Pasaje Logroño

¿Qué tiene que ver Logroño con mis orígenes? Absolutamente nada. No soy consciente de ningún parentezco procedente de la zona de La Rioja y nadie de la familia ha vivido alguna vez en esta ciudad.

Pero paradógicamente Logroño tiene mucho, muchísimo que ver con mi vida y con la de mi familia. En Logroño nací, allí dí mis primeros pasos, allí alcé por primera vez la bandera del Deportivo, y fué en Logroño donde me crié, donde aprendí a andar en patines, donde jugaba a la pelota y donde tenía que salir corriendo cuando metíamos un pelotazo de más.

Logroño y yo, muy pocas veces nos separamos, salvo esos momentos, esas pausas donde yo me alejé de él. Día a día parte de mi vida transucrrió allí, y durante los últimos años, mi vida entera se desarrolló en Logroño. Allí crecí, fuí madurando, tuve muchas vivencias y experiencias, y debo decir que también teníamos una relación algo tensa con el bullicio vecinal y lo difícil que era trasladarse desde y hacia Logroño, lo que hace que muchas veces haya renegado de él. 
En Logroño, el pequeño y remoto Pasaje Logroño, entre Larrazabal y Oliden en un rincón de Villa Lugano, es donde nací, donde me crié y donde viví tantos años.

Como parangón se puede decir que la ciudad de Logroño, capital de La Rioja en España, es también un rincón algo remoto. Constituye la capital provincial más pequeña del país con tan solo 150 mil habitantes, y arribar a ella también es algo complejo. Como contrapartida, dista un poco más de Málaga que lo que dista en Buenos Aires.

Pero me empeciné en visitarla, después de todo Logroño es mi vida.

Los pasajes y horarios no eran muy felices, 484kms me separan de ella, y las opciones eran remotas: tren, autobús o conseguir algún buen samaritano que haga este viaje habitualmente.
La opción final fué despertar con el sol, subir a un tren y en 4 horas arribar a la capital riojana, para desentrañar sus coloridas calles repletas de ventanales con estilo francés, desenmascarar su barrio antiguo y perderme en sus callejuelas para salir al paseo del río Ebro que la atraviesa, y acomodarme como se podía en un albergue de peregrinos.

La ciudad nació a orillas del Ebro, y su crecimiento comercial se dio al ser atravesada por el Camino de Santiago que la cruza por de la Rúa Vieja, motivo por el cual desde luego, la expresión del catolicismo esta presente con numerosas iglesias y construcciones eclesiásticas, que van desde la Iglesia de Santiago, de paso obligado para los peregrinos, como la mucho más antigua Concatedral de Santa María de la Redonda en plena Plaza del Mercado que data del siglo XV, o bien la Iglesia de San Bartolomé o la de Santa María de Palacio entre otras.

Soportó valientemente con escasos recursos y mucho ingenio el asedio y bloque francés en el año 1521, resistiendo y expulsando con pura estrategia al enemigo celebrándose hasta el día de hoy dicho acontecimiento.

Como sello de ciudad española, por supuesto que cuenta con sus sitios de copas y tapas por excelencia, haciendo abuso del excelente vino que se produce en la región, lugar de procedencia desde luego del Rioja, uno de los vinos característicos de España.
La calle del Laurel se colma de gente, sus pequeños bares parecieran no dar a basto. Durante el mediodía del sábado hasta altas horas de la tarde, los transeúntes dan rienda suelta al ritual de tapa vino y pincho hasta el cansancio. Situación que se repite a posteriori, cuando ya cae el sol y se extiende hasta muy entrada la madrugada.

Otro ritual que tiene lugar en la ciudad es el de las despedidas de soltero. Grupos de hombres y mujeres salen a festejar la condena al matrimonio como si fuera el último día en la tierra, y se pierden en vasos de alcohol hasta olvidarse de su propios nombres. Graciosa es la escena el domingo por la mañana, cuando los vestigios de la dura noche se vislumbran en rostros con deslucido maquillaje de las damas, y las ojeras bien tapadas de con gafas de sol de los caballeros.


Días de sol. Casi verano en plena primavera. Floración de los árboles que regaron todas las calles con el desprendimiento de sus semillas voladoras que decoraban un paisaje ciertamente no apto para alérgicos. La siesta fué obligatoria, en ambas jornadas en uno de los parques a orillas del río, el más alejado, fué el de mi preferencia, donde había menos ruido y menos gente. El mismo banco. Casi la misma duración. Es esta maldición que cargo conmigo la de no poder extender las siestas más de 20 minutos.

Logroño también tiene una historia deportiva que me toca la fibra, y es la de su desaparecido Deportivo Logroñes, un equipo que supo militar en primera división española hasta el año 1997, y luego de sucesivos descensos y pérdidas de categoría por problemas económicos, desapareció.

De esa desaparición y del amor de sus allegados, nacieron dos instituciones que casualmente reflejan las diferencias entre las personalidades que llevaban sus riendas. Por un lado se creó la Sociedad Deportiva Logroñés, y por el otro lado la Unión Deportiva Logroñés. Ambas compiten en la liga española, llegaron a compartir división el año pasado en Segunda B, pero la SDL se dice que es "del pueblo" y la UDL es la del empresario millonario que lava dinero, por eso se mantuvo en Segunda B, y la SDL descendió.
A nivel dirigencial no se pueden poner de acuerdo. Estuvieron en tratativas para reunificarse el último verano, pero no hubo caso. El que tiene el bolsillo más grande es quién quiere tener las riendas de todo, como de costumbre y los socios de la SDL no quieren perder el control y ver amenazado su club.

Sin saber estos detalles, mi intención fué quedarme a ver el cierre de la clasificación de la Unión Deportiva Logroñés al playoff de ascenso, lo cual tuvo lugar el domingo por la tarde en el Estadio Las Gaunas, donde ambos equipos hacen de local, lugar al que pude acceder acreditando mi identidad como socio del Deportivo Español de Buenos Aires.

El resultado fué un 2 a 1 para el local y los festejos de la afición por el histórico logro deportivo.
Lo curioso de la situación es que los propios aficionados me explicaban de la diferenciación de los dos equipos, y dejaban en claro en sus palabras que la distinción se hace a nivel dirigencial, ya que la pasión que ambos conjuntos, UDL y SDL representan, es la misma, es la del mítico Deportivo Logroñés, a tal punto que en medo de los festejos la propia gente se puso a cantar el himno del desaparecido club.

Mi deseo de presenciar este partido me condicionó a que la vuelta debiera realizarla de madrugada. Quedaban varias horas aún para que el autobús desandara el camino de regreso, quedó tiempo para alguna tapa más, disfrutar de algún Rioja en la Calle del Laurel y de un exquisito helado de paseo por las calles céntricas, previo a recoger mi mochila y quedar en la espera del largo camino directo al trabajo.

Una locura. Una más de esas que lo llenan a uno y que luego de hacerlas, no hay cansancio físico que le quiten la satisfacción de haber conocido el lugar que dió nombre a esa calle donde transcurre mi vida.

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