo estuvo de más, pero hubo desde luego, goles. Casi sin quererlo, el sexto llegó a través de un gol en contra y al final, cuando se quería despedir a la gente que ya estaba empezando a abandonar el estadio, una costumbre típica en estas latitudes eso de irse antes que termine, el último tanto llego de la mano de Tammy Abraham que puso el 7 a 0 memorable.

Finalizó el partido y muchos huecos ya estaban vacíos. Yo me quedé tomando fotos hasta que me pidieron que abandone el estadio. Al salir, decidí ir por escalera normal, para probar un poco de algo más parecido a lo nuestro, eso de la escalera mecánica me parecía demasiado elegante.

Al salir, el mundo, una marea humana detenida en la explanada hacia el metro. Avancé hasta donde pude sin empujar a nadie, al ver que nadie se movía, sin poder distinguir que ocurría delante, me detuve con la gente.

Dado que nadie empujaba, nadie intentaba seguir avanzando, supuse que era normal, no desesperé, aunque estaba muy pendiente de qué pasaría con el clima que estaba inestable, no quería quedarme allí parado sin poder salir en caso de que se largase a llover.

A los pocos minutos, de nuevo la gente comenzó a avanzar. Llegue a distinguir 500 metros de cabezas de personas moviéndose en dirección la estación de metro. Avancé unos 100 metros, hasta que nuevamente nos detuvimos, pero esta vez tuve ocasión de ver el motivo: delante nuestro se hallaba personal de seguridad apostado con carteles que giraron de un verde citando "Go" a un rojo con un "Stop" en medio, y mágicamente, la gente se detuvo.

Unos 5 minutos más tarde, el mismo personal de seguridad giró esos carteles de rojo a verde, y la gente comenzó a circular nuevamente. Esta escena se repitió unos 150 metros más adelante, y así hasta llegar al andén, donde no nos dejaban bajar debido a la acumulación de gente.

Volví tarde, agotado de ver tanto y sorprendido del orden con que se produjeron los eventos de ingreso y egreso del estadio. Impensado en una sociedad latina, o impensado en Sudamérica!
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FA Cup: la copa de todos

La Football Association Challenge Cup, o FA Cup, es lo que la Copa del Rey en España, la Copa de Italia o la improvisada Copa Argentina intentan ser en sus respectivos países, pero no llegan ni a los talones.

La FA Cup es mucho más antigua, se disputa desde 1871, mucho más federal, participan equipos de toda Inglaterra y Gales, y sobre todo, más inclusivo: la competición está abierta hasta equipos del nivel 10 en el Sistema de Fútbol Inglés. Hasta el momento de escribir esta nota, el record databa de la edición 2011/12 con 763 equipos disputando la copa! Desde luego los equipos pequeños despiertan una gran admiración entre los seguidores a la espera de que avancen de rondas donde logran ser vencedores en verdaderas luchas de David contra Goliath al enfrentar equipos mucho más poderosos de ligas mayores.

La copa despierta tantas pasiones, que un hobby para muchos ingleses es elegir un equipo desde las primeras rondas, para luego seguir el cuadro a medida que se va avanzando y se llega a las finales, independientemente de qué equipo vaya avanzando de ronda, y entre amigotes, gana aquel que haya elegido el equipo menor que más lejos haya llegado.
Con todo este antecedente, mi primer partido en la historia en Inglaterra fue un partido de la FA Cup, y allí elegí visitar un humilde equipo, el AFC Wimbledon en su pequeño estadio Kingsmeadow, sponsorizado por Cherry Red Records, en los suburbios de Londres, concretamente en Wimbledon, con una gran historia de la que me toca de cerca.

El rival de turno era otro tradicional equipo inglés, al menos de las ligas menores, y uno de esos que solía enfrentar en mis épicas batallas desde mi dominio virtual de estadios ingleses, el Doncaster Rovers.

El día era lluvioso, de esos horrendos realmente, venía de una larga trasnoche que hizo mi proceso de llegar al estadio bastante más duro, al punto que me equivoqué de trenes y me perdí haciendo mi viaje más largo, forzándome a llegar sobre la hora.

Tras descender en la estación Norbiton de un convoy de la Soutwestern Railways, transité bajo el plomizo, casi negro del cielo soportando la lluvia, que le dio ese toque inglés que perdurará en mi memoria.

Al llegar al estadio, era todo lo que esperaba, aún así me costaba entender lo que veía: un bar atestado de gente en el mismo estadio, el autobús de los rivales, muy poco personal de seguridad y un tan pequeño estadio que no permitía distinguir la existencia de tribunas desde el exterior.

Accedí al bar y de repente me sentí como en la previa de un partido de mi viejo y querido Deportivo Español, en aquellas épocas donde la gente concurría al bar antes de meterse en el partido, y cierto es que muchos se perdían en el camino.


Aquí me atrevo a decir que ocurre algo parecido, cientos de hinchas distribuidos en pequeños grupos, charlan con su pinta de cerveza aferrada a la mano, algunos beberán tanto que ni siquiera estarán en condiciones distinguir el balón en el campo. Lo que está prohibido es el ingreso al estadio con bebidas alcohólicas por lo que todos apuran su último trago: una pinta extra.
En el tumulto pregunté donde quedaba el acceso a mi grada, la Paul Strank Stand, me indicaron una puerta muy sencilla justo al lado del bar, era el ingreso a través del edificio principal del estadio, en donde crucé los sectores internos de administración e incluso vestuarios, para salir a nivel del verde césped, casi que al campo directamente.

