Un cuento de gallegos, asturianos y bercianos

Finalmente, con gran cuota de vergüenza debo admitirlo, voy a dedicarle algo del tiempo que se merece a redactar un viaje que ocurrió hace ya meses, curiosamente uno de esos viajes a lugares que merecen mi mayor respeto por lo simbólico y representativo de esas tierras para nosotros.

Así fué como escapé un viernes del sombrío entorno diario de aquel entonces, promediaba marzo, semana previa a las pascuas, el frío aún repiqueteaba en algunas zonas de la soleada Barcelona, y el sentido pre vacacional se notaba en las largas colas para abordar el vuelo, con el retraso que ya se convirtió en norma pasados unos meses.

Mi primer vuelo a terra galega, aterrizamos en Santiago de Compostela y como no podía ser de otra manera, esa tenue garúa permanente me recibió, junto con la Maga y su re descubierta y muy jovial prima Raki quién merodeaba su tierra natal después de un tiempo de periplos madrileños, para desembocar en una taberna y ser recibido por el buen humor de su pareja, Luis, y brindar todos con Estrella de Galicia y unas tapas, de esas que tanto se extrañan en las costas orientales del país.

El día siguiente se celebraba el día del padre en España, o tal vez en Galicia, sinceramente me pierdo con la regionalización de los eventos dentro del país, lo importante es que era una excusa perfecta para visitar Vilagaría de Arousa, compartir una mesa en familia, y ser alimentados a base de afecto y por supuesto, de la tradicional Empanada Gallega en Vilaxoan de Arousa.

El sábado repleto de vivencias no se coronó sólo con la comida sino que nos llevó a recorrer gran parte de Santiago, y hasta me permitió llegar y besar al santo, literalmente, que sería la coronación del peregrinar de tantos fieles y no tanto que dedican días, semanas o meses a hacer alguno de las tantas opciones de Camino de Santiago existentes, para finalizar su recorrido en la vetusta, pero en remodelación, Catedral.

También sirvió para entablar charlas con vendedores que resultaron ser uruguayos, quienes se deleitaron por nuestro mate, casualmente, de origen uruguayo. Lo que comenzó en una consulta para probar la famosa Tarta de Santiago, terminó siendo una charla de más de media hora en la que terminamos degustando diversos tipos de tarta y variedad de orujos. También sirvió para aprender que la tan famosa tarta, tiene su nombre patentado, por lo que para ser correctos debemos llamarla "tarta de almendras" para no infringir la ley. Su origen se remonta a las almendras que depositaban los peregrinos, ya que en la región, no son originarias.

Un domingo de lluvia en la feria de Padrón, y por supuesto aquí esto no es un problema, nada se suspende por lluvia (recomiendo ver este video). Entre gotas, nubes amenazantes y el frío, se come pulpo a feira con un vino Barrantes para saciar la tripa y entrar en calor. Gracias Ángelf y Charo por ser tan buenos anfitriones.  El día terminó con mates entre argentinos y españoles en casa de Raki, y prepararnos a la aventura emocional del día siguiente. Un lunes que nos veía amanecer en Compostela, emigrar hacia Vilagarcía en tren, viajar en autobús hasta el barrio de Vilaxoan, embarcarnos en el Ford Fiesta de la tia Carmen(o abuela, según quién loamire) y subir hasta Faxilde, para esta vez si, meternos de lleno en lo que es el centro del universo de la Rias Baixas para la Maga: entrar a la casa del Cruzeiro, esa, donde nació y pasó la infancia su padre, sobre la Rúa do Xogo .

Días antes habían observado que la casa tenía cartel de venta, ni lerdos ni perezosos, Raki llamó a los dueños para pedirles de ir a verla. Sólo teníamos opción este lunes, porque los días previos, los dueños tenían que llevar un Furancho en su casa. Por cumplir este sueño de la casa inalcanzable en tierras tan lejanas, resignamos una visita fugaz por Coruña, que algún día tendremos que saldar, pero nada más satisfactorio que estar ahí dentro, tener esas vistas, esa sonrisa en La Maga, y tener la sensación de recorrer esos pasillos, ese patio, imaginar los pasos de los antepasados.

