Jerusalén, tierra santa


Estoy convencido que el karma tuvo mucho que ver en que mi viaje terminase decantándose por la opción israelí. Meses antes rechacé la oferta de mi amigo que anda mateando por el mundo a visitar el país, y poco a poco mi itinerario fué mutando por tiempo, presupuesto, recorrido, y cuando me decidí a comenzar mi expedición por Oriente Medio atravesando las tierras de Judea, la magia de las redes sociales me reencontraron con Neto, un ex compañero de trabajo que hacía unos meses había decidido dar un vuelco a su vida y residir en la tierra prometida. Muy amablemente me abrió las puertas de su hogar para permitirme aprender de las vivencias de la ciudad sagrada, tomar contacto con la historia y con el mundo hebreo desde la visión de un practicante para nada cerrado en su visión del mundo.

Aterricé en Tel Aviv un viernes al mediodía, tras el periplo de migraciones, linterrogatorios leves, del estilo a qué vienes, con quién te quedas, por dónde vas a estar, comenzaron las prisas por la pronta caída del sol en invierno: el Sabbat estaba a la vuelta de la esquina.
Es el día sagrado de la semana judía, el día en que (casi) todo se detiene al caer el sol, donde los fieles se entregan a la reflexión y a la oración, hasta que el sol desaparece al próximo día. Dicho de otro modo, para que lo entendamos los no judíos, desde el viernes tras la caída del sol, Jerusalen es una tumba hasta el sábado a la noche, donde mágicamente todo cobra vida como si la ciudad amaneciera en plena oscuridad.

Tras la breve hora de trayecto por carreteras dignas del primer mundo, en un paisaje hostil y árido, con un sol radiante en incipiente caída, no podía dejar de recordar pasajes bíblicos, los nombres que leía en los carteles traían a mi mente aquellas historias de los libritos de dibujos bíblicos de mi niñez. Confieso que me torturaban en aquel entonces, pero sirvieron de guía durante el trayecto, conjuntamente con un gran libro, llamado Caballo de Troya que en su momento me empapó en la historia bíblica desde el punto de vista de un viajero en el tiempo.

Obligatorias charlas de reencuentro, contextualización, miles de preguntas, miles de por qués, de cómo es esto, de cómo se vive y qué temores hay. Contexto. Contexto histórico, cultural y social, eso es lo que me hacía falta.

Llegó el momento de la oración, acepté la invitación, y camuflado de algún modo me sumé a la sinagoga principal imitando a los que tenía alrededor, parándome cuando todos se paraban, pasándo página cuando Neto pasaba página, girándome cuando todos se giraban y recibiendo de algún modo las bendiciones del día sagrado que comenzaba.

Llegó la hora de la cena, tradicional y estratégicamente preparada con temporizadores, para no faltar a las normas de la religión. Las bendiciones se repiten, la copa de vino, el pan con sal y el plato de llena de alimento. De algún modo y con toda la sencillez de la ocasión, me siento honrado y agradecido de formar parte de este momento.
Durante el sábado, mientras el Sabbat transcurre, es casi imposible encontrar en la ciudad nueva, un local donde desayunar, pero me las apaño para encontrar una cafetería muy bonita, atendida supongo que por herejes que no llevan a cabo su práctica, como cualquier cristiano que no va a misa un domingo.
El sol es impresionante, digno de un día en el desierto, me adentro en la ciudad vieja por la Puerta de Jaffa, donde comienza el recorrido acompañado de algunas explicaciones de tanto en tanto del guía del free tour. Allí uno aprende que en la ciudad vieja, amurallada por los Otomanos, existen 4 barrios, un barrio naturalmente Judío, donde me atrevo a decir que mayoritariamente viven ortodoxos, si, de esos que para nosotros, se visten raro, los que importaron la Europa del siglo XVII a medio oriente. Luego hay un barrio musulmán, un barrio naturalmente cristiano y para mi sorpresa, un barrio armenio, que a su vez está amurallado también, ya que son la minoría y fueron los aliados cristianos de los Cruzados en su momento, pero por seguridad, se protegieron y debieron resistir los vaivenes de una ciudad en permanente cambio.
Y la ciudad vieja está viva pese al día sagrado, miles de turistas la recorren, y en el sector musulmán todo está vivo, el zoco mantiene su ritmo incansable. 

