Riga, el eslabón perdido

Letonia se había convertido en el último eslabón para coronar la visita a los Países Bálticos. Llegar a su capital, Riga, representó la gema faltante de un recorrido que se inició curiosamente hace más de 5 años en una visita al más nórdico de los tres pequeños países.

Riga, desde luego que tiene un casco histórico y medieval, que data de épocas inmemoriales, pero decirse que no luce como cuento de hadas, como tal vez la capital de sus vecinos. Tal vez su situación estratégica en las costas del Mar Báltico, ser atravesada por el enorme y caudaloso río Daugava, inicio de muchas expediciones comerciales y miliares desde y hacia el interior de Europa, han hecho que se desarrolle y expanda bastante más allá de los confines de una extinta muralla medieval.

Introducción a Riga

Su casco antiguo es llamativo y tiene rasgos característicos, pero creo que la magia de Riga está en otro lado, su dimensión como ciudad es mayor que la de sus vecinos, lo cual está marcado no solo por su extensión sino también por ser la que más cantidad de habitantes tiene. Además es dueña de enorme movimiento y su crecimiento urbanístico le permitió expandirse más allá de las murallas.

A la fecha, conserva su característica histórica, tristemente intervenida producto de la masificación turística, pero basta con apenas alejarse un poco del "lugar donde todos se sacan la foto" para encontrarse con algo más real y deslumbrarse con la simpleza de una ciudad post soviética, con el peso del desarrollo tardío que implica haber estado detrás de la Cortina de Hierro, pero con el orgullo de seguir siendo una capital que pese a las idas y vueltas mantuvo su estructura edilicia y se conserva como una de las capitales del este con mayor valor arquitectónico. Vamos que los rusos no hicieron estragos con las obras que existían, no demolieron la ciudad entera para intervenirla con su brutalismo arquitectónico soviético (que tiene su encanto, he de reconocerlo) y la ciudad conserva una enorme variedad de exponentes propios del Modernismo apenas dejándose llevar una centena de metros de la zona historia.

El correntoso río le da una energía especial, una ciudad que lo termina abrazando y pese a que la parte en dos, sigue su desarrollo sobre la otra margen con barriadas si se quiere más sencilla, pero no muy lejos, a apenas 30 minutos en transporte público uno ya se ubica en las costas del mar para contemplar caserones de principios del siglo pasado que cotizan en millones, de otras épocas, pero mantenidos al día de hoy como mansiones por muchos poderosos locales y, sobre todo, rusos.

Ámbar, vikingos y potencias

Con este impactante título intento contextualizar la ciudad históricamente, y brevemente la estratégica ubicación que influyó para que Riga sea la importante capital que es.

Desde tiempos inmemoriales, el ámbar fué un material precioso, y lo que hoy es Riga formó parte de la ruta comercial que atravesaba Europa desde Egipto hasta territorios de la actual Rusia, en donde, en los años de los zares donde el lujo era pornográfico se creó la conocida (y desaparecida) Cámara de Ámbar.

Entre medio, el río Daugava fué punto de acceso para exploradores y expediciones vikingas que se adentraban desde las costas nórdicas europeas hasta llegar al mar negro pasando por el Rus de Kiev, mientras que también se aprovechaban estas rutas navegables por los griegos y romanos debido a que podían conectar, no sin dificultad, los mares Báltico y Negro siendo Riga la cabecera más extrema.

Pero saltándonos unos cuantos siglos, y viniendo a la actualidad, Letonia no fué excepción a la regla de los vaivenes de los territorios baltos, permaneciendo durante siglos bajo el yugo de potencias mayores que terminaban subyugando. 

En el siglo XIII los cruzados alemanes tomaron posesión bajo la excusa de la evangelización y forzando a la adopción de la fe cristiana. Luego el territorio pasó a ser parte de Polonia y Lituania (la anteriormente mencionada República de las dos Naciones) que al ser invadida por Suecia, terminó cediendo territorios y casualmente Riga pasó a ser la ciudad más grande y prolifera del Reino de Suecia, sumado a que servía de punto de abastecimiento de alimento y trigo para los suecos.

