Entre candelabros y relámpagos

El título es una mera referencia contextual. Es una especie de reflejo en el cual nos encontramos en estos días en la ciudad de la furia, esa a la cual hace un par de posteos (por la cadencia de escritura que vengo teniendo, sería algo así como hace un par de años) me refería como Impredecible, imprevisible.

Cada fin de año que se avecina en nuestras latitudes, deja en evidencia la inestabilidad del contexto socio económico en el que nos encontramos.

Desde luego que no me afectó de lleno, he sufrido cortes en el suministro eléctrico durante unas cuantas horas en unos días seguidos. Debido a la mera existencia de mi sola persona en el hogar, la cantidad de alimentos que he debido tirar no ha sido considerable, pero definitivamente si hay algo que me irrita es tirar alimentos, ya sea porque se me vencen, porque se arrugan, porque se les pasa la fecha o, en el peor y más ridículo de los casos, porque me cortan la luz por 12 horas.

El Canibalismo citadino me tocó de lleno la semana pasada, cuando en plena efervescencia navideña, la gente se agolpaba con más de 35° de calor a comprar regalos desenfrenadamente para simular que un señor gordo, con barba, abrigado como para subsistir en la nieve, que se dice que vive en el Polo Norte, que vuela en un trineo tirado por renos voladores con nombres propios bajará por una chimenea y dejará regalos en el pino navideño.

Repasemos detalladamente lo que se nos enseña a esperar, aquí, en el famoso culo del mundo, al sur del planeta, donde Navidad cae en pleno verano y nos encuentra aturdidos en plena ola de calor.

En ese contexto, le enseñamos a los niños que tienen que portarse bien durante el año para que el día de la navidad, a las exactísimas 00 hs del 25 de Diciembre de cada año, al momento en que supuestamente se celebra el nacimiento de Jesús, el salvador, un momento que entiendo debería ser de reflexión y paz, donde todo el mundo sale alocadamente a descorchar la sidra, el champagne y los cohetes estallan por doquier. Bien, en ese momento los niños esperan con ataques de ansiedad encontrar por los cielos al personaje antes descripto.

Pero al margen de la ilusión, de la fantasía, pensemos en lo irrisorio de la situación descripta.

Una persona super abrigada que viene a un lugar donde es verano, donde hace un calor tremendo, llega volando en un trineo arrastrado por animales de una especie que no existe en estas latitudes, e ingresa por una chimenea que la mayoría de las casas no tienen. Ah! Como si fuera poco, la persona que esperan viene desde el Polo Norte, donde naturalmente hace frío, y deja los regalos debajo de un pino navideño, especie que tampoco es originaria de la zona.

Entiendo, yo corro el riesgo de convertirme en el Grinch por estas expresiones, pero no es que pretendo robarme la navidad como haría el gracioso personaje, sino que pretendo reinventarla y adecuarla a nuestra realidad, que reaccionemos que todo es importado, y está pensado para el justamente, hemisferio norte, donde si hace frío, donde muchas casas tienen chimenea, donde hay pinos y renos.

Adaptemos nuestras mesas navideñas, son deliciosas las nueces, las almendras, los turrones, los pandulces, pero comamos todo eso en invierno donde si caen bien. Nos quejamos del malestar que ocasionan los atracones de fin de año, y es obvio que si comemos un puñado de garrapiñada seguida por unos vasos de sidra, lo metemos en la coctelera con 40° y sin luz para refrigerar el ambiente, explotamos!

Al margen está el desesperado deseo de comprar regalos, muchas veces innecesarios para la persona que los recibe, solo por el hecho de que es Navidad y hay que hacer regalos. Es agradable recibir regalos, pero más agradable es hacerlos por voluntad y no por la presión de la fecha y la angustia del "no saber qué le regalo a...".

Se pueden hacer regalos tranquilamente en cualquier momento del año, con la simple excusa de haber encontrado algo que vale la pena regalar al otro.

Si la proximidad de fin de año, generan momentos de angustia y nerviosismo, debiendo ser momentos de alegría y celebración, es porque algo estamos haciendo mal. Creo que es hora de replantearse la manera en que encaramos estas fechas, y evitar hacernos más problemas que aquellos con los que ya de por si convivimos.

Hecho este descargo, simplemente deseo muchas felicidades a todos mis seres queridos, y un cierre de año feliz, para poder capitalizar mucho mejor el que inicia tan prontamente.

Dejo para otra ocasión mi declaración sobre si es mejor fomentar el mito de Santa Claus, Papa Noel, San Nicolás o como quieran llamarsele, o bien, evitar la crisis postraumática en el niño, luego del momento de la verdad.

Gruño, gruño.