Detrás de mi se alzaba una grada de apenas 10 escalones bajo un coqueto techo que nos protegía, como al resto del estadio. En mi confusión para encontrar el asiento asignado a mi ticket, llegué a pedirle el lugar a un señor que casi se sintió ofendido, cómo me atrevía yo a semejante osadía? Él tenía ese asiento hacía décadas, no podía estar en un asiento equivocado. Debí pedirle disculpas y un clásico "es mi primer día" bastaron para encontrar mi lugar en la tribuna. Ubicación privilegiada, mitad del campo.

Acostumbrado a las imágenes de los mega equipos ingleses, lo que ocurría a mi alrededor contrastaba bastante con eso, familias desde luego, niños y mucha gente grande alentando a su equipo, comenzaban a pulular los "loquitos" con sus gorros y bufandas del equipo y sus mañas para alentar, los de siempre se saludaban de asiento en asiento, y con el frío se comenzaban a apiñar, charlaban a viva voz, sacaban termos con café caliente y chocolate para soportar la intemperie.

Al frente, una pequeña tribuna sin escalones que se distinguieran, con un mangrullo que se elevaba por encima desde donde relataban los medios. Me sentí a gusto, fútbol de ascenso en estado puro.

Tras la salida ordenada de los equipos y el aliento de la afición, el partido arrancó tras un solemne minuto de silencio en memoria de las víctimas, si mal no comprendí, de la guerra. 

El Doncaster, de elegante rojo y blanco, el Wimbledon, de clásico color azul con algún vivo amarillo y su invaluable publicidad del Football Manager, ese juego que me permitió conocer todas estas canchas y estos equips desde la distancia.

Las emociones se hicieron esperar, el partido se dio trabado y los equipos no se lograban sacar ventajas hasta que casi al medio tiempo los locales abrieron el marcador y se fueron al descanso con ventaja.

En la segunda mitad, la cosa estuvo más caliente, hubo más roces, ida y vueltas y grescas entre jugadores tras el empate que logró la visita promediando la segunda parte.

El final llegó y se cerró con un 1 a 1, lo cual, según las reglas de la FA Cup, implicaba un partido de desempate a desarrollarse en el campo del rival (que finalmente ganó el Doncaster y avanzó de ronda).

El césped aguantó estoico con su verde elegancia pese a haber estado sometido a la lluvia y los pinchazos de los tapones.
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Post partido, apuré el paso por el frío y seguí "a las masas" a través de las entrañas del estadio, apareciendo nuevamente sin esperarlo en el bar, al que ingresé desde los pasillos interiores del edificio. Ya sin tanto tumulto, se reencontraban los grupos a debatir sobre el partido. Lo más interesante fue que ya había montado una especie de escenario con una pancarta publicitaria de fondo, las cámaras listas delante, a la espera del ingreso de los selectos protagonistas para dar la obligatoria conferencia de prensa post partido.

Premier: Aston Vila vs Manchester City

Por un momento casi me resigno a no poder concurrir a ver ningún partido de la Premier. Es algo demasiado elitista, y no solo por un tema monetario, sino por la cantidad de gente que atrae. Todos los clubes, hasta el más pequeño, tiene planes de membresía a través de los cuales has de sumar puntos para poder acceder a los tickets populares. Dicho de otro modo, no es tan sencillo acceder a una grada como hijo de vecino.

Comentando esto en el trabajo surgió el comentario de un compañero, inglés y muy futbolero, que me preguntó si no me molestaría ir a su ciudad para poder ver a su equipo, que él era socio y podía conseguir entradas. Le pregunté a qué ciudad se refería, la explicación fué Birmingham, a ver al Aston Vila. Mi respuesta fué sencilla y sin rodeos: vamos!
En las siguientes semanas tenía dos partidos en vista, y me sugirió el más interesante de ellos, el Vila recibiría al Manchester City de Guardiola el 12 de Enero, y allí estaríamos nosotros.

Poco importó tener que viajar tres horas en tren para concurrir al partido, era mi única posibilidad de presenciar un partido de la Premier League y vaya partido, vería en el campo un clásico equipo como el Vila que viene dando pelea para mantener su estatus de equipo de primera división, y el rival, uno de los más repletos de estrellas del momento.

El Vila Park, un antiguo y tradicional estadio de más de 100 años y remodelado para albergar 50 mil espectadores, no se encuentra en el centro de Birmingham, donde ya existe un equipo local que juega en la Championship (2da división) con el que hay bastante rivalidad, sino a unos escasos kilómetros en las afueras, zona más industrial si se quiere, llamada desde luego Aston.

Más sencillo que el gigante, Wembley, también cuenta con un pulcro bajo tribuna repleto de bares donde la gente, previo a los partidos ahoga sus penas y muchos se pierden entre cervezas. Tal es el punto de la afición a esta bebida, que mucha gente comienza a beber y se queda mirando el partido en las pantallas de televisión, sin pensar en que han costeado ya el precio de la entrada para "no ver el partido" desde la grada.
Yo no pensaba hacer semejante cosa, por lo que minutos antes del partido salimos a la grada en una situación privilegiada, arriba, elevados, al centro, vista increíble del estadio, del campo. Una visión perfecta para disfrutar del partido.

Mi compañero concurrió con su hermano, ambos hinchas del Vila desde luego, eran bastante escépticos de las chances de su equipo de apenas si marcar un gol. Traté de ser positivo y decirles que las cosas no tenían que salir tan mal. Pobre de mi que errado estaba, se nota que ellos conocen bien las diferencias que los millones pueden lograr.