Ascendiendo por los pasillos se contempla la inmensidad de la ciudad, y lo sagrado se cuela en el cuerpo con los sonidos de campanas y los adhanes (llamados a oración) de las mezquitas, se elevan al cielo cúpulas y minaretes. Detrás de la ciudad, se erige el Monte de los Olivos, y sobre él destaca el campanario de la Capilla de la Ascensión, que marca el punto donde Jesús ascendió a los cielos.
Todo en uno solo y allí conviven las comunidades, en calma, que solo es alterada cuando alguno se atreve a violar las normas, o, cuando algún ente externo, desde miles de kilómetros de distancia, se le ocurre tomar decisiones que afectan la estabilidad como si fuera el patio de su casa.

En Jerusalen existe un status quo, un equilibro tenso, que está claro no conforma a una de las partes, me atrevo a decir la más poderosa en este caso, y es la israelí. Para entenderlo hay que estudiar la historia, las idas y venidas y la historia reciente del último siglo para comprender el estado actual. 

En si mismo, la ciudad no es reconocida mundialmente como la capital de Israel porque es un territorio en disputa, y diferentes acuerdos internacionales la consideran una ciudad neutral, pero adentrada en territorios Palestinos, y aquí entramos en otro terreno complejo que es difícil de entender y abarcar en un blog de viajes. Lo que hay que destacar es que la ciudad es mitad Israel, y mitad Palestina, pero curiosamente, las fronteras de Palestina, o de Cisjordania, son custodiadas de facto por Israel, y creo que eso ayuda a graficar la compleja situación de la región.
Jerusalen, es las santas escrituras. También política, juego de poder, tires y aflojes. Jerusalen es historia, antigua y reciente. Es el centro del juego geopolítico del siglo tras la Segunda Guerra que abrió las puertas al sionismo (creación de la nación judía).

Pero dejando de lado el contexto geopolítico, es turismo visitarla merece sus días. Para el que no tuvo contacto con un el mundo árabe, es un excelente punto de contacto no tan agresivo, realmente Israel es un pedazo de Europa en Medio Oriente, el transporte es bueno, y cuenta con una red de carreteras en excelente estado que invitan a recorrer el país.

No dejarse llevar siempre por las noticias y decidirse, es la clave.

Una (muy breve) reseña histórica

Hablar de la historia de Jerusalen es imprescindible para comprender el contexto de hervidero permanente que tiene, y ayuda a comprender desde la lejanía, pero también es imposible abarcarla toda en unos pocos párrafos porque son miles de años, en ese sentido, la mejor descripción que me dieron fué que "Jerusalen es una cebollla, está repleta de capas".

El origen de la ciudad se remontan a la época del Rey David, ya aquí estamos hanblando de mil años antes de Cristo, durante su reinado se creó lo que se conoce como ciudad de David y yace hoy fuera de las paredes de la Ciudad Vieja de JerusalenLa ciudad se convirtió en un punto estratégico para rutas comerciales, que pasaban desde oriente hacia occidente y viceversa. 

Con el paso de los años, los sucesivos imperios fueron tomando la ciudad y afectando de un modo u otro a la vida y fisonomía, pero nunca perdiendo su relevancia e importancia.

Por aquí pasaron los Babilonios y destruyeron a su paso el Primer Templo. Llegaron los Griegos de la mano de Alejandro Magno, y luego los Romanos y eligieron al famoso Herodes como regidor, una personaje megalómano con algunos problemas psicológicos. Nunca fué aceptado por los judíos que lo consideraban un romano más, pese a ser judío. En su afán de conquistar corazones locales, hizo grandes obras, entre ellas ampliar el Segundo Templo, el más grande de todos los templos que existieron, y su enorme palacio.

Pero los judíos se rebelaron, y como represalia los Romanos enviaron al famoso Tito, aquel que tiene su Arco en Roma, y en su paso, destruyó gran parte de la ciudad, entre ellos, el enorme Segundo Templo, siendo este el último vestigio de templo que existió.

Pasaron luego los Bizantinos, que perdieron y ganaron la ciudad repetidas veces, sufriendo la misma destrucciones y reconstrucciones sucesivas, para caer finalmente en manos musulmanas unos cuantos siglos más tarde (allá por el 620 DC) y como si fuera poco, allá por el 1000 llegaron los turcos, que resistieron las sucesivas Cruzadas iniciadas por los cristianos de occidente, pasando de manos una y otra vez, pero quedando al fin bajo mandato Otomano, quienes fueron los encargados de fortificar la ciudad, mientras que una pequeña población cristiana quedó en custodia de las reliquias para la religión.

