Copenhagen con acento argentino

Estaba decidido a visitar el pequeño pero poderoso reino de Dinamarca hace años y aproveché un impasse del que dispuse, hice fuerza, ajusté los números y me embarqué en pleno Agosto y en el camino encontré una ciudad que no defraudó. 

En perfecto orden, con mucho más sol del que imaginaba y en efervescencia turística, con la particular presencia de gran cantidad de argentinos y sudamericanos que vienen a la aventura.

En los párrafos siguientes los invito a zambullirse en las frías aguas del canal de Copenhagen y deambular por la ciudad aprendiendo un poquito en cada palabra.

La ecuación económica

Decidir ir para el norte de Europa, para alguien que viene desde el Sur del mismo continente, o mismo, del sur del mundo, es un desafío de cálculo numérico. Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega se dice que son los países con mejor calidad de vida, pero a su vez, los más costosos de Europa.

Sin tener donde hacer pié, ni haber cuadrado contactos por la urgencia del viaje, decidí hacer frente a los costos que implicaría el viaje por mi cuenta, como generalmente hago, pero sin tener demasiados puntos de referencia en el país de la Reina Margarita.

Si bien Dinamarca forma parte de la Unión Europea, sigue manteniendo su propia moneda, la Corona Danesa (ver cotización) pero esto no representa ninguna dificultad, ya que al tratarse de uno de esos "países avanzado", no es necesario utilizar efectivo. El cambio, numéricamente, es favorable al Euro, en mi viaje la relación estaba en orden de 7.4 DKK a 1 euro, pero, lo particular de Dinamarca es que los precios de por si son altos, por lo que el cambio favorable no ayuda demasiado.

Para darse una idea de los precios, un café, de filtro, el más barato, ronda los 2.5 euros, una comida callejera en un food track llegar a los 16 euros, y una cerveza tirada rondar los 9 euros. Hay opciones más baratas desde luego, los que aprendimos a vivir y sobrevivir en el "culo del mundo" siempre encontramos la manera de mantener costos mínimos.

Llegada a la ciudad

Lo primero que me llamó la atención de la ciudad, al salir del metro en una estación algo apartada del centro, fue el silencio. 

Salí de la mega obra civil que representa la existencia de un metro en una ciudad rodeada de canales, y a medida que fui avanzando el paso perdiéndome en las calles de la barriada de Norrebro, me dirigía hacia la zona de los lagos y el silencio era por momentos abrumador, pero relajante. Será que admiro enormemente el silencio, lo aprecio y se valorarlo, y admiro a quienes respetan el silencio ajeno, algo que en la cultura latina de la que provengo y en la que vivo, no se entiende, qué es eso de respetar el silencio ajeno, cómo no voy a poder poner reggaeaton en mi casa a todo volumen con las puertas abiertas, a mis vecinos les tiene que gustar también.

El día estaba increíblemente soleado al punto que daba gusto estar en la sombra por momentos, aunque no mucho, porque el frío al rato decía presente con ráfagas de viento que son constantes, por la situación geográfica de la ciudad. 

Como es sabido, los inviernos son largos y oscuros, comienzan a fines de septiembre y para octubre ya la noche se hace larga, al punto máximo me llegaron a decir que a las 15:30hs la claridad, o si se tiene suerte, el sol, desaparece, y la noche se apodera del ambiente.

El fenómeno del viento es intenso, hay temporadas donde el viento es tan fuerte que se suspenden las actividades, y esto debido a que se encuentra entre mares, con correntadas que vienen del Mar del Norte y el Mar Báltico

Este fenómeno se extiende en gran parte del pequeño país, lo cual les da la posibilidad de aprovechar la generación de energía mediante parques eólicos incluso marinos.

Me detuve en los lagos a comer un bocadillo importado desde España, más tarde tomaría un café, me abastecería de alguna fruta y frutos secos para tratar de evitar la necesidad de detenerme a comer en algún sitio y seguir andando. Maximizar el tiempo como quién dice.

