Ultimo sprint a Köln

La semana restante de tu compañía tenía varios significados afectivos, por un lado, en el inconsciente sabía que eran los últimos días que te vería hasta una nueva separación, una nueva pausa, y eso me motivaba a querer disfrutar de cada minuto a tu lado a pleno. Y tengo la sensación de que este sentimiento nos afectó a los dos ya que hiciste todo lo que necesitaba para poder disfrutar de tu compañía.

Tan solo llegar de la jornada laboral y ahí estabas, en la estación "de nombre complicado" esperándome que descienda del S1, con la mochila preparada para el mate vespertino acompañado de una caminata, o de un punto panorámico, qué decir de la atención a la hora de cenar, volver a estar pendiente de qué necesitabamos para que te falte nada durante el dia me dio una razón más estar.

Asimismo, en otro aspecto, sabía que eran los últimos días en mi actual empresa, la cuenta regresiva hacia el fin del contrato llegaba a su fin ese viernes, conjuntamente con tu estadía, convirtiendo esa últma semana en una completa revuelta emotiva.

Los días pasaron casi sin darnos cuenta, la estadía se hizo corta, pero placentera, si hago el recuento de las cosas que hicimos es increible los lugares que visitamos, los kilómetros recorridos, los mates compartidos y las horas conjuntas que se habían hecho esperar durante meses. Por eso debe ser que tan rápido ha pasado, dicen que cuando las cosas son buenas, hacen que uno se olvide del tiempo. No me puedo olvidar ni deshacer del recuerdo que tengo contigo compartiendo un abrazo, tras unos suaves mates en la plaza del castillo, y es paradójico que hoy, siendo un día soleado, como para disfrutar en el exterior, no me atreva a ir a intentar repetir el proceso, por temor a extrañarte demasiao.

Así fué que llegó el viernes primero, donde me despedí del escritorio que albergó mi trabajo durante estos 6 meses, confirmando lo difícil que es irse de un trabajo en el que uno se siente cómodo de manera involuntaria, pero las reglas del juego eran estas, ya se sabía de antemano, en este tiempo mi cuerpo se habrá amoldado a la comodidad de la realidad laboral en estos lados, y será por eso que costó desprenderse. Es sencillo, si uno está cómodo y contento, no va renunciar nunca...

Luego el sábado desde luego, fatídico día donde tuvimos que volver a separarnos. Comenzó el proceso muy temprano en la mañana, donde aprovechando las bondades del ticket de tren nos dirigimos a Frankfurt, una vez más, esta vez directo al aeropuerto, y danzar el bals de la despedida, abrazos, besos, lágrimas, los mil y un intentos de separación que se disolvieron en otro abrazo, el intento fallido de abordaje que te permitió salir nuevamente y esperar la demora a mi lado, ya algo más tranquilos y habiendo asumido el hecho de lo que era ineludible.

El tiempo hizo su juego, y finalmente tuviste que partir, mientras que desde una terraza podía observar las maniobras de ese pájaro ibérico metálico que te alejaría de tierras germaanas, hasta perderte en las nubes.

Sin demasiadas dilaciones, la emoción era inocultable pero estaba tranquilo, pues el esfuerzo había valido la pena. Corrí y subí a un nuevo tren, el cual con demoras e inconvenientes luego de algunas combinaciones me pasearía por orillas del río Rhein, en lo que sería el paseo más pintoresco de todos los viajes que he realizado en tren en este país, hasta finalmente depositarme en Köln.

Köln, Cologne, Colonia, son los diferentes nombres que se le da a esta ciudad, la cual pegada a Bonn, constituyeran el eje capitalino de la vieja Alemania Federal, la que quedara "bajo protectorado aliado" tras la cortina de hierro soviética, y mucho más atras en los años, era parte del Imperio Romano Germánico previo a su ocupación por los Francos, con lo cual su peso a lo largo de la historia es de relevancia.

La aglomeración urbana es de importancia, superando el millón de habitantes, y constituye una zona de gran importancia fabril, motivo por el cual en la segunda guerra mundial fué blanco de duros bombardeos, siendo la cuarta ciudad más bombardeada en Alemania, quedando reducida casi a escombros, y aquí entra en juego uno de los tantos mitos que ronda sobre la ciudad, dado que la Catedral de Colonia fué "protegida" en los bombaredos ya que los aliados no querían afectarla, supuestamente por ser un monumento histórico potencial patrimonio de la humanidad.