Poniendo en la mesa nuestras mejores dotes actorales, no dejamos de hacernos los interesados, recorrimos la casa, preguntamos referencias, opciones de ampliación y hasta nos dimos el lujo de regatear. ¿El precio? No viene al caso, nuestro objetivo estaba cumplido.

Exprimiendo al máximo los minutos, sacándole el jugo hasta el último segundo, comimos en casa de Carmen, intentamos atrapar gatos salvajes en el galpón, y hasta dimos un paseo con ella en la Playa, tiempo de fotos, pero también de partir, dejar una parte de la familia de lado. 

Desandar el camino para seguir andando.


El Renfe partió de Vilagarcía alrededor de las 15hs, debimos cambiar de tren en Compostela, y subir hasta Coruña, donde apenas si pudimos asomarnos en la estación. En breves minutos salía el mini tren con destino a El Ferrol, la ciudad natal de Francisco Franco.

Fue aquí que me sentí tan lejos del hogar habitual, en el extremo occidental, con el cielo tan gris, amenazante, una ciudad portuaria, industrial, militar y con una imagen algo apagada, no se si producto del frío o de su habitual andar. Desembarcamos en el hostal, donde muy amablemente nos explicaron las peregrinaciones que existían esa noche con motivo de la Pascua. Nos pareció un evento curioso para aprender, esa gente con los gorros cual ku-klux-klan que dicen ser amantes del Señor y hacen espectáculos que no dejan de ser pintorescos, pero dan hasta terror. Tapeo mediante, dedicamos un buen rato a fotografiar el espectáculo.

Por la mañana temprano nos esperaba el Feve, Ferrocarril de Vía Estrecha que parte con cabecera en esta ciudad y se interna en las Rias Altas de Galicia, desandando camino hacia el continente, penetrando tierras boscosas y parando en estaciones olvidadas. El Feve hace patria en el norte del país, comunicando pueblitos, y conectando paisajes asombrosos azotados por la mareas del gélido Mar del Norte. Cinco horas de tren, se hicieron pesadas, no hubo quién las aguante sin dormirse.

El trasbordo en Rivadeo marcó el preludio del ingreso a territorio Astur y el cambio en el paisaje, repentinamente circulabamos con el mar metros a nuestra izquierda, y las montañas a nuestra derecha. Comenzaron a aparecer las vacas, los campos sembrados y el liso verde. Un paisaje típico escoses se me vino a la mente, pero esto es el Principado de Asturias, para orgullo de los asturianos, el origen de España, el resto es tierra conquistada, como dicen popularmente.

Arribamos al pequeño pueblo pesquero de Cudillero, con un panorama no muy alentador, 5 días de lluvia constante habían precedido a nuestra llegada, y los destellos de sol no brillaban justamente por su ausencia. Pudimos de todos modos subir y bajar entre sus pasillos, perdernos entre sus casas sin molde, coloridas, un cierto parecido a las villas de pescadores que conocimos en Uruguay con un poco más de rigidez tal vez en sus construcciones, escondida entre la roca, esta villa se consolida como un destino turístico y así lo denotan sus restaurantes a todo trapo en la pequeña plaza central, viejo depósito de barcazas reemplazado por un moderno espigón y puerto de pescadores.


La expedición por Asturias continuó en una de sus "capitales", por cuestiones de tiempo debimos elegir entre una de ellas, priorizamos Gijón por estar situada al lado del mar y mantener la línea costera. Nuestr llegada, nuevamente con el Feve en un viaje de apenas hora y algo más desde nuestra morada previa en la villa de pescadores, también se vió marcada por el clima amenazante, un cielo negro, tenebroso, y la dificultad para cruzarnos con nuestra anfitriona, que por cuestiones laborales debió permanecer en su trabajo hasta las 17, por lo que nosotros, debimos permanecer con nuestra maleta de mano hasta poco después de esa hora.