El largo camino por Copenhagen

Mi alojamiento fue en uno de los tantos modernos hostels de la ciudad, Steel House, lo elegí simplemente por tirar la moneda, eran todos igual de costosos, pero pronto descubres que no solo son modernos sino que automáticos y casi no tienes ni que tratar con la gente, muy nórdico tal vez eso del trato. Lamentablemente cobran por extras por todo, incluso por llegar antes y tener que dejar la mochila reposando en un locker durante todo el día. Ahí otro ejemplo del costo de vida danés, 4 euros por depositar mi mochila en un locker automático.

Huí, no quería estar dentro, el día invitaba a estar fuera, las nubes que van y vienen, estamos en el norte, puede llover en cualquier momento, y los locales lo saben, si hay algo que saben hacer es maximizar su tiempo al aire libre, cuando el clima dispone, se agolpan a las calles a hacer actividades, disfrutar del fresco, de los rayos de sol, incorporar vitamina D y estar fuera por todo el tiempo que en el invierno tendrán que pasar dentro.

Poco tardé en descubrir que Copenhagen es que es una ciudad completamente llana, en un país completamente llano (su punto más alto es de 170 metros sobre el nivel del mar) lo que la convierte en un paraíso para ciclista: todo está preparado para ellos, y van de lado a lado a toda velocidad por sus carriles. Otro medio de transporte que está de moda es el monopatín eléctrico: se encuentran por todas las calles, con una app se desbloquean y se cobran por minuto.

Son dos excelentes medios de transportarse en una ciudad que carece de una buena conexión de metros, pero no desesperen, porque está completamente en obras ya que se están concretando dos líneas más transversales, por lo que estaba bastante revolucionado todo en mi estadía (al punto que si te fijabas en Google Maps aparecen las estaciones de metro que aún no están concluidas y es algo confuso).

Tomas un mapa y comienzas a tratar de trazar líneas, marché con rumbo a la Estación Central para ubicarme y saber nadar en ella puesto que a mi siguiente escala llegaré desde la mismísima estación.

Al frente se encuentra el Tívoli, uno de los parques de atracciones más antiguos de Europa, abierto en 1843, tiene unos jardines muy famosos y todo los sitios que hablen de la ciudad te dirán que los visites, de mi parte, pasé de ellos, porque ahí mismo recibí el consejo de que si no te subes a ningún juego, no vale la pena pagar la entrada.

Al finalizar el que delimita el parque, se encuentra uno con Rådhuspladsen (que se traduce como Plaza del Ayuntamiento), centro neurálgico de la ciudad, siempre en actividad, y en esta ocasión no era excepción, me crucé con una feria de productos thailandeses.

A partir de este momento, se abren las puertas de la zona histórica de la ciudad, las callejuelas y la auto proclamada zona peatonal más grande de Europa, algo que dificilmente pueda comprobar, ya que al cruzar el Estrecho de Oresund se reciben las mismas noticias de la capital del país vecino (Suecia).

A partir de este momento el viaje se volcó a otra dimensión, por un lado, comencé a tener contacto con la historia de la ciudad, pero a su vez con la comunidad de argentinos que allí reside. 

Perderse en el centro

Desde el momento que me ensimismé en el Sandelmans free tour de la ciudad, comencé percatarme que comprender la historia de la ciudad no sería el objetivo, dejé de lado la quimera de recordar los nombres de todos los santos y personajes importantes, y me dejé llevar por el recorrido y tener algo de contexto.

Solo he de destacar que Absalón fué el arzobispo de la iglesia católica al que se le atribuye un crecimiento exponencial de la ciudad allí por el año 1100 y de él se verán figuras a lo largo de la ciudad, pero son las que destacan en el edificio del ayuntamiento. Y el otro personaje de relevancia es el rey Cristian IV (y ya estamos hablando de los 1500) quién bajo su reinado, convirtiera la ciudad en una potencia económica y militar en la región.

Y cuándo no los ingleses hicieron de las suyas, cuando a principios del 1800 quisieron evitar que la ciudad se entregase a Napoleón, sometiéndola a un bombadeo de varios días y generando una crisis de la que costó años recuperarse.

Vestigios de la vieja ciudad amurallada se vislumbran en la plaza de Nytorv donde se erige el Palacio de Justicia y encontramos construcciones con rasgos de aquella época sobre la calzada de Magstraede, una de las más viejas calles de la ciudad, donde abundan sus casas coloridas, con techos a dos aguas y los imprescindibles ganchos para subir material al altillo.