El partido fue una fiesta para esos 2000 tal vez hinchas rivales que se acercaron. Un vendaval de goles en el Vila Park para mantener mi cuota personal de emociones bien en alto.

El Aston Vila no fue rival para el City, que marchaba segundo lejos del impresionante y otrora imbatible Liverpool de Jürgen Klopp, y lo goleó por 6 a 1 con un Kun Agüero imparable, marcó su 17mo hat-trick en la Premier League convirtiéndose en el extranjero con la marca más alta.

Pero la alegría del final a los hinchas del Vila no se las quita nadie. Cuando ya muchos habían abandonado el estadio, en el minuto 90 se sancionó un penal para el local que el egipcio Anwar El Ghazi transformó en gol y desató la celebración de los locales: el gol del honor para ellos fué como una victoria.
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Championship: Millwall vs Reading

Si hay una ciudad con muchos equipos de fútbol, y estadios, además de Buenos Aires, sin duda alguna es Londres, y no ha de ser menos, ya que aquí nació el fútbol.

Entre tantos equipos que uno puede encontrarse hasta en ligas impensadas, pero por cuestiones de calendario y fama elegí ir a ver el Millwall, y cuando digo fama más que del equipo, del cual surgió Teddy Sheringam, me refiero a sus hinchas que cuentan con el registro de repetidas y cruentas batallas contra sus rivales, en especial, su archirival, el West Ham.

El enclave donde se haya su estadio no es para menos incitador de cruentas batallas de hinchadas. The Den está entre dos ramales ferroviarios en una zona industrial en la zona sur de Londres, cercano a la estación de tren South Bermondsey, y si han seguido mis posts sobre la experiencia de vida londinense que tuve en el mundo que supo existir antes de la pandemia, mi casa se hallaba en Bermondsey.
Fue cuestión de hacer match, día libre sin planes con partido del Millwall. Podría haber elegido un interesante partido en la FA Cup que lo enfrentaba al Sheffield United, pero preferí poder ver un partido de su división, la Championship, segunda división en Inglaterra. En frente estaba el Reading.

Me fui al estadio como en Lugano, cuando solía ir a ver a Español, caminando. Ya en el centro comercial que tenia a unas calles, los dos pubs estaban repletos de borrachines, digo hinchas, aceitando sus cuerdas vocales para ir a alentar.

En el trayecto cruzaría muchos más, otros tantos tratando de conseguir un fish and chips, el reemplazo de nuestro típico chori de cancha, previo al cotejo, cuando quienes armaban filas para retirar cervezas del estadio.

Realmente The Den es una trampa para los visitantes, solo se accede por túneles debajo de las vías, ya sea de un lado o del otro, es un lugar perfecto para una emboscada de hinchas iracundos y créanme que los del Millwall lo son.

El acceso fué medio caótico, la gente queriendo entrar apurada, diferentes controles de ticket dentro de los pasillos interiores a las gradas, la gente insultando, pasándose carnets de unos a otros, todo muy latino hasta el momento. Mi asiento estaba en primera fila de la segunda bandeja, lo único que jodía, increíblemente para la ciudad en la que estaba, era el sol que descendía poco más tarde y se escondía tras la tribuna principal al frente mio.

El marco era bastante completo para los locales, con un ruidoso grupo de los de Reading, ubicados en la cabecera a mi derecha, solo sobre la bandeja superior, no sea cosa que se vayan a cruzar. Delante mío, antes de acceder al campo había desde luego personal de seguridad y repetidos carteles recordando que "los cantos racistas no estaban permitidos", como para ponerme en contexto ya, y menos mal que los pusieron porque en repetidas ocasiones por los alto parlantes del estadio pidieron que dejen de realizar cantos racistas del sector X o el sector Y.
Empezó el partido, himno muy alegre, la gente se paró, al lado mio una pareja mayor de fanáticos, el señor con su cara de litros de cerveza en muchos años de vida y un gorro que le tapaba las orejas, su mujer, con un libro en la mano. Personajes, de esos típicos de ascenso que uno encuentra, aplaudía con los guantes flojos cada llegada del local.

El murmullo y el aliento se hizo sentir desde el primer momento, ante cualquier polémica los insultos llovían desde la grada y retumbaban en el cercano techo de chapa.

Partido realmente trabado, sin clara superioridad para ninguno, los locales manejaron el balón sin ser precisos, y la visita respondía con incipientes contragolpes muy rápidos. Hubo algunas trifulcas en la grada debajo de la que estaba yo, no termino de entender si entre propios o si involucraba algún ajeno. El alcohol hace estragos en una sociedad que lo asume como algo normal.

La hinchada ya tenía su enemigo perfecto, se la habían agarrado con rival, todo era contra Charlie Adam, un escocés de gran trayectoria con muchos partidos internacionales, corpulento, e increíblemente hábil pese a su contextura física, se tomó las agresiones muy a pecho, y se notaba como trataba por todos los medios sacar ventaja, buscar la infracción, buscar el gol, empujar, y corría de manera impensada a sus 34 años, hizo de todo en el campo, pura magia, tosca, pero magia al fin, se fué reemplazado a los 13 minutos de la segunda parte.

