Verano en las costas mediterráneas

Casi sin darnos cuenta se hizo de noche más temprano, el eterno resplandor abandonó la liturgia del tiempo robado a la noche. El sol, va despertando cada día más agotado, le cuesta aún más y más levantar, y se agota más rápidamente durante su trabajo. Él ya hizo su labor, ya nos abrigó y nos brindó días eternos de luz, y necesita reposar, incluso se duerme ya más temprano. Lo veo esconderse detrás de San Ramón con menos frecuencia que antes, es que si bien yo llego cada vez más tarde de mis tareas cotidianas, él se me escapa cada día un poco más temprano.

Es así, lo tengo que asumir por más tristeza que genere, el verano ha dejado de existir por este año en el norte del mundo, y ya veo capturs y escucho los pájaros que alegran las tardes de mis queridos en el otro extremo del planeta. Los envidio, pero me alegro por todos ellos.

Me apena que lo que viene sea la oscuridad, el salir de casa a oscuras y retornar a oscuras, la necesidad de abrigarse, de recorrer los pasillos envueltos en mantas, parafraseando la serie televisiva de moda, el invierno está llegando, aunque no lo querremos ver.

Pero el verano tuvo lo suyo, y merece su mención, su homenaje si de algún modo se lo quiere. Es otra temporada de calor diferente a mis anteriores, mi tercer verano diferente, quién pudiera!

Esta vez ha tocado en cercanías, no hubo viajes transatlánticos a recuperar el aliento en pleno invierno, ni cruces de la cortina de hierro en tierras inhóspitas del Este. Esta vez, se aprovechó, mal que me pese, la línea costera en la que se baña Catalunya, o más bien muchos de los que allí viven, y los cientos de miles de extranjeros que las visitan.
Me atrevo a decir que todo comenzó tras la verbena de Sant Joan, noche que nos atrevimos a recibir en la playa, y que por error u omisión comenzó muy temprano, y pese a ello, varios de los integrantes del grupo que se disponía a recibir "el solsticio de Verano" en el Hemisferio Norte, abdicaron tempranamente, se cobijaron en las mantas y buscaron el primer transporte que los llevara de regreso a sus hogares, aún cuando eso pudo haber sido la peor pesadilla. Y lo fué incluso para nosotros, que decidimos quedarnos a la luz de la luna rodeados de jóvenes en plena orgía de bebidas y algunos fogones, petardos y música. Ya no estamos para esto decía por un parte, pero si que lo estamos, de otra manera.

El largo reflejo de la luna eterna se extendía en el mar y dejaba dilucidar lo que ocurría alrededor. Un brindis más, y las figuras que se repetían una tras otra pasar y pasar. Otro brindis y el largo regreso a casa.

El primer día de playa fue curiosamente con amigos locales, la tarde siguiente, ante la insistente invitación, terminamos montándonos en el que vehículo que posteriormente cuidaría durante todo el mes de agosto que nos permitiría visitar tantos sitios. Nos peleamos con los pocos espacios para estacionar y luego de casi una hora de dar vueltas terminamos en Las Filipinas, la playa más agreste de las por aquí, en Viladecans, para nada turístico, un lugar de concurrencia de lugareños.

Días más tarde, la temporada cotizó en alza, y el recamo hasta casi cansino de playa por parte del entorno, casi que marcaba el ritmo obligado de fin de semana tras fin de semana, concurrir de algún modo u otro a la ya conocida y concurrida playa de Castelldefels, en lo que para mi se convirtió en peregrinación a veces forzosa, a veces con desgano y otras tanta gustoso de estar ahí. Las playas de Castelldefels son curiosamente de las más amplias de la zona y no son masivamente adoptadas por los lugareños, muchos de los que aquí residen consideran que estas playas no son agradables, lo he oído más de una vez, no lo comparto. Ésta, es sin dudas la mejor opción si se esta en Barcelona y alrededores. Playas amplias, espaciosas, a comparación por ejemplo de las del norte de Barcelona que están marcadas por el paso del tren a metros de la gente.
También hubo alternativas, visitamos las playas agrestes de El Prat con el zumbido de los aviones aterrizar y despegar en el aeropuerto que está lindero. Una curiosa combinación de zona agreste y natural, con áreas protegidas, y el contaminante e intenso ruido de los aviones. Resultó ser de las playas más ventosas y con el oleaje más violento, tal vez producto de su ubicación de la próxima desembocadura del río Llobregat.

Desde luego que yendo de visitas a estas playas, hubo tiempo de cazar aviones y de tener esas capturas imponentes del atardecer visto desde puntos altos en la costa, hacia el continente.

Dos puntos altos, y a su vez distantes, fueron las visitas a la Costa Brava y a la Costa Dorada. Visitas fugaces, pero escapadas que merecieron la pena para constatar sus aguas y arenas.
Tosa de Mar fué el primer destino que visitamos, ubicada en la Costa Brava, es una playa diferente, casi que una cala mayor, rodeada de un conjunto de calas más pequeñas vigiladas por un castillo. Aguas transparentes, hiper saladas, con arena conformada por pequeñas piedras más que arena. Una playa que repetimos por el pintoresco del lugar, y para mostrar a nuestras visitas un paisaje diferente.
La amplitud de las playas deja mucho que desear, la gente está muy encimada, incluso reserva sus lugares tendiendo mantas que dejan el día entero mientras ellos se retiran a sus departamentos u hoteles, transitar los 10 metros hasta el agua era bastante complejo, entre la dureza de la gravilla, el calor y el poco espacio. Y a decir verdad era un desafío muy grande animarse a zambullirse en esas aguas, porque la temperatura era notablemente inferior a las de los alrededores de Barcelona, pero que bien que venía cuando el calor no daba respiro.
Es una locación estupenda para bucear, de hecho, había muchos buzos, pero alcanza con llevarse unas antiparras para soportar la salinidad del mar, y se pueden contemplar los peces dando vueltas por entre las personas. 