Entre los detalles más curiosos de las divisiones de Letonia, hay que mencionar y dejar para que los curiosos investiguen, el Ducado de Curlandia, fué parte de la división entre Polonia y Suecia del territorio letón, y se convirtió en el país más pequeño de Europa en tener colonias (en Gambia y en Trinidad y Tobago)

Ya más próximo a nuestro tiempo, en una nueva división de la mancomunidad Polaco-Lituana, territorios letones pasaron a ser parte del Imperio Ruso, logrando tal cual su vecino del sur, una breve independencia en el período entre Guerras del siglo XX para ser subyugado por Rusia en 1940 y ser luego fagocitado por los nazis, que dejaron todo listo para que Letonia vuelva a ser parte de la URSS.

Les suena conocido no? Bueno el ida y vuelta de los Bálticos ha sido así...para todos, logrando su independencia en 1991.

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Llegar y hacer pié

Como a lo largo de toda mi estadía en la zona norte del continente, el clima que me acompañó fué soleado. Debí madrugar y partir desde la capital del vecino del sur, Vilnius, donde un servicio de autobuses de la empresa Ecolines me esperaba para partir a las 7:30, y luego de 4 horas arribar a Riga en un viaje muy tranquilo y a ritmo cansino, especialmente a medida que nos acercábamos a la ciudad, el tránsito comenzaba a ser algo caótico, haciendo más extensos aún los 290 kms de distancia.

Al llegar uno se encuentra con la estación de buses al aire libre, más pequeña que la de Vilnius y un aspecto dejado que le da su encanto. Pegada al canal de la ciudad, del cual lo separaba apenas una baranda, me dispuse sobre un asiento a acomodar las mochilas y salí en búsqueda del hostel, que estaba apenas a 500 metros cruzando las avenidas por un esquema de túneles ppor lso que uno puede llegar a perderse aún más que por arriba, pero que no dan otra alternativa para cruzar. En Riga, se prioriza el tránsito vehicular, ciertamente los semáforos son muy cortos para peatones y estas avenidas son tan grandes que no llegaríamos a cruzarlas.

Una vez que descifré el acceso al portal del edificio en la esquina de Merkela iela y Marijas iela, calle y explanada de por medio con la Estación Central de Ferrocarril, me acomodé en el interior, no me detuve demasiado, pedí referencias, un mapa en papel, salí a recorrer y me perdí..
Lo primero que encontré fue el Vērmanes dārzs donde se erige el monumento a una figura de mucho respeto en la tradición cultural nacional, Krišjānis Barons el creador del himno pero sobre todo fué un escritor, foklorista y lingüista que se encargó de recopilar cientos de historias y canciones populares ancestrales de la cultura letona que publicó en una obra que es reconocida al día de hoy como maestra e ilustradora.

De allí empecé a seguir las calles, sorprendido por la cantidad de edificios muy bonitos y poco soviéticos con los que me iba cruzando, alejado de la zona histórica y más antigua, sin darme cuenta me embarqué por un recorrido a través del distrito céntrico con mayor riqueza arquitectónica Modernista.

Llegué a dar una vuelta por la antigua Iglesia de Santa Gertrudis para darme cuenta que estaba alejándome sin ser consciente de la dirección, por lo que bajé comencé a dirigirme hacia el río, en búsqueda de las secciones más antiguas de la ciudad. En el camino, sentí la atracción de las cúpulas doradas de la Iglesia Ortodoxa de la Natividad en el Parque Esplanade donde tuve un deja vu de mi estancia en la no tan lejana San Petersburgo, sintiendo una irrechazable tentación a reposar en los bancos de la plaza.
Finalmente la entrada triunfal a la zona histórica, la medieval y esa donde se sacan la foto todos y que está cooptada por todo tipo de opciones poco autóctonas vinculadas estrechamente a la actividad turística, se dio por el boulevard de Brīvības piemineklis, conocido como el Monumento a la Libertad  custodiado por guardias de honor, el cual se erigió en el corto período de independencia previo a la Segunda Guerra, y que esquivó el derribo en la época soviética al ser reconvertido como "la madre Rusia sosteniendo tres estrellas que eran los tres países del Báltico".

A sus espaldas se abría, o más bien se estrechaban los caminos, en la zona antigua de la ciudad, y se agolpaban los grupos de visitantes, los restaurantes modernos y donde capturar una foto sin gente que refleje el espíritu de la ciudad era imposible. Todo lo que la UNESCO declara Patromonio, se protege, pero se abruma y sus precios se disparan.
En el interior del recinto como Vecrīga (Vieja Riga) que data del siglo XIII encontramos vestigios de los tantos vaivenes históricos, edificios con rasgos teutónicos y vikingos, en lo que se conoce como la Puerta Sueca, la Catedral y la Iglesia de San Pedro que posee una cúpula en forma de aguja que es la más alta de la ciudad antigua y se puede visitar (seguir leyendo, más abajo doy otras opciones para ver la ciudad desde arriba!).