Las emociones llegaron en el complemento, cuando a fuerza de empuje y aliento de su gente, los goles Smith faltando 20 minutos, y el remate del islandés Bodvarsson  desataron la locura de los hinchas que se abrazaban en las tribunas por que el Millwall para ese entonces, escalaba y se ubicaba amenazante en posiciones de play-off para el ascenso.
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LeagueOne: Wimbledon vs Burton Albion

La League One, confusamente es la tercera división en el orden de las ligas inglesas. Dentro de los muchos equipos que en ella compiten, el AFC Wimbledon es el único de Londres. Si, es el mismo al que tuve ocasión de ver en la FA Cup y menciono más arriba. Realmente quise también ir a verlo en su división tradicional, sumado a que era el único que equipo que tenía oportunidad de ver en la LeagueOn, por ende el Cherry Red Records Stadium (Kingsmeadows) tendrá la particularidad de haber sido el primer estadio del ascenso inglés que he pisado, y a su vez, por ahora, el último.

Obtuve entradas anticipadas para concurrir un martes frío de enero, pleno invierno, después del trabajo. Helaba, pero no llovía, ni nevaba por suerte. El estadio estaba repleto, a decir verdad, más gente que en mi visita anterior.

A esta altura, yo ya había incorporado la costumbre inglesa y me permití el tiempo necesario en la barra, paciencia, empujones, hasta recibir mi pinta de cerveza que enriqueciera la experiencia aún más. A decir verdad, la noche estaba más para café o chocolate caliente, pero, es Inglaterra, sin birra, no hay fútbol.
Esta vez tocó entrar por una cabecera, atravesando todo el Chemflow End, la cabecera menor del estadio, para ubicarme en la tribuna opuesta, Rygas Stand, aquella grada sin escalones casi, bajo un acogedor techo, ubicada detrás de los bancos de suplentes y debajo del mangrullo donde transmiten los medios. Espaciados al lado nuestro unos pocos metros apenas, los hinchas del rival, el Burton Albion, los Brewers (cerveceros).

El campo visual desde esta ubicación era bastante pobre, pero la gente se acomodaba y gritaba a todo lo que se movía. Si, por más que no vieran, las ganas de alentar estaban en pié, y las ganas de empujar a su equipo siempre presentes pese al frío. Al menos podía podía ver a los jugadores en plano real, el campo estaba a mi alcance, dicho de otro modo, si quería meterme a jugar, casi que podía.

Curiosamente no era el único extranjero viendo el partido, la historia del AFC Wimbledon atrae a propios y extraños, es un maravilloso acto de fe, de empuje y de resurrección, por lo que le dedicaré unos párrafos aparte antes de cerrar el post.

La gente comenzó a saltar en las cabeceras y los que estaban alrededor mío se prendieron. Los del Chemflow End estaban muy metidos, volvieron loco al arquero rival con una especie de zumbido eterno cada vez que tenía el balón o había un tiro libre que terminaba del mismo modo que un Haka neozelandés.

A la visita, de perfecto blanco, no le hizo mella el aliento rival y se puso en ventaja muy pronto, a los 7 minutos Joe Powell abrió el marcador de la mano de una buena jugada colectiva que derivó en un rebote mal despejado y gol. La gente no se quedó callada. No asumió el golpe y siguió alentando, lo que dio sus frutos a y diez minutos después los Dons empataron tras un desborde y gran definición de Mitchel Pinnock.
Para zozobra de los locales, los cerveceros se pusieron en ventaja antes del descanso, en otra jugada de rebotes impensados Jamie Murphy logró la diferencia sembrando la intranquilidad en el ambiente, ya que después de todo, el humilde Wimbledon está peleando en la parte baja de la tabla, con su archirrival y usurpador, MK Dons (ver sección dedicada al Wimbledon para entender esto) y perder puntos en casa lo deja en una posición muy incómoda.

Para la segunda parte cambié de ubicación, me trasladé para sacar unas fotos, y decidí quedarme en el sector descubierto del Rygas Stand, con vision directa desde el lateral al arco donde atajaban los visitantes y donde se desarrolló la mayor parte del juego con la presión del local que buscaba el empate, encerró al Burton, jugada tras jugada, centro tras centro, corners, uno tras otro y logró empatar Callum Reilly tras una clásica jugada de ascenso ingles: lateral largo al centro del área, rebotes boyando, remate y gol. 

Fiesta. Había tiempo para soñar con la victoria, oportunidades no faltaron para las polémicas, hubo grescas en el campo, y una mano fuera del área del portero rival que se ve en el resumen y les aseguro que estaba yo en la misma línea.

Empate para los Dons, con sabor a que podría haber sido más. Para mi, una despedida de los campos ingleses, repletos de goles y aliento desaforado de sus hinchas.
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LeagueTwo: Leyton Orient vs Forest Green

La League Two tiene otro nombre para confundir, ya que en el escalafón es la cuarta división. Es la más humilde de las divisiones bajo el esquema Football League que contempla las tres categorías principales de ascenso, siendo la Premier una liga diferenciada.

En esta división milita el Leyton Orient, equipo que se autodenomina como el más humilde de Londres. Es bastante conocido internacionalmente, de hecho muchos argentinos han visitado el estadio, dado que su historia también representa un caso más de lucha de los hinchas por la subsistencia de su club.
Al llegar al estadio Brisbane Road me recibieron por los megáfonos, había ya adquirido mi entrada y me contacté previamente con el Club de Aficionados (Supporters Club) donde muy amablemente me invitaron a pasar por su sede, debajo del estadio. Bien puesta tienen la sede que no es ni más ni menos que el bar, que desde luego luego estaba copado de gente con sus manos ocupadas con cervezas y charlas.

