Primaveral visita a Heidelberg

Y hubo un dia en el cual las nubes se alejaron de los cielos de Baden Wurtemberg, y el sol logró asomarse irradiando su calor, iluminando cada mañana el camino laboral, obligando a sonreir a cada flor...

Lejos quedaron ya los dias de blanco, de zapatos mojados, de abrigos impensados y de rojas narices, en estos momentos lo que sonroja es la piel, va tomando color cada dia que pasa, cada vez que las nubes, las pocas que rehúsan la llegada de los climas veraniegos, permiten lucir su esplendor.
Fué en uno de esos días que como excusa de la despedida de los amigos mexicanos, decidimos emprender viaje hacia la cercana y pintoresca ciudad de Hidelberg.


Lindante a la industrial ciudad de Mannheim, cuna de Karl Benz y su pujante revolución automotriz, el río Neckar se desplaza a su lateral llevando las mismas aguas que llegarán luego de recorrer 120 kilometros a Stuttgart.
Encontramos en Heidelberg otro claro ejemplo de cómo es posible mantener un casco antiguo y tradicional de la ciudad, paralelamente con la modernidad de las edificaciones del siglo XX y los medios que el tiempo hizo evolucionar.

Ciudad universitaria, repleta de juventud y atractiva para los turistas por su elegante y a la vez imponente castillo de estilo gótico renacentista, testigo de cientos de batallas, esta ciudad fué adoptada por el Nationalsozialistische para actos políticos, para lo cual construyeron un basto estadio utilizado hoy en dia para otros fines desde luego. Fué fruto de diferentes actos de discrminación para con la comunidad educativa que no encajara con los patrones de perfección determinados por el estereotipo deseado en ese entonces, y posteriormente codiciada por fuerzas aliadas para instalarse como base de operaciones, terminó siendo testigo de la muerte del General Paton en un "accidente" automovilístico.

Pero más allá de la retórica e historia rica de la ciudad, lo valioso del acontecimiento fué el disfrute de los jardines del castillo, que nos permitieron descansar durante un buen rato, bajo el sol candente y el clima estival que envolvió al día.

Mate de por medio, aunque algo frio debido a las horas de aguante imposible para un termo de origen chino y de bajo costo, la tarde terminó regresando en tren, como es imaginable, aprovechando el ticket provincial que entre cuatro pasajeros se hizo más que accesible, compartiendo vagón con algunas decenas de jóvenes manifestantes (no superaban los 20 años!) "antinucleares", que se habían concentrado en una marcha pacífica en la mismísima ciudad de Heidelberg para manifestarte a favor del cierre de las plantas de energía nuclear...


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