Resplandor berciano

La península ibérica me había sentado bien en mi anterior paso, y por ende, no pude rechazar la posibilidad de regresar a disfrutar con algo más de tranquilidad, por no decir bastante más, de sus paisajes, mi gente, y todas sus atenciones y malcrianzas.

Madrid me recibió de madrugada, con un paciente Juan Pablo que pese a su jornada laboral extensa, me hizo el aguante en la puerta de Barajas para llevarme a Talamanca y disfrutar después de varios días de una confortable cama, en una agradable casa respaldada por la buena compañía y afecto de mis amigos.
Empezó el trajín con algo de responsabilidad, y algunas visitas a la ciudad, pero mi cuerpo me pidió descansar a gritos, y lo aproveché, disfruté de la piscina, el sol, y el buen comer, pese a la gran pochoclada que dejó mi estómago en llamas.
El lunes la despedida se hizo temprana, y de la estación Mendez Alvaró partió el ALSA que cubría la ruta Madrid - Ferrol, donde acompañado por 3 alemanes que pretendían realizar el Camino de Santiago desde Astorga, emprendí un viaje de 4hs con esporádicas charlas en idioma teutón que me depositaría una vez más en  Ponferrada, en el corazón de la Comarca del Bierzo. Esta vez no hubo bombos y platillos, medio se sopetón llegué sin haber dejado en claro la fecha, pero ello no fué impedimento alguno para que mi GPS mental me deposite en el domicilio de mis gentes, y pudiera oír "Ay la madre que me parió que vino el primoooo" ante mi aviso de la llegada de un envío desde Argentina por el por el comunicador del portero.

No era menos desde ya que el afecto se hizo sentir desde el primer momento, y todos llegaron a saludar, y yo que me desmayé en una siesta eterna para recuperar fuerzas y acudir por la noche al chiringuito en el Parque del Plantío para disfrutar de unas tapas.
Eran las Fiestas de la Virgen de la Encina, estaba Ponferrada dedicado a eso, y entre semana había dos dias feriados por este motivo, por ende, día y noche de espectáculos, largas madrugadas, chupitos y bebidas de todo tipo, salidas por demás, asi fueron los primeros dias, a todo trapo.
El sábado con la complicidad de Elena, Sergio y Tere, abandonamos la comarca y paseamos por Astorga y León, la capital provincial. En la primera ciudad, dedicamos el mandado momento al bocadillo (lease sándwich enorme con gran variedad de rellenos posibles) y recorrer el centro histórico, su plaza mayor donde compartimos un café mientras oíamos le anuncio de la nueva hora con los muñecos maragatos golpeando las campanas del ayuntamiento. Luego, la obligada visita a la catedral y el Museo de los Caminos, una de las obras de Gaudí perdidas en Castilla y León.

En León, visitamos la estatua del viejo Guzmán El Bueno y aprendí que: "Si no te gusta León, allí está la estación", para luego pasear por sus peatonales, su catedral y sus calles cerradas con muchas inscripciones y aluciones a la venida de la "tercera república" y simbologías del tercer reich, pareciendo olvidar todos los desaguizados que esto ocasionó en la humanidad. Como siempre dije, boludos hay en todos lados.
Esa noche el insomnio se apoderó de mi, y pasaron largas horas hasta que pudiera conciliar el sueño, y menos horas pasaron hasta que tuve que levantarme para emprender un viaje de más de 500Kms en círculo y pisar tierra gallega por primera vez. El camino emprendió la Autovía del Noroeste, pasando una vez más a escasos metros del viejo y querido San Fiz do Seo, una lágrima y un saludo al cielo en mi paso por su acceso. Una vez en Santiago de Compostela, en año santo, la concurrencia era masiva, no solo atestado de peregrinos sino también de turistas y transeúntes convertían el lugar en una marea humana queriendo acceder a la catedral.
Tras un para nada improvisado bocadillo (una vez más, lease sándwich enorme con variedad de rellenos posibles) en un costado de la ruta, llegamos a Ourense, visitamos sus Burgas termales con aguas de hasta 67º, disfrutamos de una caña y la sombra, la vista del Rio Miño en sus costas, para emprender el viaje de regreso por los paisajes más despampanantes de la región, cruzando el cañón del Rio Sil, y pude contemplar el Montefurado, perforado por los romanos para vaciar el agua del valle y buscar oro.
Pese a estos dos dias intesos de viajes las aventuras no concluyeron ahi, y entre visitas a la finca, grandes dosis de comidas y bebidas, asi como ricos helados en la Jijonenca, subimos hasta la Cruz de Ferro, lugar de referencia en el Bierzo para los peregrinos donde se depositan pertenencias y rocas con pedidos, promesas y buenos augurios.

Asimismo, como Rafa tuvo un rapto de locura esa noche que me secuestró y me depositó en la Oxi para beber vaya uno a saber cuandos Red Bull con vodka, una de las tardes se dispuso a llevar al primo de lejos al mirador de Corullón para poder contemplar la extensión berciana en todo su esplendor, y dar unas vueltas y beber cañas por otro pueblo tan mencionado por su abuela, Villafranca del Bierzo que justamente estaba vestido de fiesta para la ocasión.
Esta visita no solo fueron viajes, sin duda que ocuparon gran parte del tiempo, ya que la diversidad de lugares visitados me supera, debo estar periendo detalles quizás de todo lo vivido, pero sin duda que lo que queda de todo esto es la experiencia, los kilos de más por las buenas atenciones y gran sabor de haber disfrutado del calor de la familia con tranquilidad.

Pude compartir más tiempo con ellos y aprender desde luego más sobre el entorno y la vida en la región, contemplar la belleza del entorno, la paz del aire y saborear el impagable placer de asomarme a mi ventana cada mañana para ver el cerro Pajariel y el calmo circular del cauce del Rio Sil. Definitivamente la región tiene una belleza única, de esas que tanto busco en mi vida, la ciudad tiene la particularidad de ser lo suficientemente grande para no ser un caos y contar con suficientes servicios para vivir en ella, y el solo hecho de hacer unos km para tener una vista privilegiada. me lleva a dejar llevar mi imaginacion y verme en uno de sus miradores mate de por medio contemplando el panorama...Si, quiero!

Y para cerrar, el broche de oro, lo dejé algo apartado dado que contrasta con el resto del relato, pero merece la pena mencionar el haber contemplado y acariciado la Copa del Mundo, la misma que fuera alzada por la Selección Española cuando se coronase Campeona del Mundo 2010 en las mismas calles de Ponferrada. Faltaba algo más para llevarme el mejor recuerdo de esta aventura?


He aquí, aquí y aquí unos videos para disfrutar.