Sin duda alguna, la catedral es el atractivo principal para turistas que visitan la ciudad, siendo el monumento más visitado en el país mientras que el Reichstag en Berlin es el edificio más visitado del mundo, sumado a esto, la misma está situada en un punto donde es inevitable no toparse con ella: linda con la Hauptbahnhof, con lo cual, cualquier tren o transeunte que circule por la estación principal, tendrá la oportunidad de deslumbrarse con sus enormes cúpulas de 157mts de altura, que la convierten por unos pocos metros en la segunda catedral más alta del mundo, siendo la más alta, por unos 4 metros solamente, la Catedral de Ulm, aunque la de Köln es sin duda alguna una de las Catedrales más impontentes sino la más grande del mundo.

Mi arribo a la ciudad fué nocturno, por lo cual la enorme sorpresa de hallar inmediatemente de mi arribo semejante edificación que ansiaba ver, durante esta noche, pese a mi cansancio, me propuse disfrutar de las vistas nocturnas y las luces de la ciudad, para ello también me dirigí al distrito en el lado opuesto del rio, llamado Deutz, desde donde se tiene la mejor vista de la ciudad y sus monumentos, deslumbrado por la belleza de las luces entre la terminal de trenes, el teatro, el puente Hohenzollern, y desde luego, la catedral.

Me dispuse a cruzar el extenso puente ferroviario, donde uno puede encontrarse con la grata sorpresa de la exposición de miles de candados amarrados a sus laterales, con inscripciones de amor, siendo esta una costumbre que también se da en París, e implica que los enamorados sellan su amor en el candado, tirando las llaves al río posteriormente. Siendo el puente tan extenso es un panorama mucho más imponente que el de París, dado que el puente allí es de solo unos pocos metros, aunque el ambiente, debido a la luz de esa ciudad, sea más pintoresco.

El cansancio se hizo sentir, y decidí descansar, mientras esperaba la confirmación desde Madrid, que mi compañera de viaje estaba aborando su avión, el que definitivamente la regresaría a la lejana Argentina.
El día siguiente, como triste por mi soledad, amanecio gris y chispeante, consicente del pronóstico reservado para ese día, llevé abrigo pero pareció no ser suficiente y fuí víctima una vez más de la ciclotímia del clima alemán, el sábado sol radiante y calor, el domingo lluvia a lo largo de todo el día, sin parar un minuto.

Con ese panorama intenté recorrer un poco la ciudad, pasé por la feria del puerto, llegué al Museo del Chocolate, pero sinceramente estaba muy complicado poder disfrutar de un lugar tranquilo con ese clima, hasta decidí sentarme al cobijo de unos edificios con balcones, lugar que varios de los demás paseadores hallaban también confortable para cubrirse de la lluvia, y terminar teniendo una charla sobre la vida con un "lingera" belga, oriundo de Antwerp, hablaba inglés, belga y alemán, tuvo otras épocas buenas, y ahora estbaa juntando botellas plásticas de la calle (por cada una recuerdo que aqui te retornan 25 centavos de euro).

Ante en panorama triste de lluvia, de una forma u otra tenía que llegar a la iglesia, y tras pasar por su explanada y empaparme llegue a su interior, y me cobijé por unas cuantas horas, ya que el incesante ir y venir de los turistas provocaba estas cosas. Literalmente, busqué refugio en la casa del señor, por momentos me sentía Quasimodo pidiendo Santuario.

Así pasó el día, peléandole a la lluvia, el frio, buscando refugio y tratando de disfrutar en la manera que se podía, hasta que se hicieron las 20 donde esperaba ansioso ya para esa altura, a mi Mitfahrgelegenheit pautado para regresar a Stuttgart, donde arribaría recién a las 2330hs, extremadamente cansado, pero no tanto como para dejar de hablar con ella, que ya me esperaba desde Argentina, ansiosa, para contarme su viaje, su recorrida por Madrid, compartir la recepción que tuvo por parte de los afectos que en el fondo siempre extrañan y están orgullosos de que podamos crecer y aventurear por este mundo.

El sueño me venció, y amanecí ya a lunes, tarde, no tenía obligaciones, tenía el día vacío, y en la habitación solo quedaba su espectro, acurrucado mirando por la ventana, como resistiendo a dejarme solo.

1 comentario:

  1. no sabia que colonia era tan bella... tendré que comprobarlo!.
    lindo el relato también.

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