Sant Boi de Llobregat, el hogar por adopción

Un año ha transcurrido ya, y siento que he sido algo injusto con la localidad que durante todo este período y vaya a saber por cuánto más, me ha dado cobijo.

Confieso que en un comienzo me daba algo de timidez por decirle de algún modo, intentar explicar que estando en Barcelona me hallaba en una ciudad que no es tan conocida, pese a ser la ciudad de crianza del mejor jugador de basquet de la historia de España, nada más y nada menos que Pau Gasol ( y desde luego, su hermano, Marc Gasol). Para qué camuflarlo, me resultaba engorroso explicar que estando en Barcelona, no estaba en el epicentro cosmopolita de la ciudad condal.

Curiosamente, también tiene cierta relevancia histórica en Catalunya ya que fué la ciudad en la que se exilió y pasó el resto de sus días Rafael Casanova, uno de los líderes y autoridades máximas de la ciudad de Barcelona durante el sitio y posterior caída de la ciudad en manos de tropas borbónicas en la Guerra de Sucesión en 1714.

Pero incluso se hace difícil de explicar cuando un colega me pregunta dónde es que estás viviendo, y no le mencionas ningún barrio conocido de la ciudad, le respondes una ciudad en las afueras y la repregunta es inmediata "...y qué diablos haces viviendo ahí?".

Tras un año de esta relación a escondidas, vengo a sacarme el sombrero, reconciliarme y reivindicar al viejo y querido Sant Boi de Llobregat, o San Baudilio, en su versión castellanizada.

La ciudad se erige a orillas del Río Llobregat, formando parte de la comarca del Baix de Llobregat, siendo la segunda ciudad más poblada de la región, con más de 81.000 habitantes.

Una de las cosas que más llama la atención a quién le digo que he decidido instalarme en este paraje, es que no hay acceso directo por líneas de metro de Barcelona, aunque hay una salvedad, los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya (FGC) cosquillean la ciudad con su línea Llobregat - Anoia y cuenta con dos estaciones, Sant Boi y Moli Nou-Ciudad Cooperativa, aunque claro está que al ser tan grande en extensión, y siendo que el ferrocarril pasa por uno de los laterales, se podría decir que el transporte ferroviario no queda cómodo para todos. Más bien hay que combinar con algún transporte interno para acceder por las mañanas donde el sueño hace que uno se levante tarde, o el frío corroe para caminar tantas calles.


La realidad indica que estando en el barrio sureño de Vinyets-Moli Vell, uno de los que por suerte menos densidad de población tiene gracias a sus grandes espacios verdes como la bendición de La Muntanyeta, y  a escasos metros de la carretera y parque agrario, se podría decir que estoy más cerca de los Pagés que de la estación, con lo cual, el autobús se convierte en uno de los medios más utilizados.

Existen proyectos de extender el Metro de Barcelona hasta estas latitudes, aunque las divergencias económicas hicieron que mucho de esto quede solo en el imaginario de algún ingeniero iluminado. También está la posibilidad de extender el Tram desde Cornellá que sería tal vez hasta más viable, pero de esta opción he oído hablar poco y nada. Pero lo más curioso es que muchos lugareños reniegan de cualquier posibilidad de acercamiento a estos medios de transporte porque admiten que de darse eso, "se llenaría de gente el pueblo".

Tengo una relación amor odio con mi lugar de residencia, pero con el tiempo la relación tensa se fué aflojando, está claro que de no ser así no seguiría aquí, aunque reconozco que hay días que las rabias resurgen y tenemos nuestras reyertas, como en toda convivencia hay momentos en que es mejor callar. Especialmente cuando pierdo autobuses y me pregunto lo que me preguntan todos: Por qué estoy acá!
Pero tiene esa cuota innegable de barrio, tranquilidad y espacios verdes, junto con las montañas de fondo, senderos y vistas que le dan mucho valor al día a día. En transporte público hay unos 30 minutos a lo que a mi criterio son las mejores playas de Barcelona y alrededores, Castelldefels. El aeropuerto está a solo 15 minutos, y en un pequeño paseo, con algo de esfuerzo y ejercicio, puedo subir a la Ermita de San Ramón para tener vistas fascinantes de la ciudad, del Delta del Llobregat, de los aviones aterrizando y despegando, vista al mar y a los cerros que nos rodean, y contemplarlas desde mi ventana incluso iluminada por las noches.

Desde luego que poco a poco, cuando uno se sitúa en un lugar, se va haciendo de sus espacios, de sus hitos de referencia. Y Sant Boi y el barrio se fueron ganando mi afecto por las eternas puestas de sol, por la cercanía con la piscina en la que puedo practicar felizmente natación, por el Supermercado Caprabo abierto 24x7 al mejor estilo "paki", violando todas las normas pero que es mercado de cabecera que más de una vez te salva, y si bien aún no logré hacerme del bar amigo, supongo que por no curtir esa cultura en Argentina, la verdad es que si algo sobra, son bares, puedo darme el lujo de desayunar un día en cada uno sin sentir que le soy infiel a otro.

Como buen amante de fútbol, en su momento, cuando aún deambulaba por las calles tratando de ubicarme, creo que fué una de las primeras cosas que aprendí, la gran cantidad de clubes que había y tuve que indagar, meterme a ver y así comencé a darle lugar al F.C Santboiá y a seguir sus campañas, incluso a verlo pelear por un ascenso a la Tercera División de España que se truncó en la final. Ir al Estadio Municipal Joan Baptista Millá no me genera lo mismo que ir al Estadio España a alentar a mi querídisimo Deportivo Español, pero de algún modo tenía que intentar cubrir ese vacío, y claramente la situación de equipo pequeño que pelea por ser aceptado por una ciudadanía que se reparte entre dos equipos de primera como el Barcelona y el Espanyol me hizo sentir de algún modo identificado.
Y ya que traigo a colación a los Pericos, se podría decir que cuando he podido, cuando los costos de las entradas son accesibles y me he permitido el lujo de ir a verlos, el Estadio Cornellá-El Prat queda a poco y nada de mi hogar casi que desde la terraza del edificio puedo contemplar las luces del campo cuando hay partido, y en esas ocasiones donde me he instalado en las gradas, nada me traslada más en tiempo y espacio que esos escasos segundos donde la parcialidad local alienta al grito de "...Español! Español! Español!". Creo que es donde se produce la fusión, cierro los ojos, siento la piel de gallina y quiero estar con mi familia y mis amigos viendo al Deportivo en el Bajo Flores.

Creo que la respuesta a la pregunta de por qué he optado por instalarme en este lugar es algo larga, pero en el fondo es simple: aquí tenía a la familia más cerca, a la hora de salir a buscar, fué mi punto de referencia. No conocía mucho más, fué sencillo instalarme, y claramente, reniego de las ciudades, pese a ser nacido y criado en una mega metrópolis como Buenos Aires.


El ser humano es un animal de costumbre. Se hace su lugar, se amolda, se adapta al entorno. En la sencillez está lo valioso de las cosas.

Después de todo este período, no hay espectáculo más sencillo que llene más el mi alma que ver el brillante sol asomando por las mañanas allí donde está el mar, y las impresionantes puestas de sol detrás de los cerros por la tarde. Respiro al salir del oscuro túnel del metro en Cornellá, esquivar el túnel del viento, subir es eterna escalera apresurado para coronar el esfuerzo de la escalada con la vista de los cerros y el sol casi ocultándose detrás, indicando el camino a casa.



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