Al llegar me recibieron con un abrazo y me anunciaron por el micrófono "aquí llega Gonzalo un hincha desde Argentina" y todos en el bar se giraron hacia la puerta y comenzaron a aplaudirme, algo impensado. Keren, del grupo de aficionados, me estaba esperando, y dio aviso a todos, me presentó a la gente y me invitó una cerveza más a pesar que ya tenía media pinta en la mano: "es que ya sonaron la campana y van a dejar de vender porque comienza el partido".

El rival de turno era el encumbrado Forest Green Rovers, en ese entonces, marchaba segundo mientras que The O's , como se los conoce popularmente, marchan en los puestos bajos, con cierta margen para no descender pero sin tener que perder la vista de que están amenazados.

Recuerdo que al entrar al estadio grabé algunos mensajes de audio que envié en estado de alegría rozando la ebriedad citando lo feliz que me encontraba y diciendo que era el mejor estadio del mundo. Cosas de borracho, digo, de hincha, y creo que lo estaba, ya que no siempre había entrado a un estadio de fútbol con un litro de cerveza de la buena, encima. El coqueto estadio de los O's tiene una grada antiquísma, la cual preferí tener de frente con un centro "descentrado" a dos aguas donde se ve inscripto el nombre del club, pero lo más curioso son los edificios en el corner, con balcones que dan directo al campo de juego!

La grada, otra vez, una ubicación privilegiada, medio del campo, visión completa pero el estadio a medio llenar lamentablemente, con unos 150 aficionados del rival que se hacían oir.
Partido caliente, detrás mío una aficionada que estaba con su pareja no dejó de insultar al árbitro y a un rival que había hecho "trampa" simulando un foul. Parece ser que en el fútbol inglés no toleran que los rivales simulen, y repetidas veces en diferentes estadios me ocurrió que comenzasen al unisono a gritarle "cheater"(tramposo) al jugador en cuestión una y otra vez que tocase el balón.

La triste noticia para el Leyton es que pese a arrancar parejo, el rival lo borró del campo por ser más efectivo. En la primera parte, llegó tres veces, convirtiendo las tres. 3 a 0 al descanso, un desánimo generalizado que no se plasmó en el aliento.

El equipo salió en la segunda parte dispuesto a darlo todo, lo que se evidenció en al remontada, logrando descontar a los 10 minutos del complemento y a fuerza de voluntad y garra para delirio de todos se puso a solo 1 gol de diferencia faltando 12 minutos para el final.

La gente enloqueció y llevó a su equipo adelante para tratar de lograr el épico empate, que se esfumó en un contra ataque producto de una ocasión frustrada del Leyton, en la última jugada para uno, desencadenó el gol del 4 a 2 para el otro. Un mal resultado pero un sabor de que se puede llegar más lejos para los hinchas.
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Post partido, volví al Supporters Club donde me estaban esperando nuevamente y donde tuve la suerte no solo de compartir una nueva cerveza charlando con gente de la revista Leyton OrientEar que se distribuye a todo el mundo, y conocer nada más y nada menos que al mayor inversionista del club, el texano Kent Teagle, quien me confesó que había estado en tratativas para comprar un club en Argentina. 

En esta visita me trataron tan bien en Leyton que decidí desde ese mismo momento volver antes de partir de Londres, cosa que hice en las últimas semanas de mi estadía, y contacté desde luego al Supporters Club de antemano que me anticipó que no compre entradas, que lo arregle con ellos.
Asimismo fue que un partido entre semana nos vimos las caras de nuevo, frente a Northampton, para el cual me regalaron las entradas nada más y nada menos que en la parte "posh" del estadio, tuve acceso al sector VIP y a contemplar el partido desde otro lugar privilegiado.
Para variar, otro cotejo caliente, frase que se repite varias veces, y es sinónimo de que en Inglaterra el fútbol se vive con todas las de la ley, con mucho ánimo e ímpetu. El partido terminó en 1 a 1 con gresca de 17 jugadores tras el empate de penal de parte del Leyton, y uno que se pensaba que estas cosas no ocurrían en el fútbol inglés tan coqueto y formal.
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En esta oportunidad no hubo sobremesa de partido, cerveza de despedida, pero si decidí invertir en merchandising que me traje a mucho gusto, y gracias al amable trato que recibí, el Leyton se ganó una partecita de mi corazón.

National: Chesterfield vs Chorley

La menor de todas las categorías, la National cae fuera del esquema ya de la  Football League, 5ta división del fútbol en Inglaterra, es a la que tuve la suerte de concurrir en un partido muy especial para mi, no tanto por el nivel futblístico sino a nivel personal.

El día que cumplí el sueño de visitar el estadio del Chesterfield tuve ocasión de contemplar y vivir desde adentro un partido de la National League, y como ya lo relaté extensivamente en su momento, aquí les dejo el post para que lo puedan revivir.

Lo que si facilito porque creo que vale la pena es el resumen del partido ya que creo que hubo muchas emociones.

Volver a nacer: Leyton y Wimbledon

No fué casualidad que visitase los estadios del Wimbledon y del Leyton, ambos comparten una historia peculiar de supervivencia y lucha de sus hinchas con la que imposible no sentirme identificado.

Es sabido que en Inglaterra los clubes funcionan como Sociedades Anónimas, esto es, tienen un dueño y financiación privada, que mucha veces van de la mano de la pasión de sus tradicionales hinchas, otras veces, simplemente con los negocios. Ejemplos de casos de éxito sobran, pero también hay incontables fracasos y desapariciones de clubes tradicionales que terminan esfumándose por las gestiones nefastas y totalmente ausentes.