En el vértice más al norte de la ciudad se ubica el bastión conocido como Castillo de Riga, que hace las veces de palacio presencial, y a medida que uno se pierde entre los pasillos encuentra casas de colores, frentes escalonados que conforman complejos residenciales de antaño.

De los puntos más destacados y pintorescos de la ciudad vieja, junto al río donde se abre el Puente de Piedra sobre el Daugava, se abre una pequeña plaza donde se ubica el edificio del Ayuntamiento (Rātslaukums), y a su lado se erige la Casa de los Cabezas Negras, denominación que suena bastante tétrica si se quiere, pero que representa una sociedad de comerciantes que al día de hoy permanece en vigencia en algunos países de la Liga Hanseatica.

Fuera de la muralla

Dejando atrás la ciudad vieja y su virtual muralla, bordeando el río me alejé del barullo turístico, sentí tentación de cruzar a pié pero el Puente de Piedra era tan largo que me amedrentó, por lo que avancé por la costanera en sentido hacia el interior del continente, siguiendo sus aguas.

Allí me embobé con el enorme puente ferroviario, realmente no creo que tuviera algo especial más que su enorme longitud atravesando las aguas del río y tal vez algo que le agregó valor fue ver circular a poca velocidad los trenes interurbanos que rememoran épocas de antaño (realmente tenían apariencia bastante vieja) pero me genera gran admiración ver que en un país que estuvo tan postergado y arrancó los años 90 con una infraestructura vetusta de la cual mucha sigue funcionando hasta hoy, mantiene un sistema ferroviario sencillo que aún funciona.

De allí nació mi deseo de montar en esos trenes y busqué alternativas para visitar alguna ciudad en las cercanías y que comparto con Uds. en el párrafo siguiente.
Mientras tanto, seguí recorriendo los alrededores de la ciudad vieja, aparecí en la zona conocida como Districto Moscovita, o directament Moscú, es porque en este sentido salían los transportes con destino a la capital rusa. Durante muchos años posteriores a la caída de la cortina de hierro esta zona fue la más postergada, donde mayor criminalidad y abandono había en la ciudad, al punto que se recomendaba no visitarla.

Hoy ya no es el caso, la zona sigue conservando un cierto estado de abandono pero está siendo intervenida, especialmente en su zona costera donde se nota la mano de la arquitectura moderna haciendo de los viejos docks zonas de oficinas y bares modernos aunque muy poco transitados aún.

Al frente, el contraste, aún se hallan los galpones del Mercado del Abasto, uno de los mercados techados más grandes de Europa, que no solo tiene vida en el interior de sus salones, sino que sobrepasa hacia los alrededores, con mercados formales e informales en viejos predios que pueden llegar a dar cierto temor a los mas desprevenidos. Entre estos pasadizos, recomiendo aprovechar la oportunidad para beber el delicioso kvass (bebida a base de centeno que está prohibida su venta en las calles, pero...esto es el Este!)
Si uno se sigue dejando llevar, y no se pierde ante las paredes dejadas y los techos de chapa derruidos en algunos lados, lo que uno se encuentra son muchos espacios abiertos producto de la demolición de viejas casas que formaron parte de lo que fuera el Gueto de Riga durante la Segunda Guerra, donde solo sobrevivieron 200 judíos, de los cuales 40 fueran rescatados por Janis Lipke.

Por allí perdidas, como quien fuera testigo desde tiempos inmemoriales de los vaivenes de la ciudad, las eternas casas de madera. Estas casillas de madera, son la tentación de los inversores, que buscan derruirlas para hacer de ellas negocio, pero la mano de los vecinos hace fuerza para revitalizarlas por considerarlas patrimonio. Estas humildes casas multi familiares hoy muchas forman parte de asociaciones sin fines de lucro cuando no algunos grupos de hippies si se quiere que las mantienen. Las que se hayan algo más alejadas, aún se alquilan a precios muy bajos.

Pero allí, entre medio de estas casillas humildes y espacios en blanco, en silencio, hay una construcción que se erige silenciosa, gigante e imponente, inocultable vestigio de la presencia Stalinista en la región. Bautizada como la Torta de Cumpleaños de Stalin (pese a que éste nunca llegó a verla en pié).