Aquí uno aprende lo que cotiza el sol: las calles de la calzada donde el sol se pone, es decir, aquellas que reciben unas migajas más de sol durante el día cotizan más que las casas de la acera de enfrente.

Siguiendo la calzada pronto uno se haya caminando a orillas del canal Nybrogade y desemboca a la estatua de don Absalón. Al otro lado, sobre el islote de Slotsholmen, en una zona monumental, se erige el Palacio de Christiansborg que es la sede del Parlamento de Dinamarca.

Una de las cualidades inocultables de la ciudad es la presencia de decenta de cúpulas que desde luego datan de diferentes iglesias que existieron haciendo culto tanto protestante como católico, muchas de estas, ya no son tales, como bien ocurre en Amsterdam, al quedar en desuso o debido a su costoso mantenimiento, se alquilan para otros fines, sin ir más lejos, en la Catedral es común ver espectáculos y proyecciones en su interior.

Poco falta para llegar a la Nueva Plaza del Rey (Kongens Nytorv) que bien se podría llamar Plaza del Teatro, allí confluyen una serie de edificios monumentales, entre ellos, el Teatro Real, por supuesto, hoteles de lujo y tiene inicio la calle peatonal "más larga" Ostergade, que forma parte de la anteriormente mencionada Strøget (denominada la más grande del continente).

A escasos metros comienza una de las zonas más pintorescas y llamativas, convertida en la postal exclusiva de la ciudad en los últimos años, el llamado Puerto Nuevo (Nyhavn), lugar que no fuera otra cosa que el puerto donde desembarcaban pescadores que lo único que buscaban eran mujeres y bebidas, y con la intervención del ayuntamiento se convirtiera en una zona de bares exclusiva, colorida y muy atractiva que determina un centro de congregación social importante en la ciudad vieja.

Es imposible no reconocer que este sitio tiene atractivo, con tanto color, y particularmente con el día soleado que me tocó visitarlo, lo convierten en una parada obligada, ya sea para la simple foto, o, permitirse alguna bebida o una comida si el bullicio no los molesta.

Otro atractivo de este pequeño espacio de no más de 3 calles de largo es que en el número 20, una de las casas, la colorada con vivos blancos, el famoso escritor danés Hans Christian Andersen vivió durante casi 20 años. Este hombre, así como lo menciono a muchos puede no sonarle, pero escribió obras tan conocidas como La Sirenita, Pulgarcito y el Patito Feo (este último inspirado en sus propias vivencias y frustraciones).

A escasos 200 metros nos encontramos con el Palacio de Amalienborg, un conjunto de 4 palacetes de estilo Rococó que son la residencia real de invierno, ya que en verano se van a pasarlo a palacetes con mucho más esplendor en zonas alejadas para estar tranquilos.

Es un plácido lugar con una plaza central, guardias con sombreros graciosos que hacen los cambios cada mediodía, y vista hacia un extremo, el enorme domo de la Iglesia de Mármol y hacia el otro extremo, ya del otro lado del canal pero con visión directa desde el centro del complejo de edificios (se dice que todos interconectados por debajo) el moderno edificio de la Opera, con su estilo que asemeja a la vista un transportador de contenedores, ya que ha sido financiada por la enorme naviera Maersk, una de las empresas danesas más grandes y con más poder y aporte al PBI nacional.

Al alejarse de la zona monumental por uno de los vértices de Amalienborg, puntualmente por la Amaliengade, al finalizar la calle nos topamos con la fortaleza del antiguo Kastellet que formara un bastión defensivo de la ciudad construido en la época de Christian IV cuando se decidiera su fortificación contra invasiones, hoy es un complejo histórico pero fundamentalmente, forma parte del patrimonio público. Es un hermoso parque para visitar, rodeado de agua y una estructura de estrella con un talud defensivo, en su interior cuenta con museo, iglesia y un molino de viento.

Otra de las postales clásicas de la ciudad es la de La Sirenita, créanme que ni siquiera sabía donde estaba, pero caminando, hacia donde mis piernas me llevaran, encontré a un grupo de chinos haciendo malabares y poniendo en riesgo su vida para sacarse una foto junto a una estructura diminuta junto al mar, ahí caí que se trataba de la famosa estatua, se ubica sobre la costa junto al Kastellet, y si se mueren de ganas, pueden ir andando, mi consejo, no vale la pena ir solo por eso.