En el caso del Leyton, el más pequeño de Londres, en la temporada 2014 estaba peleando por mantenerse en la LeagueTwo, el empresario Franceso Bechetti compró el equipo y comenzó a tomar decisiones completamente arbitrarias como contratación de técnicos italianos de su referencia, con poco o nulo conocimiento del fútbol inglés, o pasando a tener entre 4 y 6 técnicos por temporada en las siguientes tres temporadas lo que hundió al equipo en las profundidades de las llamadas None-League.

Tras repetidas protestas por parte de los hinchas, invasiones de campo y numeras marchas, lograron que el italiano se marche, no sin antes dejarlo sin financiación y sin rumbo durante al menos una o dos semanas de incertidumbre para toda la afición que corría el riesgo de perder la afiliación. Posteriormente fueron adquiridos por el empresario local Nigel Travis, quien logró en dos años con su gestión llevarlo al menos de nuevo a pelear en la LeagueTwo.

Diferencia y más cruda es la historia del AFC Wimbledon que nace apenas en 2002 fundado por los antiguos hinchas del pequeño pero histórico Wimbledon FC, que supo ganar la FA Cup en 1988 (con un jugador devenido en un conocido actor como Vinnie Jones) ganándose el derecho de ser miembro fundador de la Premier League en la que permaneció durante 8 años hasta su descenso.

Debido a diversos problemas con el estadio original, Ploug Lane, los dueños decidieron trasladar su sede a Milton Keynes, a unos 90 kilómetros, por lo que la masa societaria desaprobó esa mudanza, y se abrió su propio club, mientras que la Football Association aprobó el traslado y al poco tiempo el cambio de nombre tras el concurso de acreedores a MK Dons, con un nuevo estadio, una nueva sede y la historia robada del viejo Wimbledon que dejó de existir, a la par, surgía el AFC.

Mientras el MK peleaba en la LeagueOne, el novel AFC comenzaba a pelear desde bien abajo, en el 10 nivel de la pirámide del fútbol inglés en la Combined Counties Football League.

Habiéndose fundado en 2002, en el año 2016 llegó finalmente a la LeagueOne donde se enfrentó a su némesis, el MK Dons, y hoy los dos equipos, las dos ramas del extinto Wimbledon FC disputan palmo a palmo su permanencia en la divisional.

Desde el comienzo rentaron el pequeño estadio en Kingsmeadow con capacidad para apenas 4800 espectadores, posteriormente lo compraron pero sus hinchas siempre tuvieron la intención de volver a su emplazamiento original, lo cual se manifestó en 2012 oficialmente, crearon un fideicomiso para recolectar el dinero y en 2015 consiguieron los permisos de construcción del New Plough Lane que está previsto para ser inaugurado en 2021, con capacidad para 20.000 personas, residencias y otros servicios.

Mis respetos para las dos aficiones.

Una inevitable comparacion

Si llegaron hasta aquí leyendo, es porque yo llegué hasta aquí escribiendo. No quisiera irme sin algunas pequeñas reflexiones sobre estas experiencias en el fútbol y campos ingleses.

Hay que destacar que todos los equipos, hasta el más pequeño al que fui, tienen página web donde, con matices y colores, explican la realidad del club, noticias y actualidad, asimismo allí venden los tickets, yo adquirí la mayoría de los tickets online y te los envian a domicilio, creer o reventar, llegan en tiempo y forma por Royal Mail. Salvo en el caso del Millwall que me hice el tiempo para ir y recogerlos en el estadio.

Asimismo, siendo yo un completo visitante en todas ellas, las páginas cuentan con un panfleto (ver el del Wimbledon por ejemplo) que te cuenta la historia del club, la historia del estadio, los accesos a cada sector para que no te pierdas ni te mezcles, las medidas de seguridad, las costumbres, etc.

A su vez tienen un servicio de membresía que permite el acceso a contenido exclusivo, transmisiones de los partidos en vivo y acceso a entradas, descuentos y eventos en el club y durante los partidos. Todos cuentan con algo muy particular en el fútbol inglés que es el llamado Hospitality, donde va la elite, la gente se viste de gala, y concurre al estadio como si fuese a una fiesta privada, hay eventos, comida, sorteos y mucho glamour. Los tickets Hospitality son extremadamente caros.

El fútbol inglés es simplemente organizado. Seguramente los poderes económicos de estos equipos superan ampliamente aquellos de nuestro fútbol vernáculo, pero hay que entender que en divisiones menores, también pelean con los costos y aún así, cumplen con sus obligaciones.

Difícil para mi pensar que a clubes como Wimbledon, Leyton o Chesterfield les sobre dinero para alardear, sino que deben cumplir con las reglas de la federación y las normas para poder competir.

Párrafo aparte para los aficionados, voluntarios de prensa y relaciones públicas y asociaciones de hinchas que ponen su grano de arena, y en ese sentido, su voluntariado y amor a los colores asemeja mucho a lo que conocemos por estas tierras. En la pasión, no hay diferencias, somos todos locos por los colores!

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Todo comenzó hace muchos años, cuando en algún momento, en aquellas primeras PCs propias con las que pude interactuar en casa, tuve la suerte de conseguir un juego de simulación en el que yo hiciera las veces del Manager de un equipo de fútbol, una de esas cuestiones que siempre me apasionaron, y que por suerte mi humilde Pentium I de 133Mhz lo soportara.
Allá lejos rondaría yo por mis 13 o 14 años, no podía contar con la posibilidad conducir los destinos de mi querido Deportivo Español ya que las ligas argentinas no existían en estos juegos, por lo que comencé a deambular por las ligas europeas, a las que desconocía en su totalidad, en un juego llamado Championship Manager, el predecesor del actual Football Manager, aunque alternaba con otro llamad Ultimate Soccer Manager, extinto al día de hoy.

