La maravilla de Petra

A sabiendas de ir por Áqaba sin seguridad alguna de a qué hora salían los mini buses con destino a Wadi Musa, la ciudad que abrazada al destino que todos quieren ver en Jordania, la mítica ciudad de Petra, decidí aproximarme a la improvisada estación a las 8am, y allí recibir las ofertas de todo tipo de personajes con turbantes, bigotes y barbas, todos viven del turismo, todos te llevan a Petra.

En el juego de azar que representa elegir el "tipo" correcto, sólo uno de ellos cazaba "peregrinos" y los invitaba al minibus, los otros eran taxistas, por lo que decidido me senté en el bus, y rápidamente encontré charla con un español que había hecho un spin off de su viaje organizado por Egipto para conocer las bondades de Jordania por su cuenta. Unos pocos asientos más adelante, una pareja de jovencitos mochileros de algún lugar de Europa, y poco más. A sabiendas que el transporte no saldría hasta no estar lleno, el escenario era preocupante, pero no perdimos las esperanzas, y entre charlas, se pasaron de algún modo volando las nada más y nada menos que 3 horas que estuvimos esperando para que la gente se sume al viaje. Eramos los únicos 4 turistas, los locales, creo que sabían muy bien que hasta las 11 no saldría y se aproximaron más o menos a esas horas. Algunos optaron por subir sus cosas antes y seguir haciendo sus compras, o ir a tomarse un café para hacer tiempo.

En esos momentos me preguntaba cómo sería la vida de la gente en estos lados, cuando tendría que viajar a visitar un pariente por ejemplo. El minibus es el medio de transporte más accesible, a razón de 7 JD, pero, se imaginan arreglando con la familia "...vieja, llego a la 1, esperame con los fideos puestos" y el minibus no sale, porque ese día la gente decidió no viajar. Qué pasa con la cita familiar? Suspendemos? Y si es una cita con el médico? Con los días y las observaciones ruteras, determiné es que si el minibus no sale, hacer dedo en la ruta es lo común. Me pregunto si las mujeres se atreven también en una sociedad que las trata tan particularmente., y lo descubrí más adelante en el viaje, pero lo contaré en el relato consiguiente.

Casi tres horas de viaje nos llevaron ascendiendo por la Carretera del Desierto, con sus varios carriles por sentido, pero sencilla como pocas, atraviesa el país de sur a norte por la zona más áspera, y luego un desvío hacia el oeste por la mítica Carretera de los Reyes donde y comienzan los ascensos y descensos por el relieve desértico, y el clima cambiante es incipiente, se nota el frío exterior pese al sol intenso, estamos ya a más de 1000 metros, y descendiendo por cañones que se abren en la absoluta soledad del duro desierto.

La pequeña ciudad de Wadi Musa (significa "Valle de Moisés" en árabe, ya que se dice transitó el valle seguido de sus fieles e hizo brotar agua) es la humildad en si misma, con la particularidad de haberse desarrollado a la vera de una de las maravillas de la humanidad. En claro desnivel por el terreno, las casas se deslizan por las laderas del cañón que desciende a las profundidades donde se construyó Petra.
El centro de Wadi Musa son apenas 4 manzanas, bastan para que haya mercados, hoteles desde el más humilde hasta el de marca que se ubican algo más alejados, linderos a la puerta de Petra. Cafés repletos de hombres viendo algún partido de fútbol, y por supuesto, las confiterías, uno de los tesoros de la gastronomía árabe.

Me alojé en el Saba'a hotel, basándome en las referencias de una de las tantas páginas, y no esperaba mucho más de lo que vi. Es uno de esos lugares que tuvieron un pasado de esplendor, de algún modo una pocilga con estilo, dicho cariñosamente, llevado por un grupo de gente que lo lleva con la mejor buena voluntad y predisposición enorme. Recorren las escaleras de arriba abajo arreglando luces, calefactores, tratando de ayudarte en todo lo que necesitas. Y ellos mismos, reconocen la humildad de su cuidad, cuando una de las noches les dije que quería cenar algo y no sabía dónde, su respuesta fue: "lo mejor que puedes hacer, es comprar algo y te invito a que lo comas aquí en el abrigo del lobby usando nuestra Internet, es una ciudad muy sencilla, es la mejor opción que puedo ofrecerte". Y razón no le faltaba.