Dejarse llevar por la curiosidad

Si solo me limitase a visitar el centro de la ciudad, creo firmemente que con un día completo, alcanzaría para un pantallazo, pero la ciudad va más allá y decidí dejar para otra jornada el espíritu andador, mis pies me llevan, la curiosidad me motiva.

El recorrido de mi siguiente día fué libre, totalmente libre y alternativo, comencé por alejarme y desde la estación me tomé el tren hasta Østerport, que pareciera muy lejos pero no es mucho más que lo que anduve el día anterior. Desde allí fué todo andar y andar.

Me acerqué hasta el mayor estadio del país, el Parken, donde hace las veces de local el FC Copenhagen que frecuentemente disputa las fases finales de la UEFA Champions League.

Asombrado por el silencio y por ráfagas bastante intensas de viento, pero siempreo con el sol de mi lado, desandé mi camino hacia el sur a pié, cruzando uno de los grandes parques de la ciudad, el Fælledparken hasta comenzar a adentrarme en la barriada más popular de Nørrebro, una zona si se quiere algo más alternativa, donde abundan squatters, y hubo casos de escaladas de violencia contra la policía en intentos de desalojos allá lejos por los 80's. Es una zona algo más alternativa, pero no deja de mantener el orden de la ciudad, en alguna parte se dejan ver algo más de extranjeros, pero nada que resulte fuera de lo común para una ciudad ordenada.

Mi objetivo era poder alcanzar uno de los tantos cementerios parque, porque si hay algo que admiro de estas civilizaciones con influencias vikingas (tanto como en Escocia que también tiene influencias vikingas) es que los cementerios son parques donde se puede pasear, donde no hay miedo de meterse y perderse entre donde yacen los muertos, que al fin y al cabo son los que menos miedo dan, son mucho más peligrosos los vivos.

En el Assistens Kirkegård yacen los restos del famoso escritor Andersen, con cuya tumba de casualidad me crucé, siguiendo los carteles, en un paseo repleto de transeúntes, familias, niños jugando y curiosos paseando.

El descanso a pleno sol, para recargar energías fué en el paseo de Torvehallerne, a pasos de la estación Nørreport, un mercado a lo danés, ordenadito de pies a cabeza, donde en una parte se venden mercaderías y en otra es un patio de comidas de todo el mundo. Empanadas argentinas no podían faltar, en un sitio llamado La Boca, atendido desde luego, por chicas argentinas.

Ciudad Libre de Chrisiania

Después de reponer energías al sol disfrutando de algo de comer, con el estómago lleno pero la boca seca, me fui directo al extranjero: la Ciudad Libre de Christiania es un estado proclamado independiente del estado danés, y desde luego de la ciudad de Copenhagen.

Ubicado justo detrás de una de las zonas más chetas y caras de la ciudad, la barriada de Christianhavn, algo así como un Puerto Madero de la ciudad, al otro lado del canal, a espaldas, se encontraba una vieja instalación del ejército que allá por los 70' una oleada de hippies decidió abrir al uso público para que hubiera más sitio para que los niños pudieran jugar. Poco a poco esto se fue convirtiendo en una zona de edificios ocupadas y casas tomadas. Hoy la ciudad libre está celebrando su 48 aniversario.

Con el tiempo, una comunidad auto organizada comenzó a establecer reglas para la convivencia, y se comenzó a gestar una comunidad donde entre otras cosas, los impuestos y tasas de la ciudad no valen, donde se promueve la libre circulación de drogas blandas y donde la vida en comunidad tiene prioridad.

Tras varios intentos de desalojo, el ayuntamiento les permitió quedarse como experimento social, y si bien la venta de drogas no está permitida en Dinamarca, los habitantes de la ciudad promueven su libre circulación, han instado al municipio que promulgue leyes al respecto pero no han prosperado.

Hoy se lo conoce como un lugar donde adquirir drogas en la ciudad, sinceramente creo que es más que eso.