En el otro extremo, hubo una visita más lejana, a otro castillo, en el sur, entrando ya a la Comunidad Valenciana, visitamos Peñíscola, con su peñón refugio del Papa Luna, lugar donde se han filmado varias series y epicentro de escenas de Game Of Thrones, haciendo las veces de Mereen, ciudad de los esclavos.
Las playas eran totalmente lisas, con arena muy fina y las aguas con muy poca profundidad, no tan claras como las de Castelldefels, sin dudas imposible compararlas con las de Tosa. La belleza de esta zona es el entorno, el castillo y la zona medieval, el parque natural que está a pocos kilómetros. Amerita una escapada, en septiembre por ejemplo, son las fiestas locales y se realiza un show de fuegos articiales desde el castillo que dicen, merece la pena verlo.
En el regreso hubo tiempo para una escala nocturna en la ciudad de nacimiento de Antoní Gaudí. Visitamos, o más bien, dormimos y dimos unas vueltas, por la ciudad de Reus, autoproclamada capital del modernismo catalán y capital del vermouth. Nosotros sólo podemos dar fe de los buenos helados que allí vendían en su plaza mayor, y a tan buen precio!

Tuvimos un contacto escueto con Roc de Sant Gaitea y Coma Ruga por la tarde, luego de una barbacoa de la que fuimos húespedes en la zona de Vendrell, con fiesta de espuma incluida, bajamos a recorrer la urbanización de y cruzar el sendero por los acantilados que la comunica con Coma Ruga, una larga playa muy delgada en la cual el tren casi roza el agua.

Alternando fines de semana de Castelldefels, hubo tiempo para alguna tarde de Barceloneta, la playa urbana y saturada de gente en plena Barcelona. No se puede comparar, tomamos unos mates en una zona de césped que allí había, el mundo de gente y variedad es abrumador, a su vez riesgoso, hay algunos arrebatos, pero también mucha policía. No es lo que más recomendaría a nadie que visite la ciudad, pero entiendo que estando al lado, es cuestión de cercanía, pero lejos está de ser un exponente de una playa valiosa a nivel mundial.

En los coletazos del verano hubo tiempo hasta de un día de playa en Garraf, una escuetísima playa escondida entre rocas superando la zona de Castelldefels. Embebida en el maciso del Garraf, una roca gigante que conforma un parque natural en su superficie, la playa de idéntico nombre, no es más que una vieja villa de pescadores, con sus casitas aún en conservación y un aspecto de cierto abandono general, que le da encanto. El tren transita por encima de las costas, una y otra vez, pero solo paran en ella alternadamente, uno cada media hora. Será que tenemos ese ánimo por lo semi abandonado, por lo escondido y olvidado, por todo aquello con un pasado mejor, pero nos pareció que tiene su encanto, y hasta nos tomamos una cervecita en uno de sus dos chiringuitos playeros, y fabulábamos con alquilar una de las casillas de pescadores en línea directa a la costa.
La última escapada del verano fué a uno de los exponentes de la Costa Dorada, la famosa playa de Sitges, una ciudad antigua, con rasgos moriscos, una imagen clásica de su iglesia sobresaliendo en una especie de peñón y, como contrapartida, famosa por ser una playa de difusión gay, casi con exclusividad me atrvería a decir, no ajeno a visitantes de todo tipo por supuesto. También es famosa porque en las afueras a unos escasos cientos de metros escondida en una pequeña cala, y visible con cualquier objetivo fotográfico con algo de zoom, se intenta esconder una playa nudista. La ciudad merece ser visitada, en la época de Carnaval tiene uno de los eventos festivos más relevantes de la región, famoso por sus espectáculos con amplio tinte y colorido gay, muy alegres y divertidos, y con mucho ambiente de fiesta. También tiene lugar el Festival de Cine de Sitges. Como lugar turístico, tiene lindas vistas y capturas, al tener ese mix de ciudad antigua con playa, pero no creo que merezcan sus playas al menos, la fama que se le hace, sumado a que para llegar hay que anobonar 3 zonas de transporte (hay maneras de evitarlo...cof cof).
Sitges fue testigo de mi última sambullida en el Mediterráneo en este verano que culmina, aunque hubo tiempo para una escapada de pic nic y mate más, con amigos, como no podía ser de otro modo, a Castelldefels que nos acogió la mayoría de los fines de semana, fué la elegida para de algún modo despedirnos, en un día ya algo dudoso con un sol algo tímido, nubes que iban y venían, y él que se asomaba y escondía. La Maga decidió zambullirse una vez más, el agua era tentadora, con una temperatura agradable, pero no estaba listo, por lo que este verano de playas se termina para mi habiéndome bañado en las suaves olas de Sitges por última vez.

Ahora resta esperar el período de descanso solar, que el Tata Inti se encargue de abrigar a mis seres queridos, y espero poder volver a ver su sonrisa pronto, por aquellas latitudes, en la tierra de poniente.



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