La ruta de les aigües

Allá lejos y hace tiempo, cuando aún era necesario salir de casa al abrigo de una chaqueta, hubo un viaje por rincones de tierra alta en la Provincia de Barcelona, por que si señores, Barcelona no es solamente "mes que un club", sino que es más que una ciudad, es una provincia, una de las 4 que conforman el territorio catalán.

Más de una vez hice mención al Río LlobregatDelimita la urbe hacia el sur, es un antes y un después de la ciudad, una especie de pulmón, a partir de él comienzan los campos, la zona rural y varios poblados.

A lo largo de su recorrido se ubican decenas de ciudades, para que dimensionen, aquí "todo es del Llobegat" y también consecuente con el desarrollo industrial de la región, se ubican muchas industrias, que favorecieron a desarrollo de la región con la consecuente contaminación del agua. 

He oído decir que en este río nadaban peces de tres ojos, y que el agua era verde. Me consta de que hubo una gran inversión de parte para sanear esta cuenca, lo que llevó al desarrollo de un corredor verde de cuestionable limpieza. La gente lo recorrer de arriba abajo, en su desembocadura hay una extensa área protegida y natural que contrasta con el tremendo ruido que produce el incesante tráfico de aviones que aterrizan y despegan desde El Prat.

Nuestro viaje nos llevó hacia las nacientes del río, unos torrentes de agua de deshielo que conforman vertientes únicas de gran atractivo para recorrerlas. Aquel que quiera apreciar las Fonts del Llobregat, como se las conoce, ha de subir hacia tierra alta, ha de desandar el recorrido del río, observando cómo se convierte en estrecho poco a poco, y como su sendero se va perdiendo, coqueteando con las vistas de Montserrat escurriendo por entre las quebradas del Berguedá, unos desvíos hacia la bella Pobla de Lillet con unas oportunas indicaciones ayudan a ubicar el sendero de serpenteante ascenso hacia Castellar de N'Hug, el pequeño poblado de pastores de montaña, en el cual por un lado a lo lejos se oyen las cabras y por lo bajo las caídas de agua.
Desde el gran aparcamiento, en comparación con el poblado, uno puede descender por un sendero que cruza varias veces el cauce del río esquivando y dando vistas de las cascadas que se generan producto del deshielo y dotan de agua a lo que luego se convierte en el río opaco por las manipulaciones que sufre y que se ve en la desembocadura.

El paseo en si es corto, breve para alguien en forma, pero es un recorrido agradable para la familia, bastante vertical en su llegada al poblado, lo cual le da la fama de agotador. Al retornar al pueblo se lo puede recorrer rápidamente, hay lugares donde comprar embutidos típicos y algunas medialunas tamaño familia numerosa. Unos callejones más arriba, se encuentra uno con una plaza en altura, un pequeño mirador acompañado con el museo de los pastores de altura y una réplica de un refugio de pastoreo. Un excelente lugar para tomar unos mates y recobrar fuerzas ante la amenaza de lluvia.

Desde este punto pudimos divisar la nieve en las cimas de los cerros, y bastó con revisar y ajustar los caminos en el GPS, para emprender la subida hacia el Coll de la Creueta, un cruce de montaña que es un atractivo para los ciclistas y moteros de montaña, se nos presentó con su paisaje nevado. 
El serpenteante camino lo amenizamos con algunas paradas para subir algunos metros más caminando, y guerrear con la nieve a nuestro alrededor. El panorama era muy calmo, tranquilo y relajador, soleado, pero las ráfagas de viento helado nos ponían rápidamente en contexto.

El descenso lo tomamos con calma, por los estrechos pasos de la carretera de Toses y desembocar por tercera, o cuarta, ya no lo recuerdo, vez en Ribes de Freser, nuestro pequeño nudo de montaña por donde todos los caminos que trazamos conducen. Esta vez, decidimos pasar noche ahí para seguir de recorrida al día siguiente.

La mañana siguiente con un clima amenazante de lluvia, el destino era claro pero el camino lo trazaríamos sobre la marcha.