Un buen sitio para tomar contacto es el museo de la ciudad ubicado en la Torre de Herodes, que se ubica al lado de la Puerta de Jaffa, me atrevo a decir que es la puerta por excelencia desde el lado judío de la ciudad, allí parten los tours y arriban los turistas, y es constante el ir y venir de los locales hebreos.

La Ciudad Sagrada

Si llegaron hasta aquí, y no se perdieron el fugaz relato de la historia de la ciudad, les habrá quedado claro que es imposible de seguir una línea, pero más dificil me sería poder explicar por qué esta ciudad es sagrada para tantas religiones diferentes y dispersas.

Está claro que los primeros en asentarse han sido los Judíos, construyendo aquí el Rey Salomón su templo, del cual no queda vestigio, sino que del segundo templo es que queda la explanada, hoy visitada por todos, y es la mundialmente conocida como Muro de los Lamentos o bien Muro Occidental.

Encima de esta gran pared, se ubicaba el sagrado templo, este espacio se lo conoce como Monte del Templo, pero con las sucesivas invasiones, y la aparición del Islam, esta sección se convirtió en sagrada para los musulmanes, ya que sobre ella se erige la Cúpula de la Roca, una mezquita ubicada por encima del punto exacto donde se dice que Mahoma se elevó a los cielos para negociar con dios las oraciones diarias. Casualmente la misma roca, el mismo punto, según la tradición judaica, es considerada la piedra sagrada de Abraham.

Para sumarle un condimento más, a los occidentales, se les ocurrió importar una religión de oriente y reemplazar sus dioses paganos de aquel entonces por un hippie revolucionario de pelo largo y barba, que era judío y fué condenado a muerte en Jerusalen, y como no podía ser de otro modo, aquí yace el lugar más sagrado para ellos, la Iglesia del Santo Sepulcro, supuesto lugar donde Jesús fué sepultado y a los 3 días resucitó para elevarse a los cielos 40 días después.

Queda claro entonces, que Jerusalen es la ciudad más sagrada del mundo: para judíos y cristianos está claro que es la más sagrada, mientras que para los musulmanes es la tercera en importancia, detrás de Meca y Medina.

Es por eso que la ciudad vive a tres ritmos, el viernes es sagrado para los musulmanes, por ende la sección musulmana de la ciudad está parada. El sábado lo es para los judíos, y luego el domingo para los cristianos.

Mis sugerencias

Visitar el Muro, Iglesia del Santo Sepulcro, perderse en los pasillos de la ciudad vieja, entrar por la Puerta de Damasco, comprar algo para comer en el mercadillo,  comer shawarma, recorrer la calle Ben Yehuda.

- Es sumamente accesible desde Tel Aviv llegar a Jerusalen, via bus o tren, lo mismo visitar Belén, si se le pierde el miedo a los territorios palestinos.

- Ser cautos con los horarios de llegada en Sabbat, el último transporte desde Ben Guirión hasta Jerusalen los viernes es a las 14hs.

- Es una ciudad costosa, pese al cambio favorable, los precios son elevados, no mucho que envidiarle a precios alemanes.

- Los costos de transporte son accesibles en comparación a valores de otras cosas

- No limitarse a recorrer los sectores interiores de la ciudadela. Permitirse darse una vuelta por las diferentes puertas y salir.

- Acostumbrarse a la gente armada: hay policía por muchos sitios, militares, e incluso civiles armados en la calle, para uno que no está acostumbrado es muy curioso pero lo "hacen para protegerse". No deja de ser chocante ver jovenzuelos con metralletas más largas que sus propias piernas.

- En apenas una hora se llega a la frontera de Jordania, al paso Allenby Bridge.

- Comer en la calle, falafel, shawarmas, todo lo que les parezca curioso, no dejar de deleitarse con los manjares pero no esperen comer knishes o pierogi, esas costumbres son europeas, y dado que la inmigración europea es la mayoritaria en Argentina, identificamos esas comidas como típicas de los judíos. En Oriente Medio, de hecho, las costumbres judías y musulmanas a la hora de comer son muy similares.

- Dejarse llevar sin dejar de ser cautos con los movimientos que uno hace, perder el miedo a las noticias. No tiene nada de malo intentar acceder al Monte del Templo y que la policía me diga que "es solo para musulmanes" en tres puertas diferentes en el mismo día. Al menos lo intenté.


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