Y es en ese lobby, sencillo y humilde, donde se daba la vida social de la estadía, donde conocí una pareja de una argentina y un italiano que vivían en Belgrano y venían de pasarse un mes y medio en Egipto cumpliendo el sueño de sus vidas, o una familia de polacos que recorrían oriente medio con sus hijos que se distraían jugando con la mascota de todos los visitantes, un pequeño gato que se daba la gran vida saltando de sillón en sillón y mordiendo los cordones de cada pasajero, o un argelino que conocía las calles de la Ciudad de Buenos Aires a la perfección, y me hablaba en perfecto castellano, sobre sus visitas a Sudamérica mientras descansaba para luego volver a sus trabajos de investigación social en el norte del país, para analizar el impacto de las masas migratorias de refugiados y la mutación de la sociedad en base a esto.

Por supuesto, la gente viene a esta pequeña y humilde ciudad en búsqueda de la otra ciudad, la que se escondió en el desierto de Jordania durante cientos o miles de años, hasta que en el siglo XIX un explador suizo se hizo pasar por un viajante para lograr la confianza de las tribus de beduinos locales, que le permitiesen atravesar las entonces abandonadas ruinas de Petra, esa mítica ciudad empotrada en roca construida por una civilización perdida, los Nabateos, y luego adaptada en base a los estilos de los posteriores imperios que la intervinieron, los griegos y los romanos. 
Me es muy difícil encontrar palabras para describir lo inmenso de este paisaje. Aún no he tenido la suerte de visitar otras de las tantas maravillas del hombre, pero sentí mi visita a este sitio con un asombro permanente, primero por la inmensidad del trabajo hecho por esta civilización, y por el paisaje en el que se encuentra, sumado a una vez dentro del recinto, mire para donde se mire, hay vestigios de esta ciudad necrópolis en cada montaña.

Es tan grande que me atrevo a decir que se puede acceder por muchos sitios alternativos sin necesidad de pasar por el centro de recepción para adquirir una entrada. Es imposible tener custodiado semejante predio en tal contexto natural.

Desde el centro de recepción, el camino es largo, se hace eterno, y como si fuera peor hay que desandarlo en el regreso, en plan peregrinación para salir. Los lugareños lo saben, y por eso ofrecen todo tipo de transporte: hay burros, caballos y sulquis para hacer más fácil la vida del visitante.

Poco a poco uno se acerca a la montaña, se abre ante los ojos el Cañón del Siq y al verlo ya se erizan los pelos del cuerpo, es que sabes que al final de ese estrello camino entre la piedra, hay algo que esperas te deslumbre, como si ya el camino no fuese de por si deslumbrante. Se hace desear, el pasadizo es largo, y en el sendero se dan algunos vestigios de trabajos en la roca, desde el mismo punto de entrada donde se ven restos de un viejo arco de acceso a la ciudad que cayó producto de un terremoto previo al abandono de Petra.
          
De repente, cuando todo se hace aún más estrecho, uno se comienza sentir atrapado entre esas paredes, detrás de un zig zag se materializa la cara más conocida de Petra, lo que se conoce como El Tesoro (Al-Jazneh), esa figura enorme tallada en roca maciza que se hizo conocida en Hollywood con Indiana Jones y la Última Cruzada, ya que dentro de ella estaba escondido el Santo Grial, y allí esperaba Parsifal por el elegido para reemplazarlo en su custodia. 

Es imposible no quedar boquiabiertos con lo imponente de la figura, el tamaño y el nivel de detalle de la escultura destaca sobre todo lo que he conocido hasta el momento. Uno pasa en este sitio media hora, tal vez más, intentando capturar la foto perfecta, mientras el circuito invita a seguir recorriendo, y apenas uno supera la emoción de esta primera gran figura, queda expuesta a nuestros ojos la dimensión enorme de lo que Petra propone al visitante a la vuelta de la esquina.
Tumbas talladas a un costado, tumbas talladas en otro, enormes cavidades de roca perfectamente cuadradas a ambos lados del sendero, cada una con sus denominaciones, en este caso se la llama La Calle de las Fachadas. Poco más adelante se encuentra un con el Anfiteatro, el único tallado sobre roca del mundo, también rodeado de cientos de cavidades perfectamente talladas.