La Maga, la maleta y yo nos íbamos a dar por vencidos, por lo que incluso luego de visitar los tres juntos la playa, encontramos una enorme pero aislada caseta de turismo en el muelle que muy amablemente se ofreció a guardarnos el equipaje por unas horas, y dejamos que allí duerma una siesta mientras nos liberamos para perdernos por las callejuelas de Cimadevilla, el barrio antiguo protegido por el Cerro Santa Catalina, que se corona con el Elogio del Horizonte, escultura erigida por sobre los vestigios de un fuerte militar.


Caminar, caminar y perderse es la clave, y la satisfacción de encontrarse con eso menos pensado, con esa foto, esa imagen atractiva, ese secreto escondido en las entrañas de una ciudad. Y eso hicimos, de día, de noche y de día nuevamente, ya con la alegría del sol, que hizo a todos explotar de algarabía y volcarse a las calles en masa.

Partimos a pasos de la plaza de la Academia Nacional, llegamos al Parque de Isabel la Católica, el cual lo atravesamos por el medio, esquivando los chiringuitos que se preparaban para alguna de las festividades, food tracks y juegos. Llegamos al Estadio El Molinón, donde hace las veces de local el Sporting de Gijón, retornamos sobre la margen del río Piles, hasta la desembocadura en el mar, donde nos topamos con la marabunta de gente caminando por la costanera iluminándose con el brillante día. Avanzamos en dirección este, hasta desandar camino por la playa de San Lorenzo, toparnos nuevamente con Cimadevilla y retornar a nuestro punto de partida, donde coronamos nuestra visita con la obligatoria escala en una sidería, en nuestro caso, El Mariñan.

Pero el viaje no termina aquí, el viaje fué largo, en conjunto fueron casi diez días, combinados con los festivos de la Semana Santa. Luego de la sidrería y aún con el enorme plato de chipirones a la plancha en nuestro paladar, sabor que ni siquiera la deliciosa tarta de queso pudo aplacar, nos embarcamos en viaje en coche compartido hacia otro destino familiar, saliendo del Principado entre sus nevados cerros, cruzando por primera vez la cuenca carbonífera de Laciana, y finalizando en la ya conocida, pero totalmente renovada, Finca Aguadulces, donde más sino, que en la capital de El Bierzo, Ponferrada.

¿Qué contar que no haya dicho antes de esta visita familiar? Comida a por los codos, y esta vez pudimos visitar algunos otros lugares más recónditos, que por motivos que sean se nos habían cerrado veces pasadas. Para mi, por mi parte, significó cerrar el círculo de aquel proyecto Orígenes, ya que desde ese viaje iniciático, no había sido posible para mi retornar a San Fiz Do Seo, el pueblo de mi abuela, aquel que conocí hace ya seis años pero me quedó en el tintero visitarlo nuevamente. 

También hubo visita a Las Médulas y también a los pantanos, miradores, las Pallozas, el Botillo de costumbre, las salidas a matar judíos, y señores antes que se escandalicen, , no se sobresalten, se le dice así en León a esta costumbre de beber limonada, curiosamente hecha con vino y frutas,  en Semana Santa. Y el planificado periplo, pero no menos extraño por lo atípico del horario, para tomar el tren desde León y llegar al trabajo al día siguiente.


Una aventura extensa, un poco más extensa que lo habitual para una escapada. Diría yo que más que una escapada, es un conjunto de ellas. Extenso también es contarlo, poder compartirlo con ustedes, y extenso ha sido el tiempo que me llevó publicarlo. Si todo sale bien, pronto retomaré estas tierras, este viaje exploratorio, punta de lanza, sirvió para alimentar la caldera de motivaciones. El norte de España tiene tanto para ver, que más de una aventura extensa por estos territorios está en mi imaginario.



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