Si bien en muchos portales se habla con cierto temor de las cosas que pueden pasar en la zona, realmente si las cosas van a mayores, la policía está controlando y salvo que uno vaya intencionadamente a tomar fotos a la gente que allí hace su vida, cosa que puede molestarles si no se le pide permiso primero, no creo que pase a mayores. De hecho en mi visita, la zona de acceso es sumamente turística, muchísimos curiosos van por sus pasadizos y callejuelas improvisadas visitando los edificios y comercios libres de impuestos, cosa que eso significa mucho en los precios inflados de la ciudad.

La afamada calle de acceso es conocida como la Pusher Street, porque se dice que allí se agolpan los vendedores de drogas y pueden generarse momentos de tensión. En mi opinión eso no es tal, la verdad que he visto los vendedores de drogas con puestos super organizados montados en la calle, sacan sus sustancias, las ponen en una caja cual muestrario y la gente pasa y elije, si se acerca la policía se esconden, no creo que hayan presionado a nadie  para que les compren.

También existe la posibilidad de interactuar con los habitantes, e incluso hay algunas visitas guiadas que son explicadas por ellos mismos, yo he visto como una señora con toda la apariencia hippie a cuestas explicaba a un grupo como vivían y se organizaban, mostraba los huertos y los edificios.

Yo me dediqué a pasear y escaparle al turismo, me perdí por los pasadizos, compré una birra muy barata y me senté a disfrutar del sol a orillas del canal exterior, antes de cruzar el puente y deambular por la zona urbana, donde muchos de los habitantes siguen armando sus casas, donde la comunidad ha ido comprando terrenos a la ciudad pero estos no son de nadie, sino de la propia Christiania. Comunidad, ecología, hippies en estado puro.

Acento argentino

Tal como lo titulo en la nota, lo dejé caer en varios pasajes del texto, en Copenhagen se habla danés, el inglés es super normal y todos lo entienden, pero también se habla español, pero con acento argentino.

Ya desde el free tour que me crucé con el primero de ellos, lamentablemente no recuerdo su nombre, pero el guía era de Río Tercero, provincia de Córdoba y su acento era innegable, llevaba ya un tiempo disfrutando de la vida en la capital danesa y decía que le costaba cada vez más regresarse de Argentina, pero que su próximo plan era tomarse unos meses de viaje por países más baratos (un plan envidiable sin duda!).

En el grupo, me crucé con Melisa, vecina de Mataderos, casi que nos habremos cruzado alguna vez en mis últimos años trabajando en la zona, eramos de la barriada. Llevaba apenas dos días en la ciudad, y había dejado un trabajo estable en Buenos Aires para venirse a la aventura de vivir algo diferente.

También estaba Laura, de Carlos Paz, llevaba una semana y estaba contenta por haber podido desbloquear los trámites necesarios para poder comenzar a trabajar formalmente (empadronamiento, número de seguridad social, etc) y dejar de hacer voluntariados para pasar a la acción.

En el grupo estaba la única argentina turista que crucé, Vanesa, de Agronomía, venía de viaje trasde no haberse tomado vacaciones por mucho tiempo y hacía escala en la capital danesa para visitar a su prima, otra argentina que estaba viviendo la aventura nórdica que quería comenzar a vivir Melisa y Laura.

Al día siguiente, caminando por los pasillos de Christianía mientras nos detuvimos para acariciar un curioso gato danés de color anaranjado, me crucé con Pablo, de Carlos Paz (no es casualidad, pero ya conocía a la Laura de Carlos Paz de más arriba) que venía paseando con Valentina, que le daba otra tonada al acento de por allá abajo, ella era chilena y estaba acompañada del padre que vino de visitas.

Valen llevaba 10 meses en la ciudad y estaba pensando para donde rumbear después. Pablo el más veterano, llegó hace dos años sin hablar una sola palabra en inglés y se estableció en la ciudad, aprendió, se acomodó y como buen cordobés entrador, le cayó bien a todos y supo hacer los contactos necesarios para garantizarnos unos tacos y unas birras gratarola en el enorme patio de comidas de Reffen, donde supo trabajar durante bastante tiempo en la cocina de un bar.

