Cerrando la ronda

Cuando un ciclo va llegando a su fin de manera natural, uno tiene la tranquilidad necesaria y serenidad para poder cerrarlo de la mejor manera posible. No se si sea el caso, pero la naturalidad se dio de principio a fin y yo me encargué de alargar el cierre para poder disfrutarlo de otra manera. Este alargue me dio la posibilidad de disfrutar de algunos días fuera del compromiso laboral diario en la ciudad y me permitió conocer algún que otro paisaje que tenía pendiente y no podía dejar a un lado de mi itinerario.

Es así como las últimas semanas en la ciudad del caballito cuna de motores potentes me permitió darme el gusto de salir de paseo por sus calles pese a la ciclotimia climática que frecuenta la misma, como asi disfrutar con mis compañeros diferentes reuniones cuasi despedidas, y digo cuasi porque la despedida se hizo eterna y placentera, durante casi dos semanas estuve viendolos con la excusa de que no nos veríamos más.

Tras la partida de mi compañia, y casi de su espectro que se perdió en el desorden del empaque de los últimos días, decidí una vez más darme el gusto de volver a visitar el estadio del Stuttgarter Kickers en la cima del Waldau, allí por Degerloch, para poder presenciar un encuentro de liga, no concluída, como se diera la primera vez, donde presencié el último partido de la temporada con todo el torneo cocinado.

Esta vez se jugaba por los puntos, el rival de turno era el SG Sonnenhof Grossaspach, se pelea por el ascenso, y se nota en la expresión de cada aficionado, los cuales dejando un poco su inexpresividad alemana, por llamarla de alguna manera, se volcaron a los gritos y los insultos, las arengas y las protestas, y este calor se transmitía desde el campo de juego donde la fricción y los roces se hicieron dueños del terreno, y el árbitro no supo mediar de manera eficaz para evitar este juego duro predominando patadas y empujones, quejas y protestas, aglomeramientos y protestas de fallos arbitrales. 

Viendo este encuentro recordaba las palabras de este aguerrido jugador del Manschaft alemán, quién decía que estaba en la forma de los jugadores argentinos intentar influir en el árbitro, pueso amigo teutón, debo decirte que lo que vi en el estadio no eran jugadores argentinos, ni uno latino, bueno, quizás si, algún italiano, pero protestaban con las características que tú nos asignabas.

Pese al mal juego, el clima lo convertió en un partido vibrante, donde el local comenzó perdiendo y a fuerza de empuje y no de buen fútbol lo dió vuelta en el último minuto de descuento, desatando la locura de toda la afición. El resultado final fué de 2 a 1.

Habiendo finalizado el encuentro y despedido a los jugadores del campo de juego, quienes una vez más desfilaron por delante de las tribunas celebrando con la hinchada la victoria y saludando uno por uno a los fanáticos que se acercaran a las alambradas para estrechar su mano, me propuse ir a visitar ese testigo silencioso de toda mi estadía en la ciudad, allí, desde las alturas siempre estuvo vigilando, y nunca había podido ir a saludarlo.

La Fernsehturm de Stuttgart es la primera torre de televisión construida en el mundo, está situada en la cima de la colina que encierra la ciudad, linera al estadio, tiene 217 metros de altura y se parece bastante a nuestra vieja, conocida y olvidada torre del Parque de la Ciudad. Desde su punto panorámico se puede tener una visión concreta, siempre y cuando las condiciones climáticas lo permitan, del valle y hasta llegar a distinguir los Alpes al sur a lo lejos en el horizonte.


Y fué hacia allí, hacia el sur, hacia los Alpes donde me dirigiría luego en la semana, para poder conocer aquel Bodensee, lugar donde confluyen Austria, Suiza y Alemania, en una triple frontera compartida sobre el lago, que dista mucho de ser como la tristemente célebre triple frontera argentino-paraguaya-brasilera.
Tras una noche de insomnio, el viaje en tren se me hizo eterno para llegar luego de unas horas a la bávara ciudad de Lindau y toparme con su complejo ferroviario naviero cito en una isla sobre el lago, desde donde, cual Puerto de Tigre partían lanchas y catamaranes hacia las diferentes ciudades de las costas del lago, sin importar de qué país se trate, sin controlar ningún tipo de documentación.

Y desde este puerto decidí emprender viaje hacia la ciudad de Bregenz, no muy lejana, pero ya en otro país, para poder cumplir un hito y conocer el origen de mi primer profesor de idioma alemán, oriundo de esta ciudad austríaca.
Tras una media hora de barco, llegamos al puerto destino, donde una tipica ciudad alpina se erigía entre la montaña y el agua, dando una agraciada muestra de tranquilidad y esa pisca de antigüedad vigente en cada edificio, mezclado con modernas construcciones de baja altura, para no desentonar con lo tradicional de su arquitectura.

En esta pequeña pero bella ciudad se destacan el teatro sobre el lago, donde se desarrollan obras sobre el mismísimo Bodensee, con unas escenografías monumentales las cuales se manejan con gruas instaladas especialmente para tal fin. El Pfänder, el cual es un cerro que permite una vista única del lago en contacto con la naturaleza y un área protegida al cual se asciende con un telesférico centenario (modernizado por supuesto) y su paseo costero repleto de puestos feriales estivales, los cuales cobran vida nocturna y le dan color a los atardeceres cuando el sol se pone sobre el oeste, en el punto opuesto a la ciudad sobre el lago.

Con tanta belleza y tranquilidad delante mio emprendí mi regreso y llegar entrada casi la media noche, cocinar algo y poder compartir desde mi futura ex morada esta experiencia, de haber pisado un nuevo país y a la espera de prontamente pisar otro...

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