Congosto del Vértigo

Este viajero, pese a sus años de ingeniería, kilómetros y diversidad de paisajes recorridos, le cuesta aún explicar sin recurrir al diccionario el significado de la palabra congosto.

Según la RAE, es una palabra que proviene del latín, desde luego, y representa un desfiladero entre montañas.

Si me remonto a mis experiencias, Congosto es el pueblo de El Bierzo (de hecho si lo buscan en internet es el primer resultado) desde el cual se tienen las mejores vistas del pantano de Barcena.

Pero hace unos años me llegaron relatos e imágenes de este maravilloso sitio entre Aragón y Catalunya, en la zona de La Ribagorza, un desfiladero cuyo nombre no lograba recordar pero que rápidamente se puede ubicar con algo de puntería en los buscadores, por sus imponentes imágenes.

El Congost de Mont-rebei discurre sobre el río Noguera Ribagorzana, un trabalenguas para el que no conoce, como me ocurrió a mi que cada vez que quería dar con el nombre preciso del lugar, comenzaba a optar por cualquiera de todas estas opciones, que al final me depositaban en algún resultado cercano.

A través de él se entremezclan senderos de grandes recorridos y vías ferratas, en los que se ganan desniveles y cruza desde una región a la otra sin distinción de belleza en el horizonte: en todo sentido lo imponente de este enclave es sobrecogedor. Hay varias opciones de recorrerlo y más abajo dejaré las indicaciones. Aquí como de costumbre me centraré en la experiencia personal.
Afrontamos la amenaza climática de una errática primavera peninsular, y pese a todos los pronósticos desfavorables que mostraban una alternancia de horas con lluvias eléctricas torrenciales seguidas de inmediatas horas de sol radiante, dejamos de lado la preocupación por el clima y desandamos camino.

El trayecto insumió unas 3 horas, parte del recorrido ya lo conocíamos, pero he de reconocer que el paisaje se torna muy ameno e imponente al acercare al Pirineo. El acceso lo optamos a través de Aragón, al llegar a Puente de Montañana, se cruza el río y se vuelve a Lleida, donde al descender unos pocos kilómetros siguiendo el río por un camino algo precario se acceder al Espacio Natural embebido en la sierra del MontsecAllí se encuentra un amplio aparcamiento y una pequeña masía con servicios básicos, de donde se abre el camino a las alturas.

La pequeña planicie pronto se entremezcla con el agua celeste intenso que fluye a lo bajo y se estrecha entre las montañas. El amplio río se discurre en un pasillo estrecho de paredes enormes de roca, uno poco a poco se eleva y cuando se da cuenta está caminando por un sendero tallado en la roca con el precipicio a la derecha. Un recorrido no apto para víctimas de vértigo.

El camino tallado serpentea siguiendo la ladera, y cuenta con una serie de bancos de descanso donde los pies quedan colgando muy cómodamente al precipicio. Muchos se detienen al llegar al punto donde la roca se acaba y se vuelve a circular entre vegetación por la ladera. Pero hay hitos más allá que merecen ser visitados.
Nuestro estado era aceptable, pero yacíamos bajo un amenazante y chispeante cielo gris. Arriesgamos y seguimos, aproximadamente un 500 metros más adelante el camino se desvía por el GR o las vías bajas, que descienden hasta el memorable puente colgante entre las rocas más estrechas del congosto. Al llegar allí el cansancio nos la estaba jugando, promediaba el día, era la hora de comer y la amenaza se convirtió en una lluvia muy pequeña.

No éramos los únicos, y en este punto convergían muchos caminates que venían desde el otro extremo, en Montfalcó existe un refugio donde se puede dejar el coche, hacer noche y circular el recorrido en sentido inverso.

La joya de la corona estaba detrás nuestro, las épicas escaleras al cielo por las cuales este sitio también es muy famoso se nos ocultaban detrás una escarpada subida de unos 100 escalones bien mantenidos con barandas, pero que requieren cierto estado físico. Desconcertados, subimos, y seguimos subiendo, no entendíamos donde estaban esas famosas escaleras, hasta que repentinamente se materializaron detrás una roca, entre los árboles, las visualizamos.
Las escaleras no subían en el sentido que circulábamos, sino todo lo contrario, acabábamos de subir la totalidad de su recorrido para llegar a su punto más alto y se nos presentaban para ser descendidas.