La visa conocida como Work & Holidays les abre las puertas de una cultura totalmente diferente a la que vivimos en origen. Yo conocía de esta modalidad por la que muchos estaban en la remota Nueva Zelanda, pero la realidad danesa es la que le da título a esta nota del diario La Nación y refleja una gran verdad: "Me rinde más trabajar medio tiempo en Dinamarca que ser jefe de sección en Argentina".

Todos vinieron en búsqueda de algo diferente, a disfrutar la cultura del hygge, una de los secretos mejor guardados de la felicidad danesa, que es darle valor a las pequeñas cosas de cada día, a las cosas simples y sencillas, permitirse disfrutarlas. Cuánto nos falta! Cuánto me falta!

Referencias de viaje

Arribar a Dinamarca

Hay infinidad de líneas aéreas que tienen destino en Copenhagen, es un aeropuerto moderno y muy bien conectado desde todas partes de Europa, y desde luego las líneas de bajo costo no son la excepción.

Llegar a la ciudad

Existen tres opciones para llegar desde el aeropuerto a la ciudad, bus, tren y la mejor de todas, el metro.

El viaje tomará unos 20 minutos y te puedes bajar en las estaciones de Christianhavn, Kongens Nytorv o Norreport donde incluso podrás combinar con trenes locales.

En el lobby del aeropuerto encontrarás decenas de máquinas expendedoras que funcionan en inglés, y personal de asistencia.

Si bien el transporte en metro no cuenta con servicio de molinetes, ergo, puedes pasar de largo haciéndote el tonto, mi recomendación es que saques el billete sencilo que cuesta unos 5 euros, y si bien puede parecer caro, las multas lo son mucho más, y créeme que hay inspectores. No te recomiendo que saques billetes por fin de semana ni de varios días porque las distancias en la ciudad son cortas y es mejor caminarlas o incluso hacerlas en bicicleta.

Cambiar moneda

Si puedes evitarlo, mucho mejor! Es un país moderno y digital donde en el 90% de los sitios sino más, puedes pagar con tarjeta. 

Si no te queda más remedio, tendrás que caer en las casas de cambio en las que te cobrarán una comisión de alrededor de 35 DKK por cambiar si no más (5 euros).

En estos casos siempre es recomendable contar con una tarjeta internacional gratuita como TransferWise que te permite cargar un monto y usarla en cualquier parte del mundo con costos de conversión muy bajos o nulos.

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Comida

Dinamarca no es un país donde su cualidad gourmet se caracterice demasiado, las opciones son limitadas por una cuestión natural de clima. Como se imaginarán, abunda el pan de centeno, el pescado naturalmente y el cerdo ya que son uno de los principales productores del mundo.

El plato típico es el Smørrebrød que es una especie de pan de centeno con mantequilla y pescado. Para que tengan referencia, la gente no come esto en sus casas, sino que se toma como un plato que se sale a disfrutar fuera.

Existen patios de comida en diferentes partes de la ciudad, sin duda el más conocido es el de todas las postales en el colorido puerto de Nyhavn, o incluso cruzando el puente peatonal hacia Christianhavn se encuentran con un patio de comidas, pero también pueden visitar el mercado de Torvehallerne (junto a la estación de Nørreport) pero aquí encontrarán más bien gastronomía "del mundo" que tanto les agrada a los locales. Algo parecido encontrarán del otro lado del canal en la ex zona industrial de Reffen en disposición de decenas de puestos de comida de todo tipo que funcionan dentro de containers en un recinto que otrora fuera industrial, al menos este tiene mucha más onda y otro sabor.

Los elementales

Seguramente existen cientos de guías para recorrer la ciudad, yo siempre lo cuento a mi modo, basado en mi experiencia, que puede ser muy particular, me gusta caminar, tratar de cruzar palabra y sobre todo no encerrarme.

Basado en esa premisa esta es mi lista de elementales para una visita a la capital de Dinamarca:
  • Christiania
  • Reffen
  • Nyhavn
  • Amalienborg
  • Nørrebro
  • Assistens Kirkegård
  • Østre Anlæg
  • Dronning Louises Bro
  • Christianhavn
  • Kastellet
  • Kongens Have
Y sobre todo, aprendan de los daneses, en el detalle de disfrutar las pequeñas cosas simples de cada día está el secreto.


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