En aquel primer intento decidí volcarme por la Liga Inglesa, ya que la empresa fabricante del producto, oriunda de Inglaterra, poseía muchísima más información sobre esta liga que sobre cualquier otra, y al momento de elegir, fiel a mis causas nobles, habiéndolas mamado desde pequeño, no elegí ninguno de los grandes equipos: quería pelearla desde abajo, y comencé a luchar con un humilde equipo de la Second League al cual elegí porque su nombre me pareció familiar, ya que mi vecino, Antonio, el marido de la eterna Elvira, fumaba cigarrillos de ese nombre: Chesterfield FC.
Con todas las dificultades a cuestas, disputaba partidos que me costaba ganar, tanto como al equipo real. Allí tuve jugadores de prestigio que marcaron la historia de la institución, como Paul Holland, Tom Curtis, Andy Morris, Nicky Law, Lee Richardson, Derek Niven, Mark Jules, Jamie Hewitt y Kevin Davis, el último jugador del Chesterfield que ha jugado en la Selección mayor inglesa.

Por aquellos años estudiaba yo también inglés, eran tiempos donde internet no llegaba a las casas de los seres humanos de a pié, y yo quería saber más del equipo del cual me estaba convirtiendo en hincha poco a poco, aunque sin saber lamentablemente qué pasaba en su día a día.

Intenté ponerme en contacto, una carta, otra carta, cuando internet llegó al barrio, o más bien, a mi alcance, me comuniqué via foros, pero nunca algo fué algo fluido.

Por muchos años me alejé pero siempre le guardé cariño, lo seguí de lejos, sin estar al día, perdiéndome sus victorias de los últimos años (campeones de la FA League Trophy en 2012 y Subcampeones de la FA Leaghe Trophy en 2014), y un sube y baja de categorías interminable.

Hoy le toca navegar desde el fondo, en la durísima National League, la última de las ligas de alcance nacional en Inglaterra, después de eso, el abismo, las ligas regionales.

Desde aquellos lejanos años en el escritorio de Lugano pensaba en que algún día podría tal vez llegar a conocer a este pequeño club, en su coqueto estadio. Por aquel entonces todavía existía el viejo Saltergate, también conocido como Recretation Ground, hoy convertido en un estacionamiento.

Cuando Google Maps comenzó a dar la posibilidad a todo el mundo de viajar sin salir de casa, me ubique en la ciudad y una y otra vez imaginé estar en esa entrada, dentro de esas tribunas, tomando una cerveza por los alrededores, charlando con la gente, contando mi historia.

Venía planeando poder hacerlo desde la ya no tan distante Barcelona, mucho más cercana que Buenos Aires, pero finalmente el destino me trajo a Londres, y con ello la oportunidad se volvió mucho más cercana.

Contacté con los responsables del área de prensa, a sabiendas que en los equipos pequeños, la gente es más amena y accesible, dada mi experiencia en el rol en Deportivo Español. Y del otro lado encontré una gran y comprensiva respuesta: me invitaban a visitarlos y a pasar con ellos el día del partido.

Busqué los pasajes, encontré una pequeña habitación donde alojarme en una casa de familia y emprendí mi viaje, tras una jornada de trabajo, descendí a las profundidades de los viajes en Autobús, siempre a la cola de los servicios de transporte en los países desarrollados, algo que en Argentina aún me atrevo a decir es de primera clase, aquí esta lejos de llegar a ser similar.

Y una noche de viernes 15 de Noviembre de 2019 comenzó la aventura: desde Victoria Coach Station arrancaba el viaje en un National Express.

Me habían advertido que esperase demoras, la dueña de la casa donde me alojé a sabiendas, se ofreció de todos modos a esperarme aunque llegase tarde. Y las demoras, vaya el juego de palabras, no demoraron en llegar: en la mismísima salida de la estación el autobús tuvo la desgracia de chocar con un taxi y comenzar su retraso.

Un viaje de casi 3 horas, con una lluvia permanente me depositó en Chesterfield bajo la eterna garúa inglesa que moja poco, pero enfría mucho, alrededor de las 23 horas. La idea era conseguir un taxi pero no había ninguno a la vista, y Uber parecía no existir en estas latitudes. "The Real England" me dijeron cuando se enteraron que iba para estos lados.

Sin perder tiempo, comencé la caminata, no quería hacer esperar a Sarah, una docente madre de familia que me había avisado que me esperaba excepcionalmente porque era viernes, que si fuera otro día no podría hacerlo.

Meta a paso rápido con el GPS en la mano bajo la lluvia, atinando los giros correctos esquivando borrachines que salían de los pubs donde solo expiden cerveza.
 
Las calles se convertían en oscuras, y poco a poco fuí perdiendo precisión de la ubicación, en un momento el camino me enviaba por un pasadizo que no lograba ubicar, hasta que un letrero bastante oculto citaba "Pedestrian Path" (paso peatonal) a las orillas de un arroyo que fluía alimentado por las lluvias de los últimos días.

