Argentina, un destino familiar

Mis vacaciones esta vez serían muy diferentes a las anteriores. Curiosamente como en la casi totalidad de mis vacaciones anteriores, sería en territorio nacional, pero esta vez sería Argentina directamente el destino de mis vacaciones. Una experiencia novedosa el regresar con todos los recorridos de territorios desconocidos con cientos de fotos y experiencias para compartir.

Había llegado el momento del descanso, del tan planeado regreso a la tierra que me vió crecer, siendo la primera vez que retornaba sabiendo que no era para quedarme.

Estuve durante meses increiblemente ansioso por saber todo lo que esto implicaba para mi, lo tomaba con una responsabilidad trascendental, no quería dejar nada librado al azar, pero desde luego era imposible planificar todo, sentía que se me iba de las manos en los detalles, hasta que finalmente le solté la mano y lo dejé fluctuar, confluir en lo que resultase.

La ansiedad era extraña, camuflando infinidad de sensaciones, era el particular sentimiento de saber que este sería un viaje de poco descanso, de mucha actividad social y sobre todo de redención.

Redención con todos aquellos que de algún modo sentía haber traicionado al irme, al dejarlos y abandonarlos, dejarlos llenos de mi ausencia. Y claro, la distancia agiganta el más mínimo detalle, con lo cual esa impotencia de no estar, de no verse, de no poder participar y la resignación de haberse perdido tantas cosas, calan hondo en el subconsciente generando tensión innecesaria.

Justifico la ansiedad, la parte buena de ella, la de querer ver a todos los que necesitaba ver, y rendirme ante ellos, aunque ellos no reclamasen nada, yo sentí esa necesidad.

Y bien sabemos que Argentina es impredecible, por lo que como si no fuese suficiente castigo esa imperiosa necesidad de llegar, el momento de la partida se retrasó aún más. La aerolínea de bandera canceló el vuelo del día sábado, y sin dar demasiadas precisiones ni explicaciones, nos depositó en un hotel a la espera de una solución que recién llegaría dos días después.

La planificación, que se había limitado al primer día, se fué al demonio, la sorpresa del arribo tempranero, la ilusión de llegar con facturas de la Güiraldes a la casa de mi padres, tocar el timbre dos veces y verles los ojos brillar de alegría, invitarlos a desayunar unos mates, se fué al tacho. Y ni hablar del asado que teníamos programado para el domingo al mediodía. No hay compensación económica que retribuya el lucro cesante por las sensaciones perdidas, propias y ajenas.

A la segunda oportunidad de viajar, es decir, dos días más tarde, todo se cumplió en tiempo y forma, el vuelo salió perfecto y arribó a horario al país, a las 4:30am de un martes allí me esperaba la larga cola de la aduana simplemente para demorar el abrazo de la Maga y Sura que me esperaban con su heroico cartel de bienvenida. Un abrazo hermoso pero con el sinsabor de los abrazos perdidos durante dos días.

El desayuno sorpresa se convirtió en un apretado abrazo, uno de esos que no recuerdo haber sentido en años, de mis padres, los ojos brillaron en la oscuridad de la madrugada, previa partida con destino laboral. Uno de esos contados abrazos que se pueden recordar por siempre, porque el tiempo se detiene en ellos.

El asado del domingo se convirtió en un improvisado, pero no menos delicioso, asado semanal nocturno, enfrentando el frío y el cansancio de la noche, que muy amablemente se animó Alberto a prepararme, sería el primero de una seguidilla interminable de eventos sociales que no pararon de sucederse hasta el mismísimo último día.

La fecha crucial era de la Maga, que cumplía un hito en su vida el cual era cita obligada. Recibía los honores de convertirse formalmente en profesional, y el culinario desfile de agresiones al recién recibido tenía lugar el mismísimo miércoles al cual asistí padeciendo aún los efectos de un jet lag que de haber llegado en tiempo forma previstos, ya lo hubiese superado.

La celebración se extendió de miércoles a domingo con sucesión de eventos sociales, asados, amistades, reuniones y muchos sabores, de esos que uno tanto anhelaba.