Una mole de 108 metros que se convirtió en el primer rascacielos y fué durante muchos años el más alto, acoge a la Academia de Ciencias y ofrece a los visitantes una hermosa vista aérea de la ciudad desde su planta 17ma por apenas 5 euros (casi la mitad de lo que cuesta la visita a la torre de la Iglesia de San Pedro).

El famoso free tour

Existen diferentes alternativas para recorrer la ciudad, entre ellas las ofrecidas por los free tour, recomiendo especialmente aquellos que son dados por personajes locales, especialmente porque aman a su ciudad y su cultura y tienen muchísimos detalles del día a día y de su experiencia en el desarrollo a lo largo de los años, le ponen una energía especial y un plus por querer dejar bien a su ciudad.

RigaFreeTours es un grupo de chic@s locales que ofrece, al momento de redactar este post, tres opciones, una para una visita con un flavour histórico por la parte vieja de la ciudad, una alternativa que es la que recomiendo ya que se salen del esquema clásico y muestran cosas más allá de las murallas (inexistentes) y se habla mucho de la época soviética, y para los amantes de la arquitectura, existe el tour del Art Nouveau/Modernismo. Todos se pueden hacer en el día, porque compaginan uno con otro, lo cual sin dudas será una experiencia algo agotadora pero sin dudas completa.


Los encargados le ponen detestable cuota de energía y son muy abiertos a todo tipo de referencias, muy simpáticos y se nota que aman lo que hacen y a su ciudad.

Jürmala, bañada por el Báltico

Según me explicaron, Jürmala significa "al lado del mar"y tiene todo el sentido ya que es una región costera que baña sus arenas el Mar Báltico pero a su vez se encuentra atrapada si se quiere entre el mar y el extraño cauce del río Llielupe.

Es una zona de playas y de mucho atractivo turístico para los locales y multimillonarios rusos, que descubrieron esta región tras la guerras napoleónicas y posteriormente trajeron a sus familias, muchos funcionarios optaron por establecerse en la zona y cobró gran relevancia con la llegada del ferrocarril que la conecta con la capital.

Se dice que no solo es un lugar de descanso sino también de rehabilitación por su brisa marina y su zona boscosa, en mi experiencia tiene algo de especial, en mi paso por sus costas me sentí muy tranquilo, relajado y con una cuota de inspiración si se quiere.

Las playas eran dignas de cualquier playa mediterránea, las aguas del Golfo de Riga hacían lucir al mar como un lago, apenas con pequeñas olas que la gente aprovechaba para disfrutar, hasta que la inclinación del sol hiciera levantar los vientos que soplaban ciertamente fríos e invitaban a los no acostumbrados como yo a buscar refugio. De cualquier modo, hubo tiempo para el relax e incluso resultar bronceado como parte del paseo.

Visitar estas costas es un paseo desde Riga, solo hay que tomar el tren en sentido a Tukums, un billete que costó 1.4 euros por sentido, y media hora de viaje me depositaron en la parada de Majori. No solo el destino es agradable sino también la experiencia del viaje en trenes de antaño que siguen tirando de esos vagones, sacudiéndose y atravesando la llanura letona cargados de pasajeros.
Letonia, era la gema perdida para coronar el periplo del recorrido de los tres pequeños Países Bálticos. Un periplo que comenzó hace más de 5 años cuando allá lejos en Orígenes llegué a Estonia, la tierra originaria de mi abuelo a conocer esa maravillosa ciudad de Tallin, que se convirtió poco a poco en una capital del turismo en la región por su belleza y apariencia tan medieval y propia de un cuento de hadas.

Referencias de viaje

Cómo llegar

Avión

El Aeropuerto de Riga está conectado con prácticamente todas las capitales europeas.

Desde España hay vuelos tanto por Ryanair como por WizzAir e Iberia (parte del año por Vueling).
Importante: Desde la ciudad al Aeropuerto (Lidosta) hay que tomar el Bus 22, lo tomas/te deja apenas al lado de la Estación Central junto a la ciudad vieja, y su costo es de menos de 2 euros si compras el billete en cualquier quiosco.
Autobús

Es casi el transporte por excelencia en los países del Este y sur de Europa. Existe un esquema muy aceitado de transporte en autobuses y mini buses con los que puedes atravesar todo el territorio y conectarte con otras capitales del continente.