Al frente la oscuridad total, pero yo me metí igual, sin saber si lo que pisaba era barro u hojas empapadas. Camine y caminé, el GPS marcaba que era el camino correcto. Me embebí entre los árboles, la oscuridad, los parques y la soledad de la noche. Mucho más allá, la barriada. Media horad de caminata bajo la no molesta lluvia me dejaron en la puerta de una hermosa casa de familia donde me esperaban con un te caliente para matar al menos el frio.
Descansé casi sin creer que finalmente, tras esa locura estaba en esa pequeña y distante ciudad que desde Argentina veía con anhelo de visitar. Algo tan simple, una pequeña en el medio del Derbyshire (la Comarca), me estaba llenando de alegría.
La mañana siguiente, durante el desayuno charlamos con la familia y al respecto del motivo de mi visita, entre incredulidad y comprensión, empatizamos y me desearon lo mejor.
Al rato me propuse salir a recorrer un poco la ciudad, en vísperas de encontrarme con el responsable de Media y Comunicaciones del club, Nick Johnson, que me esperaba a las 13 en el Proact Stadium, el nuevo estadio del club.
   
La ciudad era mucho más grande de lo que esperaba, cada caminata requería desplazamientos de al menos 30 minutos, y el clima no ayudaba. Mi llegada al estadio no fué la que hubiera imaginado, la lluvia y la niebla quitaban el encanto, pero, después de todo era la imagen de Inglaterra, pura y cruda.

Busqué abrigo en el Shop, de donde quería llevarme todo. Conseguí mi ansiada camiseta, mi bufanda y un pin de recuerdo: quería eso desde hacía tantos años!

Bajaron a mi encuentro, me dieron un pase de prensa, un voucher para comida, y me invitaron a las oficinas. Me explicaron como procedían durante el día de partido, no mucho que envidiar a lo que hacíamos en Español (bastante orgulloso de haber sido parte de eso), pero mucho más profesional: gente de traje, cumpliendo sus roles, algunos filmando, otros sacando fotos, otros encargados de las redes sociales, otros de la actividad del estadio, otros la voz del estadio. 

Casi que a cada uno de ellos podía encontrarle un parangón con los personajes del Estadio España.

Cuando el partido se aproximaba, me invitaron a la zona de prensa, y vi el partido junto a los periodistas que seguían el evento. Me hicieron una nota para el club, desde luego les parecía curioso que alguien desde Argentina viniera a verlos, mi historia generaba cierta empatía.
En el estadio previo a los partidos se lleva a cabo un evento llamado Hospitality, donde los socios pagan para tener una comida especial, un espectáculo al cual cortan para ver el partido y siguen. Todos se visten paquetes para la ocasión, la sección de platea estaba llena, el resto del estadio no tanto. Es un momento difícil del torneo, no levanta cabeza el equipo y se jugaba contra el último de la tabla.
En el partido, el primer tiempo fue muy malo, dos jugadas de gol del rival, una muy buena abrió el marcador y un descuido les permitió ampliar la ventaja.
En el segundo tiempo, un triple cambio, al mejor estilo Championship Manager, hizo cambiar la cara del equipo y comenzó a empujar, un golazo descontó pero otro descuido provocó un penal para la visita que se puso 3 a 1 arriba, para el delirio de sus casi 100 hinchas que vinieron desde Chorley solo para ver a su equipo, el último de la tabla, que estaba consiguiendo su segunda victoria casi en medio torneo.

Chesterfield logró descontar una vez más y con fuerza intentó hasta el final pero no le alcanzó. La gente abucheó al equipo, y los que tenían su evento de Hospitality, se volvieron al salón para seguir ahogando penas bebiendo y comiendo.
Para ellos fue un día triste, en parte para mi también, pero en el fondo me llenó el alma haber viajado hasta esta pequeña ciudad solo para ver este partido, tal vez, no el mejor espectáculo, pero me permitió estar ahi, en las tripas del estadio, viendo cómo se vive, aprendiendo cómo lo llevan desde una Sociedad Anónima Deportiva humilde, cómo la gente de una ciudad respira su equipo y como un campo de 5ta división está en perfecto estado, cómo dos personas pueden mantener una entera estructura de prensa con la ayuda de voluntarios y estudiantes, como se cuenta con equipos profesionales para seguimiento de jugadores, y cómo, por más que se haya perdido y estemos tan bajos en el escalafón de equipos, se hacen ruedas de prensa, siempre.
Mi día terminó agradeciendo a las partes que me permitieron estar allí, brindando en un bar repleto de memorias, y con un check más de un hito  personal logrado en la vida, uno de esas cosas pequeñas y sencillas que me llenan de satisfacción poder cumplir.
Tal vez muy pocos lo entenderán, pero para mí, ha sido un sueño hecho realidad, y por suerte las personas del club que me recibieron lo comprendieron y empatizaron con mi causa.

Mientras tanto, de turismo, realmente he hecho poco, el foco de mi visita era completamente otro poco. 

Quedará para la próxima recorrer alguna de las bondades de Derbyshire que invita a hacer recorridos de a pié, por lo que hay que definitivamente preparado, el clima en el interior da muchas sorpresas.

Un domingo lluvioso, de esos que el agua definitivamente moja, tras el desayuno, me despedía de la pequeña Chesterfield. Sarah se ofreció llevarme a la estación para evitar que me empape, con su hija de camino a la iglesia me dejaron y me despidieron con los mejores augurios y bendiciones. 

Mi recorrido me dejaría en Manchester para dar unas vueltas y trabajar al día siguiente.

    

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Chesterfield, de un juego a la realidad

lunes, 25 de noviembre de 2019
Todo comenzó hace muchos años, cuando en algún momento, en aquellas primeras PCs propias con las que pude interactuar en casa, tuve la sue...