Teníamos que ir a Sant Hilari de Sacalm, pero decidimos desviarnos en el camino y cumplir con algo que nos hacía ilusión hacía bastante tiempo, conocer nuestro tocayo. Atravesamos las nubes bajas que se nos cruzaban en las solitarias carreteras de entre los prados y llegamos al lejano Sant Boi de Llusanes, y como siempre nos gusta el camino más difícil, no pensábamos retornar sobre nuestros pasos, sino que seguimos hacia adelante por la olvidada carretera BV-4608 que nos entregó vistas increíbles en el descenso de nuestras alturas.
Dilatamos el arribo a Sant Hilari en la búsqueda de más sitios por visitar, y en una acertada decisión, tomamos un desvío hacia el Monestir de Sant Pere de Casserres, ubicado en un peñón sobre la margen del Ter, en lo que es un giro de 180 grados del río. Las vistas valieron notablemente la pena, allí se puede uno llevar unos bocadillos y contemplar la vista, o bien comer en el muy bien ubicado restaurant, no se les puede acusar a los monjes de no saber elegir ubicaciones para sus monasterios, de eso seguro.

De regreso con el punto de mira apuntado al destino final, otra decisión improvisada nos hizo detener la marcha, aparcar el coche y seguir unas difusas indicaciones hacia la pequeña ermita de Sant Feliú de Savassona en las alturas. No solo encontramos la ermita y las vistas fabulosas, sino unas enormes rocas en los alrededores rodeadas de un entorno místico, donde datan restos humanos de civilizaciones milenarias, y sobre ellas se harían sacrificios.
Tras llenarnos los ojos y los sentidos de vistas fantásticas y mucho más teniendo en cuenta que no las habíamos planeado con antelación, finalmente, luego de un breve trayecto llegamos entrada la tarde al corazón de la comarca del agua, Sant Hilari de Sacalm, el pueblo de las 100 fuentes.

Poco sabíamos de este pequeño poblado ubicado en un entorno de montañas, rodeado de selva como le dicen, de donde provienen algunas de las tantas aguas minerales que se embotellan y comercializan. Allí nos recibió Noemí, una artista plástica uruguaya que nos abrió las puertas de su casa y creo que de algún modo nos ganamos su corazón.

Interesada por nuestra historia, tanto como nosotros por la del sitio, entablamos conversaciones eternas sobre la vida, sobre como terminó cada uno de nosotros en ese sitio.

El pequeño pueblo es famoso por sus paisajes y su turismo rural, pero es tristemente célebre por que es el lugar de nacimiento de Josep Moragas, uno de esos tantos nombres que uno puede cruzarse adornando las calles de Catalunya. Su historia es larga, y la pueden investigar en el link que hay sobre su nombre, pero voy a resumir su final: descuartizado y su cabeza colgada adornando una de las entrada de la muralla de Barcelona. Hoy, un monumento conmemorativo a este hecho resalta sobre la plaza principal del pequeño pueblo de donde era oriundo.


Noemí nos trasladó por un recorrido a través de un pequeño bosque contiguo al pueblo, allí luego de un leve ascenso nos topamos con una nueva ermita, y detrás suyo unas rocas con vistas a la inmensidad, y nos ilustraba con los relatos y las aventuras del Serrallonga, uno de los bandoleros que frecuentaban estas tierras en tiempos pasados y era el terror de las autoridades.
Cuando hablo de que nos ganamos un poquito el corazón de Noemí, lo digo con causa, porque uruguaya de ley, nos decía que dejó de tomar mates porque si tomaba mates sola se largaba a llorar. Y la invitamos a tomar unos mates con nuestra compañía. No solo que aceptó sino que inmediatamente comenzó a preparar unos buñuelos de banana para acompañar la mateada que se extendió perdida entre charlas al punto que hubimos de ponerle fin y emprender la retirada, ya que nos quedaba un nuevo recorrido indirecto a casa.

El retorno nos llevó a Viladrau, otro famoso sitio fuente de aguas, con un paisaje digno de recorrerse a pié a través de sus senderos y circuitos de montaña, y atravesamos de lado a lado el famoso Montseny, de donde desde luego también provienen aguas, y es lugar obligado para muchos senderistas, aventureros, y aquellos dichosos con dinero para adquirir masías en esas latitudes con vistas tan agraciadas y climas tan arduos.

Si he de destacar algo es la vista en el descenso de las alturas, uno se escapa de la espesa montaña repleta de arboles y se proyecta al vacío con el mar la vista, un contraste que me quedará marcado por un buen tiempo. 

Catalunya es una tierra de contrastes, los hay a niveles socio políticos, desde luego futbolísticos, a la hora de discutir sobre cervezas, pero donde más marcados son sus contrastes es en su territorio, su relieve y sus paisajes. Mar y Montañas, en una misma foto, agraciados son los que pueden disfrutar de tan vasta diversidad.

Nosotros, de tanto en tanto, nos damos un gustito y tratamos de recorrerlo un poco más.

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