Empress como EurolinesEcolines LuxExpress cuentan con servicios regulares a Riga, Tallin, Minsk, Berlin, Varsovia, entre tantos otros que puedes consultar en la Estación Terminal de Buses.

Dentro de la ciudad se puede consultar por el sistema de transporte, horarios y costos en Rigas Satiksme.

Ferrocarril

El acceso desde países de Europa occidental y los bálticos, e incluso entre los bálticos, por via férrea hasta que no se termine el Baltic Rail, es dificultoso.

La conexión es buena y regular si se quiere viajar internamente, o a capitales vecinas del este, como Minsk, San Petersburgo o Moscú.

La Estación Central de Riga tiene bastante movimiento en lo que refiere a servicios interurbanos, se pueden consultar los horarios e incluso comprar los tickets en la página oficial de Ferrocarriles de Pasajeros Letones.

Dónde alojarse

Existe infinidad de hoteles y hostales en la ciudad, a muy buen precio y también AirBnb mucho mejores incluso por el mismo precio.

En lo personal decidí parar un en un hostal llamado Riga Hostel, el acceso fué muy dificil de encontrar, porque se accede casi que por el medio de un McDonalds, pero la ubicación es muy cómoda ya que está a pasos de la estación central y es el punto de acceso a la ciudad.

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Si les sirve de referencia, en el mismo edificio hay al menos otros 4 hostels, casi todos funcionan en departamentos y son tan parecidos que un día regresé y por equivocación me metí a otro sin darme cuenta hasta haber llegado a la cocina.


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Qué comer

Esta sección me es algo difícil de redactar, para mi la estadía en Letonia fué bastante ajetreada y casi que no paré a disfrutar de la gastronomía por desconocimiento y por evitar los lugares turísticos que abundan en la zona histórica y arruinan por completo la experiencia del visitante.

Dicho de otro modo, en el centro no vas a encontrar sitio tradicional de comida por más que te lo quieran vender así. Platos tradicionales te ofreceran en todos lados, pero como sabes, los locales no visitan el centro para comer.

Visité un sitio en el que no comí y me lo habían recomendado pero solo me limité a tomar una de las tantas cervezas y era el Ezītis miglā, una especie de grupo gastronómico con sedes dentro y fuera de la zona turística.

El que me pareció más interesante es el Leningrad Cafe, algo más tranquilo, estilo sótano en las afueras del casco histórico y más lindero al distrito comercial céntrico.

Y desde luego el lugar del pueblo, donde se puede comer a precio de ganga en abundancia y al peso se llama XLPilmeni, como saben los pelmenis son una comida tradicional de los países del este, estrechamente ligadas al origen ruso, se puede considerar que es "la pasta rusa" pero no se atrevan a decirlo adelante de un letón que se ofende si le llamas pasta a estos "cuasi ravioles".

El resto de la comida letona está basada en arenques, las delicias del mar del norte y patatas y cerdo. Para probar algunas alternativas es recomendable salir del centro, o probar en el Mercado del Abasto que existe un patio de comidas aunque le quita algo de magia ya que lo han hecho muy occidental.

Para panadería y pastelería, los letones también se destacan, me recomendaron visitar Martina Bekereja y Vecriga Konditoreja

Los elementales

En lo personal la ciudad me encantó, tiene algo diferente, algo muy del este mezclado con una personalidad única y propia, ese encanto de parte vieja funcional que aún sigue vigente y se mezcla con el boom que se le intenta dar al turismo.
  • Visitar el Panorama Deck en la cima del edificio emblemático soviético (el regalo para Stalin) que cuesta la mitad que subir a las cúpulas de las iglesias y vale más la pena.
  • Si aún quedan ganas para más vistas aéreas, ir hasta la Aguja de Televisión y tomar vistas aún más elevadas desde uno de los monumentos más altos de Europa
  • Recorrer el casco histórico (hay muchas cúpulas!)
  • Plaza de la Casa de los Cabezas Negras
  • Visitar Jürmala y sus alrededores 
  • Caminar por la costanera y recorrer las casas de madera del Distrito Moskovita
  • Visitar el Mercado de Abasto
  • Recorrer el Esplanade Park y descansar sobre el césped
  • Se puede visitar la Isla de Kipsala y aprovechar a conocer el Museo de Janis Lipke, uno de los héroes de la Segunda Guerra en Letonia.
  • Existe también el Museo de la Ocupación (ex edificio de la KGB)
Puedes encontrar actividades organizadas para tu visita aquí

 
 
 
 
 
 

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