En este punto la mezcla de vértigo y cansancio derivó en "mejor sentarse y descansar, reponer fuerzas, comer el rico bocata que luego hay que retornar". Mientras lo hacíamos, los reportes de quienes circulaban por ellas en ascenso eran "aterradores": es muy difícil bajarlas, son muy estrechas, si te cruzas con alguien has de asomarte al precipicio...como para afianzar la idea de "no las vamos a bajar para volver a subirlas".

Lo que siguió fue un regreso algo cansino desandando el camino, deteniéndonos en el congosto para tomar las últimas fotos y descansar en sus balcones.

Baldellou

Nos esperaba la noche de descanso en un pueblo que merece un párrafo aparte. Por cuestión de cercanía, opté por un albergue en Baldellou, un pequeño pueblo de Huesca en la región llamada La Litera.

La Casa Albano nos recibió vacías, eramos los únicos huéspedes de este enorme albergue preparado hasta con una capilla para bodas, llevado por sus dueños que realmente invierten mucha dedicación en lo que hacen.

Tuvimos que cruzar las miradas de los lugareños en un principio, que se preguntaban de "qué casa seríamos" dado que en el pequeño pueblo cada casa tiene su nombre. 

La vida social transcurre y discurre en el centro cívico bar, llevado por la misma pareja, donde se juntan los vecinos a hacer las comilonas conjuntas. Nosotros eramos ajenos, pero no había motivo alguno para amedrentarse, salvo que algún momento mientras se disputaba el clásico aragonés entre el Zaragoza y el Huesca, si me atrevía a hacer algún ademán en favor del Huesca, tal vez podría haber provocado una gresca entre los señores que alentaban entre cervezas al Zaragoza. Finalmente ganó y brindaron con una birra más.

El las postales del pueblo son medievales, un peñasco, con montañas a los alrededores, pantanos, senderos, congosto y verde, mucho verde. 

Nos fuimos tras un abundante desayuno incluido en la estadía, con vistas inmejorables y el dueño desafiando el mal clima, como cualquier argentino, prendiendo brasas para poder asar unas carnes sin importar la lluvia.

Regreso por Lleida

Como de costumbre, el regreso no podía ser directo, aprovechamos lo aislados que estábamos y nos perdimos en caminos pequeños. En primera instancia asomamos las narices al embalse de Caneyes, que es el responsable de los vaivenes de las cotas de agua del congosto.

De allí nos perdimos por un camino de tierra en buen estado pero eterno, como nunca, con lluvia, derrapes y ascensos que por suerte, llevaron a buen puerto como bien lo indicaba el GPS, de algún modo salimos a un prado plagado de verde, las intensas lluvias de la temporada han dejado su huella tras un 2017 seco.

En ese momento decidimos visitar la última capital catalana que quedaba pendiente: Lleida, la más remota por así llamarlo. La mediterránea y tal vez más pequeña.

En el centro un domingo con cielo amenazante entrecortado de celeste y nubes era escaso, pero fuimos a visitar la postal exclusiva y clásica de la ciudad: la Catedral de la Seu Vella.

He de decir que la ciudad merece un fin de semana, y sus alrededores otro tanto, mucha masía y escapada natural.

Recomendaciones

  • Aquí pueden observar el recorrido que hemos realizado
  • Existen dos opciones para realizar el sendero:
    • Acceder como nosotros por el Espai Natural del Montsec 
    • Acceder desde Montfalcó
  • Otras opciones serían optar por las vías ferratas o siguiendo el GR 1
  • En el parque existe diversidad vegetal y sobre todo anival, para los amantes de la naturaleza, se puede contemplar las aves que las hay por montones. En La Masieta, existen infografías explicativas.
  • A tener en cuenta que en temporada alta, para acceder al Espai Natural se recomienda reservar plaza de aparcamiento, cuesta solo 5 euros.
  • Otro punto con vistas épicas es el enclave de la ermita de la Mare de Deu de la Pertusa, a la cual se puede acceder desde la otra margen del río, en las alturas desde el pequeño poblado de Corsá. Nuestro plan era acceder a este fantástico enclave al día siguiente, pero el clima hizo de las suyas, con lluvias y nubes bajas que complicarían demasiado las vistas y el acceso, por lo que tuvimos que evitarlo, pero es una válida recomendación tanto de senderismo como para los amantes de la fotografía.
  • En el agua se pueden practicar recorridos en piragua y kayak.
  • También hay recorridos embarcados, pequeños, y dan una visibilidad desde las aguas
  • Lleida amerita su tiempo para recorrer, si bien es pequeña tiene historia y se puede aprender mucho del sentimiento catalán y del seny, lo nuestro fué una mera escapada y aprovechar el viaje.

Todas las fotos AQUI