Si uno se deja ir, puede pasar uno dos o hasta tres días perdido en este enorme parque de diversiones arqueológico, y en mi opinión, recomiendo disponer de al menos dos días para recorrer esta maravilla. Ya de por si el sendero principal tiene una longitud de unos tres kilómetros hasta el punto de acenso al Monasterio (Deir), la figura tallada en roca más grande y más bien conservada, que se halla en las alturas a unos 800 escalones que vaya a saber quién los contó porque a mi se me hicieron eternos. Pero también hay que darse tiempo para visitar las Tumbas Reales, y optar por hacer algunos de los senderos alternativos, que ofrecen vistas elevadas de excelente valor, tanto del Tesoro como del Anfiteatro y las Fachadas desde la altura, y otras estructuras que se hayan perdidas en la montaña.
En mi caso, al haber demorado tanto en llegar el primer día, pasé unas 3 horas y apenas llegué al pié de las escaleras del Monasterio, y con la sensación de satisfacción de haber visto algo deslumbrante, regresé al día siguiente en soledad, con un clima algo más frío y nublado que ayudó a recorrer todo sin correr riesgos de deshidratación e insolación. En este segundo día me dí una paliza importante haciendo los caminos elevados de los laterales, y cerré la tarde con la escalada al Monasterio y más allá, las vistas imponentes del desierto de Wadi Araba.

Este lugar irradia magia.


Mis Sugerencias

- La aleatoriedad del servicio de mini buses es un problema, pero es una aventura en si. En algunos casos, si son un grupo de al menos 3 o 4 personas, conviene negociar con un taxista y viajar en taxi, se demora menos y se gana tiempo para invertir en la valiosa visita a la ciudad perdida.

- Importante acudir a la visita a Petra con comida, aunque dentro se encuentran chiringuitos de comida por todos lados, algunos bien establecidos, otros algo más precarios, siempre están ofreciendo te y café a los transeúntes.

- Muy importante llevar agua a la visita, protector solar y sombrero o gorro. No se olviden que es el desierto, no abundan los sitios donde ocultarse del sol, y recorrerlo en verano puede ser criminal. Yo tuve la suerte de tener un día frío, en mi opinión me permitió disfrutarlo sin esa preocupación, pero reconozco que el viento helado hacía mella.

- Creo haberlo dicho antes, pero por las dudas lo repito, el recinto de Petra es enorme, y las autoridades lo saben, es por ello que venden entradas para uno, dos y hasta tres días, siendo siempre muy conveniente sacar el paquete, ya que a diciembre de 2017, la entrada de día costaba 50JD, la de dos 55JD y la de tres 60JD.

- Recomiendo disponer de al menos dos días completos en para visitar la ciudad perdida. Descansar bien por la noche, para reponer energías y tomarse el tiempo de pasear tranquilos por dentro.

- Muy recomendable visitar algunas de las confiterías de Wadi Musa, los precios son excelentes y las confituras que esta gente prepara son de otro planeta. Se me hace agua a la boca de solo recordarlo. Y cuando vayan, simplemente pidan, un poco de todo, pidan probar, no se lo pierdan.

- Por la noche no hay mucho que hacer, hay dos o tres restaurantes, pero yo siempre soy partícipe de la comida callejera o popular, un shawarma y café con dulces es una excelente cena.

- No van a estar solos, hay mucho turista dando vuelta, y los locales lo saben, eso también hace que no falten ofertas de llevar a la gente de un lado a otro de la pequeña ciudad. No lo probé, pero se de oído que es común y por unas monedas te ahorran una subida a una cuesta que luego de un día de recorrer Petra, es siempre un alivio.

- Un detalle no menor, la amplitud térmica de la zona, durante el día puede hacer 20 grados en invierno y he pasado noches de -2 con algunos cortes de luz en la ciudad debido a la inclemencia climática. Tuve la suerte de ver llover en una de las zonas más secas del planeta.

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