La Banda Oriental y su vieja Colonia

Uruguay es uno de los países más pequeño que nos rodea (176.215Km2), pero con el cual tenemos más similitudes que diferencias. Existen las rivalidades desde luego, futbolísticas, en este momento dice la estadística que nos están pasando el trapo en eso, y la historia dice que ambos conformamos un mismo Virreinato, y que hubo guerras entre Argentina y Brasil por ese territorio. Pero que más da, compartimos más de una costa que nos une, y si, el orgullo charrúa está bien en alto, y se los nota respirar la bandera, lo cual no es más que motivo de admiración, el sentido de pertenencia que tanto hace falta por estas costas.

Argentina tiene más de diez veces su población, de tan solo 3 millones y pico de habitantes, Argentina multiplica su territorio, se ubica en el octavo puesto entre los paises con mayor superficie del mundo, mientras que los vecinos uruguayos, andan peleando por el 91°. Y Buenos Aires, esa metrópoli que todo lo tiene, alberga en su ciudad capital, casi la misma cantidad de habitantes que todas latitudes charrúas. 

Quizás, este sea un gran motivo, entre las tantas bondades que ofrece el paisaje oriental y sus habitantes, que genera un tránsito incansable de turistas argentinos que penetran la frontera y se abalanzan con todo tipo de medio de transporte atravesando tierra, agua y aire para disfrutar de esa tranquilidad.

Después de mucho tiempo se materializó el cruce del charco, la extracción de la ciudad vía naval, en el gato de mar que entre mecedores ronroneos nos depositó en la otra orilla tan solo en una hora. 

El primer gran contraste nace al ver una humilde terminal fluvial con sus áreas de desembarco aún sin remodelar rodeada de un entorno que dista notoriamente de la ostentación del Puerto Madero.

Cargados como hacía tiempo no sucedía marchamos con la doble mochila que siempre se intenta optimizar pero no logramos reducir su volumen, las pocas cuadras hasta la sesentosa casa de con enormes ventanales convertida en Sur Hostel donde nos recibió el candombe y una tonada uruguaya que nos trajo a la mente algún amigo españolista.

Sin siquiera reparar en almuerzos, apenas recordando en el cambio de horario necesario, preparamos el mate, mochila al hombro y siguiendo consejo del recepcionista marchamos equivocadamente hacia la desembocadura de la avenida principal, que choca con el río en una empedrada rotonda, cuando lo que realmente buscábamos eran las playas, las cuales hallamos luego de caminar bordeando la costa, rodear el Estadio Campus y cruzar unos bancos de juncos por la costanera.

Las playas de arena clara se abrieron ante nosotros, eran playas en el Río de la Plata, con gente bañándose, islas al frente, veleros por la izquierda y su extensión hacia el horizonte derecho. Montamos campamento bajo un ceibo, pero tras la preparación del mate, decidimos abandonarlo prematuramente debido al arribo en forma sospechos de un grupúsculo de muchachones que se apostaron en los árboles por detrás, haciendo brotar en nosotros la tan mentada "sensación de inseguridad", aún cuando no teníamos ningún diario para leer noticias al respecto.

Hallamos un lugar con algo de sombra para reposar, y ya rodeados de más gente, paradójicamente muchas mujeres solas, nos dedicamos a descansar pese a los topless y tantas siliconas que se paseaban por ahí, habíamos madrugado.

A medida que el sol se adentraba en lo que sería su pico máximo, nos fuimos bronceando de alguna manera dispar, y emprendimos la mojadura de pies mediante un chapoteo fugaz en aguas claras del Rio de la Plata.


Parada en el hostel, tocó recorrer el casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad. siendo éste el vestigio del primer asentamiento europeo y la primera ciudad fundada en el territorio de Uruguay. Fundada por portugueses en 1680 que buscaban abrirse camino al comercio con la zona española de las colonias americanas, fué lugar de batallas entre ambas potencias, ya que ambas reclamaban su "pertenencia" y cambio de manos en reiteradas ocasiones fruto de pactos y acuerdos, hasta quedar finalmente bajo dominio del Estado Oriental del Uruguay recién en 1828.

Cruzamos las murallas de la vieja fortaleza y tropezamos con sus empedrados entontados con la arquitectura de antaño. Llegamos a la Calle de los Suspiros y las fotos cómplices comienzan a lucir la reflex D200 en el cuello. Cae la noche, luego de una recuperadora siesta en la Plaza Mayor de la ciudad antigua, nos arropamos en abrigos para cenar en El Drugstore solo metros del coche maceta que nos había cautivado en nuestra recorrida previa.

Antes de entregarnos al nocturno descanso, contemplamos el resplandor proveniente de la otra orilla, emitido por ese monstruo llamado Buenos Aires, y nos hicimos a un lado a preguntarnos los motivos. Nos depositamos en una cama, que a esa altura poco importaba cuan cómoda era, simplemente era necesaria para cerrar los ojos y descansar, nos esperaba un nuevo destino con el amanecer del otro día.



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