Las sorpresas gratas no dejaban de llegar, cuando tuvimos nuestra escapada al campo, un descanso "ferroviario" en medio del campo, disfrutando de la única manera que existe de poder disfrutar de una noche en un vagón de tren en mi país.

Argentina es un país imprevisible, impredecible, indescriptible. Puede que durante el día estés hablando por teléfono para coordinar una salida con amigos y que a las horas tu teléfono no funcione más y te digan que te dieron de baja la línea, que al otro día te digan que tu número es irrecuperable y que a la semana te lo reintegren en la misma oficina sin explicación alguna sobre lo sucedido. O puede que te digan que estás dado de baja de la obra social y que no hay cobertura para preexistencias y a la semana en otra oficina te indiquen que en realidad no estás dado de baja y que existe cobertura para preexistencias.

Así como tal, un día de invierno puede hacer tanto calor como para desempovar los shorts que están guardados en el ropero, y a la semana largarse una tormenta descomunal durante días que desconfigura el paisaje campestre donde descansaste unos días antes.

Fueron daños colaterales en mi viaje, esa manera particular que tiene Argentina de darte la bienvenida. Pero mi procesión seguía su ciclo. Fuí reuniéndome con unos y con otros, recibiendo los abrazos y las palmadas, los augurios de mi pronto regreso, las inquietudes sobre la vida en el extranjero, expresiones de sorpresa sobre mi supuesta delgadez y hasta las ridículas sospechas de mi falta de alimentación.


Hubo también más de una ocasión para ver al club de mis amores, el Deportivo Español recibió muchos de mis minutos, aunque para mi tristeza no logré verlo ganar, y apenas que si lo vi convertir un gol para un empate, el gol más feo que recuerde en años. Esto me hizo ganar el mote de "mufa" a la espera de una futura victoria luego de mi partida. Y si bien en el fútbol no todo son victorias, puedo decir que compartir todos esos minutos no solo mirando como se patea la pelota sino todo el trasfondo y los diálogos para arreglar el mundo y los intercambios de opiniones con la muchachada del club, la Banda de Farolito que se trasladó hasta Lanús a revivir un duelo clásico de los 90's con un resultado muy acorde a esas épocas también, obviando las 2 categorías de diferencia entre Independiente y nuestro sufrido Deportivo.

Fue muy grato ver a todos, o bueno, casi todos, los que quería ver, al menos saber que los que pude ver fueron momentos de gracia, en los que de algún modo me entregué a ellos e intenté transmitir mi cariño, decir mis palabras, o casi todas las palabras que hacían falta decirse, expresar lo que uno necesitaba, sentir el alivio, calmar mi ansiedad y lograr desprenderme.

Tal vez por ser la primera vez, tal vez por intrínsecamente no saber cuándo será la próxima. Tal vez por sentir que me fuí sin saludar apropiadamente, tal vez por que me iba de viaje, emprendía una aventura de unos meses que evolucionó fué mutando, tomando diferentes formas con el paso del tiempo...

Tal vez la próxima sea diferente, cómo lo puedo saber? Y si quedaron cosas en el tintero seguramente serán cosas que no necesiten ser tratadas en el presente, y lo importante para mi es sentirme en paz, sentir internamente mi redención.

Y aún así, partir y despedirme fué duro, aun con la satisfacción de haber cumplido casi la totalidad de mis expectativas. Desde luego que nunca alcanza para satisfacer el afecto de todos, y a todos los afectos que indefectiblemente quieren tenerte cerca. Pero me sirvió para crecer, para aprender, y para llenarme el alma sabiendo que lo que a la distancia se siente un horrible vacío, se llena fácilmente con un abrazo.

Argentina me despidió llorando, y yo contuve mis lágrimas. Durante días, el aguacero hizo mella en todos lados, las consecuencias fueron devastadoras, y a mi me costó desprenderme de tantos brazos...


No me avergüenza decirlo, tranquilamente deseaba quedarme en medio de ese afecto, pero sería necio en negar que debo continuar mi vida, y ver que hay a la vuelta de la esquina, después de todo, lo que uno se propone está así de cerca.

Gracias. Hasta la próxima.